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Las reglas de la Nueva Economía

El precio de cualquier cosa se mide atendiendo a dos factores: el valor que añade a nuestras vidas (su utilidad), y su escasez o abundancia (su oferta). Así, existe un bien que es absolutamente necesario para vivir (utilidad máxima) pero que es tan abundante (oferta prácticamente ilimitada) que hace que su precio sea muy muy bajo: El agua. De la misma manera, por ejemplo, las piedras preciosas son bienes que añaden un valor relativamente bajo a nuestras vidas (ornamentación), pero que tienen una oferta reducidísima. Eso hace que su precio cotice por las nubes. Piénsese en otros bienes que están en un amplio abanico: el silicio, el coltán (esencial en las baterías de móviles), el petróleo, el hierro, la leche, las patatas, los Ferrari, etc…

Coltan, de lo que está hecha la batería de tu móvil

Coltán, de lo que está hecha la batería de tu móvil

En la Nueva Economía existe un bien cuyo valor se ha depreciado enormemente: los títulos. Y sin embargo, me asombra que su precio no deja de subir. Es la burbuja de la Educación. Antes fueron la burbuja del crédito y la burbuja inmobiliaria. El boom de los másters, de los grados, de los títulos, todavía sigue hoy. Mi predicción es que pronto explotará, igual que explotaron las anteriores. BUM.

Los títulos universitarios eran, antes de la era digital, un sello que garantizaba que alguien “era del club”. Los que tenían que contratar a gente “eran del club”. Y querían asegurarse de contratar a gente como ellos. “Del club”. Querían asegurarse que cumplían unos requisitos mínimos, y que habían sido cortados por el mismo patrón que ellos. A los universitarios se les hacían entrevistas al acabar la carrera. Entraban en la oficina de una gran empresa. Y seguían el camino marcado. Un camino jalonado de ascensos, promociones, cambios de departamento, ligeros mamoneos, un poco de adulación, algún pequeño fracaso, algún notable progreso, y muchas horas conspirando en la máquina del café. Ascendían. Cada vez cobrando un poco más. Y al final se les regalaba un Rolex, antes de retirarlos de la circulación y a-parca-rlos.

En estas grandes estructuras corporativas los empleados menos productivos podían sobrevivir si dominaban el eterno arte del politiqueo entre jefes, departamentos, proyectos y divisiones. Sólo hacía falta conocer el noble arte de colgarse alguna medalla de vez en cuando, y evitar ser relacionado con resultados flagrantemente insatisfactorios o equivocaciones irreversibles.

Todo eso ha cambiado. La Nueva Economía no necesita de títulos. En parte porque la oferta de gente que tiene títulos, másteres, grados, es tanta que ya esos trozos de papel no garantizan que quien lo tenga sea de ningún club. Si toda la población es del club, ser del club ya no tiene ninguna gracia. ¿Qué demuestra tener un MBA? Nada. Absolutely nothing. Bueno sí. Que tus padres han tenido la capacidad económica suficiente para pagarlo.

Titulo universitario

Da igual quién sea Ministro de Educación. Ya no se necesitarán de éstos.

La Nueva Economía es una sociedad en que la clase media ha sido sustituida por robots. El trabajo de los operarios, de los oficinistas, de los controladores, de los auditores, de los que están en las lineas de producción los hacen máquinas. Ayer leía que Google está experimentando (al parecer con bastante éxito) con vehículos sin conductor. Ya está. Todos los conductores de autobús, de taxis, de camiones y camionetas, todos al paro. No está tan lejos de producirse.

