14 cosas que me enseñan mis hijas cada día

De un tiempo a esta parte acabo agotado del fin de semana. Llega el lunes y necesito descansar. Menos mal que me esperan 5 días de oficina y tranquilidad. Este sentimiento es común a muchos padres. Los críos quieren marcha. Requieren de nuestra atención y piden hacer cosas: columpios, paseos, playa, piscina, patines, bicicleta, chiquiparques, jugar, pelearse ruidosamente, que les cuentes un cuento, jugar al parchís y a la oca (excitante plan, eh?). Vaya, que nos dan un tute que acabamos derrotados.

Pero una cosa es cierta: aparte de desgastarme física y mentalmente, tener hijos me ha enseñado algunas cosas. Para llegar a esta lista he tenido que sudar la gota gorda, pero aquí van algunos aspectos no tan malos de ser padres:

 

  1. Nos enseñan a ser pacientes. A cerrar los ojos en esos momentos críticos de crisis, gritos, ira infantil, y encomendarnos a Buda y a toda la filosofía Zen de paz interior. Ummmmmm. Respira, respira. Autocontrol. No sueltes la mano. Te arrepentirás. Contrólate.

    Contrólate

    Autocontrol

  2. .Nos enseñan a gestionar el tiempo de manera eficiente. O por lo menos a intentar hacerlo cada día y mejorar en el intento. Sobre todo a aprovecharlo cuando no están.
  3. Nos enseñan logística. Ya sabéis: cómo minimizar el número de cacharros a llevar cuando te vas de viaje. A hacer un tetris en el maletero con los bultos. Qué cosas me llevo y qué cosas dejo en casa cuando vamos al parque.
  4. Nos enseñan a dar, sin esperar recibir nada a cambio. “Todos los niños llegan con un pan bajo el brazo”, dicen. Pero yo veo que tener hijos es de los actos más antieconómicos que hay. Todo son gastos. Y sin embargo incurrimos en esos gastos encantados de la vida. Además de eso, damos a nuestros hijos amor al 100%, el amor más puro, a pesar de que (por lo menos yo así lo pienso) existe la posibilidad de que cuando seamos ancianos nos metan en una residencia. Qué triste, no?. Y aunque eso ocurriera, nuestro amor es igualmente puro y completo.
  5. Aumentan nuestro conocimiento de la psicología humana y nuestras dotes de persuasión. Aprendemos rápidamente qué es el chantaje emocional, cómo dominarlo, cómo evitarlo. Cómo manipular. Nos enseñan a explorar distintas estrategias psicológicas.
  6. Nos enseñan a relativizar. Nos ayudan a aceptar que vivir en el desorden es posible. Que no pasa nada si han rayado la funda del sofá con rotulador. De punta gruesa. Negro. Indeleble. O que acaban de romper un juguete nada más desempaquetarlo.
  7. Nos ayudan a ver que no todo está bajo nuestro control.
  8. Nos hacen reír. Lo último que he tenido que escuchar: “Papá, cuando tú naciste ¿existían los colores?”, otra: “Papá, ¿yo ya tengo un niño en la pancha?”.
  9. Expanden nuestros límites. Yo, antes de tener hijos me veía incapaz de limpiarle las cacas a nadie, ni los mocos, babas, vómitos, aguantar llantos, ataques de ira, de celos, de sueño, de rabia, aguantar peleas, pataletas, pisotones y golpes involuntarios en las partes. Y ahí estoy, encantado.
  10. Nos ayudan a cuestionarnos lo establecido, en especial el lenguaje. ¿Por qué el presente de indicativo del verbo saber es “yo sé” cuando sería más lógico que fuera “yo sabo”?. ¿Por qué decimos “yo quiero” si podríamos decir “yo quero”?, el verbo es querer, no quierer. O por qué no es correcta la expresión “he canastado” si lo que hacemos es meter la pelota en la canasta.
  11. Nos recuerdan el poder de la ilusión, y nos ayudan a recuperar el mundo de la magia y los cuentos. Otra vez disfrutamos de la Navidad, de los Reyes Magos, de la ilusión de los regalos. También de las historias y leyendas universales. Y de las grandes enseñanzas que esconden los cuentos. “Pedro y el lobo”: no mentir,”Los tres cerditos”: ser trabajador, “la Cigarra y la Hormiga”: ser previsor, “La rana y el escorpión”: cada uno tiene su naturaleza…

