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8 cosas que he aprendido de Benjamin Franklin

Benjamin Franklin no sólo es considerado uno de los padres de la nación americana. Fue una persona increíble, con intereses múltiples, que amasó una fortuna desde unos orígenes de lo más humildes, ocupó cargos importantes en la Administración americana (entonces colonias del Rey de Inglaterra), inventor de varios artilugios, soldado sobrevenido a cargo de varios fuertes en la frontera con los indios, y pionero de la ciencia,  en especial avanzando en la comprensión, por aquellos días muy limitada, de qué es y cómo se comporta la electricidad.

La lectura de su autobiografía, escrita en varios tramos a lo largo de su vida, aunque incompleta (murió antes de acabarla) debería ser obligatoria en todos los colegios del mundo. Franklin, además de todos los logros que alcanzó en el mundo de la ciencia y la política, dedicó atención a escribir sobre el desarrollo y la superación personales. Las fórmulas que cualquiera puede aplicar a su vida para lograr aquello que se proponga.

ben franklin 100 dollar bill

Franklin: el tipo que sale en los billetes de 100 dólares

Después de leerla, medio en inglés, medio en español, éstas son las cosas que he aprendido de Benjamin Franklin:

La importancia de la oratoria. Ya de jovencito Franklin describe cómo se reunía con otros tres amigos, y leían juntos, y se recitaban poemas y discursos. Él no se sentía el más dotado de los cuatro, ni mucho menos, y de hecho, dice que al principio tuvo que esforzarse para mejorar su estilo y su manera de comunicarse. Lo importante es que se dio cuenta pronto de sus carencias y trabajó para mejorarlas. Ello le sirvió para toda la vida, pues en innumerables ocasiones debió de dar discursos y expresarse en público.

Cuando no existe nada, existe la posibilidad de crear. El joven Benjamin era un gran aficionado a la lectura. En un momento dado cae en sus manos un libro venido de Europa sobre natación. En aquellos tiempos prácticamente nadie sabía nadar. El libro trae unos grabados con posturas para flotar y para desplazarse en el agua. Estamos hablando de inicios del siglo XVIII. Él se autoenseña a nadar, y no contento con eso, deja unos dibujos en los que añade posturas y estilos de natación que él crea. En otro momento de su autobiografía menciona que, en una época en que tenía algo de tiempo libre, un hombre rico le propone que enseñe a nadar a sus dos hijos. El encargo lo realiza con tal nivel de solvencia que escribe que pensó en abrir una academia para enseñar a nadar a la gente. Finalmente decide seguir otros pasos, y ello le lleva a convertirse en uno de los impresores de más exito de América.

El poder de la Virtud. Franklin es el primer “coach” de la Historia. Un avanzado a su tiempo que se dio cuenta del enorme poder de la disciplina personal. Reflexionó sobre sus comportamientos y su vida, ya a una edad temprana, y describe en su autobiografía cómo decidió que el comportamiento humano podía clasificarse con arreglo a 13 virtudes que era necesario desarrollar de manera cotidiana. Las enumero en el orden en que lo hace Franklin: Templanza, Silencio, Orden, Resolución, Frugalidad, Industriosidad, Sinceridad, Justicia, Moderación, Limpieza, Tranquilidad, Castidad, y Humildad. Franklin hace una tabla en su cuaderno enumerando cada una de estas virtudes, y dedica un tiempo consciente (una semana) a mejorar en cada una de ellas, anotando cuidadosamente cada día en qué consideraba que había fallado o aspectos en que podía mejorar. Dedicado a este proyecto durante un año podía dedicar 4 semanas a cada una de dichas virtudes. Franklin además explica cómo empieza sus días con una pequeña oración pidiéndole a Dios que le ayude en la consecución de la Virtud y al final de cada jornada dedica unos minutos a evaluar cómo se ha comportado durante el día.

