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La vida en seis palabras

Hay un poema de seis letras que define lo que es la vida:

“Nacimiento, niñez, adolescencia, adolescencia, adolescencia, muerte”.

Tengo 46 años y lo único que quiero es jugar. Experimentar. Salir de clase y sentarme en el poyete de piedra delante del Bar Oleas, al lado del Instituto y reírme con mis amigos de clase.

Mientras, me tomaré el bocadillo de tortilla que pedíamos en el Oleas. Un clásico. Mmmmm. ¿Es eso la felicidad? No lo era entonces. Eso está claro. Tampoco lo es ahora, si miro hacia atrás. Eran momentos inciertos. Granos en la cara. Las hormonas excitadas y las chicas que no acababan de hacerme caso. Demasiado preocupado por los estudios, y las notas, y la Selectividad, y los profesores. Menudo gilip…. En vez de disfrutar.

Adolescencia, adolescencia, adolescencia.

Algún día nos escapábamos para jugar al ajedrez. En tres años de bachillerato (el primero no estuve) probablemente recibí más de 2000 horas de clases. No recuerdo nada de todo aquello.Nada. Mi cerebro se ha borrado. La Giró estaría orgullosa de mí. ¿Qué son las derivadas? ¿Y las integrales? Algo que daba mucho por saco. Sin embargo, recuerdo estar jugando al ajedrez con Jordi y J.Luis, y recuerdo alguna visita al Juzgado (situado al lado del Instituto), y sentarnos en las sillas del público en alguna vista de algún juicio de algún ratero.

Adolescencia, adolescencia, adolescencia.

Y lo que más me importaba entonces: el baloncesto. O sea jugar. O sea disfrutar. Estar con los amigos. Reírnos. Retarnos. Competir. Lo que hacían los cazadores-recolectores hace millones de años. Volver a la adolescencia del mundo, tal como lo conocemos. Antes de que hubiera preocupaciones “modernas” como el dinero, el trabajo, el insomnio, los dolores, la tristeza, la frustración, los fracasos, las discusiones.

Ahora, con 46, sigo en la adolescencia. Quizás no en la primera adolescencia del poema, ni en la tercera. Espero que en la segunda. Y desde esa segunda adolescencia quiero seguir jugando, riendo con los amigos. Sin preocupaciones. Jugando al baloncesto o al ajedrez. Simplemente jugando.

El bocadillo de tortilla del Oleas en el 97, tal como lo recuerdo

Cómo aprender de verdad

Cuando yo iba a la Universidad muchos estudiantes preferían no asistir a clase, y quedarse conversando tranquilamente en el bar.

Entre los que estaban matriculados en mi clase había un grupo que prácticamente se saltaba todas las clases. Uno de aquellos alumnos que se pasaba el día entero en la “pecera” es hoy un político de alto rango en la Administración catalana.

Yo hice campana muy pocas veces, siempre por alguna “causa mayor”, como estudiar para algún examen o acabar un trabajo en el último momento.

Otros estudiantes no acudían a clase y conversaban socráticamente con una cerveza o un café delante.

Muchos años después me doy cuenta de que he olvidado casi todo lo que un día “aprendí” en un aula. Yo creo que ya no sé ni la tabla del 9. No sé nada. Cada día me levanto con el cerebro en blanco, deseando que nadie me pregunte nada, y apoyándome únicamente en el poco sentido común que se me concedió al nacer.

Quizás la mejor estrategia para “aprender” era quedarse en el bar hablando y hablando todo el día con los colegas. Hablando de lo divino y lo humano. Haciendo bromas y riendo a carcajada limpia. Quizás lo mejor no fue estresarme por tantos exámenes, trabajos, profesores y asignaturas.

Para aprender es mejor charlar que estudiar

La letra, con cerveza entra

Hay estudios que afirman que después de una hora, el 80% de los estudiantes no saben explicar de qué iba una clase a la que acaban de asistir.

La mejor manera de aprender de verdad es escuchar, repetir, preguntar y debatir. En este orden y en un periodo de tiempo limitado:

  1. Alguien te explica algo, por ejemplo un profesor, o un conferenciante, o un amigo.
  2. Lo debes encontrar interesante, atrayente, novedoso. Si no se cumple este requisito mejor olvídalo. Lo vas a hacer de todas maneras, por mucho que te esfuerces en retenerlo en tu cerebro de ratón.
  3. Lo utilizas en alguna conversación informal con amigos o familia,durante las horas inmediatamente posteriores.
  4. Te preguntas en voz alta por qué aquello es así. Preferiblemente delante de otro que se lo pregunte contigo, o mejor, que sea capaz de ofrecer una respuesta, aunque no sea correcta. Durante el mismo día.
  5. En días posteriores sacas el tema en reuniones y conversaciones con amigos. Empiezas un debate. Preguntas a los demás su opinión y expresas tú la tuya, aunque no la tengas formada al 100%. Date permiso para equivocarte. Pontifica un poco. Muéstrate seguro, aunque sepas que lo que estás diciendo puede ser una parida.
  6. Luego hay un período de sedimentación del conocimiento en que el cerebro fija la información y la asienta en la RAM mental. Sucede a nivel subconsciente durante los días y semanas posteriores.
  7. Como último y definitivo martillazo que acaba de asentar el concepto o idea en tu coco, vuelves a escuchar una clase o una charla de alguien que te vuelve a explicar lo mismo que te enseñaron en el primer punto. Busca algún video en youtube sobre el tema, o una clase en Khan Academy.

Los que tenéis hijos, no confiéis en que en los colegios, en los institutos y en la Uni les enseñen nada. Como mucho les explicarán cosas, multitud de cosas. Pero no pasarán del punto uno. Ni siquiera el 80% de lo que les cuenten cumplirá el punto dos. Se puede descartar directamente por aburrido e insulso. Si no sucede el resto del proceso no hay aprendizaje. Lo que le expliquen a tu hijo en clase será agua que pasa a través de una red que no filtra nada.

Después de escuchar es necesario repetir, preguntar, debatir. Sólo así la red se convertirá en un tamiz tan fino que atrape el conocimiento, que es como una minúscula pepita de oro. Obtener cada pepita de conocimiento es un trabajo duro, pero supone obtener algo tan intemporal  y valioso que -poco a poco- irá formando un tesoro de valor incalculable.

Lentamente las pepitas se convertirán en un tesoro de sabiduría, porque estaremos practicando el noble arte del aprendizaje real.

Buscar el conocimiento real es como buscar pepitas de oro

Obtener el conocimiento real es como buscar pepitas de oro

Por eso es crucial que hables con tus hijos sobre lo que han escuchado. Pregúntales qué les ha llamado la atención, deja que te expliquen. Mientras repiten están aprendiendo. Cuestiónales aquello que digan y oblígales a que lo miren desde otro ángulo. Hazles buscar la Verdad como si fuera una perla en medio del océano y ellos fueran buceadores a pulmón libre.

Haz de tus hijos buscadores de perlas.

Carta abierta a mi hija de 9 años

Querida Paula,

Ha llegado el momento en que te comente algunas cosas por escrito. Cosas que pienso que deberías leer en solitario, a la luz de tu conciencia. Ahora que eres una ávida lectora de libros de Junie B. Jones, espero que esta carta no se te haga cuesta arriba.

Ya tienes 9 años, y pronto pasarás a los dos dígitos! Parece que fue ayer cuando naciste, y todavía lo tengo todo fresco en mi mente. Me quedo a veces parado viendo tu foto con 2 ó 3 años y tu parche de pirata en la terraza de la otra casa, y luego pienso que desde entonces ha pasado  más de un lustro, y que para ti la otra casa es algo tan lejano como una vida anterior que nunca se recordará.

Has llegado a una edad en la que debes empezar a ser responsable de tus actos, como lo hemos empezado a ser todos en algún momento.

Sé que a veces puede ser duro tener esa sensación de soledad porque estás acostumbrada a que tus padres estén permanentemente a tu lado susurrándote qué debes o no debes hacer, decir, llevar, o incluso pensar.

Pero ahora ya eres mayor. Mayor, no en el sentido de poder tener un móvil o conducir o poder votar. Pero sí mayor para poder asumir ciertas responsabilidades que se esperan ya de una princesa de casi 10 años.

La buena noticia es que el peso de la responsabilidad te lo voy a transmitir con un bien muy preciado entre los hombres, que es la libertad. La libertad de tomar tus propias decisiones. Ya que de nada serviría endosarte la responsabilidad si, como hasta ahora, te tuviéramos que perseguir tu madre o yo para que hicieras lo que nosotros creemos que tienes que hacer.

Se trata de que tú elijas tu propio camino, y asumas las (pequeñas) consecuencias que ello conlleva.

Por tanto, he decidido escribirte estas líneas para comunicarte que, por mi parte, intentaré –en la medida en que me sea posible- no decirte ya qué pasos tienes que tomar en cada pequeña acción cotidiana que hoy por hoy es tu vida.

Si tienes una redacción que escribir, o si tienes que leerte 8 páginas del libro de Medi, o si tienes que hacer 3 ejercicios en tu libreta verde, o si tienes que ponerte bambas o sandalias, te tengo que decir que hacerlo o no hacerlo, o escoger entre las opciones que cada uno de estos elementos plantea es una decisión libre tuya. Yo intentaré no influir en ello. Y sólo me encontrarás cuando me pidas sinceramente mi opinión, que te daré más como un consejo que como una imposición.

