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Hija, me da igual si suspendes

Me da igual la nota. Me da igual la asignatura. Todo eso ya no importa. La gente no lo quiere ver, pero el sistema educativo ha entrado en crisis. Todo ha cambiado. En el S.XXI seguimos teniendo una Educación del S.XX.

4ºA (Curso 06-07)

Ciudadanos en proceso de cambio

Es divertido ver los debates sobre la nota de corte para obtener becas, o sobre la Selectividad, o sobre el Informe Pisa. Todo eso ya no sirve, señores. Entérense. Tener un título universitario es papel mojado. ¿Sacar una matrícula? ¿De qué sirve? Para engordar igualmente las listas del paro. El mundo cambia, lo queramos o no, y éste es un momento de transformación profunda de la sociedad. El mercado de trabajo ya ha cambiado, y la Educación, concebida como el sistema que nutre de trabajadores a la sociedad, debe de cambiar.

Todo empezó con la Revolución Industrial. La gente no tenía de nada, y había que llenar las fábricas de trabajadores, pagarles un salario, y que se gastaran ese salario en comprar los bienes que salían de esas fábricas que los empleaban. Se necesitaban muchos trabajadores, y algunos directivos, y se aplicó la división del trabajo a la Educación.

Alguien pensó: “meteremos a los niños en la escuela, por aquí, con 6 años, todos estudiarán lo mismo, divididos en grupos por año de nacimiento, no por capacidades, ni por intereses, simplemente por edad, y los iremos pasando de año en año al aula de al lado, hasta que salgan con 16 años por el otro extremo, moldeados a imagen y semejanza del sistema, pertrechados todos con los mismos conocimientos generales que les garantizarán poder acceder a un puesto de trabajo en el sistema de producción industrial”.

Últimamente la cadena de montaje ya se extiende desde parvulitos hasta los másters, cubriendo los 30 primeros años de vida de los individuos. De esa manera bajamos las estadísticas del paro juvenil. Pero llega el final del proceso “educativo” y los jóvenes de hoy se encuentran sin herramientas que les ayuden a integrarse en la sociedad, que les ayuden a ser útiles.

La cosa iba bien, y funcionó durante décadas, mientras las sociedades iban progresando y a medida que la gente compraba lavadoras, neveras, coches, televisores, muebles y apartamentos en la playa. Pero la era industrial ha llegado a su cénit. Ya tenemos de todo. El consumo, antes elevaba el nivel de bienestar de  la gente. Hoy, el  consumo es fuente de insatisfacción, depresiones, invasión -por parte de las corporaciones- de la intimidad de las personas, y endeudamiento desenfrenado. En suma, el consumo, hoy, crea malestar.

Si fuéramos historiadores y tuviéramos que poner un año a la finalización de esa era industrial, quizás diríamos que todo acabó en 2008. La nueva era ya no es industrial, es otra cosa. No sé si decir que es la Era Post-industrial, si es la Era de la Información, la de las Nuevas Tecnologías, o la de las Redes Sociales. Sólo sé que el sistema educativo ya no funciona. El mundo ya no necesita más trabajadores de cadena de montaje, ni más empleados de cubículo moviendo papeles de un lado a otro. Todo eso ya lo hacen las máquinas, o los chinos, que tarde o temprano serán sustituidos por senegaleses, que luego serán sustituidos por máquinas.

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Ahora las capacidades que se necesitan son muy otras. Se necesitan cosas que hasta ahora no se han enseñado en las escuelas ni en las universidades, ni mucho menos en los MBAs. Se necesita creatividad, flexibilidad, iniciativa, asertividad, fe, dotes de motivación, capacidad de detección de problemas y capacidad de dar soluciones a esos problemas. Se necesita optimismo y perseverancia. También se necesitan grandes dosis de espíritu crítico, y la conciencia de que el mundo se ha vuelto un poco más incómodo. Un poco más duro. Un sitio en el que para sobrevivir hay que salir cada día a cazar. Cazar para poder comer.

Hija, me da igual si suspendes. Yo lo que quiero es que aprendas.

Los enemigos del emprendedor

Está visto que con el nivel de desempleo que tenemos y con una economía en recesión ni las grandes corporaciones, ni las pequeñas, tienen trabajo que ofrecer a los jóvenes y no tan jóvenes que hoy en día están en las listas del paro. Igual en un futuro cambiarán las tornas, pero de momento es difícil “encontrar trabajo”.

