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Aprovecha cada minuto

2013 is over. Finito. Finished. Gone.

Ha sido un año difícil. En mi círculo familiar más cercano dos personas se han ido durante 2013. Ha sido, también, el año en que han fallecido Nelson Mandela, Lou Reed, Margaret Thatcher, Tom Clancy, Stephane Hessel, Pietro Mennea y Hugo Chávez. Además del protagonista de “Fast and Furious”. Y es el año en que Michael Schumacher ha sufrido un accidente que le tiene, mientras escribo estas lineas, entre la vida y la muerte.

Ellos también se fueron en 2013

Ellos también se fueron en 2013

La muerte tiene una sola cosa buena: nos pone en guardia a los que nos quedamos por estos mundos de Dios. Es capaz de hacernos discernir entre lo importante y lo accesorio. Pone a cada uno en su sitio y a las cosas en su debido lugar.

Es a la luz de la fragilidad que nos manifiesta la misma muerte, que deseo compartir con vosotros mis deseos para que mi agenda diaria para 2014 se parezca lo más posible al siguiente esquema:

  • 8 horas de sueño reparador
  • 6 horas de trabajo concentrado (¿para qué más?)
  • 3 horas para un cocinar y un comer sosegado
  • 2 horas para estar en familia
  • 2 horas para leer
  • 1 hora para crear (escribir, cantar, tocar, dibujar…)
  • 1 hora de ejercicio moderado
  • 1 hora para el “dolce far niente

Deseo que para el año que estamos iniciando vuestra agenda se amolde a lo que vosotros queráis, porque eso significará que tenéis el control, que sois los jefes.

Deseo que todos seáis jefes.

Acabar el maratón cuando no has hecho ejercicio en tu vida

Era marzo del año 2002 cuando corrí la Maratón de Barcelona. Mi tiempo: 4 horas 18 minutos. Veo que mi nombre todavía está en el listado de la clasificación sumergido en internet. El circuito era diferente al de ahora. El recorrido de la carrera empezaba en Mataró (a los corredores nos llevaron en tren desde Sants) y discurría en una gran parte por la Nacional-II hasta llegar a Barcelona, donde había una circuito por dentro de la ciudad. La parte de carretera se hacía pesada. Recto durante muchos kilómetros, casi sin público.

En ese momento, acabar la maratón para mí fue todo un reto. Sufrí bastante a partir del kilómetro 30, pero la satisfacción de acabar fue un gran logro.

A mucha gente le gusta correr pensando en que algún día pueda participar y acabar un maratón. El mito de la gesta del soldado griego Filípides es un gran motivador. Y otros muchos piensan que correr un maratón requiere de una preparación extraordinaria, sólo al alcance de los muy aptos físicamente.

Corriendo por Barcelona

Corriendo por Barcelona

La verdad es que está al alcance de cualquiera. Mirando hacia atrás, mi preparación para aquel evento fue mínima. Durante los meses anteriores a la prueba, en que salí a correr con regularidad, nunca llegué a hacerlo cada día. Como máximo corría en días alternos. Y lo máximo que llegué a correr de una sola tirada fueron 2 horas, cuando el día de la carrera estuve más de 4 horas de principio a fin.

En la actualidad lo de correr se ha puesto muy de moda. La gente corre para estar en forma, porque es barato, porque se puede hacer en cualquier sitio, porque ayuda a pensar, porque no requiere ponerte de acuerdo con nadie, porque no compites contra nadie más que contra tí mismo, porque libera el estrés de la jornada laboral y porque en las carreras todo es buen rollo.

Wilfredo Pareto no fue ningún corredor italiano de maratones, sino un sociólogo y economista que introdujo el concepto del Principio de Pareto, según el cual el 20% de las causas explican el 80% de los resultados. Tan universal es el Principio de Pareto, que mientras me hacía la cama el otro día, me dí cuenta de que el 20% de mis movimientos conseguían que la cama estuviera hecha en un 80%. Para lograr que la cama estuviera en perfecto estado de revista me tuve que pasar 4 veces más tiempo del que había pasado hasta entonces, logrando que cada pliegue quedara perfecto y lisito. ¡Cuánto te debemos, estimado Pareto!

