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Hija, me da igual si suspendes

Me da igual la nota. Me da igual la asignatura. Todo eso ya no importa. La gente no lo quiere ver, pero el sistema educativo ha entrado en crisis. Todo ha cambiado. En el S.XXI seguimos teniendo una Educación del S.XX.

4ºA (Curso 06-07)

Ciudadanos en proceso de cambio

Es divertido ver los debates sobre la nota de corte para obtener becas, o sobre la Selectividad, o sobre el Informe Pisa. Todo eso ya no sirve, señores. Entérense. Tener un título universitario es papel mojado. ¿Sacar una matrícula? ¿De qué sirve? Para engordar igualmente las listas del paro. El mundo cambia, lo queramos o no, y éste es un momento de transformación profunda de la sociedad. El mercado de trabajo ya ha cambiado, y la Educación, concebida como el sistema que nutre de trabajadores a la sociedad, debe de cambiar.

Todo empezó con la Revolución Industrial. La gente no tenía de nada, y había que llenar las fábricas de trabajadores, pagarles un salario, y que se gastaran ese salario en comprar los bienes que salían de esas fábricas que los empleaban. Se necesitaban muchos trabajadores, y algunos directivos, y se aplicó la división del trabajo a la Educación.

Alguien pensó: “meteremos a los niños en la escuela, por aquí, con 6 años, todos estudiarán lo mismo, divididos en grupos por año de nacimiento, no por capacidades, ni por intereses, simplemente por edad, y los iremos pasando de año en año al aula de al lado, hasta que salgan con 16 años por el otro extremo, moldeados a imagen y semejanza del sistema, pertrechados todos con los mismos conocimientos generales que les garantizarán poder acceder a un puesto de trabajo en el sistema de producción industrial”.

Últimamente la cadena de montaje ya se extiende desde parvulitos hasta los másters, cubriendo los 30 primeros años de vida de los individuos. De esa manera bajamos las estadísticas del paro juvenil. Pero llega el final del proceso “educativo” y los jóvenes de hoy se encuentran sin herramientas que les ayuden a integrarse en la sociedad, que les ayuden a ser útiles.

La cosa iba bien, y funcionó durante décadas, mientras las sociedades iban progresando y a medida que la gente compraba lavadoras, neveras, coches, televisores, muebles y apartamentos en la playa. Pero la era industrial ha llegado a su cénit. Ya tenemos de todo. El consumo, antes elevaba el nivel de bienestar de  la gente. Hoy, el  consumo es fuente de insatisfacción, depresiones, invasión -por parte de las corporaciones- de la intimidad de las personas, y endeudamiento desenfrenado. En suma, el consumo, hoy, crea malestar.

Si fuéramos historiadores y tuviéramos que poner un año a la finalización de esa era industrial, quizás diríamos que todo acabó en 2008. La nueva era ya no es industrial, es otra cosa. No sé si decir que es la Era Post-industrial, si es la Era de la Información, la de las Nuevas Tecnologías, o la de las Redes Sociales. Sólo sé que el sistema educativo ya no funciona. El mundo ya no necesita más trabajadores de cadena de montaje, ni más empleados de cubículo moviendo papeles de un lado a otro. Todo eso ya lo hacen las máquinas, o los chinos, que tarde o temprano serán sustituidos por senegaleses, que luego serán sustituidos por máquinas.

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Ahora las capacidades que se necesitan son muy otras. Se necesitan cosas que hasta ahora no se han enseñado en las escuelas ni en las universidades, ni mucho menos en los MBAs. Se necesita creatividad, flexibilidad, iniciativa, asertividad, fe, dotes de motivación, capacidad de detección de problemas y capacidad de dar soluciones a esos problemas. Se necesita optimismo y perseverancia. También se necesitan grandes dosis de espíritu crítico, y la conciencia de que el mundo se ha vuelto un poco más incómodo. Un poco más duro. Un sitio en el que para sobrevivir hay que salir cada día a cazar. Cazar para poder comer.

