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Cumplir años ya no mola

Salgo a correr y siento punzadas en la rodilla. Al cabo de un rato desaparecen. Hay días que son más fuertes. Otros días todo va bien. Pero en general, al ponerme en movimiento mi cuerpo chirría.

Cuando voy al lavabo la orina ya no sale a chorro. Cae como por efecto de la gravedad. Debe ser que la vejiga se está acartonando.

Hace unos meses que me tengo que quitar las gafas de miope para leer. Tengo que alejar y acercar las manos hasta encontrar un buen enfoque. Presbicia, diría el oftalmólogo.

En la piscina le miro los pies a mi hija: son pies perfectos y finos. A su lado mis pies son de alabastro.

La barba me crece medio gris.

Me acuesto cada vez más pronto y no me cuesta madrugar.

Las uñas me crecen más rápido. O esa sensación me da.

Me nacen pelos inoportunos en los más insospechados lugares, como en el reborde exterior de las orejas.

Los dientes amarillean.

Estoy abonado a la “playlist” denominada “melancolía” en Spotify. Y hace mucho tiempo ya que no me apetece la música con mucha batería.

Sólo una buena cosa: mi voz entona mejor los canturreos en la ducha. Alcanza mejor y no se rompe como antes. No es que nadie se haya dado cuenta. En la ducha estoy solo.

Cumplir años ya no mola.

 

 

Carta abierta a mi hija de 9 años

Querida Paula,

Ha llegado el momento en que te comente algunas cosas por escrito. Cosas que pienso que deberías leer en solitario, a la luz de tu conciencia. Ahora que eres una ávida lectora de libros de Junie B. Jones, espero que esta carta no se te haga cuesta arriba.

Ya tienes 9 años, y pronto pasarás a los dos dígitos! Parece que fue ayer cuando naciste, y todavía lo tengo todo fresco en mi mente. Me quedo a veces parado viendo tu foto con 2 ó 3 años y tu parche de pirata en la terraza de la otra casa, y luego pienso que desde entonces ha pasado  más de un lustro, y que para ti la otra casa es algo tan lejano como una vida anterior que nunca se recordará.

Has llegado a una edad en la que debes empezar a ser responsable de tus actos, como lo hemos empezado a ser todos en algún momento.

Sé que a veces puede ser duro tener esa sensación de soledad porque estás acostumbrada a que tus padres estén permanentemente a tu lado susurrándote qué debes o no debes hacer, decir, llevar, o incluso pensar.

Pero ahora ya eres mayor. Mayor, no en el sentido de poder tener un móvil o conducir o poder votar. Pero sí mayor para poder asumir ciertas responsabilidades que se esperan ya de una princesa de casi 10 años.

La buena noticia es que el peso de la responsabilidad te lo voy a transmitir con un bien muy preciado entre los hombres, que es la libertad. La libertad de tomar tus propias decisiones. Ya que de nada serviría endosarte la responsabilidad si, como hasta ahora, te tuviéramos que perseguir tu madre o yo para que hicieras lo que nosotros creemos que tienes que hacer.

Se trata de que tú elijas tu propio camino, y asumas las (pequeñas) consecuencias que ello conlleva.

Por tanto, he decidido escribirte estas líneas para comunicarte que, por mi parte, intentaré –en la medida en que me sea posible- no decirte ya qué pasos tienes que tomar en cada pequeña acción cotidiana que hoy por hoy es tu vida.

Si tienes una redacción que escribir, o si tienes que leerte 8 páginas del libro de Medi, o si tienes que hacer 3 ejercicios en tu libreta verde, o si tienes que ponerte bambas o sandalias, te tengo que decir que hacerlo o no hacerlo, o escoger entre las opciones que cada uno de estos elementos plantea es una decisión libre tuya. Yo intentaré no influir en ello. Y sólo me encontrarás cuando me pidas sinceramente mi opinión, que te daré más como un consejo que como una imposición.

Verás, mi teoría es que muchos de los problemas con los niños de tu edad hoy en día vienen derivados de que los padres nunca tomamos la decisión de apartarnos, de dar un paso atrás, y dejaros ser libres y responsables. Sospecho que ello puede ser debido a que nos asusta que nuestros hijos vayan un día con los cordones desatados al colegio, o con una camiseta que no combina con los pantalones, o a que nos asusta que llevéis un día la redacción a medio hacer (con lo de fracaso que eso tiene, ya ves), o que os llamen la atención por no haber hecho los ejercicios. Pero, Paula, te puedo asegurar que sobre todo esto he reflexionado, siquiera un poco, y creo que soportar cualquier cosa parecida a esas que acabo de citar, no tiene precio comparado con dejarte la oportunidad de desarrollarte como individuo, con tus fallos, tus fracasos, pero también con tus experiencias y tus logros; en fin, con la satisfacción de ver que estás empezando a controlar las riendas de tu vida.

Digamos que con esta carta quiero entregarte (aunque de momento sea simbólicamente) las riendas de tu vida. Y lo hago diciéndote que nos tendrás al lado a tu madre y a tu padre, siempre, sin importar si los resultados son buenos o malos, si te equivocas, o si en algún momento te sientes mal por algo que hayas hecho o que hayas dejado de hacer. En eso consiste vivir, en equivocarnos mucho cada día, y sólo muy ocasionalmente acertar en algo. Espero que de esta manera vayas desarrollando los recursos que seguro que te van a hacer falta más adelante para ser la persona que TÚ quieras ser.

