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Cómo aprender de verdad

Cuando yo iba a la Universidad muchos estudiantes preferían no asistir a clase, y quedarse conversando tranquilamente en el bar.

Entre los que estaban matriculados en mi clase había un grupo que prácticamente se saltaba todas las clases. Uno de aquellos alumnos que se pasaba el día entero en la “pecera” es hoy un político de alto rango en la Administración catalana.

Yo hice campana muy pocas veces, siempre por alguna “causa mayor”, como estudiar para algún examen o acabar un trabajo en el último momento.

Otros estudiantes no acudían a clase y conversaban socráticamente con una cerveza o un café delante.

Muchos años después me doy cuenta de que he olvidado casi todo lo que un día “aprendí” en un aula. Yo creo que ya no sé ni la tabla del 9. No sé nada. Cada día me levanto con el cerebro en blanco, deseando que nadie me pregunte nada, y apoyándome únicamente en el poco sentido común que se me concedió al nacer.

Quizás la mejor estrategia para “aprender” era quedarse en el bar hablando y hablando todo el día con los colegas. Hablando de lo divino y lo humano. Haciendo bromas y riendo a carcajada limpia. Quizás lo mejor no fue estresarme por tantos exámenes, trabajos, profesores y asignaturas.

Para aprender es mejor charlar que estudiar

La letra, con cerveza entra

Hay estudios que afirman que después de una hora, el 80% de los estudiantes no saben explicar de qué iba una clase a la que acaban de asistir.

La mejor manera de aprender de verdad es escuchar, repetir, preguntar y debatir. En este orden y en un periodo de tiempo limitado:

  1. Alguien te explica algo, por ejemplo un profesor, o un conferenciante, o un amigo.
  2. Lo debes encontrar interesante, atrayente, novedoso. Si no se cumple este requisito mejor olvídalo. Lo vas a hacer de todas maneras, por mucho que te esfuerces en retenerlo en tu cerebro de ratón.
  3. Lo utilizas en alguna conversación informal con amigos o familia,durante las horas inmediatamente posteriores.
  4. Te preguntas en voz alta por qué aquello es así. Preferiblemente delante de otro que se lo pregunte contigo, o mejor, que sea capaz de ofrecer una respuesta, aunque no sea correcta. Durante el mismo día.
  5. En días posteriores sacas el tema en reuniones y conversaciones con amigos. Empiezas un debate. Preguntas a los demás su opinión y expresas tú la tuya, aunque no la tengas formada al 100%. Date permiso para equivocarte. Pontifica un poco. Muéstrate seguro, aunque sepas que lo que estás diciendo puede ser una parida.
  6. Luego hay un período de sedimentación del conocimiento en que el cerebro fija la información y la asienta en la RAM mental. Sucede a nivel subconsciente durante los días y semanas posteriores.
  7. Como último y definitivo martillazo que acaba de asentar el concepto o idea en tu coco, vuelves a escuchar una clase o una charla de alguien que te vuelve a explicar lo mismo que te enseñaron en el primer punto. Busca algún video en youtube sobre el tema, o una clase en Khan Academy.

Los que tenéis hijos, no confiéis en que en los colegios, en los institutos y en la Uni les enseñen nada. Como mucho les explicarán cosas, multitud de cosas. Pero no pasarán del punto uno. Ni siquiera el 80% de lo que les cuenten cumplirá el punto dos. Se puede descartar directamente por aburrido e insulso. Si no sucede el resto del proceso no hay aprendizaje. Lo que le expliquen a tu hijo en clase será agua que pasa a través de una red que no filtra nada.

Después de escuchar es necesario repetir, preguntar, debatir. Sólo así la red se convertirá en un tamiz tan fino que atrape el conocimiento, que es como una minúscula pepita de oro. Obtener cada pepita de conocimiento es un trabajo duro, pero supone obtener algo tan intemporal  y valioso que -poco a poco- irá formando un tesoro de valor incalculable.

Lentamente las pepitas se convertirán en un tesoro de sabiduría, porque estaremos practicando el noble arte del aprendizaje real.

Buscar el conocimiento real es como buscar pepitas de oro

Obtener el conocimiento real es como buscar pepitas de oro

Por eso es crucial que hables con tus hijos sobre lo que han escuchado. Pregúntales qué les ha llamado la atención, deja que te expliquen. Mientras repiten están aprendiendo. Cuestiónales aquello que digan y oblígales a que lo miren desde otro ángulo. Hazles buscar la Verdad como si fuera una perla en medio del océano y ellos fueran buceadores a pulmón libre.

Haz de tus hijos buscadores de perlas.

Si quieres avanzar, ¡deténte!

A veces vas por la calle acelerado.