Verás, mi teoría es que muchos de los problemas con los niños de tu edad hoy en día vienen derivados de que los padres nunca tomamos la decisión de apartarnos, de dar un paso atrás, y dejaros ser libres y responsables. Sospecho que ello puede ser debido a que nos asusta que nuestros hijos vayan un día con los cordones desatados al colegio, o con una camiseta que no combina con los pantalones, o a que nos asusta que llevéis un día la redacción a medio hacer (con lo de fracaso que eso tiene, ya ves), o que os llamen la atención por no haber hecho los ejercicios. Pero, Paula, te puedo asegurar que sobre todo esto he reflexionado, siquiera un poco, y creo que soportar cualquier cosa parecida a esas que acabo de citar, no tiene precio comparado con dejarte la oportunidad de desarrollarte como individuo, con tus fallos, tus fracasos, pero también con tus experiencias y tus logros; en fin, con la satisfacción de ver que estás empezando a controlar las riendas de tu vida.

Digamos que con esta carta quiero entregarte (aunque de momento sea simbólicamente) las riendas de tu vida. Y lo hago diciéndote que nos tendrás al lado a tu madre y a tu padre, siempre, sin importar si los resultados son buenos o malos, si te equivocas, o si en algún momento te sientes mal por algo que hayas hecho o que hayas dejado de hacer. En eso consiste vivir, en equivocarnos mucho cada día, y sólo muy ocasionalmente acertar en algo. Espero que de esta manera vayas desarrollando los recursos que seguro que te van a hacer falta más adelante para ser la persona que TÚ quieras ser.

Yo te podría decir que mi aspiración es que seas una persona de tal o cual manera, que te dediques a esto o lo otro y que vivas de determinada manera y te conduzcas así o asá con la gente. Pero la realidad es que eso lo tienes que decidir TÚ, y sólo TÚ.

Disfruta mucho del camino y que sepas que tu padre te quiere (os quiere) con locura.

R.

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8 cosas que he aprendido de Benjamin Franklin

Benjamin Franklin no sólo es considerado uno de los padres de la nación americana. Fue una persona increíble, con intereses múltiples, que amasó una fortuna desde unos orígenes de lo más humildes, ocupó cargos importantes en la Administración americana (entonces colonias del Rey de Inglaterra), inventor de varios artilugios, soldado sobrevenido a cargo de varios fuertes en la frontera con los indios, y pionero de la ciencia,  en especial avanzando en la comprensión, por aquellos días muy limitada, de qué es y cómo se comporta la electricidad.

La lectura de su autobiografía, escrita en varios tramos a lo largo de su vida, aunque incompleta (murió antes de acabarla) debería ser obligatoria en todos los colegios del mundo. Franklin, además de todos los logros que alcanzó en el mundo de la ciencia y la política, dedicó atención a escribir sobre el desarrollo y la superación personales. Las fórmulas que cualquiera puede aplicar a su vida para lograr aquello que se proponga.

ben franklin 100 dollar bill

Franklin: el tipo que sale en los billetes de 100 dólares

Después de leerla, medio en inglés, medio en español, éstas son las cosas que he aprendido de Benjamin Franklin:

La importancia de la oratoria. Ya de jovencito Franklin describe cómo se reunía con otros tres amigos, y leían juntos, y se recitaban poemas y discursos. Él no se sentía el más dotado de los cuatro, ni mucho menos, y de hecho, dice que al principio tuvo que esforzarse para mejorar su estilo y su manera de comunicarse. Lo importante es que se dio cuenta pronto de sus carencias y trabajó para mejorarlas. Ello le sirvió para toda la vida, pues en innumerables ocasiones debió de dar discursos y expresarse en público.

Cuando no existe nada, existe la posibilidad de crear. El joven Benjamin era un gran aficionado a la lectura. En un momento dado cae en sus manos un libro venido de Europa sobre natación. En aquellos tiempos prácticamente nadie sabía nadar. El libro trae unos grabados con posturas para flotar y para desplazarse en el agua. Estamos hablando de inicios del siglo XVIII. Él se autoenseña a nadar, y no contento con eso, deja unos dibujos en los que añade posturas y estilos de natación que él crea. En otro momento de su autobiografía menciona que, en una época en que tenía algo de tiempo libre, un hombre rico le propone que enseñe a nadar a sus dos hijos. El encargo lo realiza con tal nivel de solvencia que escribe que pensó en abrir una academia para enseñar a nadar a la gente. Finalmente decide seguir otros pasos, y ello le lleva a convertirse en uno de los impresores de más exito de América.

