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Si quieres avanzar, ¡deténte!

A veces vas por la calle acelerado.

Te miro y te diriges raudo y veloz a algún sitio donde has quedado o donde te esperan, pensando en tus cosas, a menudo dándole vueltas al resto de tareas que tienes programadas para lo que te queda del día.

Pero la pregunta que te disparo, aquí y ahora, es la siguiente. PUM:

¿Dónde vas tan rápido?

En ese momento haz el siguiente ejercicio (pruébalo un día): afloja el paso hasta detenerte, párate por completo durante 4 ó 5 segundos. Disimula mirando un escaparate, un autobús, o una madre con un cochecito en la acera de enfrente. Sí, a lo mejor te están esperando…¿y?

Si esperaras a alguien, ¿no preferirías que tardara 2 minutos más y llegara tranquilo, con una sonrisa en la cara y la mente despejada? Piensa en el leñador que cada día que pasaba cortaba menos árboles, a pesar de que se empeñaba en ello cada día igual o más que el primero. Alguien le espetó: “Quizás deberías afilar el hacha” y él contestó “¡No tengo tiempo! ¡Estoy muy ocupado cortando árboles!”

Detente. Piensa en lo que quieres. Sólo luego en el cómo.

Detente. Piensa en lo que quieres. Sólo luego en el cómo.

Deprisa, deprisa

El estilo de vida actual fomenta que corramos, como pollo sin cabeza, hacia no sabemos dónde. Fíjate en estas técnicas para evitar que te arrastre la corriente:

  1. Ten objetivos. Permanece focalizado. Si no piensas en términos de objetivos (diarios, semanales, mensuales, anuales) pueden pasar los días, las semanas, los meses en una especie de deriva hacia ninguna parte. Además, las distracciones posibles hoy son inmensas: un rato de facebook, un rato de twitter, un rato de unos videos divertidos de youtube, un rato de televisión, otro rato de mirar el email cada vez que llega un mensaje, y has echado a perder decenas de horas sin avanzar en nada concreto. La prueba del algodón definitiva de cualquier objetivo es imaginarte dónde estarás dentro de 10 años. Escríbelo. Piensa dónde estabas hace 10 años y qué hubieras escrito en un ejercicio similar. Imagina que hoy leyeras ese escrito.
  2. Dedica, a primera hora del día, 10 minutos a planificar la jornada laboral. En mi caso, lo hago mientras me tomo un café en algún sitio. Hago una lista de lo que tengo que hacer ese día. No siempre acabo tachando todos los elementos, pero me permite permanecer enfocado. Antes dedicaba ese rato a leer la prensa, pero ahora mismo estoy de dieta informativa. Los periódicos y las noticias son otra cosa que nos distrae.
  3. Intenta leer 30 minutos al día, si es posible temas NO relacionados con el trabajo. Para mí la herramienta ideal es el Kindle. Todas mis lecturas en un sólo aparato que cabe en mi mochila o en el bolsillo de la chaqueta. Además permite subrayar y guardar los textos subrayados. Subrayar un libro es una buena habilidad. Si te centras en las proposiciones y frases más importantes de un libro, una vez guardados los párrafos y frases subrayados tienes un buen resumen al que recurrir en el futuro.
  4. Haz deporte con regularidad (30 minutos al día sería ideal, 3 veces a la semana ya es un gran logro). En mi caso tengo un día semanal asignado a jugar a básquet, y otros 2 días que intento salir a correr. No siempre es posible, pero hay que intentar agitar el cuerpo. Hace 10.000 años necesitábamos correr y saltar para comer. El personal no tenía sobrepeso. Si cazabas comías, y si no ayunabas. Hoy en día si te descuidas te has pasado el día sentado, y tu corazón poco a poco se debilita por la falta de costumbre de bombear sangre. Tus células no reciben los nutrientes adecuados y llegan las depresiones y las enfermedades. Haz ejercicio y trata de pasar un poco de tiempo contigo mismo.
  5. Aprende cosas nuevas. Lo último que he aprendido: hacer un huevo “poché” perfecto.  Tan bien me salen ahora que le he dicho a mi hija que un buen tema para su redacción de tema libre de la semana podría ser “cómo hacer un huevo poché”. Tema ideal para una redacción de 10 líneas. Ahora la gente hace cosas como patchwork, o cupcakes, o quilts, o ganchillo. Yo prefiero hacer “The Ultimate Poached Egg”.
  6. Igual que al inicio de la jornada debes planificar lo que harás, dale un repaso final al día comprobando el siguiente checklist:
      • ¿He hecho hoy algo que me haya acercado a mis objetivos?
      • ¿He aprendido algo hoy?
      • ¿He hecho deporte?
      • ¿He leído un rato?