    La rana y el escorpión

    Cada uno tiene su naturaleza

  12. Nos ayudan a ser positivos, dándonos alegrías. No todos los días, ni siquiera todas las semanas. Bueno, alguna vez nos dan alguna satisfacción. Algún motivo para sentirnos orgullosos. No quedan los últimos en el cross del colegio, o les ponen un MB al corregirles los deberes. Yo, no sé por qué, cuando me siento más orgulloso es cuando mi hija mayor recita un poesía de memoria.
  13. Nos ayudan a disfrutar de un sentimiento de autorrealización. Cuando ya no estemos nosotros, por lo menos algo quedará como nuestra obra: nuestros hijos.
  14. Nos ayudan a trascender. A mí me han preguntado: “Papá ¿Jesús nos ve desde el cielo?” , “Papá, ¿Dónde está ahora Maikelyason?”. En definitiva, nuestros hijos nos hacen reflexionar sobre qué es lo importante en la vida para nosotros. Pregúntate por qué es lo que quieres que te recuerden tus hijos cuando ya no estés, y tendrás la respuesta de qué es lo más importante para ti. Pregúntate qué te gustaría dejarles y también habrás respondido qué es lo que te importa.

Esta entrada quería que se titulara “15 cosas que me enseñan mis hijas cada día”. 15 es un número más redondo que 14. Ayúdame y dime si hay alguna cosa que te enseñen tus hijos cada día, dejando un comentario.

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7 thoughts on “14 cosas que me enseñan mis hijas cada día

  1. Jordi L.

    15. Nos enseñan a mejorar nuestra autoestima en una mezcla de sentimiento de narcisismo y de altruismo. Me explico. Viendo cómo nos aprecian, cómo nos abrazan, cómo nos besan, cómo salen a nuestro encuentro cuando abrimos la puerta de casa (momento impagable del día) nos damos cuenta de lo importantísimos que somos para ellos, que nos necesitan, que somos valorados por lo que representamos y hacemos por ellos (altruismo) y a la vez nos sentimos orgullosos (narcisismo) de poderles ofrecer esos valores, de ser útiles, de ser amados, de ser queridos, de ser valorado nuestro esfuerzo y amor por ellos. Refuerza nuestra autoestima el sabernos queridos por esos pequeños seres sinceros e inocentes.
    Qué felicidad ver que alguien sale corriendo a recibirte con una sonrisa en la cara, con los brazos abiertos, con esa calidez y ternura que transmiten, con ese gesto subyacente de : “protégeme, si estás tú no tengo miedo, me siento seguro bajo el manto de tu calor, ahora ya estoy tranquilo sabiendo que estás conmigo”.
    Cómo no vamos a sentirnos satisfechos ante semejante muestra de amor.
    Pura autoestima.

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  2. Verònica

    15. A no ser egoísta, a disfrutar con sus pequeños o grandes avances, a ver como la evolución de la educación que les puedo ofrecer da GRANDES frutos. A darme cada día un momento de felicidad único. A ser totalmente incondicional con ellas.Te parece bien, la décimo quinta opción, RolanD? ahhh se me olvidaba….. a hacer rutas turísticas diarias por Tarragona, arriba abajo, arriba abajo, abajo, arriba………

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  3. Verònica

    15,5. ….se me olvidaba otra….. he aprendido a inventarme o recordar cuentos e historias con una soltura!!! “Mami cuéntame una historia de cuando tú eras pequeña!!”, “Mama cuéntanos cosas de cuando la yaya vivía en el pueblo!” “Mama, cuéntanos la anécdota de……”…. y finalmente nuestra sesión en “MC (Momento Cena)”. Por turnos, nos explicamos lo más trascendente del día, es divertidísimo! unos días reímos, otros alucinamos, otros discutimos, otros nos quedamos tal cual….. pero alimentamos un vínculo invisible pero irrompible, un puente a 3, en nuestro caso.

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    1. Rolando Post author

      Vaya…MC pensaba que era Master of Ceremony en ingles…pero me gusta más tu acepción: Momento Cena. :-)

      Ten por seguro que tus hijas el día de mañana guardarán esos MC en su corazón como el más preciado de los tesoros que hayas podido darles.

      Hace poco le pregunté a un hombre sabio cuál era el mejor consejo que le podía dar a una hija de 6 años para que el día de mañana fuera una buena persona. Me dijo: no hay consejos. Simplemente escuchar lo que tengan que decirnos hasta que tengan 18. Eso es lo que tú estas haciendo. Felicidades por ser tan sabia.

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