Ante esta situación una opción es “crear tu propio trabajo”. Muchos despedidos por cuenta ajena pasan a ser autoempleados por cuenta propia, dándose de alta como autónomos, o lanzándose a montar su propia empresa.  Los políticos observan esta coyuntura, y tras habernos subido los impuestos en el último año para intentar paliar (sólo en parte) el déficit  acaban de aprobar el Real Decreto-ley 4/2013, de 22 de febrero, que contiene una serie de medidas en diversos ámbitos de apoyo al emprendedor y de estímulo del crecimiento y de la creación de empleo. Entre dichas medidas están:

  • Que los nuevos autónomos de menos de 30 años cotizarán 50 euros al mes, durante los 6 primeros meses de actividad en vez del mínimo de 250 euros.
  • Durante 9 meses los menores de 30 años podrán compatibilizar el cobro de la prestación por desempleo con un alta como autónomo por una nueva actividad.
  • Las microempresas de menos de 10 trabajadores que contraten en modo indefinido a un joven de menos de 30 no cotizarán a la Seguridad Social por dicho trabajador (salvo por enfermedad profesional).
  • El joven autónomo (menor de 30) que contrate a un trabajador en situación de paro de larga duración, con más de 45 años con un contrato indefinido no cotizará a la Seguridad Social.
  • Las sociedades de nueva creación cotizarán a un tipo impositivo reducido del 15% durante los 2 primeros años para los primeros 300.000 euros de beneficio.
  • Los nuevos autónomos tendrán una reducción del 20% en los rendimientos netos de la actividad durante los primeros 2 años.
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Un emprendedor con suerte

En general todo este tipo de medidas no se dirigen al verdadero problema: los enemigos reales de emprendedores y autónomos, que en mi humilde opinión son:

  1. El exceso de regulación. El autónomo es una especie que no pide mucho, no gasta recursos públicos, y en general es poco dado a quejarse, pero es al que más machacan las leyes. En vez de publicar 1 decreto de apoyo al emprendedor, habrían hecho mejor en derogar 10 normativas que tienen fritos a los autónomos. Para empezar cualquier actividad ahora, resulta que hay que cumplir la Ley de Protección de Datos, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, los permisos municipales de apertura de locales, las licencias de toda clase. El excelentísimo Ayuntamiento de mi ciudad cobra 771 euros antes de que un autónomo abra la persiana en una actividad clasificada como de inocua. No te digo nada si es una actividad con “externalidades”, como salida de humos o generación de residuos.
  2. Las ayudas. El autónomo no necesita ayuda, lo que necesita es que no le pongan palos en la rueda. Existe la leyenda de que existen ayudas y/o subvenciones para el emprendedor, sea hombre, mujer, desempleado reconvertido, o mayor de 45 en situación de riesgo social. Mejor que se ahorren las ayudas (por no hablar de los “créditos blandos”, vaya estafa), que tener a la gente perdiendo el tiempo y rellenando formularios para que paguemos a un funcionario que tiene que llevar todos esos expedientes.
  3. Las redes sociales. Ahora hay un boom con esto de las redes sociales. Digo redes sociales, que está de moda, pero realmente podría decir “Facebook, Twiter y Linked-In”. ¿Hay algo más? Bien.  Nadie lo reconocerá hoy (quizás mañana sí, pero de momento no), pero os voy a contar un secreto. Sshhh. Las redes sociales son grandes plataformas de publicidad segmentada. Sólo benefician a las empresas, a la hora de encontrar sus audiencias. Sí, al principio Twitter parecía una iniciativa romántica, pero cada vez más es una herramienta más para bombardear al personal con sutiles estrategias de márketing. Si eres un pequeño autónomo nadie te escuchará en las redes sociales. Demasiado ruido, demasiados impactos, demasiado tiempo a perder.

    No lo olvides: Son tus enemigos. Te harán perder muuuucho tiempo.

    No lo olvides: Son tus enemigos. Te harán perder muuuucho tiempo.