Hija, me da igual si suspendes. Yo lo que quiero es que aprendas.

Empieza HOY a escuchar a tus hijos

Blanca (casi 4 años) siempre pregunta: “¿Hoy es mañana?“. Vaya tontería de pregunta. “Blanca, a ver… Hoy es hoy, mañana será mañana. ¿lo entiendes?“. Al principio no captaba la profundidad de la pregunta. Pero parad a pensarlo un minuto. La cosa tiene su miga. Blanca entiende que cuando le digo: “Eso lo haremos mañana”, al día siguiente ya estamos en “mañana”. Ella llega a mañana al día siguiente, mientras que para los adultos, cuando amanece un nuevo día, “mañana” sigue siendo un futurible. Nosotros nunca llegamos a “mañana”.

Blanca ya ha descubierto, a su tierna edad, que “mañana” siempre se acaba convirtiendo en “hoy”.

Entre nuestras labores de padres se supone que está el preparar a nuestros hijos para ese “mañana”, dándoles las herramientas necesarias para tomar acertadamente las decisiones más importantes de su vida, que ni el colegio ni la universidad les enseñará.

Las decisiones más importantes van a ser invariablemente las mismas que nosotros hemos debido afrontar:

  1. A qué te vas a dedicar.
  2. Con quién vas a compartir tu vida.
  3. ¿Vas a tener hijos? ¿Cuántos? ¿Cómo los educaré?
  4. Dónde voy a vivir
  5. Cómo deseo contribuir a los demás.

La respuesta a estas preguntas sólo puede derivarse del conocimiento profundo de uno mismo. Con los miles de horas que se dedican a seguir planes de formación y programas académicos en los centros educativos, no hay ni un minuto dedicado a hablar con los alumnos uno a uno sobre sus expectativas, sus deseos, sus metas, sus aficiones, su carácter. En definitiva, qué quieren hacer con sus jóvenes y preciosas vidas.  Parece que ésa sea una labor ya de antemano dejada a los padres.

Los padres (cuando digo padres me refiero a padres y madres, es un tema de economía del lenguaje, no se vaya a enfadar alguien) estamos muchas veces tan ocupados con nuestras cosas que no encontramos el momento de sentarnos a conversar con nuestros hijos sobre estas cosas más trascendentales.

Podemos caer en la visión reduccionista de que llegará un día, cuando nuestros hijos tengan 18 años en que tendremos una conversación cara a cara con ellos, en la cual nos revelarán todas las aristas de su personalidad y en la cual nosotros les aconsejaremos sabiamente sobre lo que más les conviene en la vida. Pero señores, eso no va a ocurrir.

Esa conversación reveladora es la que tenemos que currarnos cada día, estando a su lado, escuchándoles en sus preocupaciones, en sus temores, en sus anhelos, y en su visión del mundo. Es un trabajo de muchos años (ser madre es duro, ya lo sabías) a base de tener la antena puesta e ir dejando caer reflexiones aquí y allá. Para que ellos mismos vayan planteándose la relevancia de las cosas importantes. Las de verdad importantes. ¿Cuál es la alternativa? Pues centrarnos exclusivamente en el día a día, hasta encontrar un día en que nuestros hijos ya hayan tomados las decisiones más importantes de sus vidas, habiéndolo hecho (como mucha gente antes que ellos) prácticamente sin pensar.

