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Acabar el maratón cuando no has hecho ejercicio en tu vida

Era marzo del año 2002 cuando corrí la Maratón de Barcelona. Mi tiempo: 4 horas 18 minutos. Veo que mi nombre todavía está en el listado de la clasificación sumergido en internet. El circuito era diferente al de ahora. El recorrido de la carrera empezaba en Mataró (a los corredores nos llevaron en tren desde Sants) y discurría en una gran parte por la Nacional-II hasta llegar a Barcelona, donde había una circuito por dentro de la ciudad. La parte de carretera se hacía pesada. Recto durante muchos kilómetros, casi sin público.

En ese momento, acabar la maratón para mí fue todo un reto. Sufrí bastante a partir del kilómetro 30, pero la satisfacción de acabar fue un gran logro.

A mucha gente le gusta correr pensando en que algún día pueda participar y acabar un maratón. El mito de la gesta del soldado griego Filípides es un gran motivador. Y otros muchos piensan que correr un maratón requiere de una preparación extraordinaria, sólo al alcance de los muy aptos físicamente.

Corriendo por Barcelona

Corriendo por Barcelona

La verdad es que está al alcance de cualquiera. Mirando hacia atrás, mi preparación para aquel evento fue mínima. Durante los meses anteriores a la prueba, en que salí a correr con regularidad, nunca llegué a hacerlo cada día. Como máximo corría en días alternos. Y lo máximo que llegué a correr de una sola tirada fueron 2 horas, cuando el día de la carrera estuve más de 4 horas de principio a fin.

En la actualidad lo de correr se ha puesto muy de moda. La gente corre para estar en forma, porque es barato, porque se puede hacer en cualquier sitio, porque ayuda a pensar, porque no requiere ponerte de acuerdo con nadie, porque no compites contra nadie más que contra tí mismo, porque libera el estrés de la jornada laboral y porque en las carreras todo es buen rollo.

Wilfredo Pareto no fue ningún corredor italiano de maratones, sino un sociólogo y economista que introdujo el concepto del Principio de Pareto, según el cual el 20% de las causas explican el 80% de los resultados. Tan universal es el Principio de Pareto, que mientras me hacía la cama el otro día, me dí cuenta de que el 20% de mis movimientos conseguían que la cama estuviera hecha en un 80%. Para lograr que la cama estuviera en perfecto estado de revista me tuve que pasar 4 veces más tiempo del que había pasado hasta entonces, logrando que cada pliegue quedara perfecto y lisito. ¡Cuánto te debemos, estimado Pareto!

Otro ejemplo del principio de Pareto

Otro ejemplo del principio de Pareto

Hoy en día  hay infinidad de libros que explican cómo prepararte para correr, programas de entrenamiento, dietas y webs con recomendaciones varias. Yo, sin ser ningún experto y aplicando el Principio de Pareto  me voy a atrever a compartir contigo mis recetas para que con un 20% del esfuerzo llegues a estar preparado en un 80% para acabar el maratón aunque no hayas hecho ejercicio en la vida. Estas recomendaciones están basadas en mi propia experiencia personal, y a pesar de que a mí me funcionaron pueden ser un perfecto fracaso en cualquier otro individuo. Avisados quedáis. Pero por si a alguien le sirven de algo, aquí os las dejo:

  1. Empieza la preparación 4 meses antes del día de la carrera.
  2. Siempre antes de empezar cualquier sesión de entrenamiento dedica 5 minutos a estirar los músculos de las piernas. Estira sólo estos tres grupos de músculos: gemelos, cuádriceps e isquiotibiales. Lo mismo al acabar. Para cada ejercicio de estiramiento cuenta mentalmente a 12.