Son sólo 4 preguntas. Pero si te las planteas día a día, serán la brújula que guíe tus pasos. Recuerda que tú eres el jefe. Tú decides. Detente hoy y haz que dentro de 10 años hayas dado un paso de gigante.

Sé un niño: Aprende algo cada día.

Sé un niño: Aprende algo cada día.

La mochila ligera y la atención focalizada

Todos llevamos cotidianamente un equipaje a la espalda. Unas maletas, una mochila que cargamos en la vida. En diferentes épocas la mochila va más vacía o más llena. Cuando somos pequeños nos colocan la mochila nuestros padres y nos la van llenando con lo que ellos consideran que nos va a ayudar en el futuro.

Hoy en día los niños llevan unas mochilas bastante prominentes y algunos van a desfallecer y caerse en cualquier momento. Demasiada carga. Demasiadas actividades. Demasiadas responsabilidades y compromisos. Lo bueno de ser niño es que uno casi no debería llevar carga. Un paquetito ligero. Ya llenaremos la mochila más adelante, a medida que nos haga falta.

Cuando eres estudiante te llenas tu propia mochila, a lo mejor te planteas dejar la mochila que llevas en el suelo, y coger otra totalmente diferente, que te irá mejor para el tipo de viaje que te dispones a emprender. Supongo que nunca es tarde si quieres cambiar de mochila. Mejor eso, que arrastrar una carga que se te haga insoportable.

Cuando eres padre hay cosas en tu mochila que no puedes abandonar, como el tiempo y la atención que requieren tus hijos. Puedes escoger que tus hijos ocupen más o menos espacio en tu mochila, pero seguramente, deberías dedicarles una buena parte de tu atención, porque no tardarán mucho en ser ellos los que quieran saltar de tu mochila y renunciar a tu atención y cuidados.

En general nuestra tendencia natural es a ir cargándonos de proyectos y actividades, ya sea porque nos parecen divertidas o estimulantes o inspiradoras. O porque pensamos que nuestra aportación podría ser muy apreciada por los demás. A mí, por ejemplo, me encantaría aprender chino, ir a la playa a nadar cada día, aprender a programar o grabar unas cuantas canciones con el GarageBand, pero debo elegir qué meto en la mochila, y todo no me cabe. Antes sufría e intentaba llenar mi agenda de cosas, siempre me daba la sensación de que me estaba perdiendo algo, y nunca decía no a cualquier nueva propuesta que era más una prioridad de quien me la proponía que mía.

Es importante llevar una carga moderada. Cuando uno se hace mayor, creo que una de las habilidades más importantes que debemos desarrollar es la de detectar rápidamente aquel paquete que nos pesa demasiado dentro de nuestra mochila. Ser consciente de que no podemos cargar de todo. Si lo hacemos podemos hincar la rodilla y la moral en el suelo.

Llegados a la cuarentena ir ligeros de equipaje es importante, casi tan importante y complementario a desarrollar una capacidad o habilidad que no se tiene hoy en día en alta estima: focalizarse.

Focalízate !