Y es normal. Cojamos un ejemplo aleatorio, un país cualquiera, el nuestro. Resulta que de 23 millones de personas que pueden y quieren trabajar (población activa), 5,5 millones no encuentran trabajo. Pero…la producción agregada del país (el PIB) no deja de crecer. ¿Qué significa eso? Seamos sinceros, no necesitamos a esos 5,5 millones de trabajadores. Ya tenemos de todo, y cada vez más. Y cada vez, si me apuras, más barato. Si una empresa tiene planes de expandir su producción, sus ventas…¿contratará a gente? Nop. Demasiado caro. Demasiado problemático. La gente es difícil de gestionar. Se quejan. Tienen aspiraciones. Tienen emociones. Hoy llegan y se han peleado con la mujer, o con el marido. Mañana están desmotivados. Pasado están leyendo su perfil de Facebook en la oficina. No es buen negocio. Si una empresa quiere expandirse, lo primero que hará es automatizarse. Lógico. Más barato. Más sostenible. Algunos dicen que es porque la regulación hace que los empleados les salgan muy caros a las empresas, que el diferencial entre lo que paga la empresa y lo que recibe el trabajador (cotizaciones a la Seguridad Social e Impuestos Directos) es demasiado elevado, que habría que reducir las cotizaciones sociales, o bien bonificar a las empresas que contraten a nuevos empleados. Yo digo que no.  Primero, que los políticos no van a dejar que eso suceda. Con el panorama que tenemos ¿quién se va a arriesgar a que le acusen de desmantelar “el Estado del bienestar”? Pero es que además, aunque bajaran las cotizaciones sociales y los impuestos, nunca, y lo subrayo, nunca absorberemos a 5,5 millones de parados. No si pensamos en términos del S.XX.

En el S.XXI ya rigen las reglas de la Nueva Economía. Si queremos que toda la gente se autorealice en un trabajo, tendremos que aceptar este nuevo paradigma. Las nuevas reglas son las siguientes, someramente expuestas:

  • Los empleados ya no son valorados por sus títulos. Un título ya no es un factor diferenciador de ningún empleado.
  • El trabajo duro y repetitivo lo hacen las máquinas.
  • Los trabajadores valorados son los que aportan CREATIVIDAD o conectividad con otros trabajadores que aportan CREATIVIDAD.
  • Las jornadas no tienen que ser de 8 horas diarias. Pueden ser de 6, de 5, o de 1 hora.
  • La semana laboral ya no tiene que desarrollarse de lunes a viernes.
  • El lugar de trabajo ya no tiene que ser una oficina.
  • El idioma universal de las empresas es el inglés. El latín de la Nueva Economía.
  • Los trabajadores deben desarrollar nuevas habilidades: saber comunicar, saber organizarse, saber añadir valor, saber liderar a otros empleados, saber autoformarse.
  • No hay jubilación. No tenemos dinero para mantener a jubilados.
  • Los trabajadores y las organizaciones vuelven a abrazar valores esenciales, como la honestidad, la autenticidad, la rectitud, la dignidad y la frugalidad.

Ojo. La Nueva Economía no son las Redes Sociales, ni LinkedIn, ni Twitter o Facebook. Dentro de 10 años veremos si alguien se acuerda de estas 3 empresas, o han sido sustituidas por otras mejores, o simplemente diferentes. Por lo que a mí respecta las redes sociales son otro “boom” que añade más ruido y publicidad a un mundo ya lleno de publicidad y ruido. La Nueva Economía es un lugar que da miedo, pero en el que se abren multitud de oportunidades. Es un sitio que requerirá que cada trabajador se esfuerce más. Y va a ser un esfuerzo allí donde más cuesta el esfuerzo, donde más cuesta sudar la gota gorda: vamos a tener que hacer todos un esfuerzo mental.

El Poder de la Nueva Economía reside aquí

El Poder de la Nueva Economía reside aquí

Los enemigos del emprendedor

Está visto que con el nivel de desempleo que tenemos y con una economía en recesión ni las grandes corporaciones, ni las pequeñas, tienen trabajo que ofrecer a los jóvenes y no tan jóvenes que hoy en día están en las listas del paro. Igual en un futuro cambiarán las tornas, pero de momento es difícil “encontrar trabajo”.

