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Los enemigos del emprendedor

Está visto que con el nivel de desempleo que tenemos y con una economía en recesión ni las grandes corporaciones, ni las pequeñas, tienen trabajo que ofrecer a los jóvenes y no tan jóvenes que hoy en día están en las listas del paro. Igual en un futuro cambiarán las tornas, pero de momento es difícil “encontrar trabajo”.

Ante esta situación una opción es “crear tu propio trabajo”. Muchos despedidos por cuenta ajena pasan a ser autoempleados por cuenta propia, dándose de alta como autónomos, o lanzándose a montar su propia empresa.  Los políticos observan esta coyuntura, y tras habernos subido los impuestos en el último año para intentar paliar (sólo en parte) el déficit  acaban de aprobar el Real Decreto-ley 4/2013, de 22 de febrero, que contiene una serie de medidas en diversos ámbitos de apoyo al emprendedor y de estímulo del crecimiento y de la creación de empleo. Entre dichas medidas están:

  • Que los nuevos autónomos de menos de 30 años cotizarán 50 euros al mes, durante los 6 primeros meses de actividad en vez del mínimo de 250 euros.
  • Durante 9 meses los menores de 30 años podrán compatibilizar el cobro de la prestación por desempleo con un alta como autónomo por una nueva actividad.
  • Las microempresas de menos de 10 trabajadores que contraten en modo indefinido a un joven de menos de 30 no cotizarán a la Seguridad Social por dicho trabajador (salvo por enfermedad profesional).
  • El joven autónomo (menor de 30) que contrate a un trabajador en situación de paro de larga duración, con más de 45 años con un contrato indefinido no cotizará a la Seguridad Social.
  • Las sociedades de nueva creación cotizarán a un tipo impositivo reducido del 15% durante los 2 primeros años para los primeros 300.000 euros de beneficio.
  • Los nuevos autónomos tendrán una reducción del 20% en los rendimientos netos de la actividad durante los primeros 2 años.
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Un emprendedor con suerte

En general todo este tipo de medidas no se dirigen al verdadero problema: los enemigos reales de emprendedores y autónomos, que en mi humilde opinión son:

  1. El exceso de regulación. El autónomo es una especie que no pide mucho, no gasta recursos públicos, y en general es poco dado a quejarse, pero es al que más machacan las leyes. En vez de publicar 1 decreto de apoyo al emprendedor, habrían hecho mejor en derogar 10 normativas que tienen fritos a los autónomos. Para empezar cualquier actividad ahora, resulta que hay que cumplir la Ley de Protección de Datos, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, los permisos municipales de apertura de locales, las licencias de toda clase. El excelentísimo Ayuntamiento de mi ciudad cobra 771 euros antes de que un autónomo abra la persiana en una actividad clasificada como de inocua. No te digo nada si es una actividad con “externalidades”, como salida de humos o generación de residuos.
  2. Las ayudas. El autónomo no necesita ayuda, lo que necesita es que no le pongan palos en la rueda. Existe la leyenda de que existen ayudas y/o subvenciones para el emprendedor, sea hombre, mujer, desempleado reconvertido, o mayor de 45 en situación de riesgo social. Mejor que se ahorren las ayudas (por no hablar de los “créditos blandos”, vaya estafa), que tener a la gente perdiendo el tiempo y rellenando formularios para que paguemos a un funcionario que tiene que llevar todos esos expedientes.
  3. Las redes sociales. Ahora hay un boom con esto de las redes sociales. Digo redes sociales, que está de moda, pero realmente podría decir “Facebook, Twiter y Linked-In”. ¿Hay algo más? Bien.  Nadie lo reconocerá hoy (quizás mañana sí, pero de momento no), pero os voy a contar un secreto. Sshhh. Las redes sociales son grandes plataformas de publicidad segmentada. Sólo benefician a las empresas, a la hora de encontrar sus audiencias. Sí, al principio Twitter parecía una iniciativa romántica, pero cada vez más es una herramienta más para bombardear al personal con sutiles estrategias de márketing. Si eres un pequeño autónomo nadie te escuchará en las redes sociales. Demasiado ruido, demasiados impactos, demasiado tiempo a perder.

    No lo olvides: Son tus enemigos. Te harán perder muuuucho tiempo.

    No lo olvides: Son tus enemigos. Te harán perder muuuucho tiempo.