Mis hijas son todavía muy pequeñas (7 y 4) pero me doy cuenta de la importancia de empezar YA. Habla con tus hijos cada día (o todo lo que puedas) a un nivel profundo, que vaya más allá del “recoge ésto“, “ponte a hacer los deberes“, “no pegues a tu hermana” o “ponte las zapatillas“. A mí me gusta el momento en que ya están acostadas, arropaditas en su cama, y listas para dormirse. Entonces les pregunto cosas como:

  • “¿Eres feliz?”,
  • “¿Qué es lo que más te gusta hacer en el cole?”,
  • “¿Qué cosas te gustan más de tus amigas?”,
  • “¿Qué te hace sentir mejor, recibir un regalo o entregarlo?”,
  • “¿Qué cosas buenas tiene un día de lluvia?”,
  • “¿Por qué crees que en la Naturaleza hay animales que matan y otros que mueren?”,
  •  “¿Qué pasaría si nos tuviéramos que mudar a otra ciudad?”,
  • “¿Qué te gustaría ser de mayor?”.

Luego intento callar, y escuchar. Sólo escuchar. Con un poco de suerte, al final, dentro de mucho tiempo, cuando ellas mismas se hagan las preguntas,  sabrán contestarse solas.

 

¿Qué querrías a cambio de no jubilarte nunca?

Analicemos nuestras vidas a vista de pájaro:

  1. Nacemos.
  2. Tres años de puericultura. Pañales, biberones, chupetes, cochecito, y descubrimiento del mundo físico que nos rodea.
  3. Parvulario (ahora sería de P2 a P5). Seguimos descubriendo cosas. No hay responsabilidades. Nos podemos mear y cagar encima, y de momento no pasa nada.
  4. Colegio (Ahora sería Educación Primaria y ESO). Ya te tienes que aguantar si quieres ir al baño. Hay deberes. Empiezan las responsabilidades. Empieza la presión social.
  5. Bachillerato. Tus padres están muy preocupados por tí. El futuro es incierto. Casi todo depende de tu expediente académico. Primera gran decisión en la vida: qué quiero estudiar. El 20% de los chavales no sabe lo que quiere, el otro 80% hace lo que le dicen sus padres.
  6. Universidad. Para muchos una novedad: vivir fuera de casa de los padres.
  7. Trabajo.
  8. Tienes niños o escoges no tenerlos.
  9. Cumples 40. Haces balance. Igual aterrizas en este blog y lees ésto. Reflexionas. Cambias?
  10. Más trabajo.
  11. Jubilación. Palabra que deriva del sustantivo “júbilo”.
  12. Muerte. Con un poco de suerte sin pasar por residencias ni sanatorios ni grandes periodos de hospitalización.

Los puntos 4, 5 y 6 nos ocupan desde los 6 a los 26 años. Un cuarto de la vida y seguramente el mejor período de la misma, en el que estamos en plena facultad física y somos capaces de absorber nuevos conocimientos con mayor facilidad. Nuestro cerebro está abierto. Es como un CD virgen. Nuestras ganas de experimentar son máximas. Tenemos toda la vida por delante.

¿La mejor época de la vida?

Tal como está el sistema montado de los 6 a los 26 pasamos por el proceso de producción de la Educación. Es como una fábrica. Todos pasamos por el sistema. Vamos a la fábrica 8 horas al día, y allí nos inculcan unos conocimientos que alguien ha pensado que son los que necesitan los hombres y mujeres de provecho de nuestro tiempo. Pero…¿desde cuándo esto es así?

Básicamente desde la Era Industrial, en la que la sociedad ha necesitado cantidades ingentes de “factores de producción”. Eso determinó que había que formar a los cuadros para prepararlos para un sistema económico basado en la producción masiva de bienes y servicios. Eso ha estado muy bien. Gracias a eso, prácticamente todas las familias de hoy tienen coche, y electrodomésticos, y una serie de ventajas y comodidades que hacen que la vida de hoy sea un camino de rosas comparada sólo con lo que era hace 10 lustros.

El sistema invertía muchos años en formar al personal de una manera bastante estandarizada (clases de alumnos divididos por edades, programas académicos divididos por cursos, con exámenes programados al mismo tiempo para todos los alumnos sin distinguir por capacidad, esfuerzo o talento), luego trataba de sacar el máximo rendimiento a la productividad de los agentes, y finalmente, cuando llegaban a los 65 los retiraba de la circulación y los aparcaba hasta el “tiempo de desguace”, que no solía tardar mucho a partir de ese instante.

