Category Archives: Otras cosas

Cumplir años ya no mola

Salgo a correr y siento punzadas en la rodilla. Al cabo de un rato desaparecen. Hay días que son más fuertes. Otros días todo va bien. Pero en general, al ponerme en movimiento mi cuerpo chirría.

Cuando voy al lavabo la orina ya no sale a chorro. Cae como por efecto de la gravedad. Debe ser que la vejiga se está acartonando.

Hace unos meses que me tengo que quitar las gafas de miope para leer. Tengo que alejar y acercar las manos hasta encontrar un buen enfoque. Presbicia, diría el oftalmólogo.

En la piscina le miro los pies a mi hija: son pies perfectos y finos. A su lado mis pies son de alabastro.

La barba me crece medio gris.

Me acuesto cada vez más pronto y no me cuesta madrugar.

Las uñas me crecen más rápido. O esa sensación me da.

Me nacen pelos inoportunos en los más insospechados lugares, como en el reborde exterior de las orejas.

Los dientes amarillean.

Estoy abonado a la “playlist” denominada “melancolía” en Spotify. Y hace mucho tiempo ya que no me apetece la música con mucha batería.

Sólo una buena cosa: mi voz entona mejor los canturreos en la ducha. Alcanza mejor y no se rompe como antes. No es que nadie se haya dado cuenta. En la ducha estoy solo.

Cumplir años ya no mola.

 

 

Saber decir NO

El mundo entero quiere que le contestes un gran SÍ. Y si puede ser, con una sonrisa, y un ligero reclinar la cabeza. Con sumisión.

Tus colegas en el trabajo sueñan con que les digas SÍ. Te puedo ayudar. Dame tu trabajo, yo me encargo. No te preocupes.

Tus padres quieren que les digas SÍ a ir a comer cada domingo a su casa.

Tus hijos quieren que les digas SÍ cada vez que quieren un compañero de juegos a quien ganar sistemáticamente.

Tu mujer quiere que le digas SÍ a pasar por el súper de camino a casa desde el trabajo y coger aquello que falta en casa.

Tu jefe quiere que le digas SÍ a perder el tiempo con alguna chorrada inútil.

Pero saber decir NO es una habilidad crucial. Es la más grande habilidad que puedes aprender una vez has dejado el colegio.

En el colegio todo fueron SÍES. No te quedaba otra: los deberes, los exámenes, los trabajos, sentarte en tu sitio, el menú del comedor, las actividades y los compañeros.

SÍ, bwana. SÍ, bwana.

Pero después de todos estos años, es el momento del NO. Decir NO te hará libre.

Diles NO a los que reclaman tu tiempo, y te dicen cómo gastarlo.

Diles NO a los que quieren que actúes de la manera en que ellos actuarían.

Diles NO a aquellos que quieren que opines lo que ellos opinan.

Diles NO a los que te quieren vender algo que no necesitas, y que te van a hacer su esclavo.

Diles NO a los “listos” que saben más que nadie, que predican su gran habilidad para aprovecharse de cualquier situación, colarse, infiltrarse, dar con las grietas del sistema y dar con los atajos que nos dejan a los demás con cara de tontos.

Junta las manos alrededor de la boca y suelta un gran NO.

Diles NO a los demás, para darte a tí mismo el SÍ más grande y definitivo de tu vida. El SÍ a decidir tú.

¡Verás qué sensación de libertad!

Nooooooooo!!!!

Nooooooooo!!!!

Carta abierta a mi hija de 9 años

Querida Paula,

Ha llegado el momento en que te comente algunas cosas por escrito. Cosas que pienso que deberías leer en solitario, a la luz de tu conciencia. Ahora que eres una ávida lectora de libros de Junie B. Jones, espero que esta carta no se te haga cuesta arriba.

Ya tienes 9 años, y pronto pasarás a los dos dígitos! Parece que fue ayer cuando naciste, y todavía lo tengo todo fresco en mi mente. Me quedo a veces parado viendo tu foto con 2 ó 3 años y tu parche de pirata en la terraza de la otra casa, y luego pienso que desde entonces ha pasado  más de un lustro, y que para ti la otra casa es algo tan lejano como una vida anterior que nunca se recordará.

Has llegado a una edad en la que debes empezar a ser responsable de tus actos, como lo hemos empezado a ser todos en algún momento.

Sé que a veces puede ser duro tener esa sensación de soledad porque estás acostumbrada a que tus padres estén permanentemente a tu lado susurrándote qué debes o no debes hacer, decir, llevar, o incluso pensar.

Pero ahora ya eres mayor. Mayor, no en el sentido de poder tener un móvil o conducir o poder votar. Pero sí mayor para poder asumir ciertas responsabilidades que se esperan ya de una princesa de casi 10 años.

La buena noticia es que el peso de la responsabilidad te lo voy a transmitir con un bien muy preciado entre los hombres, que es la libertad. La libertad de tomar tus propias decisiones. Ya que de nada serviría endosarte la responsabilidad si, como hasta ahora, te tuviéramos que perseguir tu madre o yo para que hicieras lo que nosotros creemos que tienes que hacer.

Se trata de que tú elijas tu propio camino, y asumas las (pequeñas) consecuencias que ello conlleva.

Por tanto, he decidido escribirte estas líneas para comunicarte que, por mi parte, intentaré –en la medida en que me sea posible- no decirte ya qué pasos tienes que tomar en cada pequeña acción cotidiana que hoy por hoy es tu vida.