Ante esta situación una opción es “crear tu propio trabajo”. Muchos despedidos por cuenta ajena pasan a ser autoempleados por cuenta propia, dándose de alta como autónomos, o lanzándose a montar su propia empresa.  Los políticos observan esta coyuntura, y tras habernos subido los impuestos en el último año para intentar paliar (sólo en parte) el déficit  acaban de aprobar el Real Decreto-ley 4/2013, de 22 de febrero, que contiene una serie de medidas en diversos ámbitos de apoyo al emprendedor y de estímulo del crecimiento y de la creación de empleo. Entre dichas medidas están:

  • Que los nuevos autónomos de menos de 30 años cotizarán 50 euros al mes, durante los 6 primeros meses de actividad en vez del mínimo de 250 euros.
  • Durante 9 meses los menores de 30 años podrán compatibilizar el cobro de la prestación por desempleo con un alta como autónomo por una nueva actividad.
  • Las microempresas de menos de 10 trabajadores que contraten en modo indefinido a un joven de menos de 30 no cotizarán a la Seguridad Social por dicho trabajador (salvo por enfermedad profesional).
  • El joven autónomo (menor de 30) que contrate a un trabajador en situación de paro de larga duración, con más de 45 años con un contrato indefinido no cotizará a la Seguridad Social.
  • Las sociedades de nueva creación cotizarán a un tipo impositivo reducido del 15% durante los 2 primeros años para los primeros 300.000 euros de beneficio.
  • Los nuevos autónomos tendrán una reducción del 20% en los rendimientos netos de la actividad durante los primeros 2 años.
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Un emprendedor con suerte

En general todo este tipo de medidas no se dirigen al verdadero problema: los enemigos reales de emprendedores y autónomos, que en mi humilde opinión son:

  1. El exceso de regulación. El autónomo es una especie que no pide mucho, no gasta recursos públicos, y en general es poco dado a quejarse, pero es al que más machacan las leyes. En vez de publicar 1 decreto de apoyo al emprendedor, habrían hecho mejor en derogar 10 normativas que tienen fritos a los autónomos. Para empezar cualquier actividad ahora, resulta que hay que cumplir la Ley de Protección de Datos, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, los permisos municipales de apertura de locales, las licencias de toda clase. El excelentísimo Ayuntamiento de mi ciudad cobra 771 euros antes de que un autónomo abra la persiana en una actividad clasificada como de inocua. No te digo nada si es una actividad con “externalidades”, como salida de humos o generación de residuos.
  2. Las ayudas. El autónomo no necesita ayuda, lo que necesita es que no le pongan palos en la rueda. Existe la leyenda de que existen ayudas y/o subvenciones para el emprendedor, sea hombre, mujer, desempleado reconvertido, o mayor de 45 en situación de riesgo social. Mejor que se ahorren las ayudas (por no hablar de los “créditos blandos”, vaya estafa), que tener a la gente perdiendo el tiempo y rellenando formularios para que paguemos a un funcionario que tiene que llevar todos esos expedientes.
  3. Las redes sociales. Ahora hay un boom con esto de las redes sociales. Digo redes sociales, que está de moda, pero realmente podría decir “Facebook, Twiter y Linked-In”. ¿Hay algo más? Bien.  Nadie lo reconocerá hoy (quizás mañana sí, pero de momento no), pero os voy a contar un secreto. Sshhh. Las redes sociales son grandes plataformas de publicidad segmentada. Sólo benefician a las empresas, a la hora de encontrar sus audiencias. Sí, al principio Twitter parecía una iniciativa romántica, pero cada vez más es una herramienta más para bombardear al personal con sutiles estrategias de márketing. Si eres un pequeño autónomo nadie te escuchará en las redes sociales. Demasiado ruido, demasiados impactos, demasiado tiempo a perder.

    No lo olvides: Son tus enemigos. Te harán perder muuuucho tiempo.

    No lo olvides: Son tus enemigos. Te harán perder muuuucho tiempo.