Te miro y te diriges raudo y veloz a algún sitio donde has quedado o donde te esperan, pensando en tus cosas, a menudo dándole vueltas al resto de tareas que tienes programadas para lo que te queda del día.

Pero la pregunta que te disparo, aquí y ahora, es la siguiente. PUM:

¿Dónde vas tan rápido?

En ese momento haz el siguiente ejercicio (pruébalo un día): afloja el paso hasta detenerte, párate por completo durante 4 ó 5 segundos. Disimula mirando un escaparate, un autobús, o una madre con un cochecito en la acera de enfrente. Sí, a lo mejor te están esperando…¿y?

Si esperaras a alguien, ¿no preferirías que tardara 2 minutos más y llegara tranquilo, con una sonrisa en la cara y la mente despejada? Piensa en el leñador que cada día que pasaba cortaba menos árboles, a pesar de que se empeñaba en ello cada día igual o más que el primero. Alguien le espetó: “Quizás deberías afilar el hacha” y él contestó “¡No tengo tiempo! ¡Estoy muy ocupado cortando árboles!”

Detente. Piensa en lo que quieres. Sólo luego en el cómo.

Detente. Piensa en lo que quieres. Sólo luego en el cómo.

Deprisa, deprisa

El estilo de vida actual fomenta que corramos, como pollo sin cabeza, hacia no sabemos dónde. Fíjate en estas técnicas para evitar que te arrastre la corriente:

  1. Ten objetivos. Permanece focalizado. Si no piensas en términos de objetivos (diarios, semanales, mensuales, anuales) pueden pasar los días, las semanas, los meses en una especie de deriva hacia ninguna parte. Además, las distracciones posibles hoy son inmensas: un rato de facebook, un rato de twitter, un rato de unos videos divertidos de youtube, un rato de televisión, otro rato de mirar el email cada vez que llega un mensaje, y has echado a perder decenas de horas sin avanzar en nada concreto. La prueba del algodón definitiva de cualquier objetivo es imaginarte dónde estarás dentro de 10 años. Escríbelo. Piensa dónde estabas hace 10 años y qué hubieras escrito en un ejercicio similar. Imagina que hoy leyeras ese escrito.
  2. Dedica, a primera hora del día, 10 minutos a planificar la jornada laboral. En mi caso, lo hago mientras me tomo un café en algún sitio. Hago una lista de lo que tengo que hacer ese día. No siempre acabo tachando todos los elementos, pero me permite permanecer enfocado. Antes dedicaba ese rato a leer la prensa, pero ahora mismo estoy de dieta informativa. Los periódicos y las noticias son otra cosa que nos distrae.
  3. Intenta leer 30 minutos al día, si es posible temas NO relacionados con el trabajo. Para mí la herramienta ideal es el Kindle. Todas mis lecturas en un sólo aparato que cabe en mi mochila o en el bolsillo de la chaqueta. Además permite subrayar y guardar los textos subrayados. Subrayar un libro es una buena habilidad. Si te centras en las proposiciones y frases más importantes de un libro, una vez guardados los párrafos y frases subrayados tienes un buen resumen al que recurrir en el futuro.
  4. Haz deporte con regularidad (30 minutos al día sería ideal, 3 veces a la semana ya es un gran logro). En mi caso tengo un día semanal asignado a jugar a básquet, y otros 2 días que intento salir a correr. No siempre es posible, pero hay que intentar agitar el cuerpo. Hace 10.000 años necesitábamos correr y saltar para comer. El personal no tenía sobrepeso. Si cazabas comías, y si no ayunabas. Hoy en día si te descuidas te has pasado el día sentado, y tu corazón poco a poco se debilita por la falta de costumbre de bombear sangre. Tus células no reciben los nutrientes adecuados y llegan las depresiones y las enfermedades. Haz ejercicio y trata de pasar un poco de tiempo contigo mismo.
  5. Aprende cosas nuevas. Lo último que he aprendido: hacer un huevo “poché” perfecto.  Tan bien me salen ahora que le he dicho a mi hija que un buen tema para su redacción de tema libre de la semana podría ser “cómo hacer un huevo poché”. Tema ideal para una redacción de 10 líneas. Ahora la gente hace cosas como patchwork, o cupcakes, o quilts, o ganchillo. Yo prefiero hacer “The Ultimate Poached Egg”.
  6. Igual que al inicio de la jornada debes planificar lo que harás, dale un repaso final al día comprobando el siguiente checklist:
      • ¿He hecho hoy algo que me haya acercado a mis objetivos?
      • ¿He aprendido algo hoy?
      • ¿He hecho deporte?
      • ¿He leído un rato?

