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¿Qué significa para mí Educar?

Para cuando mi hijas tengan 18 años habrán recibido más de 10.800 horas de clase formal en el colegio. El cálculo lo hago rápido y de la siguiente manera: 180 días lectivos que tiene un curso escolar x 12 años escolares x 5 horas diarias.

Para entonces yo pido más bien poco: que el sistema educativo haya inculcado en ellas sólo unas pocas habilidades. A saber: cálculo mental (sumar, restar, multiplicar, dividir, hacer reglas de 3, sacar porcentajes), leer con solvencia y a la vez con una buena comprensión lectora, tener un vocabulario amplio, y saber escribir con cierta competencia una carta o una redacción, o un informe. También estaría bien saber comunicarse, y que tuvieran ciertos recursos para ser personas creativas y con iniciativa. No pido más. Del inglés ya me encargo yo. La informática olvidadla, pues lo que aprendan ahora no va a servir de nada en 15 años. De esto ya hablé hace algún tiempo en esta entrada del blog.

Yo creo que en 10.800 horas algo se podrá conseguir. Tampoco estaría mal que al cabo de toda esa instrucción hubieran leído unos cuantos libros,  se supieran unas pocas poesías, y hubieran escuchado algunas piezas de música clásica. Pero eso, me dicen, ya es ser muy optimista.

Malcolm Gladwell tiene un libro llamado “Outliers” (traducido al castellano como “Fueras de serie, por qué unas personas tienen éxito y otras no”), y en él desarrolla la teoría de que para dominar cualquier técnica a un nivel superlativo, y poder tener éxito, hace falta una dedicación de 10.000 horas. Como ejemplo pone a los Beatles, que antes de triunfar dedicaron más o menos ese número de horas a tocar en tugurios de Hamburgo, noche tras noche, desde 1960 a 1964, delante de públicos poco refinados consistentes en marineros y rufianes de tres al cuarto.  Gladwell también pone como ejemplo a Bill Gates, que en 1968, a los 13 años de edad, accede a uno de los primeros ordenadores del país, que se instala precisamente en su instituto. A partir de ahí Gates dedica más o menos sus 10.000 horas a programar en ese ordenador y en otro de la Universidad en su localidad. Lo cual le hizo un experto en programación cuando todavía era un adolescente y le ayudó a destacar como después destacó.

Malcolm Gladwell

Por tanto, mis hijas y vuestros hijos tendrán sus 10.000 horas de dedicación a la instrucción general. Tiempo suficiente. Además, para cuando tengan 18 años, yo calculo que habrán pasado con sus padres, por lo menos, otras 10.000 horas. Seguramente mucho más. Por tanto, es importante reflexionar siquiera un momento a qué vamos a dedicar esa cantidad ingente de horas, que a otros les ha llevado al estrellato más rutilante. Ojo: yo no pido estrellatos. Es más, no me haría gracia acceder a él por vía de mis hijas.  Sólo quiero producir dos buenas personas, que sean honradas y trabajadoras y que aporten algo de valor a la sociedad en la que vivan. No pido más. Entonces…¿En qué voy a centrarme durante esas más de 10.000 horas? Os lo cuento:

  1. ESTAR. Condición “sine qua non“. Hay que estar presencialmente. Sin hacer nada más. Sólo con estar presente ya tenemos el 80% del trabajo hecho. El objetivo es estar por ahí cerca cuando nuestros hijos lloren, cuando griten, cuando se alegren, cuando se caigan y se hagan sangre, cuando se pregunten cosas, cuando se peleen, cuando se enfaden. A todo esto nosotros reaccionaremos, y esa reacción (sea cual sea) ya es el grueso de nuestra labor. Mi conclusión es que no hay reacciones correctas o incorrectas. Las que sean harán que nuestros hijos vean comportarse a sus padres, y moldearán en ellos su propia personalidad.
  2. DEJAR ESTAR. Muy importante también. No molestar a los niños en su descubrimiento del mundo. Observo como, en el parque, algunos padres están constantemente encima de sus hijos: por si se caen, para que vayan a los columpios de la edad que les corresponde, para que se pongan la chaqueta, para que se acaben la merienda, para que no se ensucien los pantalones nuevos… Y me pregunto: si mi hija de 3 años quiere subirse a un columpio para niños de 6 o 10 años, ¿qué problema hay? Si un niño se ensucia en el parque, ¿a quién podría extrañar? Los niños deben también tomar sus propias decisiones de con quién se juntan, a qué juegan, con quien se enfadan, con quien comparten, qué actividades prefieren hacer. Dejémosles ser.