autobiography franklin

Pensamiento crítico. Franklin estudió el fenómeno de la electricidad en una sociedad que pensaba que los rayos de las tormentas eran castigos divinos sobre las personas que no habían obrado de acuerdo a las Escrituras. Cuando inventa el pararrayos, medida que salvó de la destrucción a innumerables edificios y navíos de la época, se alzan voces en la Iglesia que piden que no se propague la instalación de dichos artilugios. Franklin rápidamente acalla dichas críticas con una palmaria reflexión: “si los rayos los envía Dios por alguna razón, ¿no es tan legítimo protegernos de ellos como protegernos del frío, que también es una creación divina, con ropa de abrigo?”.

Si no sabes nada, pon sentido común. Una cosa que yo no sabía es que a Franklin lo pusieron al mando de un destacamento de soldados, y durante unos meses tuvo que liderarlos en la construcción de unos fuertes y en la resistencia frente a ataques enemigos (en el libro habla de indios). Él reconoce que no tiene ni idea de las artes castrenses, y de hecho anhela que enseguida le vengan a relevar en su puesto, pero durante los pocos meses que se mantiene al frente de sus soldados logra que la vida militar de sus subordinados funcione como un reloj. Tratando a todos con respeto y con coherencia logra ser un jefe respetado por todos.

Dale el mérito a los demás. En varias ocasiones describe cómo, para cualquier iniciativa que se le ocurría, siempre la ponía en marcha como si la idea se le hubiera ocurrido a otro, o a un grupo de personas entre las cuales él era uno más. Menciona que en muchas ocasiones eso le fue muy bien, ya que Franklin era consciente de los vicios humanos, y cómo los egos se interponen a los proyectos. De esta manera puso en marcha un proyecto que acabó resultando en la creación de la red de bibliotecas públicas en América, u otro mediante el cual logra que los vecinos de Filadelfia paguen una pequeña aportación para sufragar un servicio de limpieza público de las calles.

El famoso experimento con la cometa atada a una llave. Franklin y su hijo.

El famoso experimento con la cometa atada a una llave. Franklin y su hijo.

Leaders are readers. En época de Franklin había muy pocos libros. Pensemos que él se inicia en su vida laboral (a la edad de 12 años) como aprendiz en una imprenta. Es consciente que los libros nos permiten vivir experiencias a las que no tendríamos acceso de otra manera. La lectura permite vivir más vidas, además de la propia. Devora todos los libros que caen en sus manos, y además constantemente está estableciendo conexiones con personas como él, amantes de la lectura. Podríamos decir que establece una telaraña de contactos con gente que -como él- muestran curiosidad y un deseo insaciable de aprender. Son los más preparados de su época. Por tanto, podríamos decir que, a través de la lectura, accede también a su propio y muy útil “networking”.

Tú forjas tu destino. Tú eliges. Tú tienes la responsabilidad de hacer lo que desees con tu vida. Franklin inicia su vida como el décimo hijo de una familia con pocos recursos y únicamente en base a sus decisiones diarias acaba convirtiéndose en una de las personas más ricas y admiradas de su país. Franklin mantiene que las pequeñas decisiones diarias son las que forjan tu destino. Los logros no resultan de grandes y puntuales acciones en la vida, sino de las pequeñas elecciones que hacemos a diario.

Franklin también inventó un instrumento: la armónica de cristal

Franklin también inventó un instrumento: la armónica de cristal

Las reglas de la Nueva Economía

El precio de cualquier cosa se mide atendiendo a dos factores: el valor que añade a nuestras vidas (su utilidad), y su escasez o abundancia (su oferta). Así, existe un bien que es absolutamente necesario para vivir (utilidad máxima) pero que es tan abundante (oferta prácticamente ilimitada) que hace que su precio sea muy muy bajo: El agua. De la misma manera, por ejemplo, las piedras preciosas son bienes que añaden un valor relativamente bajo a nuestras vidas (ornamentación), pero que tienen una oferta reducidísima. Eso hace que su precio cotice por las nubes. Piénsese en otros bienes que están en un amplio abanico: el silicio, el coltán (esencial en las baterías de móviles), el petróleo, el hierro, la leche, las patatas, los Ferrari, etc…