Yo no sé quién se inventó lo de la multi-tarea. Bueno, supongo que los fabricantes de chips de ordenadores. Y la verdad es que para las máquinas el concepto está muy bien. Un procesador multi-tarea se supone que puede acometer varias operaciones o algoritmos “simultáneamente”, o sea aprovechando los nanosegundos de parada en los cálculos de una tarea va avanzando en otra, y así, a nosotros nos parece que trabaja simultáneamente en dos o más cometidos.  Pero nosotros somos humanos, tenemos un cerebro muy primitivo, y no podemos dispersar nuestra atención en muchos frentes. A mí me ocurre que hay mañanas que me enfrento a varios mini-proyectos, y no acabo de avanzar satisfactoriamente en ninguno. Sin embargo, si me “focalizo” en un sólo asunto y le dedico un buen par de horas ininterrumpidas, la productividad es mucho mayor.

Este verano he leído las “Cartas filosóficas” de Lucio Anneo Séneca, el filósofo estoico. Increíble la sabiduría que ya desarrollaban los prohombres de hace dos mil años, e increíble la moderna validez de algunas de sus afirmaciones. Parece un libro moderno de autoayuda. En un capítulo trata de la mono-tarea. Los estoicos ya lo tenían claro.

Una digresión: me hace gracia leer las notas explicativas del texto, en el que a veces ocurre que la traducción difiere según los expertos, debido a que el manuscrito hallado está deteriorado en alguna parte o página y tratan de “adivinar” el inicio o el final de una frase o un párrafo, basándose en referencias a la obra de otros autores de la época o simplemente en suposiciones. Te das cuenta de lo azaroso (de azar) de que nos hayan llegado algunas obras y otras no.

Pero en este fragmento no hay duda, cuando Séneca habla de la necesidad de no dispersarse (le habla a su amigo Lucilio en segunda persona):

“Evita este escollo: que la lectura de muchos autores y de toda clase de obras denote en tí una cierta fluctuación e inestabilidad. Es conveniente ocuparse y nutrirse de algunos grandes escritores, si queremos obtener algún fruto que permanezca firmemente en el alma. No está en ningún lugar quien está en todas partes.

[…] Nada impide tanto la curación como el cambio frecuente de remedios; no llega a cicatrizar la herida en la que se ensayan las medicinas; no arraiga la planta que a menudo es trasladada de sitio; nada hay tan útil que pueda aprovechar con el cambio. Disipa la multitud de libros; por ello, si no puedes leer cuantos tuvieres a mano, basta con tener cuantos puedas leer.”

Ya lo decía el filósofo en el año 64 d.C.: que tu biblioteca no sea más grande que los libros que hayas leído. Lee poco y bueno. Focalízate. No picotees de aquí y de allí. Céntrate y haz una cosa cada día. Avanza en una dirección.

Hay estudios modernos que dicen que los conductores que hablan por el móvil tienen el mismo porcentaje de accidentes que los que van bebidos. Confesadlo: si estáis absortos en el ordenador (mirando el Facebook o Twitter, claro) y vuestra mujer os da instrucciones detalladas sobre algún cometido doméstico: ¿cuál es el porcentaje de cagarla al poner la lavadora o acertar con los elementos de la lista de la compra? Altísimo ! :-) Otro ejemplo: ¿Os ha sonado el móvil alguna vez mientras pagábais la compra a la cajera del supermercado? ¿Hay algo más tonto que un tío hablando por el móvil mientras tiene que pagar, recibir el cambio, coger el ticket y cargar las bolsas en el carrito? No cojáis el móvil. No hagáis multi-tasking.

No te lo recomiendo

Yo estoy intentando eliminar la multitarea. Cuesta. Si juego con mis hijas, voy a intentar que sea al 100%. Si friego las sartenes: que sea al 100%. Si hablo por teléfono: al 100%, sin distracciones. Si escribo este blog….espera… que quito la radio !…Ahora ya estoy al 100%….Mmmmm….. Casi que mejor paso a otra cosa.