  4. Los grandes jugadores.  Son las grandes empresas y multinacionales que existen hoy en cualquier sector de la actividad. Estos monstruos tienen varias ventajas sobre los pequeños empresarios y autónomos. Primero: influencia sobre los políticos, que son los que hacen las regulaciones (ver punto 1). Segundo: capacidad de desvirtuar el mercado con precios y calidades que el pequeño no puede ofrecer (precio más bajo, y calidad más baja). Tercero: Capacidad de endeudarse. Esto de por sí puede ser letal (espero que nos haya quedado bien grabado en el coco, después de haber sido la principal causa de la crisis que hoy vivimos). Pero mientras los grandes se endeudan, juegan en el mercado en posición ventajosa respecto a los pequeños que tienen que cuadrar sus números, mes a mes. Los grandes pueden invertir o hacer dumping o publicitarse hasta aburrir.
  5. El estigma social del fracaso. Esto también es importante. No damos suficientes oportunidades a los emprendedores de fracasar. Para triunfar (léase aquí, más bien, para ganarse la vida) hay que fracasar varias veces y con carácter previo. En cada fracaso aprendemos de primera mano cómo hacer algunas cosas o cómo evitar otras. Si al emprender un proyecto algo sale mal,  o todo sale mal, y resulta que quedamos con el culo al aire y una pequeña deuda con el banco, la proeza necesaria para salir de dicho agujero ya no deja la más mínima motivación para intentarlo otra vez.  Medio en broma comentaba el otro día con un amigo que una gran labor social sería la de una hipotética entidad no lucrativa llamada “Fundación Segunda Oportunidad“. Sería una fundación dedicada a tapar los pequeños agujeros financieros de emprendedores que acreditaran fehacientemente haber intentado llevar a cabo un proyecto empresarial durante al menos 24 meses, y haber tenido que dejarlo. La Fundación sufragaría dicho agujero (digamos por ejemplo, con un máximo de 20.000 euros) con la condición de que el emprendedor lo intentara otra vez. Decidme si ya existe una fundación como ésta. Me encantaría saber de ella.
  6. Los másters. Entendedme. La formación está bien si te aporta valor. Hoy en día puedes aprender mucho de forma barata. Primera regla para cualquier cosa que quieras aprender: haz unas cuantas búsquedas en google. Los másters son una pérdida de tiempo y de dinero. Tim Ferriss lo explica muy bien. Estuvo dudando si hacer un máster que costaba 60.000 dólares en una prestigiosa universidad americana. Al final cogió ese dinero e invirtió en unas pocas start-ups (empresas tecnológicas incipientes). Aprendió mucho más lidiando cada día con los problemas de estas jóvenes empresas y su personal que lo que hubiera hecho en clase. Los másters (me refiero a los de Business Administration) hoy son ante todo un gran negocio para los que los imparten. Y una manera en la que muchos se autoengañan diciéndose a sí mismos que están formándose. La formación real está ahí fuera. En la calle. Intentándolo y equivocándote.

    No he encontrado el gráfico del número de leyes publicadas en el BOE cada año. También crecen.

    No he encontrado el gráfico del número de leyes publicadas en el BOE cada año. También crecen.

Todo es mentira

Esta semana pasada se ha nacionalizado Bankia-BFA, tras hacerse evidente la incapacidad de la entidad de devolver 4.465 millones de euros de préstamo del Estado. La historia ha llenado de tinta los medios de comunicación, y ha puesto el ay en el cuerpo a 10 millones de personas que son clientes de la entidad. Los expertos debaten sobre si lo que habría que hacer es dejar caer al banco. Por ejemplo, Xavier Sala-i-Martin opina aquí que sí. Otros, como Luis Garicano, opina aquí que sí, pero que no. Es decir, que se la debería dejar caer, pero que el agujero es ahora tan grande que no habría dinero suficiente para garantizar los depósitos.

Hace tan sólo 10 meses la entidad ofrecía en sus oficinas títulos de su inminente salida a bolsa a sus clientes de a pie, para que todos si hicieran “bankeros” y disfrutaran de los beneficios de ser accionistas del nuevo banco.

Las acciones empezaron cotizando a 3,75 y el pasado viernes (menos de 1 año después) cerraron a 1,76. Por tanto han perdido el 53% de su valor inicial. Pero no hay que saber muchas matemáticas para darse cuenta de que las acciones deberían subir un 113% desde su precio del viernes para volver a situarse en los 3,75 euros.