    Dejemos que de vez en cuando se caigan. Así es como se aprende.

  3. ESCUCHAR. Hay un capítulo de la serie “Malcolm” en el que a Malcolm sólo le suceden cosas malas debido a que en cualquier situación expresa su opinión abiertamente sin pensar ni reflexionar en las consecuencias. Por ejemplo, le expulsan del equipo de baloncesto, o su madre se enfada con él. En un momento dado decide callarse sus opiniones y simplemente mantenerse en silencio cuando es interpelado por su madre o por el entrenador de su equipo. En la serie se escuchan sus pensamientos, pero él se mantiene callado y a la escucha. Es gracioso ver cómo le cuesta. Pero a partir de ese momento todo le empieza a ir bien. Las personas con las que “habla” entablan una especie de monólogo con él delante, sólo asintiendo, pero acaban contentos. El entrenador le readmite en el equipo, su madre está encantada y Malcolm logra superar su mala racha. Es increíble el poder que tiene sólo Escuchar.
  4. HACER. También muy fácil. Como el punto 1. Simplemente ser un ejemplo para nuestros hijos. Hacer nuestra vida siendo conscientes que alguien se fija en nosotros. Si quieres que tus hijos sean generosos, sé desprendido con las cosas. Comparte tú en primer lugar.  Si quieres que tus hijos valoren las cosas, no despilfarres ni desaproveches las cosas. Si quieres que tus hijos sean solidarios, haz favores al vecino. Sé compresivo y tolerante. Respeta a los demás si quieres que tus hijos sean respetuosos y más importante, que te respeten. Yo quiero que mis hijas sean personas positivas. Por tanto, ante las adversidades estoy obligado a poner buena cara, aprender lo positivo, y verbalizarlo. No por mí, por ellas.
  5. DEJARNOS ACOMPAÑAR. Ojo, no digo ACOMPAÑAR. Acompañar es lo que hacemos cuando les llevamos al chiquipark. Eso está bien. Pero yo, aquí, me refiero a que nosotros hagamos nuestras cosas y nos llevemos a nuestros hijos con nosotros. Si hay que ir de compras, que vengan. Si tenemos que ir a renovarnos el DNI, que vengan y vean qué es el DNI y cómo se lo renueva uno. Si voy al taller a reparar el coche, que vengan. Ello dará pie a que pregunten, a que vean a un policía de cerca o a un mecánico lleno de grasa, a que vean mundo, a que aprendan en definitiva.
  6. PERCIBIR. Esto ya es más difícil. Implica estar alerta y darnos cuenta de qué interesa a nuestros hijos. Qué les motiva, qué les gusta, qué les mueve. Unas veces lo dirán, y otras no lo dirán, y nos tendremos que dar cuenta. Otras veces dirán que les gusta algo, pero enseguida veremos que en realidad no les hace tanta gracia. Hay que saber percibir si nos piden algo porque realmente tienen un interés, o por otros motivos más espúreos, como puede ser que lo hace un amigo, o porque “está de moda”. Una vez hayamos percibido algún interés real, intentaremos facilitarle el camino, mostrándole opciones y oportunidades en esa dirección. Que les gusta la danza, pues hacer los esfuerzos para que desarrolle ese interés. Les pueden gustar los insectos, o los cómics, o la papiroflexia, o los tatuajes. En cualquier caso, les gustará a ellos, no necesariamente a nosotros, y estaremos obligados a ayudarles a profundizar en esa vía.