 

La rueda

Lo he vuelto a hacer. He vuelto a apretar el botón de “Enviar y recibir”. Hoy lo debo haber hecho como 20 veces. Y todavía no ha pasado toda la mañana. También he mirado a primera hora el facebook. Como un amigo ha puesto un enlace a un artículo que parecía interesante, he pinchado y lo he leído. En ese artículo se hacía mención a un escritor y a un libro que me han interesado. He entrado en Amazon para ver si podía leer alguna reseña del libro, y como se podían leer unas páginas del mismo (el ya famoso “look inside“), he estado 15 minutos mirando de qué iba. Luego he chequeado mi cuenta de Twitter. Últimamente estoy enganchado a twitter.  Por cierto, si me queréis seguir en twitter, mi usuario es @rolandolatorre.

Internet es una herramienta maravillosa. Lo tengo todo en la punta de los dedos. Creo que ahora me apetece ver a los Billy Talent en concierto, ahora mismo podría dejar de escribir estas líneas, pinchar en Youtube, poner “Billy Talent in concert” y ya está, a disfrutar. Esperad…Lo voy a hacer…Ya está. Qué buenos son los tíos! Me encanta la guitarra con sus melodías casi clásicas. Lo malo es que después de ver una magnífica interpretación de “This suffering” (os he puesto aquí el video, pero primero acabad de leer mi artículo, bribones), me he liado y he estado media hora más viendo vídeos de aficionados que se graban a sí mismos haciendo versiones caseras de cualquier canción del grupo. Algunos tienen gracia.

También utilizo internet cuando tengo la más mínima duda acerca de cualquier cosa. Hace poco alguien comentó en una conversación que un amigo suyo de Cabo Norte lo había dejado todo y se había ido a la India, a aprender las técnicas del masaje ayurvédico. ¿De Cabo Norte? Esperad un momento…Ya está, en la Wikipedia me acabo de enterar que Cabo Norte está en Noruega, que es el punto considerado más septentrional de Europa, y que es un destino casi místico para los moteros de todo el continente que hacen peregrinaciones hasta allí. En el mismo artículo de la wikipedia he visto unas fotos preciosas del lugar y una localización en un mapa. Qué bueno. Me han venido ganas de ir de vacaciones a los fiordos noruegos. Lo del “masaje ayurvédico” os dejo que lo miréis vosotros.

Otra distracción es Google Reader. Cada día sin falta compruebo si hay nuevas entradas en los blogs que sigo. Si no sabéis lo que es, ponerlo en el buscador.

Yo reconozco que todavía no soy capaz de asumir la cantidad de información y distracciones que nos brinda la red. Y la inmediatez con la que nos lo da. Es sencillamente brutal. A veces confieso que he pensado que estaría bien sufrir una larga enfermedad que me tuviera postrado en cama las 24 hrs del día, porque así podría dedicarme todo el día a picotear de esas frutas prohibidas que me brinda el navegador. Todo el día viendo videos interesantes, divertidos (me los vería todos de Faemino y Cansado), educativos, o leyendo textos sugerentes o enviando y recibiendo emails de amigos, o mirando las redes sociales, haciendo nuevos amigos. Todo el día subido en “la rueda“. Email, facebook, videos, blogs, wikipedia, google, noticias, gmail, linkedin, google plus . Abriendo ventanas. Nueva ventana. Nueva ventada. Rodando y rodando sin parar, como en un tiovivo digital. Hasta llegar al paroxismo.

Pero… ¿adonde pretendo llegar? La rueda me absorbe, me succiona como un agujero negro, y me lleva a la nada, al vacío, a otra dimensión donde no se avanza en linea recta, donde no hay objetivos.

Carretera en Cabo Norte. Precioso.