Coltan, de lo que está hecha la batería de tu móvil

Coltán, de lo que está hecha la batería de tu móvil

En la Nueva Economía existe un bien cuyo valor se ha depreciado enormemente: los títulos. Y sin embargo, me asombra que su precio no deja de subir. Es la burbuja de la Educación. Antes fueron la burbuja del crédito y la burbuja inmobiliaria. El boom de los másters, de los grados, de los títulos, todavía sigue hoy. Mi predicción es que pronto explotará, igual que explotaron las anteriores. BUM.

Los títulos universitarios eran, antes de la era digital, un sello que garantizaba que alguien “era del club”. Los que tenían que contratar a gente “eran del club”. Y querían asegurarse de contratar a gente como ellos. “Del club”. Querían asegurarse que cumplían unos requisitos mínimos, y que habían sido cortados por el mismo patrón que ellos. A los universitarios se les hacían entrevistas al acabar la carrera. Entraban en la oficina de una gran empresa. Y seguían el camino marcado. Un camino jalonado de ascensos, promociones, cambios de departamento, ligeros mamoneos, un poco de adulación, algún pequeño fracaso, algún notable progreso, y muchas horas conspirando en la máquina del café. Ascendían. Cada vez cobrando un poco más. Y al final se les regalaba un Rolex, antes de retirarlos de la circulación y a-parca-rlos.

En estas grandes estructuras corporativas los empleados menos productivos podían sobrevivir si dominaban el eterno arte del politiqueo entre jefes, departamentos, proyectos y divisiones. Sólo hacía falta conocer el noble arte de colgarse alguna medalla de vez en cuando, y evitar ser relacionado con resultados flagrantemente insatisfactorios o equivocaciones irreversibles.

Todo eso ha cambiado. La Nueva Economía no necesita de títulos. En parte porque la oferta de gente que tiene títulos, másteres, grados, es tanta que ya esos trozos de papel no garantizan que quien lo tenga sea de ningún club. Si toda la población es del club, ser del club ya no tiene ninguna gracia. ¿Qué demuestra tener un MBA? Nada. Absolutely nothing. Bueno sí. Que tus padres han tenido la capacidad económica suficiente para pagarlo.

Titulo universitario

Da igual quién sea Ministro de Educación. Ya no se necesitarán de éstos.

La Nueva Economía es una sociedad en que la clase media ha sido sustituida por robots. El trabajo de los operarios, de los oficinistas, de los controladores, de los auditores, de los que están en las lineas de producción los hacen máquinas. Ayer leía que Google está experimentando (al parecer con bastante éxito) con vehículos sin conductor. Ya está. Todos los conductores de autobús, de taxis, de camiones y camionetas, todos al paro. No está tan lejos de producirse.

Y es normal. Cojamos un ejemplo aleatorio, un país cualquiera, el nuestro. Resulta que de 23 millones de personas que pueden y quieren trabajar (población activa), 5,5 millones no encuentran trabajo. Pero…la producción agregada del país (el PIB) no deja de crecer. ¿Qué significa eso? Seamos sinceros, no necesitamos a esos 5,5 millones de trabajadores. Ya tenemos de todo, y cada vez más. Y cada vez, si me apuras, más barato. Si una empresa tiene planes de expandir su producción, sus ventas…¿contratará a gente? Nop. Demasiado caro. Demasiado problemático. La gente es difícil de gestionar. Se quejan. Tienen aspiraciones. Tienen emociones. Hoy llegan y se han peleado con la mujer, o con el marido. Mañana están desmotivados. Pasado están leyendo su perfil de Facebook en la oficina. No es buen negocio. Si una empresa quiere expandirse, lo primero que hará es automatizarse. Lógico. Más barato. Más sostenible. Algunos dicen que es porque la regulación hace que los empleados les salgan muy caros a las empresas, que el diferencial entre lo que paga la empresa y lo que recibe el trabajador (cotizaciones a la Seguridad Social e Impuestos Directos) es demasiado elevado, que habría que reducir las cotizaciones sociales, o bien bonificar a las empresas que contraten a nuevos empleados. Yo digo que no.  Primero, que los políticos no van a dejar que eso suceda. Con el panorama que tenemos ¿quién se va a arriesgar a que le acusen de desmantelar “el Estado del bienestar”? Pero es que además, aunque bajaran las cotizaciones sociales y los impuestos, nunca, y lo subrayo, nunca absorberemos a 5,5 millones de parados. No si pensamos en términos del S.XX.

En el S.XXI ya rigen las reglas de la Nueva Economía. Si queremos que toda la gente se autorealice en un trabajo, tendremos que aceptar este nuevo paradigma. Las nuevas reglas son las siguientes, someramente expuestas:

  • Los empleados ya no son valorados por sus títulos. Un título ya no es un factor diferenciador de ningún empleado.
  • El trabajo duro y repetitivo lo hacen las máquinas.
  • Los trabajadores valorados son los que aportan CREATIVIDAD o conectividad con otros trabajadores que aportan CREATIVIDAD.
  • Las jornadas no tienen que ser de 8 horas diarias. Pueden ser de 6, de 5, o de 1 hora.
  • La semana laboral ya no tiene que desarrollarse de lunes a viernes.
  • El lugar de trabajo ya no tiene que ser una oficina.
  • El idioma universal de las empresas es el inglés. El latín de la Nueva Economía.
  • Los trabajadores deben desarrollar nuevas habilidades: saber comunicar, saber organizarse, saber añadir valor, saber liderar a otros empleados, saber autoformarse.
  • No hay jubilación. No tenemos dinero para mantener a jubilados.
  • Los trabajadores y las organizaciones vuelven a abrazar valores esenciales, como la honestidad, la autenticidad, la rectitud, la dignidad y la frugalidad.

Ojo. La Nueva Economía no son las Redes Sociales, ni LinkedIn, ni Twitter o Facebook. Dentro de 10 años veremos si alguien se acuerda de estas 3 empresas, o han sido sustituidas por otras mejores, o simplemente diferentes. Por lo que a mí respecta las redes sociales son otro “boom” que añade más ruido y publicidad a un mundo ya lleno de publicidad y ruido. La Nueva Economía es un lugar que da miedo, pero en el que se abren multitud de oportunidades. Es un sitio que requerirá que cada trabajador se esfuerce más. Y va a ser un esfuerzo allí donde más cuesta el esfuerzo, donde más cuesta sudar la gota gorda: vamos a tener que hacer todos un esfuerzo mental.

El Poder de la Nueva Economía reside aquí

El Poder de la Nueva Economía reside aquí

Mentiras, grandes mentiras y Estadística

En mi vida sólo he “cateado” una asignatura: Estadística de segundo de carrera.

Hace tiempo sentía este incidente como una mancha en mi expediente, como un tropiezo en mi trayectoria académica, un evento digno de soslayarse. En definitiva: un desastre para olvidar.

Ahora me doy cuenta de que debería haber “cateado” muchas más asignaturas, y mucho antes. Es lo que James Altucher llama “get early rejections”. Una cosa que le va muy bien a los jóvenes.

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Pero dejando de lado este defecto de nuestro sistema educativo (quiero decir el hecho de que los niños no se enfrentan al fracaso hasta bien entrada la edad adulta, y no han desarrollado las herramientas que les van a permitir luchar contra las adversidades y la frustración), el motivo de este escrito es poner de relieve lo importante de la asignatura de marras que me tocó repasar durante los calurosos días de agosto de un ya lejano verano.

La Estadística es una ciencia que debería enseñarse a nivel de Educación General Básica, o lo que ahora sería Educación Primaria. La Estadística se invoca constantemente en los medios, la utilizan los políticos, los directivos, los periodistas, los científicos y académicos, y los técnicos (ingenieros, arquitectos, médicos…). Con ella se puede mostrar la realidad de un hecho de mil maneras diferentes. El paradigma de ésto es la utilización de diferentes escalas en unos gráficos o histogramas utilizados en la Estadística Descriptiva. Todavía me entran escalofríos cuando recuerdo cómo en algún debate televisivo algunos candidatos han presentado ante cámara gráficos de líneas o de barras para enfatizar algún aspecto del que hablaban, como si ese tipo de representación gráfica dejara el asunto zanjado, sin posibilidad de réplica. Un gráfico con una línea marcadamente ascendente para mostrar lo bien que se comporta un determinado indicador, o 2 barras contiguas en la que la primera es baja, tan baja que apenas levanta unos milímetros desde la base y la siguiente se dispara hacia la parte alta de la hoja…”y todo gracias a nuestra gestión“.

Pero dejando aparte estas groseras maneras de manipular al personal, hay 4 aspectos de la Estadística que son tremendamente útiles, y que yo tengo presentes cotidianamente:

1) El principio de Pareto. Un fenómeno por el cual el 80% de las consecuencias deriva del 20% de las causas. Por tanto, conviene hacer sistemáticamente el análisis de dónde se halla ese 20% que es causa, para incidir en él y así poder influir en el 80% del resultado. De la misma manera, podremos “eliminar” cosas. Casi es más potente el saber que “eliminando el 80% del esfuerzo sólo nos cargamos el 20% del resultado“. Imagínate liberar un 80% de tu agenda afectando sólo al 20% de tus ingresos. Tenemos hueco para un montón de tiempo libre, o para empezar cosas nuevas, cosas que funcionarán con el criterio 80/20, volver a analizar las causas y las consecuencias y volver a refinar ese 20% y descartar el 80% improductivo. Así ad infinitum.

2) Una muestra representativa. Una muestra representativa lleva a resultados estadísticamente significativos. No podemos decir “ese restaurante es una castaña, estuve mirando el tripadvisor y vi unos cuantos comentarios negativos”. Lo que traducido significa que los primeros 2 ó 3 comentarios a lo mejor no eran buenos. ¿podemos fiarnos de la opinión de 3 personas cuando un restaurante puede servir miles de menús al cabo de un año? Una muestra válida (estadísticamente significativa) cuando la población de la que se infiere es suficientemente alta, debe constar, como mínimo, de 30 observaciones.

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3) La ley de los grandes números. Esta ley afirma que los errores de estimación que se puedan cometer respecto a una población grande se compensan unos con otros. Un ejemplo: quiero estimar el peso medio de una población de pollos, pero sólo dispongo de una báscula romana que mide el peso aproximado, no al gramo. Si peso a una muestra de animales lo suficientemente representativa, la media que saque tenderá a converger con la media real de la población que hubiera sacado con una báscula de precisión, ya que a algunos pollos los habré pesado de más y a otros de menos, y esos errores se compensarán unos con otros. Conclusión: cuando tratamos con grandes números no hace falta prestar demasiada atención al detalle. Lo importante es el meollo.  

4) Confundir correlación con causalidad. Hace algunos años una revista científica publicó un estudio, según el cual los niños que dormían con la luz de la habitación encendida tendían a desarrollar miopía al llegar a la edad adulta. Conclusión: no dejéis que vuestros hijos duerman con la luz encendida si no queréis que tengan problemas de vista. PUES NO. Posteriormente, una Universidad quiso profundizar en esta teoría y lo que descubrió fue lo siguiente: la miopía sobre todo está directamente relacionada con tener padres miopes, y los padres miopes (no sé por qué) tienden a dejarse la luz de la habitación de sus hijos encendida por las noches. Por tanto, la luz no causaba la miopía. La miopía la causa tener padres miopes, que a su vez causa que se dejen la luz encendida.

