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No juzguéis, no critiquéis

Es tarde por la noche y las niñas tienen que acostarse. El juego de siempre, las 3 P’s: pijama, pipí, piños. El ritual de cada noche. Bueno…de casi cada noche. Ahora en verano, muchos días caen rendidas por la noche, y digamos que en vez de las 3 P’s sólo llegamos a 2, o incluso a 1 mísera P.

A veces también añadimos un cuento, muchas veces leído. Pero de vez en cuando gritan como locas: “¡¡¡cuento inventado!!!” y me miran con una enorme sonrisa y la esperanza de que me invente un cuento en ese mismo momento. …”y que sea divertido, papi”.

La primera vez que les conté un “cuento inventado” fue un completo desastre. De ahí que ahora remarquen “y que sea divertido”. Así que ya he aprendido la lección, y tengo un “buffer” de cuentos en la cabeza. El otro día hice como que me “inventaba” el cuento del elefante y los 3 sabios. Apagamos la luz del dormitorio, y empecé. El cuento,  dice, más o menos, así:

“Érase que se eran tres hombres muy sabios, que vivían en tres puntos distantes, y que tenían una peculiaridad física: eran ciegos de nacimiento. Los tres buscaban el “Sagrado Elefante Blanco”.

Un día, tras años de intensa búsqueda, finalmente hubo suerte, y los tres oyeron de la presencia inminente del Sagrado Elefante Blanco, y fueron a su encuentro.

Mientras el Elefante estaba plácidamente tumbado, uno de los sabios se agarró fuertemente a la trompa, cayendo de inmediato en un éxtasis profundo. Otro de los sabios, con los brazos completamente abiertos, se abrazó con muchísima fuerza a una de las patas del paquidermo, y el tercero se aferró amorosamente a una de sus grandes orejas.

Para ellos, la experiencia fue sublime. Después de aquello, cada uno de ellos volvió a su aldea, profundamente trastornado. Cada uno de ellos relató y compartió sus experiencias con sus vecinos.

Algo extraño empezó a ocurrir: un día se encontraron para hablar sobre la Verdad.

El que experimentó la trompa comenzó a decir:
– La Verdad (refiriéndose al Sagrado Elefante Blanco) es larga, rugosa y flexible.

El otro sabio, el que experimentó con la pata del elefante, manifestó:
– La Verdad es dura, mediana, como un grueso tronco de árbol.

El tercer sabio, que experimentó con la oreja del paquidermo, dijo:
– La Verdad es amplia, fina, y se mueve con el viento.

Los tres, aunque sabios y buenas personas, no se entendían, no se comprendían y decidieron marcharse cada uno por su lado. Los tres se dedicaron a predicar su Verdad, y crearon 3 grandes religiones que se expandieron muy rápidamente.

Los tres sabios habían tocado la Divinidad, aunque no en su totalidad. No pudieron percibir su amplitud, al experimentar una parte, no el Todo.”

Llegados a este punto yo creo que las niñas ya estaban dormidas, así que seguramente que esta parte la susurré únicamente para mí:

“Los hombres nunca lo sabemos todo. Siempre habrá algo que se nos escapa. Niñas… no juzguéis. No critiquéis. Tened en cuenta que ni siquiera los grandes sabios conocen toda la Verdad.”

Y allí me quedé, pensando en la oscuridad del cuarto, cómo una vez más, tener hijos te ayuda a entender mejor el mundo.

Siempre se nos escapará algo

Siempre se nos escapará algo

 

Hija, me da igual si suspendes

Me da igual la nota. Me da igual la asignatura. Todo eso ya no importa. La gente no lo quiere ver, pero el sistema educativo ha entrado en crisis. Todo ha cambiado. En el S.XXI seguimos teniendo una Educación del S.XX.