  4. Los grandes jugadores.  Son las grandes empresas y multinacionales que existen hoy en cualquier sector de la actividad. Estos monstruos tienen varias ventajas sobre los pequeños empresarios y autónomos. Primero: influencia sobre los políticos, que son los que hacen las regulaciones (ver punto 1). Segundo: capacidad de desvirtuar el mercado con precios y calidades que el pequeño no puede ofrecer (precio más bajo, y calidad más baja). Tercero: Capacidad de endeudarse. Esto de por sí puede ser letal (espero que nos haya quedado bien grabado en el coco, después de haber sido la principal causa de la crisis que hoy vivimos). Pero mientras los grandes se endeudan, juegan en el mercado en posición ventajosa respecto a los pequeños que tienen que cuadrar sus números, mes a mes. Los grandes pueden invertir o hacer dumping o publicitarse hasta aburrir.
  5. El estigma social del fracaso. Esto también es importante. No damos suficientes oportunidades a los emprendedores de fracasar. Para triunfar (léase aquí, más bien, para ganarse la vida) hay que fracasar varias veces y con carácter previo. En cada fracaso aprendemos de primera mano cómo hacer algunas cosas o cómo evitar otras. Si al emprender un proyecto algo sale mal,  o todo sale mal, y resulta que quedamos con el culo al aire y una pequeña deuda con el banco, la proeza necesaria para salir de dicho agujero ya no deja la más mínima motivación para intentarlo otra vez.  Medio en broma comentaba el otro día con un amigo que una gran labor social sería la de una hipotética entidad no lucrativa llamada “Fundación Segunda Oportunidad“. Sería una fundación dedicada a tapar los pequeños agujeros financieros de emprendedores que acreditaran fehacientemente haber intentado llevar a cabo un proyecto empresarial durante al menos 24 meses, y haber tenido que dejarlo. La Fundación sufragaría dicho agujero (digamos por ejemplo, con un máximo de 20.000 euros) con la condición de que el emprendedor lo intentara otra vez. Decidme si ya existe una fundación como ésta. Me encantaría saber de ella.
  6. Los másters. Entendedme. La formación está bien si te aporta valor. Hoy en día puedes aprender mucho de forma barata. Primera regla para cualquier cosa que quieras aprender: haz unas cuantas búsquedas en google. Los másters son una pérdida de tiempo y de dinero. Tim Ferriss lo explica muy bien. Estuvo dudando si hacer un máster que costaba 60.000 dólares en una prestigiosa universidad americana. Al final cogió ese dinero e invirtió en unas pocas start-ups (empresas tecnológicas incipientes). Aprendió mucho más lidiando cada día con los problemas de estas jóvenes empresas y su personal que lo que hubiera hecho en clase. Los másters (me refiero a los de Business Administration) hoy son ante todo un gran negocio para los que los imparten. Y una manera en la que muchos se autoengañan diciéndose a sí mismos que están formándose. La formación real está ahí fuera. En la calle. Intentándolo y equivocándote.

    No he encontrado el gráfico del número de leyes publicadas en el BOE cada año. También crecen.

    No he encontrado el gráfico del número de leyes publicadas en el BOE cada año. También crecen.

Todo es mentira

Esta semana pasada se ha nacionalizado Bankia-BFA, tras hacerse evidente la incapacidad de la entidad de devolver 4.465 millones de euros de préstamo del Estado. La historia ha llenado de tinta los medios de comunicación, y ha puesto el ay en el cuerpo a 10 millones de personas que son clientes de la entidad. Los expertos debaten sobre si lo que habría que hacer es dejar caer al banco. Por ejemplo, Xavier Sala-i-Martin opina aquí que sí. Otros, como Luis Garicano, opina aquí que sí, pero que no. Es decir, que se la debería dejar caer, pero que el agujero es ahora tan grande que no habría dinero suficiente para garantizar los depósitos.

Hace tan sólo 10 meses la entidad ofrecía en sus oficinas títulos de su inminente salida a bolsa a sus clientes de a pie, para que todos si hicieran “bankeros” y disfrutaran de los beneficios de ser accionistas del nuevo banco.

Las acciones empezaron cotizando a 3,75 y el pasado viernes (menos de 1 año después) cerraron a 1,76. Por tanto han perdido el 53% de su valor inicial. Pero no hay que saber muchas matemáticas para darse cuenta de que las acciones deberían subir un 113% desde su precio del viernes para volver a situarse en los 3,75 euros.

¿le comprarías un coche de segunda mano?

Donde dije digo, digo D…

En todas las situaciones de crisis sobrevenida ocurre lo mismo: la realidad acaba no siendo como nos la pintan al principio.

Grecia está como está porque engañó a la hora de presentar sus cuentas a la Unión Europea. La cosa no era como nos decían.