    Estirando los isquiotibiales

    Estirando los isquiotibiales

  3. El primer día sal a correr 10 minutos de reloj, al ritmo que tu cuerpo aguante (lento, muy lento). Si tu cuerpo aguanta más de 10 minutos sigue, pero caminando, y no dediques más de 30 minutos ese primer día.
  4. Descansa siempre 1 día entre cada sesión de entrenamiento.
  5. En días sucesivos añade 5 minutos de carrera a lo que hiciste el día anterior.
  6. Estas sesiones las irás alargando a razón de 5 minutos cada sesión. Si sientes que se te hace demasiado pesado, mantén la duración del entreno los días que sea necesario hasta sentir que puedes añadir 5 minutos más.
  7. Cuando estas sesiones hayan alcanzado una duración de 50 minutos no añadas más tiempo a cada sesión. Recuerda que lo importante es el tiempo, no el ritmo. Si te cuesta llegar a los 50 minutos, es que vas demasiado deprisa.
  8. Ocasionalmente, si te sientes cansado, haz un entrenamiento de sólo 30 minutos, y a la siguiente sesión vuelves a la duración en la que estabas.
  9. Cuando lleves 2 meses de entrenamientos deberás empezar a hacer tiradas largas durante el fin de semana. Aprovecha el sábado o el domingo para hacer entrenamientos de 1 hora y cuarto primero, luego de 1 hora y media, 1 hora y 3/4, y finalmente en el último mes haz un par de tiradas en fin de semana de 2 horas.
  10. La última semana, si el maratón es el domingo, descansa a partir del jueves.
  11. Si puedes, deja de tomar leche y carne durante el último mes de preparación antes de la carrera, y toma mucho arroz integral, verdura y legumbres.

Si sigues aproximadamente estos consejos pasarás de no haber hecho deporte nunca, a finalizar un maratón en 4 meses. Mentalízate, no obstante, que el día de la carrera vas a sufrir bastante, en especial a partir de la mitad del recorrido. Por ello es muy importante que ese día empieces muy conservador, muy lento. Disfruta del ambiente y del paseo. Ten en cuenta que a partir del kilómetro 30 no te llevarán tus piernas, te llevará tu cabeza.

La satisfacción de cruzar la línea de meta compensará todo el esfuerzo. Te lo aseguro.

 

Cosas interesantes de gente interesante

Por una serie de circunstancias extrañas he conocido en los últimos tiempos cosas interesantes de gente que sale en los medios, son curiosidades que me han llamado la atención. Voy a compartirlas con vosotros:

César Millán: El encantador de perror, ahora el Lider de la Manada (creo que lo emiten en la Cuatro). Nació en México en una familia numerosa, de pequeño vivió en una casa en el campo sin agua corriente, y estuvo durante su infancia a cargo de su abuelo. Durante esa infancia en una casa de pueblo con animales aprendió a observar cómo se comportaban los perros, y vio cómo obedecían a su abuelo sin necesidad de comandos especiales ni premios de galletas. Simplemente por asertividad y por el ejercicio de un liderazgo reconocido por los animales.

Millán emigró a EEUU como “espalda mojada” a los 21 años, y se vio obligado a sobrevivir día a día prácticamente sin dinero. Sin apenas saber inglés consiguió un trabajo de peluquero canino, en un sitio donde era clienta la mujer de Will Smith. Se hicieron amigos y ella le pagó unos cursos de inglés. El resto más o menos es conocido.

Además de ser una bonita historia de autosuperación, es interesante ver cómo Millán aprendió cómo se comportan los perros en su medio natural, junto a otros perros, donde esos animales tienen una función. Los observó y aprendió a interactuar con ellos. Yo creo que él analiza los problemas de los perros (causados siempre por los hombres) y trata de recuperar la esencia de esos animales, tratándoles como si tuvieran un cometido y una naturaleza, que no se puede ignorar.