Otro ejemplo del principio de Pareto

Otro ejemplo del principio de Pareto

Hoy en día  hay infinidad de libros que explican cómo prepararte para correr, programas de entrenamiento, dietas y webs con recomendaciones varias. Yo, sin ser ningún experto y aplicando el Principio de Pareto  me voy a atrever a compartir contigo mis recetas para que con un 20% del esfuerzo llegues a estar preparado en un 80% para acabar el maratón aunque no hayas hecho ejercicio en la vida. Estas recomendaciones están basadas en mi propia experiencia personal, y a pesar de que a mí me funcionaron pueden ser un perfecto fracaso en cualquier otro individuo. Avisados quedáis. Pero por si a alguien le sirven de algo, aquí os las dejo:

  1. Empieza la preparación 4 meses antes del día de la carrera.
  2. Siempre antes de empezar cualquier sesión de entrenamiento dedica 5 minutos a estirar los músculos de las piernas. Estira sólo estos tres grupos de músculos: gemelos, cuádriceps e isquiotibiales. Lo mismo al acabar. Para cada ejercicio de estiramiento cuenta mentalmente a 12.

    Estirando los isquiotibiales

    Estirando los isquiotibiales

  3. El primer día sal a correr 10 minutos de reloj, al ritmo que tu cuerpo aguante (lento, muy lento). Si tu cuerpo aguanta más de 10 minutos sigue, pero caminando, y no dediques más de 30 minutos ese primer día.
  4. Descansa siempre 1 día entre cada sesión de entrenamiento.
  5. En días sucesivos añade 5 minutos de carrera a lo que hiciste el día anterior.
  6. Estas sesiones las irás alargando a razón de 5 minutos cada sesión. Si sientes que se te hace demasiado pesado, mantén la duración del entreno los días que sea necesario hasta sentir que puedes añadir 5 minutos más.
  7. Cuando estas sesiones hayan alcanzado una duración de 50 minutos no añadas más tiempo a cada sesión. Recuerda que lo importante es el tiempo, no el ritmo. Si te cuesta llegar a los 50 minutos, es que vas demasiado deprisa.
  8. Ocasionalmente, si te sientes cansado, haz un entrenamiento de sólo 30 minutos, y a la siguiente sesión vuelves a la duración en la que estabas.
  9. Cuando lleves 2 meses de entrenamientos deberás empezar a hacer tiradas largas durante el fin de semana. Aprovecha el sábado o el domingo para hacer entrenamientos de 1 hora y cuarto primero, luego de 1 hora y media, 1 hora y 3/4, y finalmente en el último mes haz un par de tiradas en fin de semana de 2 horas.
  10. La última semana, si el maratón es el domingo, descansa a partir del jueves.
  11. Si puedes, deja de tomar leche y carne durante el último mes de preparación antes de la carrera, y toma mucho arroz integral, verdura y legumbres.

Si sigues aproximadamente estos consejos pasarás de no haber hecho deporte nunca, a finalizar un maratón en 4 meses. Mentalízate, no obstante, que el día de la carrera vas a sufrir bastante, en especial a partir de la mitad del recorrido. Por ello es muy importante que ese día empieces muy conservador, muy lento. Disfruta del ambiente y del paseo. Ten en cuenta que a partir del kilómetro 30 no te llevarán tus piernas, te llevará tu cabeza.

La satisfacción de cruzar la línea de meta compensará todo el esfuerzo. Te lo aseguro.

 

Mcdonalizar la vida

El otro día me llevé a Paula (6 años) al McDonalds local. Los dos solos. Sin un motivo especial, simplemente por salir de la rutina. La fui a buscar al cole y fuimos a comer juntos bajo la lluvia. Era un día entre semana y en el McDonalds no había el ajetreo que siempre hay si vas en fin de semana. Lo cual me dio la oportunidad de observar -mientras esperábamos que nos sirvieran- con detalle la manera de trabajar y organizarse que tienen en esa franquicia.

Estos días estoy leyendo “Work the Systems. The simple mechanics of making more and working less“, de Sam Carpenter. Podéis bajaros una copia gratuita en pdf aquí (en inglés). La premisa básica del libro es que cualquier aspecto de la vida de una empresa es un “sistema”. Un conjunto de sucesos que ocurren en orden cronológico y que se pueden documentar. Gracias a esa documentación las empresas bien gestionadas crean y mantienen unos procedimientos por escrito que guían, paso a paso, a los empleados y gerentes en sus trabajos diarios, garantizando que el resultado de cara a los clientes y de cara a los resultados es, por un lado, el más eficiente, y por otro, siempre el mismo, con un alto grado de satisfacción para todas las partes.