  4. Los grandes jugadores.  Son las grandes empresas y multinacionales que existen hoy en cualquier sector de la actividad. Estos monstruos tienen varias ventajas sobre los pequeños empresarios y autónomos. Primero: influencia sobre los políticos, que son los que hacen las regulaciones (ver punto 1). Segundo: capacidad de desvirtuar el mercado con precios y calidades que el pequeño no puede ofrecer (precio más bajo, y calidad más baja). Tercero: Capacidad de endeudarse. Esto de por sí puede ser letal (espero que nos haya quedado bien grabado en el coco, después de haber sido la principal causa de la crisis que hoy vivimos). Pero mientras los grandes se endeudan, juegan en el mercado en posición ventajosa respecto a los pequeños que tienen que cuadrar sus números, mes a mes. Los grandes pueden invertir o hacer dumping o publicitarse hasta aburrir.
  5. El estigma social del fracaso. Esto también es importante. No damos suficientes oportunidades a los emprendedores de fracasar. Para triunfar (léase aquí, más bien, para ganarse la vida) hay que fracasar varias veces y con carácter previo. En cada fracaso aprendemos de primera mano cómo hacer algunas cosas o cómo evitar otras. Si al emprender un proyecto algo sale mal,  o todo sale mal, y resulta que quedamos con el culo al aire y una pequeña deuda con el banco, la proeza necesaria para salir de dicho agujero ya no deja la más mínima motivación para intentarlo otra vez.  Medio en broma comentaba el otro día con un amigo que una gran labor social sería la de una hipotética entidad no lucrativa llamada “Fundación Segunda Oportunidad“. Sería una fundación dedicada a tapar los pequeños agujeros financieros de emprendedores que acreditaran fehacientemente haber intentado llevar a cabo un proyecto empresarial durante al menos 24 meses, y haber tenido que dejarlo. La Fundación sufragaría dicho agujero (digamos por ejemplo, con un máximo de 20.000 euros) con la condición de que el emprendedor lo intentara otra vez. Decidme si ya existe una fundación como ésta. Me encantaría saber de ella.
  6. Los másters. Entendedme. La formación está bien si te aporta valor. Hoy en día puedes aprender mucho de forma barata. Primera regla para cualquier cosa que quieras aprender: haz unas cuantas búsquedas en google. Los másters son una pérdida de tiempo y de dinero. Tim Ferriss lo explica muy bien. Estuvo dudando si hacer un máster que costaba 60.000 dólares en una prestigiosa universidad americana. Al final cogió ese dinero e invirtió en unas pocas start-ups (empresas tecnológicas incipientes). Aprendió mucho más lidiando cada día con los problemas de estas jóvenes empresas y su personal que lo que hubiera hecho en clase. Los másters (me refiero a los de Business Administration) hoy son ante todo un gran negocio para los que los imparten. Y una manera en la que muchos se autoengañan diciéndose a sí mismos que están formándose. La formación real está ahí fuera. En la calle. Intentándolo y equivocándote.

    No he encontrado el gráfico del número de leyes publicadas en el BOE cada año. También crecen.

    No he encontrado el gráfico del número de leyes publicadas en el BOE cada año. También crecen.

Aprender o que nos enseñen

No es lo mismo que te enseñen que aprender. El objetivo de cualquier padre NO debe ser enseñar. Debería ser que nuestros hijos aprendan.

Aprender es el proceso mediante el cual uno mismo se interesa activamente por algo, cuestiona, averigua, prueba, y finalmente capta el sentido de algo o la manera de solventar un problema.

Enseñar es el proceso mediante el cual alguien que pretende saber, transmite su conocimiento a alquien que pasivamente recibe dicho conocimiento y lo incorpora a su acervo intelectual.

Aprender es una acción proactiva. Ser enseñado es una acción reactiva. El que aprende dirige su formación hacia aquello que le fascina. El que es enseñado transita un camino que otro ha trazado previamente para él.olvidar-aprender-L-1

Con cada nueva cosa que un individuo aprende, mejora su técnica de aprendizaje. Refina sus métodos y desarrolla recursos que le van a ayudar en sus próximos aprendizajes.

El que es enseñado no necesita ningún componente de apasionamiento, simplemente recibe la visión de un tercero y la acepta como buena. Solo las mentes agudas y privilegiadas son capaces de criticar aquel punto de vista desde el que se le está enseñando.