Pero las circunstancias han cambiado. Estamos en la Era Post-industrial. En el año 2050 la esperanza de vida en los países desarrollados será de unos 90 años.

Quizás hay que replantearse el sistema. ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado? Esencialmente lo siguiente:

  1. Lo básico está conseguido. Tenemos de todo. La gente no pasa hambre. Más bien lo contrario: los problemas sanitarios son por sobrealimentación (problemas coronarios, colesteroles, etc). Tenemos una buena sanidad. Tenemos acceso a la cultura. Tenemos centros comerciales que se llenan todos los fines de semana, y por mucha crisis que haya tenemos una renta media que le permite a un montón de gente tiempo de vacaciones y ocio.
  2. La esperanza de vida es hoy más del doble de la que era hace 100 años. En 1910 en España la edad media a la que palmaba el personal rondaba los 40 años. En 2010 superó los 81 años.
  3. Internet y la Revolución de las nuevas tecnologías de la información han “encogido” el planeta. Todo el saber acumulado (o un gran porcentaje) está a nuestro alcance tecleando en nuestro ordenador. Ya no hace falta hacer un Máster para tener un acceso exclusivo al conocimiento. Los Máster se hacen por los contactos que proporcionan, no porque lo que te enseñen no lo puedas aprender tú sólo en los libros o utilizando google con habilidad. Además las TIC permiten conocer lo que sucede en el mundo prácticamente en directo. Es imposible no levantarse y enterarse que ha habido una masacre en Siria, o que acaban de rescatar a los bancos españoles.
  4. Las mayores cotas de libertad jamás vistas. Las sociedades democráticas occidentales son todavía sistemas muy mejorables (partitocracias tendentes al clientelismo y la corrupción) pero al menos no te meten en la cárcel por ir a la tuya o tener criterio propio.

    Actualización: La esperanza de vida en España fue de 81,6 años en 2010.

Bajo este nuevo escenario, ¿tiene sentido que nuestros hijos pasen 8 horas al día encerrados entre paredes en las que se les enseña lo mismo que se enseñó a nuestros padres o a nosotros? ¿tiene sentido que trabajemos 8 horas diarias o más desde los 26 a los 66 y luego estemos otros 25 años apartados del sistema de producción y recibiendo del sistema por estar inactivos?

Yo veo dos grandes cambios que van a suceder en el futuro, porque “el mundo ha cambiado”. Porque lo de antes ya no sirve:

  1. La etapa formativa: En vez de dedicarnos intensivamente de los 6 a los 26 a la formación de los jóvenes, debemos entender que la formación dura toda la vida y que no sólo consiste en asistir a clase. Tomarse un año o un semestre sabático también es formación. No me importaría que mis hijas se tomaran un año entre la ESO y el Bachillerato o entre el Bachillerato y la Universidad, para viajar, para leer, para emprender, para colaborar. Sobre esto ya escribí aquí. Los jóvenes necesitan amplios espacios de tiempo para la exploración personal y el descubrimiento de sus habilidades e intereses. Después, cuando ya eres adulto, puedes querer cambiar de carrera. Cada vez va a ser más común, y más necesario cambiar la orientación profesional cada cierto tiempo. Puedes empezar siendo fontanero, luego ser profesor de instituto, luego vendedor y luego empresario. Y necesitarás formarte con cada cambio.
  2. La etapa final: Adiós a la jubilación. No nos jubilaremos. Digan lo que digan las leyes. Teniendo salud y ganas de hacer cosas podemos no jubilarnos nunca. Para esto, por supuesto, es necesario que te guste lo que haces. O que tu trabajo no sea una fuente de estrés demasiado elevado. ¿Qué os parecería trabajar 4 años y tener derecho a 1 año de vacaciones? Así hasta el final. Qué suerte poder disfrutar de tiempo libre para viajar o estar en familia, cuando uno todavía es joven y está con salud. Y qué suerte sentirse productivo y útil hasta el último día.

 

 

 

 

15 cosas que podemos enseñar HOY a nuestros hijos

Seguro que todos recordamos alguna cosa, por pequeña que sea, que nos enseñó nuestro padre o nuestra madre, cuando éramos pequeños, y que nos ha servido siempre y bien en la vida. O quizás no recordamos nada en concreto, pero sabemos que su ejemplo nos ha servido de referencia al hacernos adultos, y nos sorprendemos a nosotros mismos pensando o actuando de manera igual a como lo hacían nuestros padres.

Ahora que soy padre pienso en ello mucho más que cuando únicamente era hijo. Es por eso que voy a compartir aquí cosas que creo que podemos intentar transmitir a nuestros hijos, por las cuales nos recuerden cuando a su vez ellos sean padres:

  1. Poner las cosas en perspectiva. Cuando uno es pequeño no tiene referencias sobre las cosas. Mucha información es totalmente inútil y caerá en el olvido, además de no interesar, si no la ponemos en referencia a algo conocido. Como padres podemos aportar ese punto de vista a nuestros hijos. ¿Cuánto medía un Tiraunosaurus Rex? Según la wikipedia podía alcanzar 12 metros de cabeza a cola y 4 metros de altura desde el suelo a las caderas. Pero un niño no sabe cuánto son 12 metros. Ese dato quedará mucho mejor anclado en su mente si le decimos que el T.Rex medía como 3 pisos de alto, y que de punta a punta cabrían solo 2 Tyranosaurus en la longitud de una piscina olímpica.

    Un Tyrannosaurus Rex

    ¿Qué distancia hay de aquí al Sol? Mirando la Wikipedia veo que el Sol está a 150 millones de kilómetros. ¿Qué significa eso? Que la luz tarda en llegarnos 8 minutos y 20 segundos desde que la emite el Sol hasta que la recibimos en la Tierra. Y…¿A qué velocidad viaja la luz? Sí, todos sabemos de memoria que la luz  en el vacío viaja a 300.000 kilómetros por segundo, pero ¿qué significa eso? Pues la luz es tan rápida que si viajara alrededor de la Tierra a la altura del Ecuador, recorrería en 1 solo segundo 7,5 veces su perímetro (perímetro de la Tierra=40.000 km).

    Muchas empresas consultoras y, hace poco he leído en algún sitio que también lo hace Google, en las entrevistas a candidatos para sus diferentes vacantes, realizan preguntas del tipo: ¿cuántas pelotas de golf caben en un autobús? ¿cuántos afinadores de pianos hay en el mundo? ¿cuántas rosas se venden en España al año? ¿cuántas veces al día se solapan las dos agujas del reloj?…y la clásica ¿por qué las tapas de las alcantarillas son redondas? Para cuando nuestros hijos lleguen a sus entrevistas de trabajo, seguramente les meterán un cable por la nuca y sacarán su expediente académico y nivel de inteligencia del chip que les habrán implantado en el cerebro, o seguramente ya no existan las entrevistas de trabajo, pero creo que enseñarles a poner las cosas en perspectiva será una capacidad que podrán utilizar siempre en su favor.