¿le comprarías un coche de segunda mano?

Donde dije digo, digo D…

En todas las situaciones de crisis sobrevenida ocurre lo mismo: la realidad acaba no siendo como nos la pintan al principio.

Grecia está como está porque engañó a la hora de presentar sus cuentas a la Unión Europea. La cosa no era como nos decían.

Enron, antes de caer, era una entidad solidísima, una “blue chip” que no suponía riesgo para sus inversores. Hasta que se descubrió que tenía un montón de activos tóxicos fuera de balance, que la hicieron hundirse.

Este mismo fin de semana se ha conocido que las Comunidades Autónomas de Madrid, Valencia, y Castilla-León tuvieron en 2011 un déficit que en realidad fue de 3.000 millones más que lo reflejado hasta ahora. Lo cual ha elevado el déficit de España en 2011 al 8,9%. Y llueve sobre mojado, porque ya hubo una primera corrección del déficit 2011, que según la previsión del anterior gobierno iba a ser del 6%, después el nuevo gobierno estimó en el 8%, y finalmente se situó en el 8,51%.  Ahora resulta que fue del 8,9%.

La clase política es experta en hablar hoy de una cosa que la semana que viene será totalmente diferente. Desde negar crisis de las que había signos evidentes, hasta decir que bajarán impuestos para después subirlos. Decir que en España tenemos un sistema financiero de Champions League. O asegurar que nunca llegaremos a los 4 millones de parados. O sea que si alguno dice que “no habrá banco malo”, ya te puedes hacer una idea de que alguien ya está barajando la idea.

Opiniones sin intereses

El ministro de Hacienda fue abordado hace poco por una clienta afectada de Bankia, que le dijo “llevo trabajando desde los 13 años, dígame Sr. Ministro, si mis ahorros están seguros en Bankia“. El Sr. Ministro, como no podía ser de otra manera, contestó que estuviera tranquila que Bankia era una entidad segura. De la misma manera que el nuevo Consejero Delegado de la entidad, el Sr. Goirigolzarri, declaró nada más tomar posesión de su cargo que “los clientes pueden estar absolutamente tranquilos sobre la seguridad de sus ahorros“. ¿Alguien escucha las palabras de estos señores?

El uno habla como ministro y no podía más que dar dicha respuesta, y el otro acaba de ser nombrado máximo responsable de la entidad. Si tienen que mentir, mentirán. No sé ni por qué los medios se hacen eco de estas palabras. Será que es que hay gente que les da valor.

Ojo, no digo que los ahorros de los depositantes de Bankia no estén seguros. Lo estarán o no, y eso ya se verá. Digo que lo que digan los implicados no debe tener valor para un depositante que esté intentando averiguar la verdad.

Debemos cuestionar las cosas, especialmente si se trata de juicios emitidos por aquellos que tienen intereses en el tema. Igual que damos un valor relativo a la publicidad, que no deja de ser la opinión de aquel que se gana la vida vendiendo el producto publicitado, así debemos tratar muchas cosas que aparecen en los medios. Para empezar, los medios también tienen sus intereses, sus “agendas ocultas” como dicen los ingleses, y pertenecen a grupos empresariales con sus consignas y sus sesgos.

Igual que no debemos graduarnos la vista en la óptica, porque acabaremos por llevar gafas, o hacernos una revisión gratuita de la boca en una franquicia que se dedique a realizar implantes dentales.

Lo más sensato será buscar la opinión experta de alguien independiente. O mejor aún, primero informarse (in-formarse) uno mismo, y luego recabar, si fuera necesario, la docta opinión de alguien sin incentivos para “colártela“.

 

 

El poder de la rutina diaria

La crisis tiene cosas buenas. Eso es innegable. Número uno: la evidencia de que no siempre más es mejor. A veces me pregunto por qué el Producto Interior Bruto de un país tiene que incrementarse de un año para otro. Si el PIB no aumenta entonces estamos en lo que los economistas denominan recesión, y parece que se acaba el mundo. Bien, pero…¿y si somos menos gente? , o ¿y si muchos de los ciudadanos de nuestro país deciden que por las tardes no irán a trabajar, sino que pasarán un rato agradable con sus hijos? o ¿qué pasa si todos decidimos que en vez de comprarnos libros iremos a la biblioteca a leer? o ¿si nos desapuntamos del gimnasio a cambio de dar un paseo gratuito por la playa cada día? Todas esas cosas harían caer el PIB, pero no necesariamente serían malas. Estaríamos en recesión, sí, se vendería menos gasolina, menos coches, menos productos, se dejaría de consumir…pero ¿acaso sería malo?