4ºA (Curso 06-07)

Ciudadanos en proceso de cambio

Es divertido ver los debates sobre la nota de corte para obtener becas, o sobre la Selectividad, o sobre el Informe Pisa. Todo eso ya no sirve, señores. Entérense. Tener un título universitario es papel mojado. ¿Sacar una matrícula? ¿De qué sirve? Para engordar igualmente las listas del paro. El mundo cambia, lo queramos o no, y éste es un momento de transformación profunda de la sociedad. El mercado de trabajo ya ha cambiado, y la Educación, concebida como el sistema que nutre de trabajadores a la sociedad, debe de cambiar.

Todo empezó con la Revolución Industrial. La gente no tenía de nada, y había que llenar las fábricas de trabajadores, pagarles un salario, y que se gastaran ese salario en comprar los bienes que salían de esas fábricas que los empleaban. Se necesitaban muchos trabajadores, y algunos directivos, y se aplicó la división del trabajo a la Educación.

Alguien pensó: “meteremos a los niños en la escuela, por aquí, con 6 años, todos estudiarán lo mismo, divididos en grupos por año de nacimiento, no por capacidades, ni por intereses, simplemente por edad, y los iremos pasando de año en año al aula de al lado, hasta que salgan con 16 años por el otro extremo, moldeados a imagen y semejanza del sistema, pertrechados todos con los mismos conocimientos generales que les garantizarán poder acceder a un puesto de trabajo en el sistema de producción industrial”.

Últimamente la cadena de montaje ya se extiende desde parvulitos hasta los másters, cubriendo los 30 primeros años de vida de los individuos. De esa manera bajamos las estadísticas del paro juvenil. Pero llega el final del proceso “educativo” y los jóvenes de hoy se encuentran sin herramientas que les ayuden a integrarse en la sociedad, que les ayuden a ser útiles.

La cosa iba bien, y funcionó durante décadas, mientras las sociedades iban progresando y a medida que la gente compraba lavadoras, neveras, coches, televisores, muebles y apartamentos en la playa. Pero la era industrial ha llegado a su cénit. Ya tenemos de todo. El consumo, antes elevaba el nivel de bienestar de  la gente. Hoy, el  consumo es fuente de insatisfacción, depresiones, invasión -por parte de las corporaciones- de la intimidad de las personas, y endeudamiento desenfrenado. En suma, el consumo, hoy, crea malestar.

Si fuéramos historiadores y tuviéramos que poner un año a la finalización de esa era industrial, quizás diríamos que todo acabó en 2008. La nueva era ya no es industrial, es otra cosa. No sé si decir que es la Era Post-industrial, si es la Era de la Información, la de las Nuevas Tecnologías, o la de las Redes Sociales. Sólo sé que el sistema educativo ya no funciona. El mundo ya no necesita más trabajadores de cadena de montaje, ni más empleados de cubículo moviendo papeles de un lado a otro. Todo eso ya lo hacen las máquinas, o los chinos, que tarde o temprano serán sustituidos por senegaleses, que luego serán sustituidos por máquinas.

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Ahora las capacidades que se necesitan son muy otras. Se necesitan cosas que hasta ahora no se han enseñado en las escuelas ni en las universidades, ni mucho menos en los MBAs. Se necesita creatividad, flexibilidad, iniciativa, asertividad, fe, dotes de motivación, capacidad de detección de problemas y capacidad de dar soluciones a esos problemas. Se necesita optimismo y perseverancia. También se necesitan grandes dosis de espíritu crítico, y la conciencia de que el mundo se ha vuelto un poco más incómodo. Un poco más duro. Un sitio en el que para sobrevivir hay que salir cada día a cazar. Cazar para poder comer.

Hija, me da igual si suspendes. Yo lo que quiero es que aprendas.

Aprender o que nos enseñen

No es lo mismo que te enseñen que aprender. El objetivo de cualquier padre NO debe ser enseñar. Debería ser que nuestros hijos aprendan.

Aprender es el proceso mediante el cual uno mismo se interesa activamente por algo, cuestiona, averigua, prueba, y finalmente capta el sentido de algo o la manera de solventar un problema.