De inmigrante ilegal a estrella de la tele

Angela Merkel: La mujer más poderosa de Europa, y posiblemente del mundo. Nació en la República Democrática Alemana, en un ferreo sistema comunista, y era hija de un pastor luterano. En su juventud estuvo afiliada a las Juventudes Comunistas (quizás no fue por convicción, a lo mejor era una cosa impuesta) y ha llegado a ser líder de la CDU alemana (partido conservador) a pesar de que muchos compañeros suyos la veian como una figura no relevante del partido, un partido dominado por los políticos católicos del oeste. Es doctora en Ciencias Físicas.

Aprendió a la sombra de Helmut Kohl y le está tocando ser el centro de las decisiones en la actual crisis de la deuda en la zona Euro. Me pareció curioso que una mujer nacida en un país comunista, detrás del telón de acero, tenga que salvar el capitalismo de la Europa de occidente.

Una joven Angela Merkel

Rafa Nadal: No es que piense que la biografía de un deportista de élite que apenas tiene 25 años vaya a aportarme mucho, pero escuché en la radio una entrevista a John Carlin, periodista que acaba de publicar una biografía de este deportista, y me llamó la atención cómo describía uno de los secretos del éxito del tenista. Según cuenta su biógrafo Nadal no es como Federer, que tiene un talento natural para el tenis. Nadal es todo esfuerzo y trabajo duro. Y además, la extraña capacidad para centrarse en el presente. Por ejemplo, a la hora de jugar un punto él solo piensa en hacerlo lo mejor posible en ese preciso instante. No piensa en qué pasó en el punto anterior, y tampoco piensa si después del punto que está jugando ganará el partido, o el set, o Wimbledon, o perderá el partido. Simplemente se centra en hacerlo lo mejor posible en ese momento. Si luego pierde el punto (o lo gana) ello no le afecta a su juego posterior. No se cabrea, ni se alegra. Cada punto es una historia y en cada momento intenta dar lo mejor de sí.

No hay que preocuparse de lo pasado, eso ya lo no puedes controlar. Lo mismo con el futuro. Céntrate en el ahora, en cada momento, y trata de dar lo mejor de tí mismo.

Ser famoso hace más fácil conocer a otros famosos

Elio di Rupo: Primer ministro belga, ha conseguido formar gobierno en su país después de casi dos años en los cuales su país no ha tenido poder ejecutivo. Di Rupo nació en una familia inmigrante con 7 hijos, venidos desde Italia a Bélgica para que su padre trabajara en las minas. No obstante, el padre fallece cuando Elio tiene 1 año, y todos los hermanos quedan a cargo de la madre, que era analfabeta. Tres de los hermanos de Elio se criaron en un orfanato. Él era de niño un mal estudiante que suspendió tres veces un curso de primaria, hasta que un profesor se interesó por él y le despertó el gusto por la ciencia. A partir de entonces logra enderezar sus estudios y acaba siendo doctor en Química.

Elio di Rupo -he leído- es peculiar por otros dos asuntos: prácticamente no habla holandés (la lengua más hablada en su país, él es francófono), y además es el primer Presidente de un país que ejerce dicho cargo habiéndose declarado abiertamente gay. Lo hizo en 1996 aprovechando una entrevista. Otra peculiaridad de este político es que suele vestir pajarita, en vez de corbata.

Elio di Rupo y su pajarita

Isaac Asimov: Nació en Rusia, y sus padres se trasladaron a vivir a Nueva York cuando él tenía 3 años. Con 5 años aprendió a leer sólo. Padecía claustrofilia, lo contrario de la claustrofobia. Es decir, le gustaba estar en sitios pequeños y cerrados. Escribió más de 400 libros a lo largo de toda su vida, no todos de ciencia-ficción. Asimov murió a los 72 años, al parecer de SIDA, por causa de una transfusión de sangre que se le hizo unos años antes. Si suponemos que cada uno de sus libros tenía 100 páginas, entonces me sale que escribió y le publicaron 40.000 páginas en su vida. Suponiendo también que empezara a escribir a los 20 años, me sale una media de 769 páginas al año, o sea más de 2 páginas escritas cada día, desde los 20 años hasta su muerte. Eso es lo que se llama constancia.