El McDonalds, visto con el ojo de alguien que está leyendo sobre procedimientos, es una máquina super-engrasada. Cada cosa está en su sitio, cuidadosamente estudiado, y respondiendo a una razón. Las bolsas de papel ordenadas, pequeñas, medianas y grandes, encima de los tubos dispensadores de las hamburguesas. Debajo están las cajitas de salsa barbacoa, los sobres de ketchup, los sobrecitos de azúcar y sacarina, y los palitos para remover el café. Todo perfectamente etiquetado.

Los empleados invariablemente se comportan igual, y repiten calcados sus movimientos de acuerdo a la manera en que se les ha instruido. Incluso tienen un lenguaje común que hablan en todos los McDonalds del mundo, salpicados de “por favores” y de “gracias”. Yo no vi hacerlo, pero he leído que en el manual del empleado de McDonalds es muy importante sonreirle al cliente.

Si uno pide un Sundae en McDonalds, siempre sin excepción recibirá el mismo helado. La misma cantidad de “soft ice-cream” regado con la misma cantidad exacta de sirope. La cantidad que responde a que el empleado del burguer ha apretado una sola vez el dispensador de sirope de manera profunda y continuada, tal como reza el manual.

Si uno pide un Big Mac, lo pida en Tarragona o en Moscú, siempre acabará con una hamburguesa que tiene exactamente la misma cantidad de salsa, la lechuga trozeada de la misma forma, la misma loncha de queso, y 2 pepinillos (no uno ni tres) prácticamente del mismo diámetro.

La manera en que el empleado en la caja de McDonalds te pregunta qué deseas, o el momento en que te da el cambio están perfectamente estudiados y responden a la mejor manera en que lo pueden hacer para satisfacer al cliente y maximizar las ganancias para la franquicia. Todo está establecido. Todo está pensado. El empleado no piensa, sólo ejecuta. No tiene que tomar decisiones, tiene que ceñirse al manual. Alguien ya estudió las opciones y decidió cuáles son óptimas.

Aquí van varias curiosidades sobre McDonalds y su sistema:

  •  Antes de empezar a manipular los alimentos, los empleados de MD deben lavarse las manos durante 20 segundos.
  • Además, en algunos restaurantes hay un reloj programado que emite un sonido cada hora, señal que hace que todos los empleados, de uno en uno y de manera ordenada, acudan a lavarse las manos.
  • Si una hamburguesa ha estado más de 10 minutos hecha y no se ha servido, se retira de la cola para la venta. Las patatas se conservan durante 7 minutos.
  • Cuando hacen patatas fritas, cuyo tiempo en la freidora está pautado, deben de “darles un meneo” ( shake the fries) cada 30 segundos, y al finalizar dejarlas escurrir durante 7 segundos.
  • La salsa del Big Mac se pone encima de la hamburguesa con una “pistola” dispensadora, que proporciona 5 pequeños montoncitos de salsa distribuidos en circulo dentro del área de la hamburguesa, para no dejar a la discreción del empleado la cantidad de salsa (ver el vídeo arriba).

El que me fijara en McDonalds no tiene nada que ver con la manía que a esta empresa le tienen muchas personas. Simplemente constaté que en esa empresa los procedimientos son el corazón del negocio. Pero pasa en muchos otros sitios. En todas las grandes empresas.

Si uno entra a trabajar en Port Aventura, de las primeras cosas que recibe es un Manual del Empleado. Si uno trabaja para una gran auditoría de cuentas, existen manuales muy específicos acerca de qué comprobaciones debes hacer a la hora de revisar las cuentas de una sociedad. Si uno trabaja para IKEA, apuesto a que también recibe instrucciones precisas, que están por escrito, en algún Manual de Procedimientos, acerca de cuál es la manera IKEA de hacer las cosas.

Reconozco que a veces la mejor manera de hacer las cosas para la empresa puede no ser la mejor opción para el consumidor, pero como cliente siempre puedes escoger no ir al McDonalds si no quieres esperar en una cola a que te sirvan, o no ir al Ikea, si no quieres darte un paseo entero por una nave llena de trastos cuando a tí solo te interesa comprar una estantería Expedit.

En el libro de Carpenter se afirma que 4 de cada 5 empresas pequeñas y medianas fracasan por no poner por escrito unos procedimientos claros y por no dedicar el tiempo necesario a ejecutarlos, mantenerlos, transmitirlos a los empleados, y mejorarlos continuamente. Si las empresas con éxito definen sus procedimientos, ¿podríamos extrapolar que las personas con éxito también documentan (aunque sea inconscientemente) y siguen sistemáticamente unos procedimientos?