Enron, antes de caer, era una entidad solidísima, una “blue chip” que no suponía riesgo para sus inversores. Hasta que se descubrió que tenía un montón de activos tóxicos fuera de balance, que la hicieron hundirse.

Este mismo fin de semana se ha conocido que las Comunidades Autónomas de Madrid, Valencia, y Castilla-León tuvieron en 2011 un déficit que en realidad fue de 3.000 millones más que lo reflejado hasta ahora. Lo cual ha elevado el déficit de España en 2011 al 8,9%. Y llueve sobre mojado, porque ya hubo una primera corrección del déficit 2011, que según la previsión del anterior gobierno iba a ser del 6%, después el nuevo gobierno estimó en el 8%, y finalmente se situó en el 8,51%.  Ahora resulta que fue del 8,9%.

La clase política es experta en hablar hoy de una cosa que la semana que viene será totalmente diferente. Desde negar crisis de las que había signos evidentes, hasta decir que bajarán impuestos para después subirlos. Decir que en España tenemos un sistema financiero de Champions League. O asegurar que nunca llegaremos a los 4 millones de parados. O sea que si alguno dice que “no habrá banco malo”, ya te puedes hacer una idea de que alguien ya está barajando la idea.

Opiniones sin intereses

El ministro de Hacienda fue abordado hace poco por una clienta afectada de Bankia, que le dijo “llevo trabajando desde los 13 años, dígame Sr. Ministro, si mis ahorros están seguros en Bankia“. El Sr. Ministro, como no podía ser de otra manera, contestó que estuviera tranquila que Bankia era una entidad segura. De la misma manera que el nuevo Consejero Delegado de la entidad, el Sr. Goirigolzarri, declaró nada más tomar posesión de su cargo que “los clientes pueden estar absolutamente tranquilos sobre la seguridad de sus ahorros“. ¿Alguien escucha las palabras de estos señores?

El uno habla como ministro y no podía más que dar dicha respuesta, y el otro acaba de ser nombrado máximo responsable de la entidad. Si tienen que mentir, mentirán. No sé ni por qué los medios se hacen eco de estas palabras. Será que es que hay gente que les da valor.

Ojo, no digo que los ahorros de los depositantes de Bankia no estén seguros. Lo estarán o no, y eso ya se verá. Digo que lo que digan los implicados no debe tener valor para un depositante que esté intentando averiguar la verdad.

Debemos cuestionar las cosas, especialmente si se trata de juicios emitidos por aquellos que tienen intereses en el tema. Igual que damos un valor relativo a la publicidad, que no deja de ser la opinión de aquel que se gana la vida vendiendo el producto publicitado, así debemos tratar muchas cosas que aparecen en los medios. Para empezar, los medios también tienen sus intereses, sus “agendas ocultas” como dicen los ingleses, y pertenecen a grupos empresariales con sus consignas y sus sesgos.

Igual que no debemos graduarnos la vista en la óptica, porque acabaremos por llevar gafas, o hacernos una revisión gratuita de la boca en una franquicia que se dedique a realizar implantes dentales.

Lo más sensato será buscar la opinión experta de alguien independiente. O mejor aún, primero informarse (in-formarse) uno mismo, y luego recabar, si fuera necesario, la docta opinión de alguien sin incentivos para “colártela“.

 

 

¿Dónde meto mi dinero?

Alguien me preguntaba a raíz de otra entrada, si podía hacer alguna recomendación sobre dónde poner el dinero para obtener una máxima rentabilidad por nuestro ahorros. Entendí que se refería a en qué producto bancario debería invertir.

La respuesta es que no hay respuesta. La industria financiera es ante todo eso, una industria. Como lo es la industria farmacéutica, o la industria agroalimentaria, o la industria de las dietas para adelgazar, o la de los métodos de aprender inglés. De lo que se trata es de obtener unos beneficios continuados en el tiempo haciéndonos creer que a) cuidan nuestro dinero, b) cuidan nuestra salud, c) cuidan nuestra alimentación, d) cuidan nuestro cuerpo, e) nos enseñan inglés.