Creo que una de las derivadas de la actual crisis es que la gente, en su persecución del bienestar físico y mental, está dejando de buscar respuestas externas (un gran coche, una gran casa, unas grandes vacaciones) para buscar respuestas interiores.

Observo que van en auge una serie de prácticas y escuelas de pensamiento que vienen de oriente, donde la filosofía y la cultura han estado tradicionalmente más centradas en lo interior. Proliferan los retiros de yoga, las clases de reiki, los grupos de gente haciendo ejercicios de tai chi. Se me ocurre un slogan patatero: Menos centros comerciales y más retiros espirituales.

James Altucher es un escritor y emprendedor americano al que sigo desde hace cosa de un año a través de su blog The Altucher Confidential. Toca todo tipo de temas, y habla desde un punto de vista muy personal. En esta línea él propone una Rutina Diaria (Daily practice), que sospecho que debe beber de influencias orientales como las que he mencionado antes. Lo encuentro sumamente útil.  Consiste muy esquemáticamente en:

1) Mantenerse en forma 

No es fácil. Significa dedicar 30 minutos diarios a hacer ejercicio. No tiene que ser un ejercicio intenso, vale con una caminata rápida, un partidillo de baloncesto, un partido de pádel, unas flexiones, unas sentadillas, o bailar. Lo suficiente para sudar un poco. Si uno no está físicamente en forma no puede aspirar a encontrarse bien a otros niveles.

Esto se puede hacer en cualquier rincón de la casa

En este apartado hay más cosas que se pueden hacer, y que ayudan:

    1. Madrugar. Levantarse, por ejemplo, a las 6 de la mañana. Silencio. Tiempo para pensar, leer.
    2. Acostarse pronto.
    3. Comer sano. Como escuché el otro día a alguien: “Lechuga y pechuga”.

2) Nivel emocional

Hay que relacionarse con gente positiva, que nos anime y nos dé buen rollo. Evitar los “pesaos”, la gente que se queja, los que nos quieren arrastrar a su agujero negro de penurias y pesimismo. Los positivos te cargan de energía. Los negativos te la roban.

No hablar mal de nadie. Aunque no nos caiga bien. Aunque nos haya hecho una jugada. Mucho menos si no conocemos los hechos: no contribuyamos a propagar comentarios negativos de nadie, en ese ejercicio tan ibérico que es el cotilleo.

Y lo más difícil: ser honesto con uno mismo.

3) Nivel mental

Hay que ejercitar el cerebro cada día, igual que hemos ejercitado el cuerpo. Hay que ser creativo. La mente es un músculo que si no se ejercita se atrofia. Constantemente hay que pensar cosas, y anotarlas. Hacer listas. Yo intento hacer listas de:

    • Temas para escribir en este blog
    • Ideas de negocio
    • Ideas para amigos en sus proyectos
    • Qué haría si fuera Ministro de Economía

      El más potente de nuestros órganos

4) Nivel Espiritual

Hay gente que aquí piensa en “Dios”. Hay gente que aquí piensa en “Religión”. No tiene por qué ser ni lo uno ni lo otro. Simplemente implica pensar cada día en lo superior, en el sentido que tiene el estar aquí. Este nivel puede implicar:

    • Rezar
    • Meditar 5 minutos cada día. Meditar es algo tan sencillo y a la vez tan difícil como no pensar en nada en concreto, simplemente sentir tu cuerpo.
    • Mostrar gratitud hacia alguien. Dar las gracias.
    • Perdonar. Hacer algo por alguien.
    • Leer un texto espiritual (la Biblia, el Corán, un tratado de filosofía, un libro de autoayuda, un poema)

Altucher garantiza que al cabo de 6 meses de realizar conscientemente esta práctica la vida de uno cambia. Te lo puedes creer o no. A mí me parece una buena guía para conducirse uno mismo. Más aún en estos tiempos turbulentos.