  7. NO ACONSEJAR. Salvo que nos lo pidan explícitamente. Dar consejos a un hijo tiene el riesgo de que los siga. Si el consejo que damos es sobre una asunto poco importante, no hay problema. Si el asunto es trascendental, como por ejemplo, qué estudios universitarios debe seguir nuestro hijo existe la posibilidad de que luego, ese hijo, pasado un tiempo acabe pensando que la decisión que tomó, siguiendo el criterio de su padre, no fue la mejor. Yo creo que lo mejor es no dar consejos. Simplemente ayudar y apoyar la decisión que autónomamente tomen nuestros hijos.
  8. IMPONER. Hay varias cosas que los adultos debemos imponer a los niños. Imponer criterios. “Niño…¿de qué quieres el bocadillo hoy?”, “Hoy….¿qué te apetece hacer?” Creo que preguntando a los niños les transmitimos el mensaje de que estamos a su disposición. Los niños no tienen problema siguiendo el criterio de un mayor. “Hoy tienes bocadillo de mortadela, y vamos a ir a dar un paseo por el Serrallo”. Punto. Imponer castigos. De vez en cuando, y después de los preceptivos avisos, hay que imponer castigos. Los avisos no pueden ser eternos, cosa que a veces veo que pasa. “Si lo vuelves a hacer te castigo”…El niño lo vuelve a hacer y nada…”ahora sí que sí, si lo vuelves a hacer otra vez te castigo, y ahora hablo en serio”. Y el niño lo vuelve a hacer, y no sucede nada. Imponer premios. Lo mismo pero al revés. Si hay un comportamiento especialmente satisfactorio, otorgar una recompensa es una ocasión magnífica para educar, y compartir. Seguramente de los momentos más gratificantes también como padre. Ojo, si prometí un premio, no puedo dejarlo caer en el olvido si mi hijo cumple con las expectativas.
  9. NO OCULTAR.  La vida a veces es dura, nos encontramos con cosas desagradables. Desastres. Adversidades. Un gato muerto en la carretera. Un padre al que han despedido de su empleo. Una palabrota pronunciada por alguien (no nosotros, claro). Una pelea en la calle entre dos adultos. Al principio pensaba que los niños tenían que permanecer protegidos ante este tipo de cosas. Ahora creo que parte de la educación es encontrarse con esto. No buscarlo, pero no ocultarlo. Mis niñas a veces ven un programa de dibujos que se llama “Tiempo de aventuras“. Son las aventuras surrealistas de Jake, el Perro, y Finn, el Humano, en un mundo raro de castillos, princesas, monstruos, vampiros y encantamientos. Reconozco que el programa no es lo más edificante que se ha hecho en la tele. Seguramente está pensado para preadolescentes. Los personajes hablan constantemente con coletillas como “tronco”, “tío” o con términos como “mola”, “dabuten”. Hay personajes que mueren con muertes violentas o simplemente suceden cosas extrañas como que unos vampiros succionan el cerebro a la gente, o como que el Rey Hielo secuestra a una princesa y la mete en una bolsa de viaje. Lo dicho. Raro. ¿Me debo preocupar si ellas quieren verlo? ¿Debo evitarlo? Lo he comentado con otros padres y la mayoría coinciden en que no se lo dejan ver a sus hijos de 6-7 años. Mi conclusión: no ocultar. Si lo ven, no se lo voy a prohibir. Yo intentaré estar a su lado mientras lo ven, pero renuncio a ocultar.