Si tienes una redacción que escribir, o si tienes que leerte 8 páginas del libro de Medi, o si tienes que hacer 3 ejercicios en tu libreta verde, o si tienes que ponerte bambas o sandalias, te tengo que decir que hacerlo o no hacerlo, o escoger entre las opciones que cada uno de estos elementos plantea es una decisión libre tuya. Yo intentaré no influir en ello. Y sólo me encontrarás cuando me pidas sinceramente mi opinión, que te daré más como un consejo que como una imposición.

Verás, mi teoría es que muchos de los problemas con los niños de tu edad hoy en día vienen derivados de que los padres nunca tomamos la decisión de apartarnos, de dar un paso atrás, y dejaros ser libres y responsables. Sospecho que ello puede ser debido a que nos asusta que nuestros hijos vayan un día con los cordones desatados al colegio, o con una camiseta que no combina con los pantalones, o a que nos asusta que llevéis un día la redacción a medio hacer (con lo de fracaso que eso tiene, ya ves), o que os llamen la atención por no haber hecho los ejercicios. Pero, Paula, te puedo asegurar que sobre todo esto he reflexionado, siquiera un poco, y creo que soportar cualquier cosa parecida a esas que acabo de citar, no tiene precio comparado con dejarte la oportunidad de desarrollarte como individuo, con tus fallos, tus fracasos, pero también con tus experiencias y tus logros; en fin, con la satisfacción de ver que estás empezando a controlar las riendas de tu vida.

Digamos que con esta carta quiero entregarte (aunque de momento sea simbólicamente) las riendas de tu vida. Y lo hago diciéndote que nos tendrás al lado a tu madre y a tu padre, siempre, sin importar si los resultados son buenos o malos, si te equivocas, o si en algún momento te sientes mal por algo que hayas hecho o que hayas dejado de hacer. En eso consiste vivir, en equivocarnos mucho cada día, y sólo muy ocasionalmente acertar en algo. Espero que de esta manera vayas desarrollando los recursos que seguro que te van a hacer falta más adelante para ser la persona que TÚ quieras ser.

Yo te podría decir que mi aspiración es que seas una persona de tal o cual manera, que te dediques a esto o lo otro y que vivas de determinada manera y te conduzcas así o asá con la gente. Pero la realidad es que eso lo tienes que decidir TÚ, y sólo TÚ.

Disfruta mucho del camino y que sepas que tu padre te quiere (os quiere) con locura.

R.

9890399_orig

Mi constitución personal

Artículo 1. Me llamo Rolando Latorre. Nací en Barcelona en 1971, hijo de mi padre y de mi madre. Tengo dos hijas. Esto no se puede cambiar. Todo lo demás puede estar sujeto a cambios.

Artículo 2. Soy optimista. Intento ver los aspectos positivos de todas las cosas, aunque sean adversidades.

Artículo 3. No intento cambiar a los demás. Reconozco que no tengo energía para hacerlo, y además no creo en ello, de igual manera que no me gusta que me intenten cambiar a mí.

Artículo 4. Creo en la responsabilidad individual.

Artículo 5. No me quejo. Si algún aspecto de mi vida no me gusta o me incomoda, pienso honestamente qué puedo hacer yo (sin cambiar a los demás) para solventar/evitar esa situación.

Artículo 6. Nunca hago cosas que no me apetece hacer, salvo por algún motivo de fuerza mayor.

Artículo 7. No aguanto a personas que no me aportan nada, más allá de los meros intercambios cotidianos.

Artículo 8. Hago un esfuerzo por relacionarme con personas que tengan visiones positivas del mundo.

Artículo 9. No tomo decisiones importantes en momentos de intensidad emocional.

Artículo 10. Ante una decisión escojo, de entre las posibles alternativas hoy, aquella que  vaya a acercarme más a donde quiero estar dentro de un año.

Artículo 11. Confío en los sistemas para gobernar mi vida. Reconozco que soy más productivo-feliz cuando sigo un procedimiento.

Artículo 12. Cada día doy pasos encaminados a mejorar en los siguientes aspectos: salud (dieta y ejercicio), mente (tener ideas y anotarlas), y relaciones.

Artículo 13. Dejo tiempo para desarrollar la espiritualidad.

Artículo 14. Intento ser puntual, porque respeto el tiempo de los demás.

Artículo 15. Intento de una manera sincera no criticar ni dañar a los demás. No obstante, no puedo controlar la reacción de otras personas a acciones que principalmente me afectan a mí, y por tanto no me preocupo por ello.

Artículo 16. Si es necesario digo NO. Reconozco que saber decir NO a tiempo puede ahorrar tiempo y disgustos, a pesar de que muy ocasionalmente deje una oportunidad por el camino. Afortunadamente, surgen nuevas oportunidades cada día.

Artículo 17. No creo en las noticias. Intento no estar condicionado por “la actualidad”. Hace años que absorbo información. Es hora de empezar a emitir.

Artículo 18. Soy crítico-escéptico. Ante una teoría que se me pueda plantear o una recomendación que me puedan hacer, intento poner los medios para probarla por mí mismo, para sacar mis propias conclusiones.

Artículo 19. Soy minimalista. Intento no acumular. Intento desprenderme de posesiones materiales y compromisos, salvo los que me lleven a un mayor desarrollo personal. Desprenderme de cosas es otorgarle libertad a mi mente.

Artículo 20. Intento ayudar a los que piden ayuda honesta y sinceramente.  Ayudar a alguien que tiene los recursos necesarios para ayudarse a sí mismo es hacerle un flaco favor. Es fomentar la dependencia. Este artículo es especialmente aplicable a los miembros de mi familia.

Artículo 21. Intento no pedir ayuda a nadie nunca. No siempre lo consigo.

Artículo 22. Doy gracias a la Naturaleza por estar aquí hoy y poder escribir esta Constitución Personal.