Isaac Asimov, nacido en la URSS

¿Hay algún dato de la biografía de alguien que te haya llamado la atención últimamente? Déjamelo en los comentarios.

 

Ser mejores cada día

Para los que tenemos cuarenta se nos juntan dos crisis: la de los periódicos, de la que todo el mundo habla, y la que nos corresponde por edad. Esta segunda, pienso, que deriva de la cruda evidencia de que el momento de soñar se acabó. Se ha terminado el hacer planes. Ya no podemos decir “cuando sea mayor haré…“, o “cuando sea mayor seré…“, porque ya somos mayores. Ya no podemos soñar con ser grandes deportistas, científicos, políticos o artistas. Por edad ya deberíamos serlo. Ahora debemos concentrarnos en ser “buenos ciudadanos”, “buenos padres”, “buenos vecinos”, “buenos profesionales”.

Hay algunos que se autoengañan con el “cuando me jubile haré…”, o “cuando me jubile seré…”, pero ellos saben que la realidad es que, para cuando nos llegue la edad de jubilarnos, queriendo decir, cuando nos llegue la edad en la que podamos hacer lo que queramos con todas nuestras horas, ya no nos hará tanta ilusión lo que viene después de los puntos suspensivos.

Mientras tanto nos queda una misión muy importante. Ser un poco mejores cada día, cada uno en lo suyo, en la esfera privada y en la esfera laboral, fijándonos metas y acercándonos a ellas un poco cada día. Cada día debe haber un nuevo avance, por pequeño que sea, y lograremos aquello que nos propongamos. Por ejemplo, yo ahora podría determinar un objetivo y lo alcanzaría seguro con la receta que acabo de mencionar. Un poco cada día, y ni un día sin avanzar.

Antes es importante saber cómo se fija un objetivo: debe ser una cosa medible (no vale “conseguir que mis hijas sean buenas personas”, sí vale “dedicar 30 minutos al día a jugar con mis hijas”), debe ser una cosa razonable (no vale “ir a la Luna”, sí vale “visitar 10 países en los próximos 3 años”), debe tener un límite en el tiempo (no vale “correré la maratón”, sí vale “antes de fin de año del 2013 habré acabado una maratón”).

El escritor de éxito John Grisham

John Grisham es el perfecto ejemplo de lo que digo. Grisham es famoso por sus thrillers sobre abogados y sobre el mundo judicial americano. Él mismo era abogado antes de dedicarse full time a la literatura. Trabajó desde adolescente en multitud de empleos (desde jardinero a vendedor de ropa interior) y se graduó ya de mayor por una universidad de segunda fila en Mississipi.

Ya casado y ejerciendo de abogado decidió escribir un libro, basándose en la historia que se le ocurrió al escuchar a una niña de 12 años declarar en un juicio. La niña hizo llorar al jurado explicando cómo la habían golpeado y violado unos asaltantes. Grisham escribió su primera novela “A time to kill” pensando en qué hubiera ocurrido si el padre de esa niña se hubiera tomado la justicia por su mano.

Grisham tenía su trabajo y su familia, así que tardó 3 años en escribir la novela. ¿Sabéis cómo lo consiguió? Escribiendo 1 página cada día. Una página, saliera como saliera. Aunque ese día fuera domingo. Aunque fuera Navidad. Aunque no se le ocurriera nada. Una página cada día y ningún día sin su página.

Una vez acabada, la novela fue rechazada por una veintena de editoriales, hasta que Wynwood Press, una pequeña y desconocida editorial, accedió a publicar una modesta tirada de 5.000 ejemplares ¿Sabéis que hizo el día después de acabar esa primera novela? Pues empezar la segunda. Igual os suena el título: se llamó “The firm” (La tapadera), y vendió más de 7 millones de copias.

En Argentina el título en español era diferente