  2. No hay que confundir el nombre con la esencia. O dicho de otra manera, conocer algo no significa aprender de memoria los nombres o las fórmulas o las definiciones o lo que nos hace aprobar un examen. Conocer algo significa entenderlo profundamente, poder verlo desde distintos puntos de vista, proponer nuevas preguntas sobre eso, y saberlo explicar y transmitir a alguien que no tenga idea del tema. Esto significa algo que nuestros padres no practicaron demasiado con nosotros: quitarle importancia a las notas. Las notas no son un reflejo directo de lo que un alumno sabe. Las notas son un reflejo directo de la capacidad de aprobar exámenes, es decir, manejar nombres, fórmulas y definiciones. Pero no tienen nada que ver con entender en profundidad los conceptos. Lo confieso: Yo mismo me reconozco como una víctima de este problema. Centrado en aprobar, o sacar buenas notas; cuando debí centrarme mucho más en aprender, en conocer. Espero no caer en lo mismo con mis hijas.
  3. Integridad. Devolver el cambio si nos lo han dado mal nos llevará muchísimo más lejos que ser un “listillo” que se queda con un euro que no le corresponde. Ceder la plaza a otro coche cuando hay pocas plazas en el párking nos hará perder unos minutos, puede ser, pero si nos comportamos sistemáticamente así, viviremos menos conflictos internos, menos enfados, menos disgustos, más paz y felicidad. Cada día cultivaremos la paciencia, la coherencia y la integridad. Y la manera de transmitirlo a nuestros hijos es mediante el ejemplo.

    Cuando nadie mira

  4. El valor de las cosas. Darle importancia a aquello que la tiene, y restárselo a aquello que no la tiene. Por ejemplo, para un niño debería ser importante no despilfarrar. Aunque seamos millonarios. Los recursos son limitados y lo que hoy sobra, mañana nos puede faltar. En esta línea creo que es un buen ejercicio hacer partícipes a los hijos de la marcha de la economía doméstica, en especial cuando hay que apretarse el cinturón. Y decirles claramente qué es aquello imprescindible y aquello de lo que se prescindirá, aunque sólo sea temporalmente.
  5. Cuestionar el porqué de las cosas. ¿Por qué unos hombres se inclinan ante otros por llevar uniforme?. ¿Por qué unos hombres dictan lo que deben hacer otros hombres?. ¿Para qué existen las cárceles?. ¿Por qué hay que hacer los deberes?. ¿Por qué vuela un avión?. ¿Por qué flota un barco? La verdad es que esta parte no es difícil, ya que a veces los niños nos abruman con sus por qués. Sobre las respuestas ver el siguiente punto.
  6. Humildad. Muchas cosas no las sé. O sé que son complicadas y se lo digo a mis hijos. Y les digo: “cuando seas mayor y lo entiendas, espero que me lo expliques”. Nadie sabe nada si no lo sabe explicar. A veces he oído la frase: “es un gran experto, aunque no es buen profesor, no sabe explicar lo que sabe”. Siempre me ha parecido curioso que alguien que entiende o sabe de algo no lo sepa transmitir. Si el pensamiento individual no son más que las explicaciones mentales que nos damos a nosotros mismos, ¿cómo es posible que alguien pretendidamente experto no sepa transmitirlas a los demás?
  7. Idiomas. Pero no cómo se dice “gorrión” en inglés, o “soltero” en francés. Sino cómo el lenguaje condiciona la manera de pensar. ¿O es al revés? En japonés apenas se pronuncia la palabra “no“. En inuit hay 40 términos para denominar la nieve. ¿Por qué en unos idiomas hay forma cortés (usted) y en otros no?. ¿Qué significa que un idioma tenga persona en las formas verbales o que no lo tenga?. ¿Qué diferencia hay entre idiomas que tienen el dativo e idiomas que no lo tienen? La estructura de los idiomas nos explican cómo es la gente que los habla.
  8. Relativizar la tecnología. La tecnología no es más que una herramienta. Es siempre relativa. Siempre cambia. Cuando yo era pequeño era el Spectrum. Hoy es el Ipad. Mañana será otra cosa. ¿Qué sentido tiene dedicar una clase de informática para niños a ver qué es y cómo se maneja el ratón? Si dentro de nada moveremos el cursor del ordenador con los movimientos del ojo. Lo importante son los conceptos permanentes, universales. Los valores, la imaginación, las ideas, y cómo generarlas. Cómo solucionar problemas que tiene la gente.
  9. La técnica McDonald’s. Seguro que conocéis la técnica: Sonreir mientras escuchas y decir siempre “por favor” y “gracias”. Sencillo, ¿no? Pues sólo con esta simple técnica te ganarás la simpatía de tus interlocutores y podrás conquistar el mundo. Eso le digo a mis niñas. Espero que me vayan haciendo caso.
  10. No necesitas nada. Si no necesitas nada, ya eres millonario. A partir de aquí: dedícate a vivir. A nuestros hijos hay que enseñarles que no necesitan nada. Si un día viniera un fuego arrasador y quemara nuestra casa, o sucediera un terremoto. Si un día nos faltara lo material, no pasaría nada porque nos tendríamos los unos a los otros. Eso es lo importante, lo demás es accesorio.
  11. Es imposible gustarle a todo el mundo. Así que no te preocupes demasiado de lo que piensan los demás. No worries. Los mejores negociadores son personas a las que les da igual si cierran un trato o no. Si les parece bien lo cierran, pero sino, no se angustian, pasan a otra cosa. Y resulta que ése es el gran secreto. Esa “despreocupación” hace que acaben cerrando los temas más beneficiosos para ellos y evitando las operaciones menos convenientes.
  12. Si primero das, luego recibirás. Si mañana compartes tu bocadillo del patio con alguien que se lo ha dejado en casa, ¿quién sabe qué magnífico regalo te hará al día siguiente?