Para evitar caer en las redes de “la rueda” se me ocurre lo siguiente:

  1. No abras el email nada más sentarte delante del ordenador.
  2. No enciendas el ordenador nada más sentarte en la silla.
  3. Antes de nada escribe en un papel las 4 cosas que deseas acabar (iba a poner hacer, pero he puesto acabar) ese día o esa mañana. No pongas más de 4 cosas, pero termínalas !
  4. No busques cada vez que se te venga algo a la cabeza. Anótalo en un papel y olvídate. Ya lo buscarás cuando toque. Si tu mente calenturienta te hace recordar durante la mañana que te gustaría saber dónde está el Cabo Norte, no lo hagas en ese momento. Escribe la palabra “Cabo Norte” (o lo que se te haya ven¡do a la mente en ese momento) en un post-it o en un trozo de papel, o mejor en una libretita pequeña, y métetelo en el bolsillo.
  5. Sólo consulta el email 2 veces al día. Esto es duro. Muy duro. Es como dejar de fumar. Al principio es durísimo. Luego vas viendo los frutos y te conviertes en un buen usuario del email.
  6. No abras un ordenador a partir de las 7 de la tarde. Además tanta pantalla no es bueno para conciliar el sueño.
  7. Ten objetivos. Toda búsqueda que no ayude a acercarnos a nuestros objetivos hay que rechazarla.
  8. Bórrate del facebook. Pregúntate qué te aporta. Yo no me he borrado, pero trato de entrar lo menos posible.
  9. Nunca, nunca, abras el facebook (si has decidido no borrarte) o cualquier distracción, pensando “venga, sólo 3 minutos, veo las novedades y cierro“. Eso nunca sucede. Hay que tenerlo claro.
  10. Bórrate del twitter. O si todavía no estás, ya ni te registres.
  11. Concédete diariamente una pequeña ventana de tiempo para hacer una mini-rueda. Un premio por haber estado enfocado durante todo el día. Mejor hacerlo antes de ir a comer o antes de la cena, o previo a  algun compromiso que nos vaya a obligar a levantarnos y apagar el ordenador, así, al cabo de un rato, lo tendremos que dejar sí o sí.
  12. Vuelve al papel. Escribe tus ideas en una libreta de bolsillo. Deja de utilizar aplicaciones para esto del tipo Evernote o Wunderlist, son herramientas magníficas, pero favorecen la exposición a “la rueda”.
  13. Evita -siempre que sea posible- leer cosas en la pantalla. Lee libros en formato papel.
  14. Da paseos durante el día. Eso te mantendrá alejado del ordenador y te asegurará unos minutos de exposición a la luz solar. Que nos dé la luz del sol es primordial para obtener vitamina D, lo cual garantiza un estado de ánimo más calmado y un cerebro más alerta.
  15. Si estás pensando en hacerlo, NO te compres un ipad. El ipad favorece todavía más que la “rueda” te envuelva con sus tentáculos.
  16. Lo mismo con un smartphone.
  17. No hagas “multitasking“. Aunque todo esté preparado para hacernos creer que la manera moderna de hacer las cosas es saltando de una otra constantemente, no lo hagas. No abras otra ventana. Te dices a tí mismo “mientras se carga esto, voy a ir mirando el email”, “así voy aprovechando”, “mientras se imprime ese informe miro un momento en google dónde ir el fin de semana”.  Ese es el camino más rápido a tirar la mañana por la borda. Lo sé por experiencia.
  18. …Y último: no pinchéis en los videos que os pongan en cualquier blog, como el que os he puesto más arriba de los Billy Talent, porque son una pérdida de tiempo…Resistíos. Autodisciplina. Ahora bien…os aviso… son buenísimos!

Ya lo dijo Platón:

El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.

Si queréis hacerles un favor a vuestros hijos no les regaléis nada

Sé que el título de esta entrada va a causar controversia. Es para provocar. Lo que en realidad quiero decir es que, si les queréis hacer un favor a vuestros hijos no les regaléis nada a vuestros hijos QUE NO HAYAN PEDIDO.