    Tiempo de aventuras

  10. PENSAR CONTRACORRIENTE. Si nosotros nos cuestionamos las cosas, entiendo que ayudaremos a nuestros hijos a desarrollar un pensamiento crítico. Algo que se nota a faltar en la sociedad actual. No se trata de descalificar ni de creer en teorías conspirativas. Pero si algo no nos convence , hacer un ejercicio explícito de incredulidad. Dudar. Un ejemplo clásico son los medios de comunicación. Basta coger 3 periódicos para ver que la manera cómo se redacta una misma noticia nos predispone a favor o en contra de quien más interese.  Otro ejemplo clásico son las estadísticas y los gráficos que las muestran. En fin…en mi opinión es importante no ser categóricos con las cosas, transmitir a nuestros hijos que siempre hay otros puntos de vista, y que a lo mejor a lo que nos enfrentamos a una manera sesgada de ver la realidad.
  11. y DISFRUTAR.  Que nuestros hijos nos vean divertirnos, bromear, y  también disfrutar de las cosas. No de las cosas caras o sofisticadas. Más bien de las cosas sencillas y sin coste. Un paseo. Una excursión por el campo. Una partida de bolos con los amigos. Una celebración familiar. Un día de playa.

Seguramente me equivoque en muchas de mis apreciaciones, pero todavía estoy aprendiendo a ser padre y a decir verdad…es una cosa muy difícil.

Tiempos líquidos

Esta semana mis niñas cada día han dado un rato por saco con la siguiente cantinela

“cuando yo era pequeñito, me lavaban el culito… ahora que soy mayorcito, me lo lavo yo solito”

Imaginaos alguien con voz de pito cantando esta letanía hasta la saciedad… para volverse loco.  Es curiosa la asociación que a veces hacen nuestras neuronas. Empecé a pensar qué pasaba cuando YO era pequeñito, y cómo -desde entonces- ha cambiado el cuento:

  1. Las empresas: cuando yo era pequeño había empresas sólidas, que tenían beneficios recurrentes en el tiempo, o gozaban de contratos de suministro de servicios o productos duraderos, siempre sirviendo a los mismos clientes.  Se anunciaban en la primera cadena, y tenían sus fábricas en el país. Hoy, sabemos de la noticia de que una aerolínea con 3.000 trabajadores en nómina, SPANAIR cesa en sus actividades. Hoy las empresas tienen que esforzarse cada día, la competencia es feroz, y si no vendes desapareces. Un ejemplo paradigmático: KODAK, una empresa fundada en 1892, que llegó a tener el 95% de un mercado (cámaras y película fotográfica), que en 1975 tenía 150.000 empleados, y que posee todavía multitud de patentes con valor, está en suspensión de pagos, y probablemente desaparecerá. Otros ejemplos: OLIVETTI, TELEFUNKEN, NETSCAPE, ENRON, TEXACO, WORLDCOM, GRUNDIG, UNITED AIRLINES. En España…la tónica Finley, o los vaqueros Lois o Wrangler.

    La tónica de antes

  2. Los políticos: Cuando yo era pequeño los políticos eran siempre los mismos, y la Administración era un gran elefante que no se movía, pero que daba cobijo a un colectivo estable de gente. Los políticos hoy cambian cada cuatro años, o menos, y la Administración, de tan gorda que se ha hecho, está en la UVI, aquejada de una cardiopatía grave, la están operando a corazón abierto y va a tener que someterse a una dieta severísima que le está imponiendo una doctora alemana que manda mucho.
  3. Los empleos: Cuando yo era pequeño mis padres, o los padres de mis amigos, nunca cambiaban de empleo. Ahora, en un mundo en que las empresas ya no son estables, y la Administración está como está, hay que mentalizarse que los empleos ya no pueden ser indefinidos (ojo, puedes tener un contrato denominado “indefinido”, pero sólo un ingenuo creerá que esa palabra refleje la realidad). Según el Department of Labor, de EEUU, un trabajador americano cambia de empleo una media de 5 veces durante su vida laboral. Vamos a suponer que trabajan 40 años, eso significa que al menos hay un cambio cada 10 años. Mucho me parece, incluso, para los tiempos que corren.

    Adiós al trabajo para toda la vida

  4. Los lugares: Cuando yo era pequeño todos vivíamos siempre en el mismo sitio, y veraneábamos en el mismo lugar, cada agosto el mismo viaje. Íbamos siempre al mismo colegio y teníamos los mismos amigos. Hoy la vivienda cambia, hay gente que no puede pagar la hipoteca y les echan, si me contratan en otra ciudad vendo mi casa y me largo, si los precios de los inmuebles caen, igual decido que me sale mejor económicamente vender el piso y vivir de alquiler. Las vacaciones las hacemos cada año en un lugar diferente, si es que hacemos vacaciones. O si es que elegimos un lugar. Hacer un crucero  ¿es ir a algún lugar? Los niños tampoco juegan en la calle, y no pueden decir “en mi barrio…”.
  5. La gastronomía:  Cuando yo era pequeño mi familia nosalía a comer a ningún restaurante, salvo que fuera físicamente imposible comer en casa. Hoy hemos comido en un chino, mañana tomaremos una MacHamburguesa, al otro una escudella catalana, una fondue suiza, un kebab o quizás un shawarma, otro día iremos de tapas, o tomaremos unas fajitas. Antes la comida era siempre primero, segundo y postre. En casa mis niñas no tienen un concepto claro del sacrosanto orden primero, segundo y postre.