En estos grandes sectores de actividad se mueve muchísimo dinero, mucha gente vive de ello, y su puesto de trabajo depende de la existencia de estas industrias, y lo que no van a hacer es matar la gallina de los huevos de oro. Sí, es verdad, si pueden ayudarán a la gente, pero si existe la más mínima posibilidad de que, ayudando a la gente, disminuyan su parte del pastel, entonces la elección es clara.

¿En quién pensamos al hablar de industria financiera?

Ya que hablamos del sector financiero, tenemos que tener claro que cuándo le preguntamos a un empleado de banca qué hacemos con nuestro dinero, mentalmente él recurre a los argumentarios que le han pasado desde la central esa mañana o esa semana acerca de los productos que hay que colocar. Esos productos se colocan en función de unos objetivos determinados para la institución, no se determinan en base a los mejores intereses de cada cliente.

¿Cómo sino se entiende que haya un alud de reclamaciones a las instituciones financieras por parte de ahorradores que sostienen que no se les explicó adecuadamente qué implicaciones tenía invertir en un producto como las participaciones preferentes? Más información sobre esto aquí.

Otro caso paradigmático sobre este tema es la reciente noticia del empleado de Goldman Sachs, que ha publicado una carta abierta en el New York Times titulada “Why I am leaving Goldman Sachs” en la que desvela las razones por las que acaba de presentar su renuncia en la empresa. Dice que en ese banco “the interest of the clients continue to be sidelined”, que en Goldman ascienden los que hacen una de dos cosas: vender los productos de los que Goldman se quiere deshacer porque no ve en ellos gran potencial de beneficio, o conseguir que los clientes inviertan o compren aquel producto que le reporte mayores comisiones a la empresa. En definitiva viene a decir que la actual cultura organizativa no tiene en cuenta para nada el interés de los clientes y sí y mucho las ganancias del banco.

Banqueros

Volviendo a la cuestión que se me planeaba sobre dónde meter el dinero, en general, mi recomendación cuando vayamos a elegir un producto bancario de ahorro-inversión sería:

1) Haz tú el trabajo. Compara. Mira lo que ofrecen varias entidades. Entiende el producto, pero no por la palabra de un comercial, sino por documentos como el contrato que haya que firmar, el folleto publicitario, o las explicaciones que puedas recabar de gente independiente. Sólo invierte en aquello que entiendas.

2) Desconfía. Escucha al comercial bancario, hazle preguntas sobre cómo funciona lo que te está intentando vender y por qué ese producto y no otro es adecuado para tí. Pero nunca acabes de creerte todo lo que te diga. Una vez te haya dado todas las explicaciones, vuelve al punto 1.

3) Ten en cuenta siempre el binomio rentabilidad-riesgo. Cuando un producto ofrece una rentabilidad “inusualmente” alta, es porque lleva más riesgo que otro menos rentable. Eso es así. No escuches a alguien que trate de rebatirlo. Piensa en Bernard Madoff, los ricos se daban tortas para entregarle su dinero porque siempre daba alrededor de un 15% anual. ¿sabían el riesgo que asumían? El riesgo de que se esfumara su dinero en una nube de polvo provocada por el mayor escándalo financiero de la historia. ¿Los pagarés de Nueva Rumasa? ¿No daban el 8%? Era porque tenían un riesgo, un riesgo alto.

4) Diversifica. Parece de sentido común. No pongas todos los huevos en la misma cesta, no vaya a ser que alguna cesta se caiga y se rompan los huevos depositados en ella.

5) Ten claro qué quieres y en qué entorno te mueves. Lo he puesto último pero quizás debería haber escrito primero este punto. Márcate un objetivo y controla periódicamente el rendimiento que estás obteniendo. Una cosa es clara, si el tipo de interés sin riesgo (en mi época el tipo de interés sin riesgo podía ser el de una Letra del Tesoro a 12 meses, hoy este producto ya no parece tan exento de riesgo) a 1 año es del orden del 1,9%, y el euribor (tipo al que se dejan los bancos el dinero) es hoy el 1,5% , no puedes pretender obtener un 5% anual sin asumir riesgos.

Hasta ahora he hablado de entidades financieras, si alguien se lanza a invertir en bolsa mi recomendación sería tan solo que leyeran un par de libros clásicos sobre la materia, antes de hacer nada. Por ejemplo “El inversor inteligente”, de Benjamin Graham o “Leones contra Gacelas”, de José Luis Cárpatos. El mercado inmobiliario como inversión u otras alternativas merecerían otras entradas en este blog.

