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Los enemigos del emprendedor

Está visto que con el nivel de desempleo que tenemos y con una economía en recesión ni las grandes corporaciones, ni las pequeñas, tienen trabajo que ofrecer a los jóvenes y no tan jóvenes que hoy en día están en las listas del paro. Igual en un futuro cambiarán las tornas, pero de momento es difícil “encontrar trabajo”.

Ante esta situación una opción es “crear tu propio trabajo”. Muchos despedidos por cuenta ajena pasan a ser autoempleados por cuenta propia, dándose de alta como autónomos, o lanzándose a montar su propia empresa.  Los políticos observan esta coyuntura, y tras habernos subido los impuestos en el último año para intentar paliar (sólo en parte) el déficit  acaban de aprobar el Real Decreto-ley 4/2013, de 22 de febrero, que contiene una serie de medidas en diversos ámbitos de apoyo al emprendedor y de estímulo del crecimiento y de la creación de empleo. Entre dichas medidas están:

  • Que los nuevos autónomos de menos de 30 años cotizarán 50 euros al mes, durante los 6 primeros meses de actividad en vez del mínimo de 250 euros.
  • Durante 9 meses los menores de 30 años podrán compatibilizar el cobro de la prestación por desempleo con un alta como autónomo por una nueva actividad.
  • Las microempresas de menos de 10 trabajadores que contraten en modo indefinido a un joven de menos de 30 no cotizarán a la Seguridad Social por dicho trabajador (salvo por enfermedad profesional).
  • El joven autónomo (menor de 30) que contrate a un trabajador en situación de paro de larga duración, con más de 45 años con un contrato indefinido no cotizará a la Seguridad Social.
  • Las sociedades de nueva creación cotizarán a un tipo impositivo reducido del 15% durante los 2 primeros años para los primeros 300.000 euros de beneficio.
  • Los nuevos autónomos tendrán una reducción del 20% en los rendimientos netos de la actividad durante los primeros 2 años.
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Un emprendedor con suerte

En general todo este tipo de medidas no se dirigen al verdadero problema: los enemigos reales de emprendedores y autónomos, que en mi humilde opinión son:

  1. El exceso de regulación. El autónomo es una especie que no pide mucho, no gasta recursos públicos, y en general es poco dado a quejarse, pero es al que más machacan las leyes. En vez de publicar 1 decreto de apoyo al emprendedor, habrían hecho mejor en derogar 10 normativas que tienen fritos a los autónomos. Para empezar cualquier actividad ahora, resulta que hay que cumplir la Ley de Protección de Datos, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, los permisos municipales de apertura de locales, las licencias de toda clase. El excelentísimo Ayuntamiento de mi ciudad cobra 771 euros antes de que un autónomo abra la persiana en una actividad clasificada como de inocua. No te digo nada si es una actividad con “externalidades”, como salida de humos o generación de residuos.
  2. Las ayudas. El autónomo no necesita ayuda, lo que necesita es que no le pongan palos en la rueda. Existe la leyenda de que existen ayudas y/o subvenciones para el emprendedor, sea hombre, mujer, desempleado reconvertido, o mayor de 45 en situación de riesgo social. Mejor que se ahorren las ayudas (por no hablar de los “créditos blandos”, vaya estafa), que tener a la gente perdiendo el tiempo y rellenando formularios para que paguemos a un funcionario que tiene que llevar todos esos expedientes.
  3. Las redes sociales. Ahora hay un boom con esto de las redes sociales. Digo redes sociales, que está de moda, pero realmente podría decir “Facebook, Twiter y Linked-In”. ¿Hay algo más? Bien.  Nadie lo reconocerá hoy (quizás mañana sí, pero de momento no), pero os voy a contar un secreto. Sshhh. Las redes sociales son grandes plataformas de publicidad segmentada. Sólo benefician a las empresas, a la hora de encontrar sus audiencias. Sí, al principio Twitter parecía una iniciativa romántica, pero cada vez más es una herramienta más para bombardear al personal con sutiles estrategias de márketing. Si eres un pequeño autónomo nadie te escuchará en las redes sociales. Demasiado ruido, demasiados impactos, demasiado tiempo a perder.