¿Cómo escribiría Ray Kroc, el creador de las franquicias McDonalds, el Manual de nuestra vida personal? Primero dividiría nuestra existencia en “sistemas”, en acciones independientes que forman un todo (p.ejemplo: sacar a pasear al perro sería un “sistema”, hacer la compra semanal sería otro “sistema”, organizar las vacaciones, gestionar el fondo de armario, mantener el contacto con amistades, mantener el botiquín de medicamentos, etc..).

Los métodos de McDonalds han dado para muchos libros

Cada uno de estos procesos requeriría de un estudio pormenorizado sobre la mejor manera de realizarlo, en aras a obtener la máxima eficiencia, que significa destinar los mínimos recursos y obtener el mejor de los resultados. Una vez determinada la mejor manera de hacerlo, siempre lo ejecutaríamos de la misma manera, “de acuerdo con el manual”.

Me voy a atrever con un procedimiento: hacer la compra semanal. Si os atrevéis con otros similares me los podéis dejar en los comentarios.

Procedimiento: Aprovisionamiento semanal de comida para casa.

Pasos:

  1. Preparar una planificación de comidas y cenas para la semana entrante.
  2. Para cada día establecer los productos que nos harán falta.
  3. Con esa lista revisar la despensa, para detectar qué productos no hará falta comprar, por disponer ya de ellos, y cuáles se necesitan.
  4. Revisar productos de consumo intenso que se puedan necesitar: agua, leche, aceite, legumbres, patatas, azúcar, sal. Añadir a la lista de la compra los que convenga.
  5. Escribir la lista de los productos que se van a comprar en un papel. Alternativamente lo podemos llevar en una app del smartphone.
  6. Ordenar dicha lista de productos en el orden en que nos los vamos a encontrar en nuestro recorrido habitual por los pasillo del Mercad…ups…se me acaba de escapar el súper dónde hago la compra semanal.
  7. Acudir a la compra semanal habiendo comido adecuadamente, es decir, sin que tengamos el estómago vacío.
  8. A la hora de depositar los productos en nuestro carrito de la compra ceñirnos escrupulosamente a la lista previamente elaborada.
  9. Únicamente hacer una excepción al final del recorrido, una vez hayamos llenado el carro con todos los productos de la lista. En ese momento, si nos apetece, podemos comprar algún “capricho” no incluido en la lista. Sólo uno por cada viaje al Mercad…ups…otra vez se me ha escapado. Eso supondrá un pequeño incentivo para hacer bien el trabajo, llegar al final del proceso de manera satisfactoria y darnos un pequeño “premio” porque “lo valemos”. Es un mecanismo psicológico similar al de las dietas en las que se te permite tomarte un postre lleno de mantequilla de vez en cuando para que no te desmoralices.

¿Se me ha olvidado algo? Seguramente. Decídmelo en los comentarios.

Aunque pensándolo bien pronto la compra semanal no se hará yendo al súper, sino como el Corea del Sur, mientras nos desplazamos en el transporte público. Atención al siguiente video:
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14 cosas que me enseñan mis hijas cada día

De un tiempo a esta parte acabo agotado del fin de semana. Llega el lunes y necesito descansar. Menos mal que me esperan 5 días de oficina y tranquilidad. Este sentimiento es común a muchos padres. Los críos quieren marcha. Requieren de nuestra atención y piden hacer cosas: columpios, paseos, playa, piscina, patines, bicicleta, chiquiparques, jugar, pelearse ruidosamente, que les cuentes un cuento, jugar al parchís y a la oca (excitante plan, eh?). Vaya, que nos dan un tute que acabamos derrotados.

Pero una cosa es cierta: aparte de desgastarme física y mentalmente, tener hijos me ha enseñado algunas cosas. Para llegar a esta lista he tenido que sudar la gota gorda, pero aquí van algunos aspectos no tan malos de ser padres:

 

  1. Nos enseñan a ser pacientes. A cerrar los ojos en esos momentos críticos de crisis, gritos, ira infantil, y encomendarnos a Buda y a toda la filosofía Zen de paz interior. Ummmmmm. Respira, respira. Autocontrol. No sueltes la mano. Te arrepentirás. Contrólate.