Otro buen libro sobre dinero e inversión

Para finalizar, también debo decir que aunque uno no confiara en nadie relacionado con la industria, y aunque uno mismo esté formado e informado sobre el producto en el que invierte, siempre puede suceder lo imprevisto, lo que Nassim Taleb llama “un cisne negro”, y no hay garantía de que mañana no nos coja un corralito. Voy a enumerar casos que recupero sólo haciendo un búsqueda rápida en google:

 En el mundo:

1) Gestora de fondos japonesa AIJ Investors (2012). Salió hace pocos días en prensa. Fundada en 1989, y con buenas rentabilidades año tras año, ha notificado a las autoridades niponas que ha “extraviado” fondos por valor de 185.000 millones de yenes (1.700 MM de euros) afectando a los ahorros y pensiones de unas 880.000 personas. La dirección del fondo simplemente no puede decir qué ha pasado con ese dinero perteneciente a sus depositantes.

2) Fondo de inversión MF Global (2011). Fondo de inversión estadounidense que quebró a finales de 2011 por su excesiva exposición a la deuda soberana europea. El día en que presentó concurso de acreedores reconoció poseer unos 6.300 millones de dólares en bonos de países como Italia, España, Bélgica e Irlanda.

 3) Bernard Maddoff (2008). La estafa más abultada de la historia. 50.000 millones de dólares de agujero, generados por un sistema Ponzi piramidal de estafa, en la que a los antiguos inversores se les pagaba el rendimiento de sus inversiones con el dinero que aportaban nuevos clientes.

4) Societé Generale (2008). El bróker Jerome Kerviel, todavía no está claro si en solitario o en connivencia con parte de sus superiores, causó pérdidas al banco y a sus accionistas por valor de 4.900 millones de euros.

5) Barings Bank (1995). El trader Nick Leeson, operando en derivados desde la oficina de Singapur, acaba con los 230 años de historia de una institución que hasta ese momento era el “banco de la Reina Isabel”. Agujero: 1.300 millones de dólares.

En España:

1) Pagarés Nueva Rumasa (2011). Los Ruiz Mateos captaron 385 millones de euros de 4.100 inversores, prometiendo tipos de interés del orden del 8% anual con la garantía de los stocks de existencias de varias de sus empresas alimentarias. Por lo que leo quedan unos 280 millones por pagar.

2) Sección de crédito de la cooperativa agrícola de L’Aldea (Tarragona) (2011). Corralito que afecta a unos 3.000 depositantes, que no pueden disponer de sus ahorros hasta que no se investigue y aclare lo que presuntamente es un agujero de 6 millones de euros por mala gestión. La entidad, supervisada por la Generalitat, no está amparada por el Fondo de Garantía de Depósitos al no ser considerada una entidad financiera.

3) Afinsa y Forum Filatélico (2006). Empresas de filatelia que hubieron de ser intervenidas. Sus gestores están acusados de estafa y administración desleal. Hay más de 400.000 afectados, y se generó un agujero, que, entre las dos sociedades, supera los 5.000 millones de euros.

4) Eurobank del Meditarraneo(2003). El banco tenía 68.000 depositantes, que tenían depositados 220 millones de euros en la entidad. No tengo claro si a raíz del cierre de la entidad por falta de liquidez, al final los clientes recuperaron la totalidad de sus ahorros vía el Fondo de Garantía de Depósitos.

5) Gescartera (2001). Agencia de valores que estafó unos 100 millones de euros a unos 2.000 afectados, entre ellos varias órdenes eclesiásticas. El caso hizo que en su día dimitiera la Presidenta de la CNMV.

En este listado dejo fuera las quiebras de grandes empresas no financieras, que también han supuesto grandes descalabros para sus confiados accionistas, que lo eran en la idea de que su dinero estaba invertido en una gran y sólida empresa. Casos como el de la quiebra de Lehman Brothers, la quiebra de Enron, la desaparición de Arthur Andersen, Worldcom, Terra o Parmalat.