Son sólo 4 preguntas. Pero si te las planteas día a día, serán la brújula que guíe tus pasos. Recuerda que tú eres el jefe. Tú decides. Detente hoy y haz que dentro de 10 años hayas dado un paso de gigante.

Sé un niño: Aprende algo cada día.

Sé un niño: Aprende algo cada día.

El sentido de la vida

Hace poco cenamos un grupo de amigos en un restaurante. La conversación iba saltando de un tema a otro, hasta que -no sé bien cómo- empezamos a hablar de Dios. ¿Qué es Dios? ¿Existe Dios? ¿Cómo explicamos el concepto Dios a nuestros hijos? ¿Sómos los únicos seres que entendemos el concepto Dios porque somos los únicos en ser conscientes de que algún día moriremos? ¿Qué nos espera después de la muerte? Entonces un amigo lo espetó a bocajarro: “Y…entonces ¿cuál es el sentido de la vida?“.

He aquí una historia real, como habrá muchas otras, que puede ayudar a contestar esa pregunta:

“Finales de los sesenta. Dos americanos conducen por las cordilleras del Himalaya en busca de un gurú, Neem Karoli Baba. La noche se les echa encima y deciden parar. Uno de ellos, Richard Alpert,  doctor en Psicología, contempla las estrellas antes de acostarse y piensa en su madre, fallecida unos meses antes.

A la mañana siguiente reanudan el viaje, y al cabo de unas horas llegan a un templo, en el que vive el gurú. El otro americano se postra en el suelo y en señal de respeto le toca los pies al gurú. Richard Alpert permanece de pie, con las manos en los bolsillos, todavía receloso. Él no piensa arrastrarse ni tocarle los pies al gurú. Hay un momento de silencio. De repente Neem Karoli Baba le dice a Alpert: “Ayer pensaste en tu madre. Está bien”. El corazón del americano se ablanda, y empieza su conversión.

Richard Alpert se convirtió en aquella época en “Ram Dass“, el nuevo nombre que le dio Neem Karoli Baba, también conocido como Maharajji. “Ram” significa Dios. “Dass” significa sirviente.

Ram Dass

Ram Dass

Ram Dass ha dedicado desde entonces su vida a hablar de espiritualidad y de conciencia. Pasó de ser un profesor de psicología en Harvard interesado en los efectos de las drogas psicodélicas en el comportamiento humano y en la expansión de la mente (él y Timothy Leary, también profesor en Harvard, fueron expulsados por sus experimentos con el LSD) a ser un líder espiritual contemporáneo.

Escribió el popular libro “Be here now“, la biblia de muchos hippies, y semilla de todo el movimiento que después ha venido de libros New Age y de autoayuda.

Pero volvamos a los pies de las montañas del Himalaya, donde Maharajji era entonces el gurú, y un puñado de americanos peregrinaban a finales de los 60 e inicios de los 70 para conocerle, y encontrar la manera de expandir sus conciencias sin necesidad de recurrir a sustancias psicotrópicas.

Maharajji lo sabía todo sobre todo el mundo, y no quería nada de nadie. Aparentemente era un sabio desde ya la tierna edad de 17 años. No dejó nada escrito, ni tuvo ningún cargo público. Era un sadhu (un santón) que andaba descalzo de templo en templo y cuya única posesión era un cuenco de barro en el que comía y con el que pedía limosna, y una manta a cuadros para refugiarse del frío. Si tenía que viajar, simplemente caminaba. Si podía coger un tren, lo cogía, sino seguía a pie. Sus enseñanzas las impartía conversando en grupos pequeños, o individualmente. Y nunca le dijo a nadie qué tenía qué hacer. Maharajji dejaba que sus seguidores llegaran a sus propias conclusiones en referencia a lo espiritual, haciendo preguntas y comentarios. No está en la naturaleza del Hombre el cambiar sus opiniones morales o su ética en un momento, como quien enciende un interruptor de la luz. Él plantaba una semilla que iba germinando poco a poco, a lo largo del tiempo. Un cambio genuino y de corazón que le permitía al devoto seguir el camino correcto como si lo hubiera escogido él.

Son centenares las personas que dicen que recibieron de él un Amor infinito, y de esa manera tan sutil, la respuesta precisa que necesitaban en aquellos momentos de búsqueda. Muchas historias de Maharajji las he podido leer en este libro, “Barefoot in the heart“, que recoje historias de aquellos que trataron con él, hasta su muerte en 1973.

Sus devotos seguidores le intentaban agasajar con regalos o con favores. Pero no quería regalos, y no podías hacer nada por él. Lo único que quería era que la gente fuera libre, feliz y se quisieran unos a otros.