El poder de la Virtud. Franklin es el primer “coach” de la Historia. Un avanzado a su tiempo que se dio cuenta del enorme poder de la disciplina personal. Reflexionó sobre sus comportamientos y su vida, ya a una edad temprana, y describe en su autobiografía cómo decidió que el comportamiento humano podía clasificarse con arreglo a 13 virtudes que era necesario desarrollar de manera cotidiana. Las enumero en el orden en que lo hace Franklin: Templanza, Silencio, Orden, Resolución, Frugalidad, Industriosidad, Sinceridad, Justicia, Moderación, Limpieza, Tranquilidad, Castidad, y Humildad. Franklin hace una tabla en su cuaderno enumerando cada una de estas virtudes, y dedica un tiempo consciente (una semana) a mejorar en cada una de ellas, anotando cuidadosamente cada día en qué consideraba que había fallado o aspectos en que podía mejorar. Dedicado a este proyecto durante un año podía dedicar 4 semanas a cada una de dichas virtudes. Franklin además explica cómo empieza sus días con una pequeña oración pidiéndole a Dios que le ayude en la consecución de la Virtud y al final de cada jornada dedica unos minutos a evaluar cómo se ha comportado durante el día.

autobiography franklin

Pensamiento crítico. Franklin estudió el fenómeno de la electricidad en una sociedad que pensaba que los rayos de las tormentas eran castigos divinos sobre las personas que no habían obrado de acuerdo a las Escrituras. Cuando inventa el pararrayos, medida que salvó de la destrucción a innumerables edificios y navíos de la época, se alzan voces en la Iglesia que piden que no se propague la instalación de dichos artilugios. Franklin rápidamente acalla dichas críticas con una palmaria reflexión: “si los rayos los envía Dios por alguna razón, ¿no es tan legítimo protegernos de ellos como protegernos del frío, que también es una creación divina, con ropa de abrigo?”.

Si no sabes nada, pon sentido común. Una cosa que yo no sabía es que a Franklin lo pusieron al mando de un destacamento de soldados, y durante unos meses tuvo que liderarlos en la construcción de unos fuertes y en la resistencia frente a ataques enemigos (en el libro habla de indios). Él reconoce que no tiene ni idea de las artes castrenses, y de hecho anhela que enseguida le vengan a relevar en su puesto, pero durante los pocos meses que se mantiene al frente de sus soldados logra que la vida militar de sus subordinados funcione como un reloj. Tratando a todos con respeto y con coherencia logra ser un jefe respetado por todos.

Dale el mérito a los demás. En varias ocasiones describe cómo, para cualquier iniciativa que se le ocurría, siempre la ponía en marcha como si la idea se le hubiera ocurrido a otro, o a un grupo de personas entre las cuales él era uno más. Menciona que en muchas ocasiones eso le fue muy bien, ya que Franklin era consciente de los vicios humanos, y cómo los egos se interponen a los proyectos. De esta manera puso en marcha un proyecto que acabó resultando en la creación de la red de bibliotecas públicas en América, u otro mediante el cual logra que los vecinos de Filadelfia paguen una pequeña aportación para sufragar un servicio de limpieza público de las calles.

El famoso experimento con la cometa atada a una llave. Franklin y su hijo.

El famoso experimento con la cometa atada a una llave. Franklin y su hijo.

Leaders are readers. En época de Franklin había muy pocos libros. Pensemos que él se inicia en su vida laboral (a la edad de 12 años) como aprendiz en una imprenta. Es consciente que los libros nos permiten vivir experiencias a las que no tendríamos acceso de otra manera. La lectura permite vivir más vidas, además de la propia. Devora todos los libros que caen en sus manos, y además constantemente está estableciendo conexiones con personas como él, amantes de la lectura. Podríamos decir que establece una telaraña de contactos con gente que -como él- muestran curiosidad y un deseo insaciable de aprender. Son los más preparados de su época. Por tanto, podríamos decir que, a través de la lectura, accede también a su propio y muy útil “networking”.

Tú forjas tu destino. Tú eliges. Tú tienes la responsabilidad de hacer lo que desees con tu vida. Franklin inicia su vida como el décimo hijo de una familia con pocos recursos y únicamente en base a sus decisiones diarias acaba convirtiéndose en una de las personas más ricas y admiradas de su país. Franklin mantiene que las pequeñas decisiones diarias son las que forjan tu destino. Los logros no resultan de grandes y puntuales acciones en la vida, sino de las pequeñas elecciones que hacemos a diario.

Franklin también inventó un instrumento: la armónica de cristal

Franklin también inventó un instrumento: la armónica de cristal