Los niños de hoy en día tienen la gran suerte de haber nacido en una época en la cual:

1) El nivel adquisitivo de sus padres es de los más altos de la Historia.

2) La generación de los que ahora son niños es muy escasa en efectivos. Por cada niño hay muchos adultos: padres, y también abuelos, tíos, primos mayores, dispuestos a desenfundar sin pudor cualquier regalo que tenga un coste económico que esté a la altura del lugar destacado que ocupan en el entramado familiar.

3) El consumo, en general, es alentado y considerado un valor positivo. Cuanto más se consume más estatus se tiene en la sociedad. Las luces de Navidad se cuelgan de las grandes avenidas de las ciudades casi dos meses antes de que lleguen las fiestas, y las tardes de los sábados de invierno no se saben ocupar si no es yendo a comprar a algunos grandes almacenes, que es una cosa muy divertida.

4) La industria juguetera sabe cómo apelar a los más sensibles resortes psicológicos de los niños, y sobre todo de los padres y mayores en general, que tienen un papel clave en la compra de los juguetes: ser los que ponen la tarjeta de crédito, y decidir qué regalo se le hace a los pequeños.

Todo esto hace que debajo de los árboles de Navidad de nuestros hogares aparezcan el día de Navidad regalos a tutiplén. No es extraño que un niño reciba ese día 10 regalos. Que tenga que abrir 10 paquetes muy bien envueltos, con papeles que son, en sí mismos, un regalo. Nada más abiertos los 10 regalos el niño preguntará con una sonrisa: “¿…y cuánto falta para los Reyes? Es que también traen regalos”.

Regalos a tutiplén

Esos regalos, lo tengo comprobado, no se valoran. Serán utilizados mínimamente en el momento de desenvolverse, y en la mayoría de casos serán colocados después en alguna estantería elevada donde pasarán al ostracismo infantil, relegados al duro castigo del olvido, sólo merecedores de cierta atención cuando venga otro niño invitado a casa que muestre interés por jugar con ese juguete.

Desde el punto de vista estrictamente educativo no les estamos haciendo ningún gran favor a los niños sometiéndoles a esa orgía de regalos que muchas veces no tiene ningún sentido. Los regalos no están pensados y mucho menos consensuados entre los miembros “regaladores” de la familia.

Y es que entre todos estamos evitando un elemento clave de los regalos: la ilusión por que nos los regalen.

Para que un regalo venga con su dosis correspondiente de ilusión, debe haberse deseado con anterioridad, debe haberse pedido a los padres y familiares, y debe de haber pasado un tiempo de espera durante el cual el niño NO tiene el regalo, pero lo desea fervientemente, e imagina el placer que obtendrá cuando se lo regalen.

Un gran regalo, aquel regalo que no olvidamos, es aquel que de pequeños le pedíamos a nuestros padres con la boca pequeña, porque era altamente improbable que nos lo regalaran (para algunos fue tan improbable que nunca lo recibieron), y por el cual había que luchar, cumpliendo algún objetivo: “niño, si apruebas las mates miraremos lo del regalo”, “bueno…si este verano haces tal o cual cosa para Navidad igual los Reyes te lo traen”.

Por favor, intentemos no quitarles a nuestros hijos ese derecho. El derecho de tener ilusión por algo. No matemos esa ilusión comprando el regalo nada más intuir que al niño o a la niña “les podría” hacer ilusión ese regalo. Esperemos. Los niños pedirán lo que quieren, y nos lo harán saber. Nuestro papel es canalizar ese deseo y esperar pacientemente. Esperar a que lo pidan 2 y 3 veces. Sólo después de que expresen su deseo más de una vez, y después de una espera razonable nos aseguraremos que reciban su regalo con la ilusión que corresponde.

No regaléis aquello que os hace ilusión a vosotros