    Compártelo, hijo

  13. Aprende una cosa nueva cada día. Cuando puedo le pregunto a mi hija mayor si ha tenido inglés. “Sí” contesta lacónicamente. “Bien. Dime una palabra nueva que hayas aprendido”.  No es capaz de decir ninguna. Supuestamente ha estado 60 minutos aprendiendo inglés. Pero no sabe decir una sola palabra nueva. Entonces yo le digo una. Por ejemplo, ayer le enseñé “the best”, el mejor. Y le dije: “I am the best”. Soy el mejor. Pero luego añadí: “best”, como una best-ia. “Soy como una bestia!”. Espero que la asociación de ideas sedimente en su pequeño cerebelo. Hoy le preguntaré otra vez: “Paula…¿cómo se dice “soy el mejor“?” Espero que se acuerde. Aunque si no se acuerda, da igual. Se lo repetiré otra vez y se lo volveré a preguntar mañana. La repetición: esa gran olvidada de nuestra educación.
  14. Reconoce sus méritos a los demás, aunque no los tengan. Es importantísimo hablar bien de los demás en presencia de los niños. Yo intento sólo hablar bien de la gente. No sé si siempre lo logro. Seguramente no, porque soy humano, no soy ningún superhéroe. Pero soy un firme creyente en que si hablas bien de la gente, si nunca hablas mal de nadie, ese reconocimiento te volverá como un boomerang. El otro día escuché la historia de un empleado que llegó a la conclusión de que el puesto de trabajo en el que estaba no le interesaba. Quería dejarlo y decidió dar la noticia en su empresa al cabo de 60 días. A partir del momento en que decidió que dejaría su trabajo, y le quitó todo punto de valor a mantenerlo, decidió empezar a reconocer públicamente a todos sus compañeros sus colaboraciones, por pequeñas que fuesen, poniendo a todos por las nubes. ¿Sabéis que pasó? Que poco antes de dar la noticia, le propusieron un ascenso !!
  15. Escucha, piensa, luego habla. Esto es algo que los niños de hoy llevan un poco mal. Se practica poco. Veo muchos niños que son, ante todo, bla, bla, bla. Verborrea. Verborrea y griterío ¿Qué tal si estamos un rato con nuestros hijos en casa en silencio? Cada uno a lo suyo. Juntos. Pero en silencio. Estamos pensando, o leyendo, o dibujando. Por supuesto, la tele apagada. Creo que es un gran valor que inculcarles. Y podemos empezar HOY.

    Silence, please