    Contrólate

    Autocontrol

  2. .Nos enseñan a gestionar el tiempo de manera eficiente. O por lo menos a intentar hacerlo cada día y mejorar en el intento. Sobre todo a aprovecharlo cuando no están.
  3. Nos enseñan logística. Ya sabéis: cómo minimizar el número de cacharros a llevar cuando te vas de viaje. A hacer un tetris en el maletero con los bultos. Qué cosas me llevo y qué cosas dejo en casa cuando vamos al parque.
  4. Nos enseñan a dar, sin esperar recibir nada a cambio. “Todos los niños llegan con un pan bajo el brazo”, dicen. Pero yo veo que tener hijos es de los actos más antieconómicos que hay. Todo son gastos. Y sin embargo incurrimos en esos gastos encantados de la vida. Además de eso, damos a nuestros hijos amor al 100%, el amor más puro, a pesar de que (por lo menos yo así lo pienso) existe la posibilidad de que cuando seamos ancianos nos metan en una residencia. Qué triste, no?. Y aunque eso ocurriera, nuestro amor es igualmente puro y completo.
  5. Aumentan nuestro conocimiento de la psicología humana y nuestras dotes de persuasión. Aprendemos rápidamente qué es el chantaje emocional, cómo dominarlo, cómo evitarlo. Cómo manipular. Nos enseñan a explorar distintas estrategias psicológicas.
  6. Nos enseñan a relativizar. Nos ayudan a aceptar que vivir en el desorden es posible. Que no pasa nada si han rayado la funda del sofá con rotulador. De punta gruesa. Negro. Indeleble. O que acaban de romper un juguete nada más desempaquetarlo.
  7. Nos ayudan a ver que no todo está bajo nuestro control.
  8. Nos hacen reír. Lo último que he tenido que escuchar: “Papá, cuando tú naciste ¿existían los colores?”, otra: “Papá, ¿yo ya tengo un niño en la pancha?”.
  9. Expanden nuestros límites. Yo, antes de tener hijos me veía incapaz de limpiarle las cacas a nadie, ni los mocos, babas, vómitos, aguantar llantos, ataques de ira, de celos, de sueño, de rabia, aguantar peleas, pataletas, pisotones y golpes involuntarios en las partes. Y ahí estoy, encantado.
  10. Nos ayudan a cuestionarnos lo establecido, en especial el lenguaje. ¿Por qué el presente de indicativo del verbo saber es “yo sé” cuando sería más lógico que fuera “yo sabo”?. ¿Por qué decimos “yo quiero” si podríamos decir “yo quero”?, el verbo es querer, no quierer. O por qué no es correcta la expresión “he canastado” si lo que hacemos es meter la pelota en la canasta.
  11. Nos recuerdan el poder de la ilusión, y nos ayudan a recuperar el mundo de la magia y los cuentos. Otra vez disfrutamos de la Navidad, de los Reyes Magos, de la ilusión de los regalos. También de las historias y leyendas universales. Y de las grandes enseñanzas que esconden los cuentos. “Pedro y el lobo”: no mentir,”Los tres cerditos”: ser trabajador, “la Cigarra y la Hormiga”: ser previsor, “La rana y el escorpión”: cada uno tiene su naturaleza…

    La rana y el escorpión

    Cada uno tiene su naturaleza

  12. Nos ayudan a ser positivos, dándonos alegrías. No todos los días, ni siquiera todas las semanas. Bueno, alguna vez nos dan alguna satisfacción. Algún motivo para sentirnos orgullosos. No quedan los últimos en el cross del colegio, o les ponen un MB al corregirles los deberes. Yo, no sé por qué, cuando me siento más orgulloso es cuando mi hija mayor recita un poesía de memoria.
  13. Nos ayudan a disfrutar de un sentimiento de autorrealización. Cuando ya no estemos nosotros, por lo menos algo quedará como nuestra obra: nuestros hijos.
  14. Nos ayudan a trascender. A mí me han preguntado: “Papá ¿Jesús nos ve desde el cielo?” , “Papá, ¿Dónde está ahora Maikelyason?”. En definitiva, nuestros hijos nos hacen reflexionar sobre qué es lo importante en la vida para nosotros. Pregúntate por qué es lo que quieres que te recuerden tus hijos cuando ya no estés, y tendrás la respuesta de qué es lo más importante para ti. Pregúntate qué te gustaría dejarles y también habrás respondido qué es lo que te importa.

Esta entrada quería que se titulara “15 cosas que me enseñan mis hijas cada día”. 15 es un número más redondo que 14. Ayúdame y dime si hay alguna cosa que te enseñen tus hijos cada día, dejando un comentario.