Enseñar es el proceso mediante el cual alguien que pretende saber, transmite su conocimiento a alquien que pasivamente recibe dicho conocimiento y lo incorpora a su acervo intelectual.

Aprender es una acción proactiva. Ser enseñado es una acción reactiva. El que aprende dirige su formación hacia aquello que le fascina. El que es enseñado transita un camino que otro ha trazado previamente para él.olvidar-aprender-L-1

Con cada nueva cosa que un individuo aprende, mejora su técnica de aprendizaje. Refina sus métodos y desarrolla recursos que le van a ayudar en sus próximos aprendizajes.

El que es enseñado no necesita ningún componente de apasionamiento, simplemente recibe la visión de un tercero y la acepta como buena. Solo las mentes agudas y privilegiadas son capaces de criticar aquel punto de vista desde el que se le está enseñando.

Hoy en día, veo a los padres demasiado centrados en los deberes de sus hijos. Los hay incluso que después de una dura jornada de trabajo asumen que “tienen que hacer deberes” junto a sus hijos. Estos padres (y madres, entiéndaseme) le dan mucha importancia a que sus hijos completen sin falta los deberes, en que cumplan con su obligación. En que ya desde la escuela sus hijos transiten por el camino que la escuela les ha marcado.

Me parece una buena práctica relativizar los deberes. Hay que hacerlos. Bien. Pero un niño debe ser expuesto a retos intelectuales más allá de sus tareas escolares. O si me apuras, y el tiempo es escaso, EN LUGAR de sus tareas escolares.

Acompañando a nuestros niños en un paseo por la playa podemos preguntarnos: ¿por qué el agua del mar es salada? ¿por qué se producen las olas? ¿qué son las mareas? ¿por qué flota un barco?

En Japón, en todas las escuelas cuyo objetivo es conducir al hombre a la realización suprema y a su unidad con el Infinito (por ejemplo, en el Judo, o en el Aikido) hace falta pasar por 3 etapas: se las llama SYU -HA -RI.

SYU = Es la obediencia estricta. Se escucha al maestro, se le imita, se depende de él y su enseñanza. Se practica lo que él dice y se hace con plena obediencia.

HA = Se olvida, se aleja uno del maestro, se le cuestiona, se le critica negativamente. Pero aquello que se aprendió deja su huella y aquello que se ha entendido de la verdad se queda con uno ya para siempre. No todo ha sido en vano.

RI = Es la libertad, la independencia del maestro. Se han cometido errores por el camino, pero esos errores han despertado el juicio, lo han clarificado, han ayudado a asimilar lo esencial de la lección. Ya no hay crítica, hay comprensión y gratitud infinita hacia el maestro.

Cuando un alumno ha pasado por las tres etapas, se ha convertido en un ser libre e independiente. Ayudemos en este proceso a nuestros hijos, y dejémosles que aprendan por sí mismos.ShuHaRi

 

¿Qué significa para mí Educar?

Para cuando mi hijas tengan 18 años habrán recibido más de 10.800 horas de clase formal en el colegio. El cálculo lo hago rápido y de la siguiente manera: 180 días lectivos que tiene un curso escolar x 12 años escolares x 5 horas diarias.

Para entonces yo pido más bien poco: que el sistema educativo haya inculcado en ellas sólo unas pocas habilidades. A saber: cálculo mental (sumar, restar, multiplicar, dividir, hacer reglas de 3, sacar porcentajes), leer con solvencia y a la vez con una buena comprensión lectora, tener un vocabulario amplio, y saber escribir con cierta competencia una carta o una redacción, o un informe. También estaría bien saber comunicarse, y que tuvieran ciertos recursos para ser personas creativas y con iniciativa. No pido más. Del inglés ya me encargo yo. La informática olvidadla, pues lo que aprendan ahora no va a servir de nada en 15 años. De esto ya hablé hace algún tiempo en esta entrada del blog.

