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La importancia de dominar la técnica

Recuerdo que cuando llegué a Loyal, Wisconsin ya llevaban 3 o 4 días de colegio. Ese fin de semana se celebraba el “Corn Festival”, que señalaba el final del verano, y sólo estábamos a veintipico de agosto. Yo tenía 14 años.

El primer día recuerdo que me metieron en el coche familiar y me llevaron a ver el pueblo y la escuela. Recuerdo ver al equipo de football entrenando, todos con sus protecciones y con ropa de entrenamiento, pantalones y camisetas blancos, todos iguales, corriendo por el campo de hierba con los cascos color granate resplandecientes bajo el sol, en los que se podía leer “GREYHOUNDS”. También me dejaron caer por la casa de Maxine Rising, una chica de 3º que escribía en la gaceta del instituto y que me hizo unas cuantas preguntas, que después se publicaron en forma de entrevista. No recuerdo con qué grado de precisión contesté, ni se me entendí bien o mal con ella. Sólo sé que era el primer o segundo día después de haber llegado a los USA.

Loyal High School era un instituto pequeño con 300 estudiantes

Cuando me inscribieron en las diferentes asignaturas me dieron a elegir un par de ellas, que eran opcionales, escogí “typing” (mecanografía), pero resultó ser una clase muy popular y no había sitio para alguien llegado una vez iniciado el curso. El primer semestre acabé haciendo “drafting”, una especie de dibujo técnico.

Al empezar el segundo semestre no me acuerdo bien qué pasó (estoy hablando del año 85), pero la cuestión es que tampoco tuve plaza asignada en la asignatura de “typing”. Para entonces ya había pasado medio curso y yo ya formaba parte del equipo de baloncesto de la escuela, pero no el equipo al que me hubiera correspondido por edad, sino el “varsity”, el equipo formado por los “juniors” y “seniors” (los de 3º y COU). El que salía en el periódico local.

Formar parte del equipo me ayudó mucho. Todo el mundo me conocía, y gracias a ello hicieron un “arreglo” para que pudiera inscribirme en “typing”.

Resultó que la profesora de esa asignatura era Mrs. Susa, la mujer del entrenador, que también era profesor del centro, y daba clase de Historia a los seniors. Ese semestre tuve que levantarme cada día a las 6 de la mañana, para poder estar en el colegio a las 7 donde me esperaba Mrs. Susa, para darme unas lecciones particulares de mecanografía. Bueno, igual no era cada día, igual eran 2 o 3 veces a la semana. Ya no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que el paseo desde casa al colegio era oscuro, y parece que todavía oigo mis pisadas en la nieve, pensando que todos los demás todavía dormían calentitos en sus casas.

Puerta principal, yo entraba por una lateral

Recuerdo que los ejercicios eran aburridos, repitiendo siempre unos mismos patrones, aporreando una máquina de escribir electrónica (todavía los procesadores de texto no habían conquistado el mundo de las máquinas de escribir) con el meñique, anular, mediano, índice, etc. Empezaba con la línea de arriba: Q-W-E-R-T-espacio, y seguía con la de en medio: A-S-D-F-G-espacio. Luego la mano izquierda, y volver a empezar.

Al final del semestre recuerdo vagamente que algunos ejercicios ya consistían en copiar parágrafos enteros, a la vez que se medía cuánto se tardaba en mecanografiarlos y se tenían en cuenta los errores cometidos.

Después de aquello estuve mucho tiempo escribiendo como lo hacía antes de ir a clases de mecanografía. Con dos dedos. Fijando la mirada en el teclado y elevándola constantemente a la pantalla del ordenador para comprobar si la escritura contenía fallos. La razón era sencilla. Iba más deprisa.

Pasados un par de años, puede ser que fuera en 3º de BUP o en COU, puede que fuera a raíz de tener que escribir algún trabajo largo, decidí que si había hecho mecanografía debía de practicarla e intentar superar la velocidad que entonces alcanzaba con dos dedos.

En efecto, intenté ponerme a ello, con disciplina y tiempo, un poco cada día. Al principio iba mucho más lento, pero poco a poco fui soltándome y escribiendo un poco más rápido cada vez que me ponía delante del teclado. Finalmente puedo decir que la inversión que en su día hice para recibir aquellas frías clases matinales de “typing”, más la determinación posterior de practicar lo aprendido, dio como fruto una de las habilidades que probablemente me han ahorrado más tiempo en los últimos 20 años.

Cada vez que veo a alguien escribiendo con dos dedos, por muy diestros que parezcan, pienso que harían bien en invertir un cierto tiempo en aprender la técnica de mecanografiar con los 10 dedos. El ahorro de tiempo es mucho.

Supongo que lo mismo es aplicable a multitud de habilidades. En línea con esto hace poco tropecé con una cita que se atribuye a Abraham Lincoln, sobre la preparación y la planificación a la hora de emprender cualquier tarea:

“Si me dieran ocho horas para talar un árbol, sin duda usaría seis para afilar el hacha”. Abraham Lincoln.

Old Abe Lincoln

Si queréis hacerles un favor a vuestros hijos no les regaléis nada

Sé que el título de esta entrada va a causar controversia. Es para provocar. Lo que en realidad quiero decir es que, si les queréis hacer un favor a vuestros hijos no les regaléis nada a vuestros hijos QUE NO HAYAN PEDIDO.

Los niños de hoy en día tienen la gran suerte de haber nacido en una época en la cual:

1) El nivel adquisitivo de sus padres es de los más altos de la Historia.

2) La generación de los que ahora son niños es muy escasa en efectivos. Por cada niño hay muchos adultos: padres, y también abuelos, tíos, primos mayores, dispuestos a desenfundar sin pudor cualquier regalo que tenga un coste económico que esté a la altura del lugar destacado que ocupan en el entramado familiar.

3) El consumo, en general, es alentado y considerado un valor positivo. Cuanto más se consume más estatus se tiene en la sociedad. Las luces de Navidad se cuelgan de las grandes avenidas de las ciudades casi dos meses antes de que lleguen las fiestas, y las tardes de los sábados de invierno no se saben ocupar si no es yendo a comprar a algunos grandes almacenes, que es una cosa muy divertida.

4) La industria juguetera sabe cómo apelar a los más sensibles resortes psicológicos de los niños, y sobre todo de los padres y mayores en general, que tienen un papel clave en la compra de los juguetes: ser los que ponen la tarjeta de crédito, y decidir qué regalo se le hace a los pequeños.

Todo esto hace que debajo de los árboles de Navidad de nuestros hogares aparezcan el día de Navidad regalos a tutiplén. No es extraño que un niño reciba ese día 10 regalos. Que tenga que abrir 10 paquetes muy bien envueltos, con papeles que son, en sí mismos, un regalo. Nada más abiertos los 10 regalos el niño preguntará con una sonrisa: “¿…y cuánto falta para los Reyes? Es que también traen regalos”.

Regalos a tutiplén

Esos regalos, lo tengo comprobado, no se valoran. Serán utilizados mínimamente en el momento de desenvolverse, y en la mayoría de casos serán colocados después en alguna estantería elevada donde pasarán al ostracismo infantil, relegados al duro castigo del olvido, sólo merecedores de cierta atención cuando venga otro niño invitado a casa que muestre interés por jugar con ese juguete.

Desde el punto de vista estrictamente educativo no les estamos haciendo ningún gran favor a los niños sometiéndoles a esa orgía de regalos que muchas veces no tiene ningún sentido. Los regalos no están pensados y mucho menos consensuados entre los miembros “regaladores” de la familia.

Y es que entre todos estamos evitando un elemento clave de los regalos: la ilusión por que nos los regalen.

Para que un regalo venga con su dosis correspondiente de ilusión, debe haberse deseado con anterioridad, debe haberse pedido a los padres y familiares, y debe de haber pasado un tiempo de espera durante el cual el niño NO tiene el regalo, pero lo desea fervientemente, e imagina el placer que obtendrá cuando se lo regalen.

Un gran regalo, aquel regalo que no olvidamos, es aquel que de pequeños le pedíamos a nuestros padres con la boca pequeña, porque era altamente improbable que nos lo regalaran (para algunos fue tan improbable que nunca lo recibieron), y por el cual había que luchar, cumpliendo algún objetivo: “niño, si apruebas las mates miraremos lo del regalo”, “bueno…si este verano haces tal o cual cosa para Navidad igual los Reyes te lo traen”.

Por favor, intentemos no quitarles a nuestros hijos ese derecho. El derecho de tener ilusión por algo. No matemos esa ilusión comprando el regalo nada más intuir que al niño o a la niña “les podría” hacer ilusión ese regalo. Esperemos. Los niños pedirán lo que quieren, y nos lo harán saber. Nuestro papel es canalizar ese deseo y esperar pacientemente. Esperar a que lo pidan 2 y 3 veces. Sólo después de que expresen su deseo más de una vez, y después de una espera razonable nos aseguraremos que reciban su regalo con la ilusión que corresponde.

No regaléis aquello que os hace ilusión a vosotros

Mi experiencia ayunando 24 horas

Los que me conocen saben que soy de buen comer, que no me cuesta repetir de lo que me gusta, y que raramente renuncio al postre.

Llevaba ya semanas queriendo dedicar un día entero al ayuno. El ayuno periódico u ocasional es algo altamente recomendado, y tiene los siguientes beneficios:

1) Ayuda a eliminar toxinas del cuerpo y de las células. Mientras se ayuna se eliminan residuos y deshechos.

2) Se aligera y facilita el trabajo del hígado y los riñones, a los cuales les damos un respiro.

3) Se vacía el sistema digestivo, y ello hace que el flujo sanguíneo contenga menos bacterias.

4) Obliga al cuerpo y a la mente a focalizarse en procesos distintos al de la digestión, que absorbe mucha energía. El cuerpo está entonces en una mejor disposición para luchar contra enfermedades y dolencias.

5) Mejora la retención de líquidos.

6) Mejora el estado de la piel y el cabello.

7) Se normaliza la presión arterial sin necesidad de medicamento alguno.

8.- Se agudizan las capacidades sensoriales. Se ve mejor, se oye mejor, se huele mejor.

9) Por supuesto, es la vía directa para adelgazar si tenemos unos quilitos de más.

Además el ayuno debe ser bueno por dos cosas:

1) Cuesta, y como cuesta mantener esa disciplina, y nos saca de nuestra zona de confort, deduzco que debe ser bueno.
2) Ha sido utilizado por multitud de culturas y civilizaciones como vía hacia la superioridad espiritual.

Os contaré cómo he logrado ayunar 24 horas de la manera más cómoda posible, sin interferir en la jornada laboral y sin que el esfuerzo se me haya hecho ninguna montaña.

Ayer viernes comí a las 14:30 hrs. Ensalada de tomate y queso, seguido de un buen filete de ternera. De postre tarta de manzana y un cortado.

Por la tarde tuve la mente ocupada en otras cosas y acudí a media tarde al entreno de baloncesto que hacemos en el colegio, sin tan siquiera reparar en la merienda o nada parecido. Antes del ejercicio sí tuve la precaución de beber bastante agua.

A la hora de cenar tomé un zumo individual de piña, de esos pequeños que toman los niños en sus meriendas al salir del cole, y un zumo natural hecho con una manzana y unas cinco o seis zanahorias. Buenísimo. Apunte: puesto que ya no te tienes que hacer la cena, puedes dedicar un buen rato relajado a preparar el zumito con toda tranquilidad, y a saborearlo lentamente, consciente de que ese va a ser tu único sustento durante unas horas. Después acosté a las niñas ( ya era tarde, mas allá de las 11 horas, eso lo tenemos que trabajar), un rato de lectura y al catre.

La mañana del sábado ha sido un poco más duro. Al levantarme el zumo natural de dos naranjas, otra vez, con la tranquilidad necesaria para que a uno le sienten bien los alimentos, como debería ser siempre.

Para aguantar hasta la comida he bebido agua varias veces, e incluso he oido lejanamente el canto de las sirenas de la tentación que se le aparecieron a Ulises, en forma de pistachos tostados, aunque he logrado evitarlos atándome al mástil de mi barco, o sea girando la cabeza e intentando pensar en otra cosa, mariposa.

Sí, ya sé que no soy ningún superhéroe por el hecho de que mi estómago haya rugido un par de veces, y supongo que este ejercicio cae en saco roto si no se hace con cierta regularidad, pero cualquier viaje empieza por un pequeño primer paso, y cualquier novela por el primer párrafo.

¿Cual es vuestra experiencia ayunando? Si os apetece, dejar un comentario.

10 asignaturas que debería incorporar nuestro sistema educativo

Últimamente me sorprendo a mí mismo pensando en cuáles serían las asignaturas que yo haría obligatorias en el colegio al que asisten mis hijas. Estas materias irían a llenar el hueco que me parece que el sistema educativo deja en el mundo actual en el que vivimos, donde ya no es tan importante saber cosas como desarrollar habilidades.

El siguiente listado no está escrito en orden de importancia ni de particular preferencia:

1)      Cálculo rápido. Dominar sin ambages la capacidad de realizar mentalmente operaciones aritméticas sencillas y medias. Ello incluiría multiplicar números de hasta dos cifras, elevar al cuadrado y al cubo, hacer reglas de tres, divisiones, porcentajes, y obviamente sumas y restas de hasta números de 4 cifras. No sé si en esta asignatura o en otra con su propia entidad incluiría conceptos básicos de estadística y probabilidad, conceptos con los que nos encontramos en el día a día, al leer informes o la prensa, y que muchas veces ponen de manifiesto que quien escribe es un analfabeto numérico. Para más información sobre esto recomiendo el libro “El hombre anumérico”, de John Allen Paulos, en el que aparecen múltiples ejemplos del nivel de estulticia sobre los números que hemos alcanzado.

2)      Oratoria y técnicas de comunicación. Vital capacidad que hoy debe de tener cualquier persona que aspire a tener el control de su vida laboral. Esta asignatura trataría de dar al alumno las herramientas para poder, al final del curso, realizar una exposición oral pública ante un auditorio numeroso, ayudándose de algún medio audiovisual. Incluiría: hacer un guión de lo que se quiere hablar, conocer de la importancia de ilustrar los conceptos con ejemplos, cómo atraer la atención del que escucha, cómo cerrar con una conclusión, o con una llamada a la acción, etc…

3)      Técnicas de estudio y concentración. O sease, cómo aprovechar al máximo el tiempo que uno dedica al estudio. Mi impresión es que nunca fue tan bajo el ratio de conocimientos aprendidos en el colegio partido por el número de horas que los niños pasan en esa santa institución. Y luego resulta que, después de pasar 8 horas diarias en el colegio, vienen a casa cargados de deberes, como si después de tantas horas no les hubiera dado tiempo de acabar de asentar conceptos. Mi teoría es que mejor les valdría dedicar 2 o 3 horitas al día con un grado de concentración máxima a cualquier actividad intelectual, y el resto del día dedicarlo a jugar o a desarrollar aficiones y hobbies. Para ello propongo con esta materia conocer unas cuantas técnicas de estudio y concentración.

4)      Productividad personal y autoaprendizaje. El colegio tradicionalmente ha impartido conocimientos, datos, información. Antes, quizás, eso era lo adecuado porque el saber estaba en los libros y en los maestros que los habían leído y trabajado. Ahora el conocimiento no sólo está en los libros, sino que se halla por doquier (periódicos, revistas, radio, televisión, smartphones, ordenadores…), pero especialmente en la punta de nuestros dedos, en Internet. Sí, ya sé que el que algo aparezca en internet no significa que sea correcto o verdadero, de igual manera que si algo no aparece en internet no significa que no exista, pero lo que sí ha pasado es que los conocimientos “per se” se pueden adquirir al ritmo que uno desee y de las más diversas fuentes. Lo que hace falta es que alguien nos eduque en cómo utilizar los medios a nuestro alcance para producir los resultados más eficientes en la búsqueda de la información. Alguien debe enseñar a nuestros hijos a estudiar sólos, a escoger un camino de sabiduría y seguirlo por sí mismos, con chequeos de rigor, aprendiendo a separar lo principal de lo accesorio, haciendo p.ejemplo esquemas y repitiendo los procesos hasta dominarlos. En última instancia sería darle al estudiante una caña de pescar y la habilidad de pescar, no darle los peces (las materias). Él ya escogerá qué peces quiere pescar.

5)      Autoconocimiento. Algo en lo que a ninguno nos han enseñado nada. Y sin embargo, no hay nada tan importante a la hora de plantearse a qué quiere uno dedicarse cómo conocerse uno mismo, saber responder (es decir, haberse planteado antes en toda su crudeza reflexiva) las preguntas:

  1. ¿ Cómo soy ?
  2. ¿ Qué me gusta? Qué me interesa? Qué me motiva?
  3. ¿ Con qué tipo de personas soy compatible?
  4. ¿ Cuándo soy más productivo?
  5. ¿ Qué prioridades doy a los asuntos de mi vida?
  6. ¿ Qué objetivos tengo para cuando tenga 30/40/50 años ?
  7. ¿ Cómo es la relación con mis padres, hermanos, compañeros, desconocidos, vecinos, maestros…?
  8. ¿ Qué me infunde miedo?
  9. ¿ Cómo debo combatir esos miedos?
  10. ¿ Con qué cosas disfruto?
  11. ¿ Cómo debo lidiar con la gente negativa que me desanima?
  12. ¿ Cómo logro rodearme de gente positiva que me estimule y me motive?

6)      Técnicas de lectura rápida y escritura estructurada. Puesto que yo ya no creo en un sistema educativo y escolar que fue pensado bajo las coordenadas de una sociedad industrial que ya no es tal, considero que las asignaturas clásicas (naturales, sociales, química, física, latín, griego, etc…) no dejan de ser una elección que alguien hizo en su día, y que no tienen por qué ser las más útiles para el estudiante del siglo XXI. De hecho, las asignaturas en el nuevo paradigma de la educación las debe escoger el alumno, basándose en su autoconocimiento, en qué es aquello que le apasiona. Para profundizar en un temario tan “personalizado” es vital dominar lo que desde siempre ha sido la puerta al conocimiento: la lectura y la escritura. Mi opinión es que el actual sistema educativo ha renunciado totalmente a enseñar la habilidad de la escritura. ¿Cuántas redacciones o relatos escribe un joven de 13 años en 1 año por mandato de sus profesores?

7)      Vocabulario y  precisión semántica. Tener un vocabulario rico y utilizar las palabras exactas para transmitir ideas, conceptos, y hasta sentimientos es algo que desgraciadamente no tiene tanta gente. Los que lo tienen son mejores comunicadores, mejores pensadores, y mejores creadores.

8)      Salud  y cuidado personal. A pesar de estar en los puestos de abajo en mi lista, esta asignatura sería probablemente la más importante y previa a todo lo demás. Incluiría conocimientos sobre los tipos de dieta que uno puede seguir y qué ventajas tiene ingerir ciertos alimentos, así como los peligros de otros tipos de alimentos. También trataría de la importancia del ejercicio físico moderado, y lo crucial que es realizarlo cada día sin excepción. También se podría hablar de técnicas de meditación y relajación, o alimentos que inducen a la tranquilidad o a la estimulación. Seguramente sería interesante que los chavales aprendieran a cocinar, bien en esta asignatura o en otra específica que llamaríamos Cocina. A nadie se le escapa que la capacidad de cocinar y tener recursos culinarios puede ser extremadamente útil a lo largo de la vida. En la vertiente del cuidado personal o higiene se podrían tratar temas relacionados con cómo asearse, cómo vestirse, cómo comprar, cómo planchar, cómo coserse un botón, etc…

9)      Técnicas de memorización. ¿Por qué la memorización tiene tan mala prensa? Memorizar cosas puede ser muy útil cuando queremos construir una estructura compleja de pensamiento enlazando conceptos e interrelacionando temas. Si no podemos memorizar una mínima lista de palabras, conceptos, ideas…¿cómo podremos desarrollar un pensamiento independiente y crítico sin tener que consultar continuamente lo que otro previamente ha pensado?

10)  Técnicas para desarrollar la creatividad. Nuestra sociedad occidental, ya lo he dicho antes, está abandonando el modelo industrial. La industria se está yendo, si no se ha marchado ya en su totalidad, a países donde la mano de obra es más barata y donde los costes de instalar fábricas son menores. Las economías occidentales deben aceptar este hecho y asumir que nos quedamos con la economía del talento. Una economía que ya no dependerá de las horas que permanezcamos en el puesto de trabajo, sino en la capacidad de inventar, innovar, crear, adivinar qué mercados existen y qué productos o servicios serán valorados por la gente. Para sobrevivir en este entorno será crucial tener desarrollado un buen músculo de la creatividad. Una materia que nunca se ha enseñado.

¿Se os ocurren otras asignaturas para añadir al currículo de nuestros hijos? Si tienes cualquier idea déjala en los comentarios.

Pero no nos engañemos, el sistema educativo reglado nunca adoptará este tipo de estudios, por tanto, lo tendremos que hacer las familias, en la medida en que podamos, buscando alternativas de formación auto-dirigida. Creo que nuestros hijos nos lo agradecerán.