Hoy en día, veo a los padres demasiado centrados en los deberes de sus hijos. Los hay incluso que después de una dura jornada de trabajo asumen que “tienen que hacer deberes” junto a sus hijos. Estos padres (y madres, entiéndaseme) le dan mucha importancia a que sus hijos completen sin falta los deberes, en que cumplan con su obligación. En que ya desde la escuela sus hijos transiten por el camino que la escuela les ha marcado.

Me parece una buena práctica relativizar los deberes. Hay que hacerlos. Bien. Pero un niño debe ser expuesto a retos intelectuales más allá de sus tareas escolares. O si me apuras, y el tiempo es escaso, EN LUGAR de sus tareas escolares.

Acompañando a nuestros niños en un paseo por la playa podemos preguntarnos: ¿por qué el agua del mar es salada? ¿por qué se producen las olas? ¿qué son las mareas? ¿por qué flota un barco?

En Japón, en todas las escuelas cuyo objetivo es conducir al hombre a la realización suprema y a su unidad con el Infinito (por ejemplo, en el Judo, o en el Aikido) hace falta pasar por 3 etapas: se las llama SYU -HA -RI.

SYU = Es la obediencia estricta. Se escucha al maestro, se le imita, se depende de él y su enseñanza. Se practica lo que él dice y se hace con plena obediencia.

HA = Se olvida, se aleja uno del maestro, se le cuestiona, se le critica negativamente. Pero aquello que se aprendió deja su huella y aquello que se ha entendido de la verdad se queda con uno ya para siempre. No todo ha sido en vano.

RI = Es la libertad, la independencia del maestro. Se han cometido errores por el camino, pero esos errores han despertado el juicio, lo han clarificado, han ayudado a asimilar lo esencial de la lección. Ya no hay crítica, hay comprensión y gratitud infinita hacia el maestro.

Cuando un alumno ha pasado por las tres etapas, se ha convertido en un ser libre e independiente. Ayudemos en este proceso a nuestros hijos, y dejémosles que aprendan por sí mismos.ShuHaRi

 

Empieza HOY a escuchar a tus hijos

Blanca (casi 4 años) siempre pregunta: “¿Hoy es mañana?“. Vaya tontería de pregunta. “Blanca, a ver… Hoy es hoy, mañana será mañana. ¿lo entiendes?“. Al principio no captaba la profundidad de la pregunta. Pero parad a pensarlo un minuto. La cosa tiene su miga. Blanca entiende que cuando le digo: “Eso lo haremos mañana”, al día siguiente ya estamos en “mañana”. Ella llega a mañana al día siguiente, mientras que para los adultos, cuando amanece un nuevo día, “mañana” sigue siendo un futurible. Nosotros nunca llegamos a “mañana”.

Blanca ya ha descubierto, a su tierna edad, que “mañana” siempre se acaba convirtiendo en “hoy”.

Entre nuestras labores de padres se supone que está el preparar a nuestros hijos para ese “mañana”, dándoles las herramientas necesarias para tomar acertadamente las decisiones más importantes de su vida, que ni el colegio ni la universidad les enseñará.

Las decisiones más importantes van a ser invariablemente las mismas que nosotros hemos debido afrontar:

  1. A qué te vas a dedicar.
  2. Con quién vas a compartir tu vida.
  3. ¿Vas a tener hijos? ¿Cuántos? ¿Cómo los educaré?
  4. Dónde voy a vivir
  5. Cómo deseo contribuir a los demás.

La respuesta a estas preguntas sólo puede derivarse del conocimiento profundo de uno mismo. Con los miles de horas que se dedican a seguir planes de formación y programas académicos en los centros educativos, no hay ni un minuto dedicado a hablar con los alumnos uno a uno sobre sus expectativas, sus deseos, sus metas, sus aficiones, su carácter. En definitiva, qué quieren hacer con sus jóvenes y preciosas vidas.  Parece que ésa sea una labor ya de antemano dejada a los padres.

Los padres (cuando digo padres me refiero a padres y madres, es un tema de economía del lenguaje, no se vaya a enfadar alguien) estamos muchas veces tan ocupados con nuestras cosas que no encontramos el momento de sentarnos a conversar con nuestros hijos sobre estas cosas más trascendentales.

Podemos caer en la visión reduccionista de que llegará un día, cuando nuestros hijos tengan 18 años en que tendremos una conversación cara a cara con ellos, en la cual nos revelarán todas las aristas de su personalidad y en la cual nosotros les aconsejaremos sabiamente sobre lo que más les conviene en la vida. Pero señores, eso no va a ocurrir.