Neem Karoli Baba, aka  "Maharajji"

Neem Karoli Baba, aka as Maharajji

Un día Ram Dass se acercó a Maharajji y le preguntó: “Maestro, ¿cuál es el sentido de la vida?” Maharajji le dijo : “Serve people, feed people“.

Los que fueron buscando una respuesta tan lejos de sus hogares resulta que hallaron a un ser magnífico y brillante, que les decía que el sentido de la vida es Amar y Ayudar a los demás.”

Por lo que me han explicado, es lo mismo que también predicaba otro santón que se paseaba con una túnica y su barba por los desiertos de Galilea y Judea.

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Más información para quien esté interesado:

Hija, me da igual si suspendes

Me da igual la nota. Me da igual la asignatura. Todo eso ya no importa. La gente no lo quiere ver, pero el sistema educativo ha entrado en crisis. Todo ha cambiado. En el S.XXI seguimos teniendo una Educación del S.XX.

4ºA (Curso 06-07)

Ciudadanos en proceso de cambio

Es divertido ver los debates sobre la nota de corte para obtener becas, o sobre la Selectividad, o sobre el Informe Pisa. Todo eso ya no sirve, señores. Entérense. Tener un título universitario es papel mojado. ¿Sacar una matrícula? ¿De qué sirve? Para engordar igualmente las listas del paro. El mundo cambia, lo queramos o no, y éste es un momento de transformación profunda de la sociedad. El mercado de trabajo ya ha cambiado, y la Educación, concebida como el sistema que nutre de trabajadores a la sociedad, debe de cambiar.

Todo empezó con la Revolución Industrial. La gente no tenía de nada, y había que llenar las fábricas de trabajadores, pagarles un salario, y que se gastaran ese salario en comprar los bienes que salían de esas fábricas que los empleaban. Se necesitaban muchos trabajadores, y algunos directivos, y se aplicó la división del trabajo a la Educación.

Alguien pensó: “meteremos a los niños en la escuela, por aquí, con 6 años, todos estudiarán lo mismo, divididos en grupos por año de nacimiento, no por capacidades, ni por intereses, simplemente por edad, y los iremos pasando de año en año al aula de al lado, hasta que salgan con 16 años por el otro extremo, moldeados a imagen y semejanza del sistema, pertrechados todos con los mismos conocimientos generales que les garantizarán poder acceder a un puesto de trabajo en el sistema de producción industrial”.

Últimamente la cadena de montaje ya se extiende desde parvulitos hasta los másters, cubriendo los 30 primeros años de vida de los individuos. De esa manera bajamos las estadísticas del paro juvenil. Pero llega el final del proceso “educativo” y los jóvenes de hoy se encuentran sin herramientas que les ayuden a integrarse en la sociedad, que les ayuden a ser útiles.

La cosa iba bien, y funcionó durante décadas, mientras las sociedades iban progresando y a medida que la gente compraba lavadoras, neveras, coches, televisores, muebles y apartamentos en la playa. Pero la era industrial ha llegado a su cénit. Ya tenemos de todo. El consumo, antes elevaba el nivel de bienestar de  la gente. Hoy, el  consumo es fuente de insatisfacción, depresiones, invasión -por parte de las corporaciones- de la intimidad de las personas, y endeudamiento desenfrenado. En suma, el consumo, hoy, crea malestar.

Si fuéramos historiadores y tuviéramos que poner un año a la finalización de esa era industrial, quizás diríamos que todo acabó en 2008. La nueva era ya no es industrial, es otra cosa. No sé si decir que es la Era Post-industrial, si es la Era de la Información, la de las Nuevas Tecnologías, o la de las Redes Sociales. Sólo sé que el sistema educativo ya no funciona. El mundo ya no necesita más trabajadores de cadena de montaje, ni más empleados de cubículo moviendo papeles de un lado a otro. Todo eso ya lo hacen las máquinas, o los chinos, que tarde o temprano serán sustituidos por senegaleses, que luego serán sustituidos por máquinas.

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Ahora las capacidades que se necesitan son muy otras. Se necesitan cosas que hasta ahora no se han enseñado en las escuelas ni en las universidades, ni mucho menos en los MBAs. Se necesita creatividad, flexibilidad, iniciativa, asertividad, fe, dotes de motivación, capacidad de detección de problemas y capacidad de dar soluciones a esos problemas. Se necesita optimismo y perseverancia. También se necesitan grandes dosis de espíritu crítico, y la conciencia de que el mundo se ha vuelto un poco más incómodo. Un poco más duro. Un sitio en el que para sobrevivir hay que salir cada día a cazar. Cazar para poder comer.

Hija, me da igual si suspendes. Yo lo que quiero es que aprendas.