Yo creo que en 10.800 horas algo se podrá conseguir. Tampoco estaría mal que al cabo de toda esa instrucción hubieran leído unos cuantos libros,  se supieran unas pocas poesías, y hubieran escuchado algunas piezas de música clásica. Pero eso, me dicen, ya es ser muy optimista.

Malcolm Gladwell tiene un libro llamado “Outliers” (traducido al castellano como “Fueras de serie, por qué unas personas tienen éxito y otras no”), y en él desarrolla la teoría de que para dominar cualquier técnica a un nivel superlativo, y poder tener éxito, hace falta una dedicación de 10.000 horas. Como ejemplo pone a los Beatles, que antes de triunfar dedicaron más o menos ese número de horas a tocar en tugurios de Hamburgo, noche tras noche, desde 1960 a 1964, delante de públicos poco refinados consistentes en marineros y rufianes de tres al cuarto.  Gladwell también pone como ejemplo a Bill Gates, que en 1968, a los 13 años de edad, accede a uno de los primeros ordenadores del país, que se instala precisamente en su instituto. A partir de ahí Gates dedica más o menos sus 10.000 horas a programar en ese ordenador y en otro de la Universidad en su localidad. Lo cual le hizo un experto en programación cuando todavía era un adolescente y le ayudó a destacar como después destacó.

Malcolm Gladwell

Por tanto, mis hijas y vuestros hijos tendrán sus 10.000 horas de dedicación a la instrucción general. Tiempo suficiente. Además, para cuando tengan 18 años, yo calculo que habrán pasado con sus padres, por lo menos, otras 10.000 horas. Seguramente mucho más. Por tanto, es importante reflexionar siquiera un momento a qué vamos a dedicar esa cantidad ingente de horas, que a otros les ha llevado al estrellato más rutilante. Ojo: yo no pido estrellatos. Es más, no me haría gracia acceder a él por vía de mis hijas.  Sólo quiero producir dos buenas personas, que sean honradas y trabajadoras y que aporten algo de valor a la sociedad en la que vivan. No pido más. Entonces…¿En qué voy a centrarme durante esas más de 10.000 horas? Os lo cuento:

  1. ESTAR. Condición “sine qua non“. Hay que estar presencialmente. Sin hacer nada más. Sólo con estar presente ya tenemos el 80% del trabajo hecho. El objetivo es estar por ahí cerca cuando nuestros hijos lloren, cuando griten, cuando se alegren, cuando se caigan y se hagan sangre, cuando se pregunten cosas, cuando se peleen, cuando se enfaden. A todo esto nosotros reaccionaremos, y esa reacción (sea cual sea) ya es el grueso de nuestra labor. Mi conclusión es que no hay reacciones correctas o incorrectas. Las que sean harán que nuestros hijos vean comportarse a sus padres, y moldearán en ellos su propia personalidad.
  2. DEJAR ESTAR. Muy importante también. No molestar a los niños en su descubrimiento del mundo. Observo como, en el parque, algunos padres están constantemente encima de sus hijos: por si se caen, para que vayan a los columpios de la edad que les corresponde, para que se pongan la chaqueta, para que se acaben la merienda, para que no se ensucien los pantalones nuevos… Y me pregunto: si mi hija de 3 años quiere subirse a un columpio para niños de 6 o 10 años, ¿qué problema hay? Si un niño se ensucia en el parque, ¿a quién podría extrañar? Los niños deben también tomar sus propias decisiones de con quién se juntan, a qué juegan, con quien se enfadan, con quien comparten, qué actividades prefieren hacer. Dejémosles ser.

    Dejemos que de vez en cuando se caigan. Así es como se aprende.