    Shawarma, cualquier día de estos

  6. El consumo: Cuando yo era pequeño mi padre fumaba siempre la misma marca de cigarrillos, y tomaba vino de mesa, siempre de la misma marca. El periódico que se leía en casa era siempre el mismo. El Renault 12, yo creo que lo tuvimos 15 años, y todos éramos clientes de los mismos monopolios telefónicos, eléctricos y gasísticos. Hoy no nos casamos con nadie. Los productos quedan obsoletos en 3 o 4 años (la vida media, p.ej. de un ordenador, o de un teléfono, o de un vehículo). Cada 18 meses cambiamos de operadora (cuando acaba la permanencia, así nos dan un terminal más guay). Yo no leo el periódico. Navego por las webs de las agencias de noticias o picoteo en las páginas de varios medios de comunicación, de todos los colores. Hay veces que escucho la BBC o la CNN (la americana), y me gustaría saber chino para saber qué dicen los noticiarios de aquel país.
  7. La cultura: Cuando yo era pequeño todos veíamos la misma televisión. Hablábamos en el patio de la película de miedo que habían emitida el día antes, y comentábamos el episodio de Raíces en que intentan imponerle un nombre occidental a Kunta Kinte. La voz de los documentales era siempre la misma, y las caras de los telediarios no cambiaban en lustros. Nuestros padres escuchaban a un puñado de cantantes que eran los mismos en todos los hogares. Y los adolescentes intercambiábamos discos de vinilo a la vez que escuchábamos al amigo enterao que nos explicaba que era de un grupo nuevo de Dublín que tenía un batería de 17 años. Hoy, hay multitud de músicas, de corrientes, de tendencias, de canales. Hoy puedes ir una melodía en algún lugar, te gusta, sacas el móvil, hay una aplicación que te dice quién es el artista. Vas a itunes, la compras o la bajas de algún sitio, o la escuchas gratis en tu cuenta gratuita de Spotify. Sigues sin saber nada del grupo que la interpreta. Eso da igual. La consumes así y punto.

    Este disco me lo dejó un amigo del instituto

  8. Las referencias: Cuando yo era pequeño no se veía gente diferente. Todos éramos de aquí. En quinto de EGB un niño volvió de haber vivido un tiempo en Venezuela, y fue la atracción durante meses. Hoy, lo extraño es ser de aquí. Mis hijas seguramente se casarán con alguien con apellido raro, o con la piel no estrictamente caucásica, y viviremos felices. Cuando yo era pequeño la familia era un padre, una madre y unos hijos. Hoy la familia veo que la explican en la escuela con mucho tacto: un padre (o varios, o ninguno), una madre (esa supongo que solo puede ser una, o ninguna), unos hijos, y unas hijas, así separando, no vaya a ser que a alguien le ofendamos sin querer. Otra referencia: la Ley. Antes solo había un BOE, y la cosa no cambiaba mucho de año en año. Hoy está el BOE, el DOGC, el BOPT, circulares, órdenes, edictos…Hace poco vi un gráfico de la inflación de texto normativo en nuestra sociedad, medido en páginas publicadas de normativa. Ahora no lo encuentro. Pero el aumento de reglas era brutal, nos íbamos al cielo. Descorazonador.

Ya veis para lo que da una cancioncilla inocente “cuando yo era pequeñito”. Un amigo lo dice muy bien. Cuando éramos pequeños la sociedad era sólida, hoy los tiempos son líquidos. ¿Será el futuro una época gaseosa?

Tiempos líquidos

10 asignaturas que debería incorporar nuestro sistema educativo

Últimamente me sorprendo a mí mismo pensando en cuáles serían las asignaturas que yo haría obligatorias en el colegio al que asisten mis hijas. Estas materias irían a llenar el hueco que me parece que el sistema educativo deja en el mundo actual en el que vivimos, donde ya no es tan importante saber cosas como desarrollar habilidades.

El siguiente listado no está escrito en orden de importancia ni de particular preferencia:

1)      Cálculo rápido. Dominar sin ambages la capacidad de realizar mentalmente operaciones aritméticas sencillas y medias. Ello incluiría multiplicar números de hasta dos cifras, elevar al cuadrado y al cubo, hacer reglas de tres, divisiones, porcentajes, y obviamente sumas y restas de hasta números de 4 cifras. No sé si en esta asignatura o en otra con su propia entidad incluiría conceptos básicos de estadística y probabilidad, conceptos con los que nos encontramos en el día a día, al leer informes o la prensa, y que muchas veces ponen de manifiesto que quien escribe es un analfabeto numérico. Para más información sobre esto recomiendo el libro “El hombre anumérico”, de John Allen Paulos, en el que aparecen múltiples ejemplos del nivel de estulticia sobre los números que hemos alcanzado.

2)      Oratoria y técnicas de comunicación. Vital capacidad que hoy debe de tener cualquier persona que aspire a tener el control de su vida laboral. Esta asignatura trataría de dar al alumno las herramientas para poder, al final del curso, realizar una exposición oral pública ante un auditorio numeroso, ayudándose de algún medio audiovisual. Incluiría: hacer un guión de lo que se quiere hablar, conocer de la importancia de ilustrar los conceptos con ejemplos, cómo atraer la atención del que escucha, cómo cerrar con una conclusión, o con una llamada a la acción, etc…

3)      Técnicas de estudio y concentración. O sease, cómo aprovechar al máximo el tiempo que uno dedica al estudio. Mi impresión es que nunca fue tan bajo el ratio de conocimientos aprendidos en el colegio partido por el número de horas que los niños pasan en esa santa institución. Y luego resulta que, después de pasar 8 horas diarias en el colegio, vienen a casa cargados de deberes, como si después de tantas horas no les hubiera dado tiempo de acabar de asentar conceptos. Mi teoría es que mejor les valdría dedicar 2 o 3 horitas al día con un grado de concentración máxima a cualquier actividad intelectual, y el resto del día dedicarlo a jugar o a desarrollar aficiones y hobbies. Para ello propongo con esta materia conocer unas cuantas técnicas de estudio y concentración.

4)      Productividad personal y autoaprendizaje. El colegio tradicionalmente ha impartido conocimientos, datos, información. Antes, quizás, eso era lo adecuado porque el saber estaba en los libros y en los maestros que los habían leído y trabajado. Ahora el conocimiento no sólo está en los libros, sino que se halla por doquier (periódicos, revistas, radio, televisión, smartphones, ordenadores…), pero especialmente en la punta de nuestros dedos, en Internet. Sí, ya sé que el que algo aparezca en internet no significa que sea correcto o verdadero, de igual manera que si algo no aparece en internet no significa que no exista, pero lo que sí ha pasado es que los conocimientos “per se” se pueden adquirir al ritmo que uno desee y de las más diversas fuentes. Lo que hace falta es que alguien nos eduque en cómo utilizar los medios a nuestro alcance para producir los resultados más eficientes en la búsqueda de la información. Alguien debe enseñar a nuestros hijos a estudiar sólos, a escoger un camino de sabiduría y seguirlo por sí mismos, con chequeos de rigor, aprendiendo a separar lo principal de lo accesorio, haciendo p.ejemplo esquemas y repitiendo los procesos hasta dominarlos. En última instancia sería darle al estudiante una caña de pescar y la habilidad de pescar, no darle los peces (las materias). Él ya escogerá qué peces quiere pescar.

5)      Autoconocimiento. Algo en lo que a ninguno nos han enseñado nada. Y sin embargo, no hay nada tan importante a la hora de plantearse a qué quiere uno dedicarse cómo conocerse uno mismo, saber responder (es decir, haberse planteado antes en toda su crudeza reflexiva) las preguntas:

  1. ¿ Cómo soy ?
  2. ¿ Qué me gusta? Qué me interesa? Qué me motiva?
  3. ¿ Con qué tipo de personas soy compatible?
  4. ¿ Cuándo soy más productivo?
  5. ¿ Qué prioridades doy a los asuntos de mi vida?
  6. ¿ Qué objetivos tengo para cuando tenga 30/40/50 años ?
  7. ¿ Cómo es la relación con mis padres, hermanos, compañeros, desconocidos, vecinos, maestros…?
  8. ¿ Qué me infunde miedo?
  9. ¿ Cómo debo combatir esos miedos?
  10. ¿ Con qué cosas disfruto?
  11. ¿ Cómo debo lidiar con la gente negativa que me desanima?
  12. ¿ Cómo logro rodearme de gente positiva que me estimule y me motive?

6)      Técnicas de lectura rápida y escritura estructurada. Puesto que yo ya no creo en un sistema educativo y escolar que fue pensado bajo las coordenadas de una sociedad industrial que ya no es tal, considero que las asignaturas clásicas (naturales, sociales, química, física, latín, griego, etc…) no dejan de ser una elección que alguien hizo en su día, y que no tienen por qué ser las más útiles para el estudiante del siglo XXI. De hecho, las asignaturas en el nuevo paradigma de la educación las debe escoger el alumno, basándose en su autoconocimiento, en qué es aquello que le apasiona. Para profundizar en un temario tan “personalizado” es vital dominar lo que desde siempre ha sido la puerta al conocimiento: la lectura y la escritura. Mi opinión es que el actual sistema educativo ha renunciado totalmente a enseñar la habilidad de la escritura. ¿Cuántas redacciones o relatos escribe un joven de 13 años en 1 año por mandato de sus profesores?

7)      Vocabulario y  precisión semántica. Tener un vocabulario rico y utilizar las palabras exactas para transmitir ideas, conceptos, y hasta sentimientos es algo que desgraciadamente no tiene tanta gente. Los que lo tienen son mejores comunicadores, mejores pensadores, y mejores creadores.

8)      Salud  y cuidado personal. A pesar de estar en los puestos de abajo en mi lista, esta asignatura sería probablemente la más importante y previa a todo lo demás. Incluiría conocimientos sobre los tipos de dieta que uno puede seguir y qué ventajas tiene ingerir ciertos alimentos, así como los peligros de otros tipos de alimentos. También trataría de la importancia del ejercicio físico moderado, y lo crucial que es realizarlo cada día sin excepción. También se podría hablar de técnicas de meditación y relajación, o alimentos que inducen a la tranquilidad o a la estimulación. Seguramente sería interesante que los chavales aprendieran a cocinar, bien en esta asignatura o en otra específica que llamaríamos Cocina. A nadie se le escapa que la capacidad de cocinar y tener recursos culinarios puede ser extremadamente útil a lo largo de la vida. En la vertiente del cuidado personal o higiene se podrían tratar temas relacionados con cómo asearse, cómo vestirse, cómo comprar, cómo planchar, cómo coserse un botón, etc…

9)      Técnicas de memorización. ¿Por qué la memorización tiene tan mala prensa? Memorizar cosas puede ser muy útil cuando queremos construir una estructura compleja de pensamiento enlazando conceptos e interrelacionando temas. Si no podemos memorizar una mínima lista de palabras, conceptos, ideas…¿cómo podremos desarrollar un pensamiento independiente y crítico sin tener que consultar continuamente lo que otro previamente ha pensado?

10)  Técnicas para desarrollar la creatividad. Nuestra sociedad occidental, ya lo he dicho antes, está abandonando el modelo industrial. La industria se está yendo, si no se ha marchado ya en su totalidad, a países donde la mano de obra es más barata y donde los costes de instalar fábricas son menores. Las economías occidentales deben aceptar este hecho y asumir que nos quedamos con la economía del talento. Una economía que ya no dependerá de las horas que permanezcamos en el puesto de trabajo, sino en la capacidad de inventar, innovar, crear, adivinar qué mercados existen y qué productos o servicios serán valorados por la gente. Para sobrevivir en este entorno será crucial tener desarrollado un buen músculo de la creatividad. Una materia que nunca se ha enseñado.

¿Se os ocurren otras asignaturas para añadir al currículo de nuestros hijos? Si tienes cualquier idea déjala en los comentarios.

Pero no nos engañemos, el sistema educativo reglado nunca adoptará este tipo de estudios, por tanto, lo tendremos que hacer las familias, en la medida en que podamos, buscando alternativas de formación auto-dirigida. Creo que nuestros hijos nos lo agradecerán.