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Como véis la Estadística es tremendamente útil, y su utilidad radica en que no nos den gato por liebre. En saber que no todo es lo que parece, y en ser consciente de que las cosas hay que pensarlas uno mismo. No deleguéis la mayor de las responsabilidades, no dejes que otro piense por tí.

 

No juzguéis, no critiquéis

Es tarde por la noche y las niñas tienen que acostarse. El juego de siempre, las 3 P’s: pijama, pipí, piños. El ritual de cada noche. Bueno…de casi cada noche. Ahora en verano, muchos días caen rendidas por la noche, y digamos que en vez de las 3 P’s sólo llegamos a 2, o incluso a 1 mísera P.

A veces también añadimos un cuento, muchas veces leído. Pero de vez en cuando gritan como locas: “¡¡¡cuento inventado!!!” y me miran con una enorme sonrisa y la esperanza de que me invente un cuento en ese mismo momento. …”y que sea divertido, papi”.

La primera vez que les conté un “cuento inventado” fue un completo desastre. De ahí que ahora remarquen “y que sea divertido”. Así que ya he aprendido la lección, y tengo un “buffer” de cuentos en la cabeza. El otro día hice como que me “inventaba” el cuento del elefante y los 3 sabios. Apagamos la luz del dormitorio, y empecé. El cuento,  dice, más o menos, así:

“Érase que se eran tres hombres muy sabios, que vivían en tres puntos distantes, y que tenían una peculiaridad física: eran ciegos de nacimiento. Los tres buscaban el “Sagrado Elefante Blanco”.

Un día, tras años de intensa búsqueda, finalmente hubo suerte, y los tres oyeron de la presencia inminente del Sagrado Elefante Blanco, y fueron a su encuentro.

Mientras el Elefante estaba plácidamente tumbado, uno de los sabios se agarró fuertemente a la trompa, cayendo de inmediato en un éxtasis profundo. Otro de los sabios, con los brazos completamente abiertos, se abrazó con muchísima fuerza a una de las patas del paquidermo, y el tercero se aferró amorosamente a una de sus grandes orejas.

Para ellos, la experiencia fue sublime. Después de aquello, cada uno de ellos volvió a su aldea, profundamente trastornado. Cada uno de ellos relató y compartió sus experiencias con sus vecinos.

Algo extraño empezó a ocurrir: un día se encontraron para hablar sobre la Verdad.

El que experimentó la trompa comenzó a decir:
– La Verdad (refiriéndose al Sagrado Elefante Blanco) es larga, rugosa y flexible.

El otro sabio, el que experimentó con la pata del elefante, manifestó:
– La Verdad es dura, mediana, como un grueso tronco de árbol.

El tercer sabio, que experimentó con la oreja del paquidermo, dijo:
– La Verdad es amplia, fina, y se mueve con el viento.

Los tres, aunque sabios y buenas personas, no se entendían, no se comprendían y decidieron marcharse cada uno por su lado. Los tres se dedicaron a predicar su Verdad, y crearon 3 grandes religiones que se expandieron muy rápidamente.

Los tres sabios habían tocado la Divinidad, aunque no en su totalidad. No pudieron percibir su amplitud, al experimentar una parte, no el Todo.”

Llegados a este punto yo creo que las niñas ya estaban dormidas, así que seguramente que esta parte la susurré únicamente para mí:

“Los hombres nunca lo sabemos todo. Siempre habrá algo que se nos escapa. Niñas… no juzguéis. No critiquéis. Tened en cuenta que ni siquiera los grandes sabios conocen toda la Verdad.”

Y allí me quedé, pensando en la oscuridad del cuarto, cómo una vez más, tener hijos te ayuda a entender mejor el mundo.

Siempre se nos escapará algo

Siempre se nos escapará algo