  3. ESCUCHAR. Hay un capítulo de la serie “Malcolm” en el que a Malcolm sólo le suceden cosas malas debido a que en cualquier situación expresa su opinión abiertamente sin pensar ni reflexionar en las consecuencias. Por ejemplo, le expulsan del equipo de baloncesto, o su madre se enfada con él. En un momento dado decide callarse sus opiniones y simplemente mantenerse en silencio cuando es interpelado por su madre o por el entrenador de su equipo. En la serie se escuchan sus pensamientos, pero él se mantiene callado y a la escucha. Es gracioso ver cómo le cuesta. Pero a partir de ese momento todo le empieza a ir bien. Las personas con las que “habla” entablan una especie de monólogo con él delante, sólo asintiendo, pero acaban contentos. El entrenador le readmite en el equipo, su madre está encantada y Malcolm logra superar su mala racha. Es increíble el poder que tiene sólo Escuchar.
  4. HACER. También muy fácil. Como el punto 1. Simplemente ser un ejemplo para nuestros hijos. Hacer nuestra vida siendo conscientes que alguien se fija en nosotros. Si quieres que tus hijos sean generosos, sé desprendido con las cosas. Comparte tú en primer lugar.  Si quieres que tus hijos valoren las cosas, no despilfarres ni desaproveches las cosas. Si quieres que tus hijos sean solidarios, haz favores al vecino. Sé compresivo y tolerante. Respeta a los demás si quieres que tus hijos sean respetuosos y más importante, que te respeten. Yo quiero que mis hijas sean personas positivas. Por tanto, ante las adversidades estoy obligado a poner buena cara, aprender lo positivo, y verbalizarlo. No por mí, por ellas.
  5. DEJARNOS ACOMPAÑAR. Ojo, no digo ACOMPAÑAR. Acompañar es lo que hacemos cuando les llevamos al chiquipark. Eso está bien. Pero yo, aquí, me refiero a que nosotros hagamos nuestras cosas y nos llevemos a nuestros hijos con nosotros. Si hay que ir de compras, que vengan. Si tenemos que ir a renovarnos el DNI, que vengan y vean qué es el DNI y cómo se lo renueva uno. Si voy al taller a reparar el coche, que vengan. Ello dará pie a que pregunten, a que vean a un policía de cerca o a un mecánico lleno de grasa, a que vean mundo, a que aprendan en definitiva.
  6. PERCIBIR. Esto ya es más difícil. Implica estar alerta y darnos cuenta de qué interesa a nuestros hijos. Qué les motiva, qué les gusta, qué les mueve. Unas veces lo dirán, y otras no lo dirán, y nos tendremos que dar cuenta. Otras veces dirán que les gusta algo, pero enseguida veremos que en realidad no les hace tanta gracia. Hay que saber percibir si nos piden algo porque realmente tienen un interés, o por otros motivos más espúreos, como puede ser que lo hace un amigo, o porque “está de moda”. Una vez hayamos percibido algún interés real, intentaremos facilitarle el camino, mostrándole opciones y oportunidades en esa dirección. Que les gusta la danza, pues hacer los esfuerzos para que desarrolle ese interés. Les pueden gustar los insectos, o los cómics, o la papiroflexia, o los tatuajes. En cualquier caso, les gustará a ellos, no necesariamente a nosotros, y estaremos obligados a ayudarles a profundizar en esa vía.
  7. NO ACONSEJAR. Salvo que nos lo pidan explícitamente. Dar consejos a un hijo tiene el riesgo de que los siga. Si el consejo que damos es sobre una asunto poco importante, no hay problema. Si el asunto es trascendental, como por ejemplo, qué estudios universitarios debe seguir nuestro hijo existe la posibilidad de que luego, ese hijo, pasado un tiempo acabe pensando que la decisión que tomó, siguiendo el criterio de su padre, no fue la mejor. Yo creo que lo mejor es no dar consejos. Simplemente ayudar y apoyar la decisión que autónomamente tomen nuestros hijos.
  8. IMPONER. Hay varias cosas que los adultos debemos imponer a los niños. Imponer criterios. “Niño…¿de qué quieres el bocadillo hoy?”, “Hoy….¿qué te apetece hacer?” Creo que preguntando a los niños les transmitimos el mensaje de que estamos a su disposición. Los niños no tienen problema siguiendo el criterio de un mayor. “Hoy tienes bocadillo de mortadela, y vamos a ir a dar un paseo por el Serrallo”. Punto. Imponer castigos. De vez en cuando, y después de los preceptivos avisos, hay que imponer castigos. Los avisos no pueden ser eternos, cosa que a veces veo que pasa. “Si lo vuelves a hacer te castigo”…El niño lo vuelve a hacer y nada…”ahora sí que sí, si lo vuelves a hacer otra vez te castigo, y ahora hablo en serio”. Y el niño lo vuelve a hacer, y no sucede nada. Imponer premios. Lo mismo pero al revés. Si hay un comportamiento especialmente satisfactorio, otorgar una recompensa es una ocasión magnífica para educar, y compartir. Seguramente de los momentos más gratificantes también como padre. Ojo, si prometí un premio, no puedo dejarlo caer en el olvido si mi hijo cumple con las expectativas.
  9. NO OCULTAR.  La vida a veces es dura, nos encontramos con cosas desagradables. Desastres. Adversidades. Un gato muerto en la carretera. Un padre al que han despedido de su empleo. Una palabrota pronunciada por alguien (no nosotros, claro). Una pelea en la calle entre dos adultos. Al principio pensaba que los niños tenían que permanecer protegidos ante este tipo de cosas. Ahora creo que parte de la educación es encontrarse con esto. No buscarlo, pero no ocultarlo. Mis niñas a veces ven un programa de dibujos que se llama “Tiempo de aventuras“. Son las aventuras surrealistas de Jake, el Perro, y Finn, el Humano, en un mundo raro de castillos, princesas, monstruos, vampiros y encantamientos. Reconozco que el programa no es lo más edificante que se ha hecho en la tele. Seguramente está pensado para preadolescentes. Los personajes hablan constantemente con coletillas como “tronco”, “tío” o con términos como “mola”, “dabuten”. Hay personajes que mueren con muertes violentas o simplemente suceden cosas extrañas como que unos vampiros succionan el cerebro a la gente, o como que el Rey Hielo secuestra a una princesa y la mete en una bolsa de viaje. Lo dicho. Raro. ¿Me debo preocupar si ellas quieren verlo? ¿Debo evitarlo? Lo he comentado con otros padres y la mayoría coinciden en que no se lo dejan ver a sus hijos de 6-7 años. Mi conclusión: no ocultar. Si lo ven, no se lo voy a prohibir. Yo intentaré estar a su lado mientras lo ven, pero renuncio a ocultar.