Esa conversación reveladora es la que tenemos que currarnos cada día, estando a su lado, escuchándoles en sus preocupaciones, en sus temores, en sus anhelos, y en su visión del mundo. Es un trabajo de muchos años (ser madre es duro, ya lo sabías) a base de tener la antena puesta e ir dejando caer reflexiones aquí y allá. Para que ellos mismos vayan planteándose la relevancia de las cosas importantes. Las de verdad importantes. ¿Cuál es la alternativa? Pues centrarnos exclusivamente en el día a día, hasta encontrar un día en que nuestros hijos ya hayan tomados las decisiones más importantes de sus vidas, habiéndolo hecho (como mucha gente antes que ellos) prácticamente sin pensar.

Mis hijas son todavía muy pequeñas (7 y 4) pero me doy cuenta de la importancia de empezar YA. Habla con tus hijos cada día (o todo lo que puedas) a un nivel profundo, que vaya más allá del “recoge ésto“, “ponte a hacer los deberes“, “no pegues a tu hermana” o “ponte las zapatillas“. A mí me gusta el momento en que ya están acostadas, arropaditas en su cama, y listas para dormirse. Entonces les pregunto cosas como:

  • “¿Eres feliz?”,
  • “¿Qué es lo que más te gusta hacer en el cole?”,
  • “¿Qué cosas te gustan más de tus amigas?”,
  • “¿Qué te hace sentir mejor, recibir un regalo o entregarlo?”,
  • “¿Qué cosas buenas tiene un día de lluvia?”,
  • “¿Por qué crees que en la Naturaleza hay animales que matan y otros que mueren?”,
  •  “¿Qué pasaría si nos tuviéramos que mudar a otra ciudad?”,
  • “¿Qué te gustaría ser de mayor?”.

Luego intento callar, y escuchar. Sólo escuchar. Con un poco de suerte, al final, dentro de mucho tiempo, cuando ellas mismas se hagan las preguntas,  sabrán contestarse solas.

 

Dos cosas que he aprendido sobre alimentación

La gente del campo es sabia. Recientemente he asistido a la charla de un hombre sabio. Un payés que hablaba sobre alimentación. Me ha hecho reflexionar sobre algunas cosas. Al final de cualquier charla aspiro a haber aprendido por lo menos una cosa nueva, que se quede conmigo para siempre. No es fácil. En esta ocasión aprendí no una, sino dos cosas, que por su crucial importancia (por lo menos a mí me lo parece) comparto con los que paséis por aquí:

1) Antiguamente cuando un agricultor plantaba una semilla, al final del proceso de crecimiento y cosecha, el agricultor aprovechaba las mismas semillas del cereal o el fruto que acababa de cosechar, y con esas semillas volvía a empezar el ciclo de siembra. O si por ejemplo, no plantaba ese fruto o cereal inmediatamente, podía conservar esas semillas para uso futuro. Las semillas nuevamente plantadas volvían a dar el mismo rendimiento, la misma cosecha, en un ciclo que el Hombre repetía constantemente para alimentarse.

Ahora no. El sistema ha cambiado. El 95% de las veces, en el mundo de la agricultura industrial que ahora practica el Hombre, las semillas han sido tratadas en laboratorios, alterando sus propiedades genéticamente. Es verdad que esos tratamientos han conseguido que una vez plantada esa semilla produzca un rendimiento mucho mayor para el agricultor. La cantidad de producto conseguido en la cosecha es mayor. Las mermas son menores. Las plantaciones son más resistentes a los pesticidas y a los herbicidas que les echan para evitar las plagas, o consiguen tamaños más grandes u homogéneos, o mejor aspecto de la cosecha. Pero, ¿a qué coste? Si un agricultor guarda semillas obtenidas de estos frutos o cereales que han sido tratados y las planta, resulta que la producción en el siguiente ciclo se disminuye drásticamente, del orden del 50% y en el tercer ciclo esas semillas prácticamente no producen nada.

Es brutal. Los agricultores intensivos de hoy en día dependen de la Industria para que les provea de las semillas que usan en sus campos. Están obligados a comprarlas cada año, sin posibilidad de ser autosuficientes. Están cautivos de las multinacionales de la Industria Agroalimentaria. Así es como se han generalizado los productos transgénicos, procedentes de semillas alteradas genéticamente. Leo en wikipedia que la primera planta transgénica se obtuvo en 1983. Ese año yo tenía 12 años.