Yo te podría decir que mi aspiración es que seas una persona de tal o cual manera, que te dediques a esto o lo otro y que vivas de determinada manera y te conduzcas así o asá con la gente. Pero la realidad es que eso lo tienes que decidir TÚ, y sólo TÚ.

Disfruta mucho del camino y que sepas que tu padre te quiere (os quiere) con locura.

R.

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El sentido de la vida

Hace poco cenamos un grupo de amigos en un restaurante. La conversación iba saltando de un tema a otro, hasta que -no sé bien cómo- empezamos a hablar de Dios. ¿Qué es Dios? ¿Existe Dios? ¿Cómo explicamos el concepto Dios a nuestros hijos? ¿Sómos los únicos seres que entendemos el concepto Dios porque somos los únicos en ser conscientes de que algún día moriremos? ¿Qué nos espera después de la muerte? Entonces un amigo lo espetó a bocajarro: “Y…entonces ¿cuál es el sentido de la vida?“.

He aquí una historia real, como habrá muchas otras, que puede ayudar a contestar esa pregunta:

“Finales de los sesenta. Dos americanos conducen por las cordilleras del Himalaya en busca de un gurú, Neem Karoli Baba. La noche se les echa encima y deciden parar. Uno de ellos, Richard Alpert,  doctor en Psicología, contempla las estrellas antes de acostarse y piensa en su madre, fallecida unos meses antes.

A la mañana siguiente reanudan el viaje, y al cabo de unas horas llegan a un templo, en el que vive el gurú. El otro americano se postra en el suelo y en señal de respeto le toca los pies al gurú. Richard Alpert permanece de pie, con las manos en los bolsillos, todavía receloso. Él no piensa arrastrarse ni tocarle los pies al gurú. Hay un momento de silencio. De repente Neem Karoli Baba le dice a Alpert: “Ayer pensaste en tu madre. Está bien”. El corazón del americano se ablanda, y empieza su conversión.

Richard Alpert se convirtió en aquella época en “Ram Dass“, el nuevo nombre que le dio Neem Karoli Baba, también conocido como Maharajji. “Ram” significa Dios. “Dass” significa sirviente.

Ram Dass

Ram Dass

Ram Dass ha dedicado desde entonces su vida a hablar de espiritualidad y de conciencia. Pasó de ser un profesor de psicología en Harvard interesado en los efectos de las drogas psicodélicas en el comportamiento humano y en la expansión de la mente (él y Timothy Leary, también profesor en Harvard, fueron expulsados por sus experimentos con el LSD) a ser un líder espiritual contemporáneo.

Escribió el popular libro “Be here now“, la biblia de muchos hippies, y semilla de todo el movimiento que después ha venido de libros New Age y de autoayuda.

Pero volvamos a los pies de las montañas del Himalaya, donde Maharajji era entonces el gurú, y un puñado de americanos peregrinaban a finales de los 60 e inicios de los 70 para conocerle, y encontrar la manera de expandir sus conciencias sin necesidad de recurrir a sustancias psicotrópicas.

Maharajji lo sabía todo sobre todo el mundo, y no quería nada de nadie. Aparentemente era un sabio desde ya la tierna edad de 17 años. No dejó nada escrito, ni tuvo ningún cargo público. Era un sadhu (un santón) que andaba descalzo de templo en templo y cuya única posesión era un cuenco de barro en el que comía y con el que pedía limosna, y una manta a cuadros para refugiarse del frío. Si tenía que viajar, simplemente caminaba. Si podía coger un tren, lo cogía, sino seguía a pie. Sus enseñanzas las impartía conversando en grupos pequeños, o individualmente. Y nunca le dijo a nadie qué tenía qué hacer. Maharajji dejaba que sus seguidores llegaran a sus propias conclusiones en referencia a lo espiritual, haciendo preguntas y comentarios. No está en la naturaleza del Hombre el cambiar sus opiniones morales o su ética en un momento, como quien enciende un interruptor de la luz. Él plantaba una semilla que iba germinando poco a poco, a lo largo del tiempo. Un cambio genuino y de corazón que le permitía al devoto seguir el camino correcto como si lo hubiera escogido él.

Son centenares las personas que dicen que recibieron de él un Amor infinito, y de esa manera tan sutil, la respuesta precisa que necesitaban en aquellos momentos de búsqueda. Muchas historias de Maharajji las he podido leer en este libro, “Barefoot in the heart“, que recoje historias de aquellos que trataron con él, hasta su muerte en 1973.

Sus devotos seguidores le intentaban agasajar con regalos o con favores. Pero no quería regalos, y no podías hacer nada por él. Lo único que quería era que la gente fuera libre, feliz y se quisieran unos a otros.

Neem Karoli Baba, aka  "Maharajji"

Neem Karoli Baba, aka as Maharajji

Un día Ram Dass se acercó a Maharajji y le preguntó: “Maestro, ¿cuál es el sentido de la vida?” Maharajji le dijo : “Serve people, feed people“.

Los que fueron buscando una respuesta tan lejos de sus hogares resulta que hallaron a un ser magnífico y brillante, que les decía que el sentido de la vida es Amar y Ayudar a los demás.”

Por lo que me han explicado, es lo mismo que también predicaba otro santón que se paseaba con una túnica y su barba por los desiertos de Galilea y Judea.

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Más información para quien esté interesado: