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8 reglas para conducirse en la sociedad actual

Hoy estoy a bordo de un bote que flota en aguas procelosas. Puedo dejarme llevar en el sentido de la corriente, ser uno más y no ser consciente de que otros manejan los hilos. O bien, puedo asir los remos de mi destino, y remar contracorriente. Cuando eres joven navegas como los demás, buscas tu puesto y bogas en la gran nave de la colectividad. Cuando tienes 40+ desconfías del grupo. Buscas tu chalupa y marcas tu propio  rumbo, huyendo de la masa. Estas son mis recetas de pacotilla para mantenerme a flote en la sociedad de hoy, y lograr que no me embista ningún transatlántico:

1) Rechaza sistemáticamente cualquier producto o servicio que se te ofrezca. Hoy en día se ofrecen cosas por doquier, a todas horas, en todos los campos. Yo creo que cada día llaman al despacho donde trabajo 2 ó 3 personas ofreciendo cosas. ¿Por qué las empresas de hoy te avasallan con sus ofertas? ¿Por qué te intentan colar con calzador cualquier curso, producto, o pretendido servicio que tengan que ofrecer? Sencillo: porque les interesa a ellos. Antes a veces me preguntaba: “esto que esta persona me ofrece…¿me interesa?” De un tiempo a esta parte ya no me pregunto nada. Simplemente me los quito de encima. Mucha Ley de Protección de Datos, pero mi nombre debe estar en miles de listados, porque cada día toda clase de comerciales me buscan para colocarme lo suyo. Mi respuesta: “Lo siento, no nos dejan atender llamadas comerciales. Es que sino, no podríamos trabajar. Gracias. Adiós”. Todo recitado de carrerilla para no dar pie a ser interrumpido. Si algún día necesito algo, ya seré yo quien les busque a ellos.

Me podéis llamar lo que queráis, que no me venderéis nada

Me podéis llamar lo que queráis, que no me venderéis nada

2) No compres lo más barato. Hay que saber que lo que tiene valor tiene un precio. Hoy en día, la presión de la demanda y el consumo no-consciente incentivan que las empresas y emprendedores ofrezcan soluciones baratas “no-matter-how“. Esto es especialmente así cuando tratamos de bienes que se suponen duraderos. Los muebles se construyen para que luzcan bien, pero se prefiere que sean baratos a que sean duraderos y robustos. Lo mismo pasa con los coches, las motos, la ropa, los electrodomésticos, los instrumentos, los relojes, los ordenadores, los aparatos de aire acondicionado, etcétera. Obviamente, eso es así porque el consumidor “mainstream” prefiere un mueble barato, que un mueble que dure 3 generaciones. Ya que el segundo obviamente costará mucho más. Lo que no vale es querer hamburguesas baratas, y luego poner el ay en el cielo cuando se demuestra que éstas tienen trazas de caballo y de vete a saber qué más.  Ante esto hay que revelarse: comprar productos de alta calidad, robustos y duraderos. Y tener claro que van a ser más caros.

3) Sé consciente de que no hay remedios milagrosos, ni fórmulas mágicas. Todo lo que pretendas conseguir requiere un compromiso de tiempo y esfuerzo. Más lo primero que lo segundo. Un día haré un inventario de los anuncios que escucho en la radio relativos a productos pseudo-farmacéuticos que consiguen maravillas: Revitalizantes, adelgazantes, antiestresantes, remedios para dejar de roncar, remedios para dormir bien, remedios para aumentar la capacidad de nuestra memoria, cremas antiarrugas de acción inmediata, lociones que paralizan la caída del cabello y activan su crecimiento,  etcétera. Industrias enteras se sostienen en estos bálsamos de Fierabrás. Todos funcionan, pero los problemas que pretenden solucionar van en aumento irremisiblemente. ¿Por qué será?

4) Dedícate tiempo a tí mismo. La mejor inversión que puedes hacer. Para mí dedicarte tiempo a tí mismo no es ir a la peluquería a que te cambien la permanente, ni comprarte un nuevo vestido. No se trata de ser tú quien recibe la acción que hace un tercero.  Se trata de hacer la acción y a la vez ser destinatario de ella. Dedicarte tiempo es convivir con tu silencio. Un ejemplo: hazte un masaje a tí mismo. Medita. Cocina tu comida. Haz ejercicio. Cuida tu jardín. Date un baño en bañera mientras escuchas música relajante. Dibuja un cuadro. Grábate cantando una canción con el Audacity.

Un baño relajante de pies antes de ir a dormir

Un baño relajante de pies antes de ir a dormir

5) No te preocupes por el dinero. Sí preocúpate por ayudar, ofrecer algo de valor a tu prójimo. Es curioso cuando a alguien le comentas que el dinero no es lo que te mueve. Aunque no sea verdad, probad a decirle a alguien cuando os proponga algo, que vosotros no os movéis por dinero, sino por otras motivaciones. Muchas veces te mirarán raro. ¿Qué clase de loco es éste? ¿No te interesa facturar más? ¿No te interesa tener más para gastar más para acumular más para fardar más?

6) Aplica a todo el sentido común, intentando emular a la Naturaleza. Ya no utilizo pasta de dientes, ahora me lavo los dientes con “Dentie” (se pronuncia Denshi), un preparado tradicional japonés hecho a base de polvo de berenjena carbonizada y sal marina. Natural. Nada de flúor. Además, el Dentie  tiene grandes propiedades curativas y de él dice Georges Ohsawa que cura cualquier dolencia de la boca. ¿Quién dijo que el flúor era bueno para los dientes? ¿Cuándo se dijo? ¿Hace unas pocas décadas? ¿Qué hacía el hombre antes de que existieran las compañías Colgate-Palmolive y Unilever? Pues me quedo con lo de antes. Otro ejemplo: la naturaleza no crea residuos. Todo se aprovecha en otros procesos. Las hojas caen de los árboles y sirven de abono para la tierra. Todo se recicla. La materia muerta vuelve a la vida porque se convierte en nitrógeno y carbono, que son los nutrientes que aprovechan nos nuevos seres. Seamos naturaleza. No generemos residuos. Difícil, lo sé. Pero con pequeños pasos se puede ir avanzando en este sentido: Ya hay gente que está volviendo a afeitarse con navaja.  ¿A qué tantas cuchillas desechables? Lo tengo que investigar y ponerme a ello. Se tarda más, lo sé. Y seguro que implica a lo mejor una mayor incomodidad (seguramente sólo al principio). Pero sería otra manera de aplicarme el número 4) de esta lista.

También es eficaz contra el mal aliento

También es eficaz contra el mal aliento

7) Sé un escéptico. Adopta la filosofía del “Non-credo”. No te creas nada que no hayas experimentado en tus carnes. Ve con especial recelo cuando hables con licenciados: abogados, médicos, economistas, psicólogos. Ponlo todo el cuarentena, investiga y hazte responsable de tus inquietudes. Para mí existe la pregunta definitiva: “esto que a mí me cuentan…¿a quién beneficia?”

8) Finalmente: Minimiza. Decrece. Toma únicamente lo necesario. Los animales lo hacen. Lo contrario es “pan (material) para hoy, pero hambre (espiritual) para mañana“.

 

11 razones por las que es mejor tener cuarenta que veinte

La juventud está sobrevalorada. La mejor edad son los cuarenta. O los cincuenta. Espero que también estén bien los cincuenta. Pero los cuarenta son geniales. Yo diría que “los cuarenta son los nuevos treinta”.

Sí, es cierto que con veinte años tienes la piel suave y tersa. Y si uno repasa fotos se ve más delgado y hasta atlético. Supongo que tu yo veinteañero te podría ganar en una carrera de 100 metros descalzos por la playa contra tu yo cuarentón. Sin embargo hay un montón de cosas que son mucho mejores a los cuarenta:

  1. La primera que me viene a la mente es que (si tienes hijos) has experimentado el más puro amor que se puede albergar. El amor por los hijos. Un amor sin contrapartidas ni intereses.
  2. Las hormonas están bajo control.  Ya no haces tonterías para gustarle a las chicas. Tu sentido del ridículo te lo impide. Ya no caminas por la calle pensando cada vez que te cruzas con una chica guapa: “Esa chica es guapísima. ¡Cómo me gustaría salir con ella!”.
  3. La ambición está bajo control. Cuando tienes veinte eres ambicioso. Crees que te comerás el mundo. Siempre elucubrando sobre el futuro. Igual fue un estigma de mi generación. Siempre pensando si tendría un buen trabajo. Si ganaría suficiente. Preocupado por estar a la altura de las expectativas. Con cuarenta abrazo la teoría del ahora. Lo que importa es el ahora. Hay un libro que he visto recomendado en varias fuentes: “The power of now”, de Eckhart Tolle. Un superventas en los USA. Lo tengo en mi lista de lecturas pendientes. Habla de la importancia de no mirar al pasado, ni preocuparnos demasiado por el futuro. ¿De qué sirve lamentarse de lo que ocurrió o no ocurrió? ¿Por qué preocuparte de lo que vendrá? Aprovechando el hoy y siendo consciente de cada minuto le sacamos más jugo a la vida.
  4. Ya no necesitas la aprobación de nadie. La principal aprobación que buscas es la tuya. Si todavía buscas la aprobación de tus padres, de tus jefes, de tus amigos, entonces es que todavía no tienes cuarenta. Por lo menos, no mentalmente.
  5. Ya no haces cosas que no te gusta hacer. Por ejemplo salir a la discoteca sólo porque todos tus amigos van. No hace falta trasnochar y deambular toda la noche por la calle hasta ver amanecer aunque te estés aburriendo soberanamente, sólo porque se lo contarás a todos al día siguiente, o porque creas que si lo haces serás un tío.
  6. Con cuarenta ya no aguantas conversaciones banales ni gente que no te interesa. Yo ahora tengo una excusa genial: cuando una conversación de adultos me aburre me separo discretamente y con la excusa de controlar a las niñas me retiro a jugar con ellas. Es una buena excusa, y me sirve para no aguantar palizas.
  7. Es verdad que tienes menos potencia y explosividad, pero ganas en resistencia y en poder mental. Como tu cuerpo no aguanta lo mismo, y eres más consciente de lo que le cuesta digerir y procesar la comida y el movimiento, empiezas a cuidarte conscientemente. Esa dedicación al cuidado del cuerpo (no hablo de machacarte en el gimnasio cuatro horas al día o someterte a cirugía estética,  hablo de salir a andar o correr con cierta asiduidad y quizás hacer una tabla sencilla de ejercicios de estiramiento y flexibilidad, pilates o yoga) te mantiene alerta y en comunión con la mente. Ya lo decían los romanos “mens sana in corpore sano”.

    Ella ya tiene más de 40

  8. Puede ser que con cuarenta todavía no sepas exactamente qué es lo que quieres en la vida, igual que a los veinte. A mí todavía me pasa en muchos aspectos. Pero por lo menos tienes bastante más claro, qué es lo que no quieres bajo ningún concepto.
  9. En mi caso, los cuarenta están coincidiendo con una época minimalista. Cada vez deseo menos cosas. Menos posesiones. Menos preocupaciones. Menos expectativas. Es curioso. Estoy leyendo la biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson. Ese tocho que habréis visto en las librerías con la cara de Jobs en primer plano. El primer slogan publicitario de Apple, allá a inicios de los 80 era “la sencillez es la máxima sofisticación”. También me he enterado por el libro que la máxima “menos es más” era un predicamento de la escuela Bauhaus de diseño, representada por Walter Gropius y Ludwig Mies van der Rohe. Parece ser que Jobs era un admirador de dicha corriente, que defendía un diseño sencillo y funcional, con líneas y formas muy nítidas pero con gran expresividad. Cosas para cuarentones, vaya.
  10. Tienes una experiencia y un bagaje que para sí quisiera un veinteañero. Has experimentado decepciones, fracasos, dolor, y ocasionalmente algún pequeño éxito. Te ha dado tiempo a darte cuenta de que la vida es esencialmente un manto de frustraciones salpicado por puntuales momentos de gozo. Ya asumes que la mayoría de cosas salen mal, o simplemente no salen. Es el precio que hay que pagar para que ocasionalmente algo se convierta en una satisfacción.
  11. Con cuarenta te das cuenta de lo poco que importa el dinero. Cuando tienes veinte todo lo mides en dinero. Quieres ser millonario. Tener un buen coche. Una casa grande con piscina. Poder ir de vacaciones a remotos lugares. Comprarte la ropa que se te antoje. Cambiar de vestuario a menudo. Tener de todo lo mejor. ¿sabéis cuál es ahora mi mayor deseo? No tener deseos.

    Mi mayor deseo, no desear nada.

Todo es mentira

Esta semana pasada se ha nacionalizado Bankia-BFA, tras hacerse evidente la incapacidad de la entidad de devolver 4.465 millones de euros de préstamo del Estado. La historia ha llenado de tinta los medios de comunicación, y ha puesto el ay en el cuerpo a 10 millones de personas que son clientes de la entidad. Los expertos debaten sobre si lo que habría que hacer es dejar caer al banco. Por ejemplo, Xavier Sala-i-Martin opina aquí que sí. Otros, como Luis Garicano, opina aquí que sí, pero que no. Es decir, que se la debería dejar caer, pero que el agujero es ahora tan grande que no habría dinero suficiente para garantizar los depósitos.

Hace tan sólo 10 meses la entidad ofrecía en sus oficinas títulos de su inminente salida a bolsa a sus clientes de a pie, para que todos si hicieran “bankeros” y disfrutaran de los beneficios de ser accionistas del nuevo banco.

Las acciones empezaron cotizando a 3,75 y el pasado viernes (menos de 1 año después) cerraron a 1,76. Por tanto han perdido el 53% de su valor inicial. Pero no hay que saber muchas matemáticas para darse cuenta de que las acciones deberían subir un 113% desde su precio del viernes para volver a situarse en los 3,75 euros.

¿le comprarías un coche de segunda mano?

Donde dije digo, digo D…

En todas las situaciones de crisis sobrevenida ocurre lo mismo: la realidad acaba no siendo como nos la pintan al principio.

Grecia está como está porque engañó a la hora de presentar sus cuentas a la Unión Europea. La cosa no era como nos decían.

Enron, antes de caer, era una entidad solidísima, una “blue chip” que no suponía riesgo para sus inversores. Hasta que se descubrió que tenía un montón de activos tóxicos fuera de balance, que la hicieron hundirse.

Este mismo fin de semana se ha conocido que las Comunidades Autónomas de Madrid, Valencia, y Castilla-León tuvieron en 2011 un déficit que en realidad fue de 3.000 millones más que lo reflejado hasta ahora. Lo cual ha elevado el déficit de España en 2011 al 8,9%. Y llueve sobre mojado, porque ya hubo una primera corrección del déficit 2011, que según la previsión del anterior gobierno iba a ser del 6%, después el nuevo gobierno estimó en el 8%, y finalmente se situó en el 8,51%.  Ahora resulta que fue del 8,9%.

La clase política es experta en hablar hoy de una cosa que la semana que viene será totalmente diferente. Desde negar crisis de las que había signos evidentes, hasta decir que bajarán impuestos para después subirlos. Decir que en España tenemos un sistema financiero de Champions League. O asegurar que nunca llegaremos a los 4 millones de parados. O sea que si alguno dice que “no habrá banco malo”, ya te puedes hacer una idea de que alguien ya está barajando la idea.

Opiniones sin intereses

El ministro de Hacienda fue abordado hace poco por una clienta afectada de Bankia, que le dijo “llevo trabajando desde los 13 años, dígame Sr. Ministro, si mis ahorros están seguros en Bankia“. El Sr. Ministro, como no podía ser de otra manera, contestó que estuviera tranquila que Bankia era una entidad segura. De la misma manera que el nuevo Consejero Delegado de la entidad, el Sr. Goirigolzarri, declaró nada más tomar posesión de su cargo que “los clientes pueden estar absolutamente tranquilos sobre la seguridad de sus ahorros“. ¿Alguien escucha las palabras de estos señores?

El uno habla como ministro y no podía más que dar dicha respuesta, y el otro acaba de ser nombrado máximo responsable de la entidad. Si tienen que mentir, mentirán. No sé ni por qué los medios se hacen eco de estas palabras. Será que es que hay gente que les da valor.

Ojo, no digo que los ahorros de los depositantes de Bankia no estén seguros. Lo estarán o no, y eso ya se verá. Digo que lo que digan los implicados no debe tener valor para un depositante que esté intentando averiguar la verdad.

Debemos cuestionar las cosas, especialmente si se trata de juicios emitidos por aquellos que tienen intereses en el tema. Igual que damos un valor relativo a la publicidad, que no deja de ser la opinión de aquel que se gana la vida vendiendo el producto publicitado, así debemos tratar muchas cosas que aparecen en los medios. Para empezar, los medios también tienen sus intereses, sus “agendas ocultas” como dicen los ingleses, y pertenecen a grupos empresariales con sus consignas y sus sesgos.

Igual que no debemos graduarnos la vista en la óptica, porque acabaremos por llevar gafas, o hacernos una revisión gratuita de la boca en una franquicia que se dedique a realizar implantes dentales.

Lo más sensato será buscar la opinión experta de alguien independiente. O mejor aún, primero informarse (in-formarse) uno mismo, y luego recabar, si fuera necesario, la docta opinión de alguien sin incentivos para “colártela“.

 

 

¿Dónde meto mi dinero?

Alguien me preguntaba a raíz de otra entrada, si podía hacer alguna recomendación sobre dónde poner el dinero para obtener una máxima rentabilidad por nuestro ahorros. Entendí que se refería a en qué producto bancario debería invertir.

La respuesta es que no hay respuesta. La industria financiera es ante todo eso, una industria. Como lo es la industria farmacéutica, o la industria agroalimentaria, o la industria de las dietas para adelgazar, o la de los métodos de aprender inglés. De lo que se trata es de obtener unos beneficios continuados en el tiempo haciéndonos creer que a) cuidan nuestro dinero, b) cuidan nuestra salud, c) cuidan nuestra alimentación, d) cuidan nuestro cuerpo, e) nos enseñan inglés.

En estos grandes sectores de actividad se mueve muchísimo dinero, mucha gente vive de ello, y su puesto de trabajo depende de la existencia de estas industrias, y lo que no van a hacer es matar la gallina de los huevos de oro. Sí, es verdad, si pueden ayudarán a la gente, pero si existe la más mínima posibilidad de que, ayudando a la gente, disminuyan su parte del pastel, entonces la elección es clara.

¿En quién pensamos al hablar de industria financiera?

Ya que hablamos del sector financiero, tenemos que tener claro que cuándo le preguntamos a un empleado de banca qué hacemos con nuestro dinero, mentalmente él recurre a los argumentarios que le han pasado desde la central esa mañana o esa semana acerca de los productos que hay que colocar. Esos productos se colocan en función de unos objetivos determinados para la institución, no se determinan en base a los mejores intereses de cada cliente.

¿Cómo sino se entiende que haya un alud de reclamaciones a las instituciones financieras por parte de ahorradores que sostienen que no se les explicó adecuadamente qué implicaciones tenía invertir en un producto como las participaciones preferentes? Más información sobre esto aquí.

Otro caso paradigmático sobre este tema es la reciente noticia del empleado de Goldman Sachs, que ha publicado una carta abierta en el New York Times titulada “Why I am leaving Goldman Sachs” en la que desvela las razones por las que acaba de presentar su renuncia en la empresa. Dice que en ese banco “the interest of the clients continue to be sidelined”, que en Goldman ascienden los que hacen una de dos cosas: vender los productos de los que Goldman se quiere deshacer porque no ve en ellos gran potencial de beneficio, o conseguir que los clientes inviertan o compren aquel producto que le reporte mayores comisiones a la empresa. En definitiva viene a decir que la actual cultura organizativa no tiene en cuenta para nada el interés de los clientes y sí y mucho las ganancias del banco.

Banqueros

Volviendo a la cuestión que se me planeaba sobre dónde meter el dinero, en general, mi recomendación cuando vayamos a elegir un producto bancario de ahorro-inversión sería:

1) Haz tú el trabajo. Compara. Mira lo que ofrecen varias entidades. Entiende el producto, pero no por la palabra de un comercial, sino por documentos como el contrato que haya que firmar, el folleto publicitario, o las explicaciones que puedas recabar de gente independiente. Sólo invierte en aquello que entiendas.

2) Desconfía. Escucha al comercial bancario, hazle preguntas sobre cómo funciona lo que te está intentando vender y por qué ese producto y no otro es adecuado para tí. Pero nunca acabes de creerte todo lo que te diga. Una vez te haya dado todas las explicaciones, vuelve al punto 1.

3) Ten en cuenta siempre el binomio rentabilidad-riesgo. Cuando un producto ofrece una rentabilidad “inusualmente” alta, es porque lleva más riesgo que otro menos rentable. Eso es así. No escuches a alguien que trate de rebatirlo. Piensa en Bernard Madoff, los ricos se daban tortas para entregarle su dinero porque siempre daba alrededor de un 15% anual. ¿sabían el riesgo que asumían? El riesgo de que se esfumara su dinero en una nube de polvo provocada por el mayor escándalo financiero de la historia. ¿Los pagarés de Nueva Rumasa? ¿No daban el 8%? Era porque tenían un riesgo, un riesgo alto.

4) Diversifica. Parece de sentido común. No pongas todos los huevos en la misma cesta, no vaya a ser que alguna cesta se caiga y se rompan los huevos depositados en ella.

5) Ten claro qué quieres y en qué entorno te mueves. Lo he puesto último pero quizás debería haber escrito primero este punto. Márcate un objetivo y controla periódicamente el rendimiento que estás obteniendo. Una cosa es clara, si el tipo de interés sin riesgo (en mi época el tipo de interés sin riesgo podía ser el de una Letra del Tesoro a 12 meses, hoy este producto ya no parece tan exento de riesgo) a 1 año es del orden del 1,9%, y el euribor (tipo al que se dejan los bancos el dinero) es hoy el 1,5% , no puedes pretender obtener un 5% anual sin asumir riesgos.

Hasta ahora he hablado de entidades financieras, si alguien se lanza a invertir en bolsa mi recomendación sería tan solo que leyeran un par de libros clásicos sobre la materia, antes de hacer nada. Por ejemplo “El inversor inteligente”, de Benjamin Graham o “Leones contra Gacelas”, de José Luis Cárpatos. El mercado inmobiliario como inversión u otras alternativas merecerían otras entradas en este blog.

Otro buen libro sobre dinero e inversión

Para finalizar, también debo decir que aunque uno no confiara en nadie relacionado con la industria, y aunque uno mismo esté formado e informado sobre el producto en el que invierte, siempre puede suceder lo imprevisto, lo que Nassim Taleb llama “un cisne negro”, y no hay garantía de que mañana no nos coja un corralito. Voy a enumerar casos que recupero sólo haciendo un búsqueda rápida en google:

 En el mundo:

1) Gestora de fondos japonesa AIJ Investors (2012). Salió hace pocos días en prensa. Fundada en 1989, y con buenas rentabilidades año tras año, ha notificado a las autoridades niponas que ha “extraviado” fondos por valor de 185.000 millones de yenes (1.700 MM de euros) afectando a los ahorros y pensiones de unas 880.000 personas. La dirección del fondo simplemente no puede decir qué ha pasado con ese dinero perteneciente a sus depositantes.

2) Fondo de inversión MF Global (2011). Fondo de inversión estadounidense que quebró a finales de 2011 por su excesiva exposición a la deuda soberana europea. El día en que presentó concurso de acreedores reconoció poseer unos 6.300 millones de dólares en bonos de países como Italia, España, Bélgica e Irlanda.

 3) Bernard Maddoff (2008). La estafa más abultada de la historia. 50.000 millones de dólares de agujero, generados por un sistema Ponzi piramidal de estafa, en la que a los antiguos inversores se les pagaba el rendimiento de sus inversiones con el dinero que aportaban nuevos clientes.

4) Societé Generale (2008). El bróker Jerome Kerviel, todavía no está claro si en solitario o en connivencia con parte de sus superiores, causó pérdidas al banco y a sus accionistas por valor de 4.900 millones de euros.

5) Barings Bank (1995). El trader Nick Leeson, operando en derivados desde la oficina de Singapur, acaba con los 230 años de historia de una institución que hasta ese momento era el “banco de la Reina Isabel”. Agujero: 1.300 millones de dólares.

En España:

1) Pagarés Nueva Rumasa (2011). Los Ruiz Mateos captaron 385 millones de euros de 4.100 inversores, prometiendo tipos de interés del orden del 8% anual con la garantía de los stocks de existencias de varias de sus empresas alimentarias. Por lo que leo quedan unos 280 millones por pagar.

2) Sección de crédito de la cooperativa agrícola de L’Aldea (Tarragona) (2011). Corralito que afecta a unos 3.000 depositantes, que no pueden disponer de sus ahorros hasta que no se investigue y aclare lo que presuntamente es un agujero de 6 millones de euros por mala gestión. La entidad, supervisada por la Generalitat, no está amparada por el Fondo de Garantía de Depósitos al no ser considerada una entidad financiera.

3) Afinsa y Forum Filatélico (2006). Empresas de filatelia que hubieron de ser intervenidas. Sus gestores están acusados de estafa y administración desleal. Hay más de 400.000 afectados, y se generó un agujero, que, entre las dos sociedades, supera los 5.000 millones de euros.

4) Eurobank del Meditarraneo(2003). El banco tenía 68.000 depositantes, que tenían depositados 220 millones de euros en la entidad. No tengo claro si a raíz del cierre de la entidad por falta de liquidez, al final los clientes recuperaron la totalidad de sus ahorros vía el Fondo de Garantía de Depósitos.

5) Gescartera (2001). Agencia de valores que estafó unos 100 millones de euros a unos 2.000 afectados, entre ellos varias órdenes eclesiásticas. El caso hizo que en su día dimitiera la Presidenta de la CNMV.

En este listado dejo fuera las quiebras de grandes empresas no financieras, que también han supuesto grandes descalabros para sus confiados accionistas, que lo eran en la idea de que su dinero estaba invertido en una gran y sólida empresa. Casos como el de la quiebra de Lehman Brothers, la quiebra de Enron, la desaparición de Arthur Andersen, Worldcom, Terra o Parmalat.