Un tomate cuadrado se podría apilar mejor en las fruterías

 

Wikipedia dixit: “En 1994 se aprueba la comercialización del primer alimento modificado genéticamente, los tomates Flavr Savr, creados por Calgene, una empresa de biotecnología. A estos se les introdujo un gen antisentido con respecto al gen normal de la poligalacturonasa, enzima que induce a la maduración del tomate, de manera que éste aguantaría más tiempo maduro y tendría una mayor resistencia. Pero pocos años después, en 1996, este producto tuvo que ser retirado del mercado de productos frescos al presentar consecuencias imprevistas como una piel blanda, un sabor extraño y cambios en su composición.”

No quiero investigar mucho sobre el tema, porque realmente da miedo. Pero parece ser que ahora ya estamos en la era de desarrollar animales transgénicos. El primero en ser aprobado para el consumo humano en Estados Unidos ha sido el salmón AquaBounty (2010), que es capaz de crecer en la mitad de tiempo y durante el invierno gracias al gen de la hormona de crecimiento de otra especie de salmón y al gen “anticongelante” de otra especie de pez. ¿Lo estarán haciendo ya con pollos, cerdos, pavos? En cualquier caso los atiborran de antibióticos y fármacos. Objetivo: el mismo. Mayores rendimientos, menos tiempo de producción, menos bajas, y los ganaderos obligados a comprar los medicamentos y piensos para el engorde a la Industria.

Hace un tiempo yo mismo hubiera dicho…¿y qué? ¿no es todo esto una mejora? ¿no podemos producir más alimentos y con una calidad mejor? ¿no permite eso alimentar a más gente? ¿no es acaso un progreso aplicar los avances en biotecnología, producto de la inteligencia humana, a la agricultura o a la ganadería para mejorar la vida de todos?

Pero ya tengo cuarenta, y mi humilde experiencia simplemente me hace tener una ligerísima intuición (ni siquiera es una certeza), de que no podemos andar jugando con las leyes naturales. Eso se paga.

Un pimiento del Barça…se vendería como las rosquillas

2) La segunda cosa que aprendí en la charla es la razón por la cual la mayoría de los alimentos que se ofrecen en los supermercados son refinados. El azúcar blanco, las harinas, el arroz blanco, el pan blanco, pueblan las estanterías del Mercadona. Pero son versiones cada vez más lejanas del producto original que nos ofrece la Naturaleza.

¿Cuál es la diferencia entre estas versiones procesadas y los alimentos naturales o también llamados integrales? Pues que los alimentos naturales integrales vienen acompañados por toda una serie de minerales, oligoelementos, vitaminas, fibras y otras sustancias que ayudan al cuerpo a metabolizarlos. El azúcar, el arroz y las harinas blancas refinadas son antinaturales porque han perdido parte o la totalidad de esos coadyuvantes y nutrientes. Luego la Industria añade químicamente parte de esos elementos perdidos haciéndonos creer que es lo mismo. O añaden “Omega-3”, “isoflavonas”, “inmunocaseitas” todo de laboratorio de la Srta Pepis.

Pero…si refinar un producto es procesarlo más, y por tanto añadirle trabajo y en consecuencia aumentar su coste…¿por qué se han impuesto estos productos en el mercado? La respuesta es -como casi siempre- trivial: resulta que los alimentos procesados, tienen una mayor capacidad de almacenaje, duran más tiempo en las estanterías de los productores, y por ende, a la postre son más rentables.

De lo que no nos damos cuenta es de que, en los círculos comerciales ordinarios ya prácticamente todo es refinado. Todo carece de los minerales y vitaminas que ayudan en la absorción correcta de los alimentos. Falta fibra, con lo que la flora intestinal se ve perjudicada y no se hacen bien las digestiones. Se ingieren cantidades brutales de aditivos, conservantes, colorantes, potenciadores de sabor, estabilizantes, y química varia. Eso tres veces al día. Día tras día. Semana tras semana. Año a año. Si nos paramos a pensarlo todo lo que nos echamos a la boca va a acabar, de una forma u otra, en nuestra corriente sanguínea,  que es el alimento de las células de nuestro organismo. ¿no tendrá que ver todo esto siquiera un poquito con el número creciente de enfermedades incurables de la sociedad moderna?

Todo lo que comemos acaba aquí