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Nelson Mandela – lecciones de una biografía espectacular

Nelson Mandela se muere. Igual a estas horas ya está muerto. Hay medios que dicen que  está vegetativo, y acabo de leer que incluso la CBS descubrió que a raíz de la última crisis que le ha llevado al hospital Mandela estuvo 40 minutos en parada respiratoria mientras la ambulancia que le trasportaba al hospital sufría una avería en la carretera, cosa que ha supuesto un escándalo en Sudáfrica.

En cualquier caso Mandela es una persona de 94 años, que pasó 27 años en la cárcel en condiciones paupérrimas, de las que derivaron dolencias pulmonares que ha arrastrado toda la vida, y por tanto está claro que su hora está cerca, si no ha llegado ya.

Mandela enfermo

Revisando su biografía no puedo dejar de destilar los rasgos que dibujan la personalidad de un gran hombre, que ha dejado una huella indeleble en la historia de la Humanidad y de los derechos humanos:

1) Nunca es tarde. Mandela nace en 1918, y es encarcelado en primera instancia junto a otros activistas de 1956 a 1961. Más tarde vuelve a prisión en 1964, hasta que es liberado en 1990. Yo tenía 19 años cuando liberan a Mandela, y por tanto ya tengo conciencia de haberlo vivido a través de las noticias. En esta segunda etapa de cárcel pasa 18 años terribles en la ya famosa prisión de Robben Island. Cuando es liberado en 1990, por el presidente sudafricano De Klerk, Mandela tiene 72 años. A pesar de ser ya un septuagenario, inicia el mayor logro de su vida, y es capaz de negociar con las autoridades de su país un proceso de democratización. Se presenta en 1994 a las primeras elecciones de su país con sufragio universal, gana e inicia un proceso de reconciliación nacional.

2) Corazón. Una vez elegido Presidente de su país mantuvo como vicepresidente a Willem De Klerk, su antecesor, dirigente blanco que todavía ejerció su poder en el régimen anterior de “apartheid”. Mandela tuvo claro que no podía gobernar su país con revanchismo, y que debía ser una fuerza integradora que buscara la reconciliación del país. Desde la Presidencia trató  también de atraer hacia la participación democrática al partido de los zulús, de ideología más radical. Después de 27 años en la cárcel se tiene que tener un grandísimo corazón para buscar la reconciliación con los que han sido tus carceleros. Bill Clinton dice que le preguntó a Mandela si al ser puesto en libertad no le invadía un sentimiento de odio, Mandela le respondió:

“Claro que sí, les odiaba porque me tuvieron en la cárcel durante tanto tiempo. Abusaron de mí. No ví crecer a mis hijos. Perdí mi matrimonio y los mejores años de mi vida. Estaba furioso. Y también asustado, porque hacía tanto tiempo que no era libre. Pero a medida que me acercaba al coche que me llevaría de allí, me di cuenta que cuando atravesara esa puerta, si todavía les odiaba, todavía me tendrían. Yo quería ser libre. Libre de verdad. Así que dejé ir ese sentimiento.”

Años terribles de cárcel

Años terribles de cárcel

3) Fluir. Mandela fue condenado a cadena perpetua en 1964. El régimen penitenciario en Robben Island era durísimo, los presos políticos tenían menos privilegios que los comunes, y solo se le permitía recibir una carta y una visita cada 6 meses. Imaginad. Una condena hasta que te mueras. Sin embargo él no renunció a sus principios, no se arredró, y sobrevivió durante un periodo que muchos encontrarían tan oscuro como para abandonarlo todo. Me imagino que el secreto (como en la historia de muchos secuestrados de larga duración) es tener una gran fe, una gran disciplina personal, un gran equilibrio mental y emocional. Vivir el presente, olvidar el pasado, no pensar en el futuro. Fluir.

4) Creer.  Ahora cualquier ciudadano del mundo conoce el nombre de Nelson Mandela, pero cuando durante su juventud decidió militar en la causa contra la segregación racial, cuando se inscribió en su partido (el Congreso Nacional Africano), o incluso cuando fue privado de libertad y llevado a Robben Island a Mandela no le conocía nadie. Era uno más de los que abrazaron la causa. Él creyó en un país libre de segregación cuando era muy difícil creer en que las cosas podían cambiar. Primero creyó, luego imaginó cómo sería ese país, y cuando le tocó, tomó las decisiones adecuadas. En uno de los juicios que tuvo que soportar realizó este famoso alegato:

“He luchado contra la dominación blanca, he luchado contra la dominación negra. He venerado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la cual todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal al cual espero consagrar mi vida y lograr. Pero si fuere preciso, es un ideal por el cual estoy dispuesto a morir.”

5) Primero los principios. En 1984 el gobierno sudafricano, presionado por la comunidad internacional, ante la creciente magnitud del mito de Mandela, que se estaba convirtiendo en un símbolo de la lucha racial en todo el globo, le ofreció la libertad a Mandela, a cambio de que renunciara a la violencia y aceptara ciertas condiciones políticas sobre la situación de su país. Mandela rechazó siempre estos ofrecimientos, y su respuesta siempre fue:

“Los prisioneros no pueden asumir contratos. Sólo pueden negociar los hombres libres.”

6)  No violencia. Yo no lo sabía, pero Mandela llegó a ser considerado un terrorista nada menos que por la ONU, y ha estado hasta hace pocos años en las listas de presuntos terroristas elaboradas por el gobierno USA. Cuando a principios de los años 60 el gobierno de Sudáfrica ilegalizó su partido, el ANC, y calificó a sus dirigentes de terroristas, así lo asumieron algunas organizaciones internacionales. Mandela creyó desde un principio en la vía no-violenta inspirado en la figura de Gandhi. Los instrumentos en los que creyó para liberar a su gente, una vez vio claro que no servía la simple exigencia de justicia y democracia, fue la desobediencia civil, las huelgas y la no-cooperación. Una vez, habiendo sido acusado y juzgado por su participación en una de estas campañas, el tribunal no pudo más que reconocer que Mandela y sus compañeros sostenidamente aconsejaban a sus seguidores optar por acciones pacíficas y evitar todo acto de violencia.

Mandela_Nelson_1961

7) El destino. ¿Cuántos Mandelas habrá habido de los que no tenemos noticia? Él pudo no haber pasado a la Historia. Estando en la cárcel se convirtió en un símbolo, y luego ha estado a la altura de las circunstancias, a la altura del mito. Pero ¿cuántos luchadores anónimos ha habido en el mundo abrazando causas justas, que no han sobrevivido, o que simplemente no fueron elegidos como símbolos de una causa? Muchísimos. Mandela es un héroe, pero el destino pudo haber querido que el héroe fuera otro, con los mismos principios que él, con similares virtudes y con similares defectos. El obispo Desmond Tutu, al que le fue concedido el Premio Nobel de la Paz en 1984 (a Mandela se lo dieron en 1993) dijo en una entrevista: “El Nobel de la Paz me lo dieron porque tengo el nombre fácil, Tutu, y la nariz grande. En realidad el destinatario del premio no era yo, sino los cambios que se producían en Sudáfrica en aquel momento“.

Estos días rendimos homenaje a Nelson Mandela por una vida dedicada a luchar contra la opresión y la injusticia, pero también deberíamos pensar, siquiera un momento, en esos miles de Mandelas anónimos que creyeron, que tuvieron un gran corazón, que abrazaron causas y luchas justas en pro de sus semejantes, pero que no sobrevivieron.

Un hombre bueno

Adiós Madiba, hasta siempre !