    Tiempo de aventuras

  10. PENSAR CONTRACORRIENTE. Si nosotros nos cuestionamos las cosas, entiendo que ayudaremos a nuestros hijos a desarrollar un pensamiento crítico. Algo que se nota a faltar en la sociedad actual. No se trata de descalificar ni de creer en teorías conspirativas. Pero si algo no nos convence , hacer un ejercicio explícito de incredulidad. Dudar. Un ejemplo clásico son los medios de comunicación. Basta coger 3 periódicos para ver que la manera cómo se redacta una misma noticia nos predispone a favor o en contra de quien más interese.  Otro ejemplo clásico son las estadísticas y los gráficos que las muestran. En fin…en mi opinión es importante no ser categóricos con las cosas, transmitir a nuestros hijos que siempre hay otros puntos de vista, y que a lo mejor a lo que nos enfrentamos a una manera sesgada de ver la realidad.
  11. y DISFRUTAR.  Que nuestros hijos nos vean divertirnos, bromear, y  también disfrutar de las cosas. No de las cosas caras o sofisticadas. Más bien de las cosas sencillas y sin coste. Un paseo. Una excursión por el campo. Una partida de bolos con los amigos. Una celebración familiar. Un día de playa.

Seguramente me equivoque en muchas de mis apreciaciones, pero todavía estoy aprendiendo a ser padre y a decir verdad…es una cosa muy difícil.