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Mi experiencia ayunando 24 horas

Los que me conocen saben que soy de buen comer, que no me cuesta repetir de lo que me gusta, y que raramente renuncio al postre.

Llevaba ya semanas queriendo dedicar un día entero al ayuno. El ayuno periódico u ocasional es algo altamente recomendado, y tiene los siguientes beneficios:

1) Ayuda a eliminar toxinas del cuerpo y de las células. Mientras se ayuna se eliminan residuos y deshechos.

2) Se aligera y facilita el trabajo del hígado y los riñones, a los cuales les damos un respiro.

3) Se vacía el sistema digestivo, y ello hace que el flujo sanguíneo contenga menos bacterias.

4) Obliga al cuerpo y a la mente a focalizarse en procesos distintos al de la digestión, que absorbe mucha energía. El cuerpo está entonces en una mejor disposición para luchar contra enfermedades y dolencias.

5) Mejora la retención de líquidos.

6) Mejora el estado de la piel y el cabello.

7) Se normaliza la presión arterial sin necesidad de medicamento alguno.

8.- Se agudizan las capacidades sensoriales. Se ve mejor, se oye mejor, se huele mejor.

9) Por supuesto, es la vía directa para adelgazar si tenemos unos quilitos de más.

Además el ayuno debe ser bueno por dos cosas:

1) Cuesta, y como cuesta mantener esa disciplina, y nos saca de nuestra zona de confort, deduzco que debe ser bueno.
2) Ha sido utilizado por multitud de culturas y civilizaciones como vía hacia la superioridad espiritual.

Os contaré cómo he logrado ayunar 24 horas de la manera más cómoda posible, sin interferir en la jornada laboral y sin que el esfuerzo se me haya hecho ninguna montaña.

Ayer viernes comí a las 14:30 hrs. Ensalada de tomate y queso, seguido de un buen filete de ternera. De postre tarta de manzana y un cortado.

Por la tarde tuve la mente ocupada en otras cosas y acudí a media tarde al entreno de baloncesto que hacemos en el colegio, sin tan siquiera reparar en la merienda o nada parecido. Antes del ejercicio sí tuve la precaución de beber bastante agua.

A la hora de cenar tomé un zumo individual de piña, de esos pequeños que toman los niños en sus meriendas al salir del cole, y un zumo natural hecho con una manzana y unas cinco o seis zanahorias. Buenísimo. Apunte: puesto que ya no te tienes que hacer la cena, puedes dedicar un buen rato relajado a preparar el zumito con toda tranquilidad, y a saborearlo lentamente, consciente de que ese va a ser tu único sustento durante unas horas. Después acosté a las niñas ( ya era tarde, mas allá de las 11 horas, eso lo tenemos que trabajar), un rato de lectura y al catre.

La mañana del sábado ha sido un poco más duro. Al levantarme el zumo natural de dos naranjas, otra vez, con la tranquilidad necesaria para que a uno le sienten bien los alimentos, como debería ser siempre.

Para aguantar hasta la comida he bebido agua varias veces, e incluso he oido lejanamente el canto de las sirenas de la tentación que se le aparecieron a Ulises, en forma de pistachos tostados, aunque he logrado evitarlos atándome al mástil de mi barco, o sea girando la cabeza e intentando pensar en otra cosa, mariposa.

Sí, ya sé que no soy ningún superhéroe por el hecho de que mi estómago haya rugido un par de veces, y supongo que este ejercicio cae en saco roto si no se hace con cierta regularidad, pero cualquier viaje empieza por un pequeño primer paso, y cualquier novela por el primer párrafo.

¿Cual es vuestra experiencia ayunando? Si os apetece, dejar un comentario.