    No lo olvides: Son tus enemigos. Te harán perder muuuucho tiempo.

    No lo olvides: Son tus enemigos. Te harán perder muuuucho tiempo.

  4. Los grandes jugadores.  Son las grandes empresas y multinacionales que existen hoy en cualquier sector de la actividad. Estos monstruos tienen varias ventajas sobre los pequeños empresarios y autónomos. Primero: influencia sobre los políticos, que son los que hacen las regulaciones (ver punto 1). Segundo: capacidad de desvirtuar el mercado con precios y calidades que el pequeño no puede ofrecer (precio más bajo, y calidad más baja). Tercero: Capacidad de endeudarse. Esto de por sí puede ser letal (espero que nos haya quedado bien grabado en el coco, después de haber sido la principal causa de la crisis que hoy vivimos). Pero mientras los grandes se endeudan, juegan en el mercado en posición ventajosa respecto a los pequeños que tienen que cuadrar sus números, mes a mes. Los grandes pueden invertir o hacer dumping o publicitarse hasta aburrir.
  5. El estigma social del fracaso. Esto también es importante. No damos suficientes oportunidades a los emprendedores de fracasar. Para triunfar (léase aquí, más bien, para ganarse la vida) hay que fracasar varias veces y con carácter previo. En cada fracaso aprendemos de primera mano cómo hacer algunas cosas o cómo evitar otras. Si al emprender un proyecto algo sale mal,  o todo sale mal, y resulta que quedamos con el culo al aire y una pequeña deuda con el banco, la proeza necesaria para salir de dicho agujero ya no deja la más mínima motivación para intentarlo otra vez.  Medio en broma comentaba el otro día con un amigo que una gran labor social sería la de una hipotética entidad no lucrativa llamada “Fundación Segunda Oportunidad“. Sería una fundación dedicada a tapar los pequeños agujeros financieros de emprendedores que acreditaran fehacientemente haber intentado llevar a cabo un proyecto empresarial durante al menos 24 meses, y haber tenido que dejarlo. La Fundación sufragaría dicho agujero (digamos por ejemplo, con un máximo de 20.000 euros) con la condición de que el emprendedor lo intentara otra vez. Decidme si ya existe una fundación como ésta. Me encantaría saber de ella.
  6. Los másters. Entendedme. La formación está bien si te aporta valor. Hoy en día puedes aprender mucho de forma barata. Primera regla para cualquier cosa que quieras aprender: haz unas cuantas búsquedas en google. Los másters son una pérdida de tiempo y de dinero. Tim Ferriss lo explica muy bien. Estuvo dudando si hacer un máster que costaba 60.000 dólares en una prestigiosa universidad americana. Al final cogió ese dinero e invirtió en unas pocas start-ups (empresas tecnológicas incipientes). Aprendió mucho más lidiando cada día con los problemas de estas jóvenes empresas y su personal que lo que hubiera hecho en clase. Los másters (me refiero a los de Business Administration) hoy son ante todo un gran negocio para los que los imparten. Y una manera en la que muchos se autoengañan diciéndose a sí mismos que están formándose. La formación real está ahí fuera. En la calle. Intentándolo y equivocándote.

    No he encontrado el gráfico del número de leyes publicadas en el BOE cada año. También crecen.

    No he encontrado el gráfico del número de leyes publicadas en el BOE cada año. También crecen.

Mcdonalizar la vida

El otro día me llevé a Paula (6 años) al McDonalds local. Los dos solos. Sin un motivo especial, simplemente por salir de la rutina. La fui a buscar al cole y fuimos a comer juntos bajo la lluvia. Era un día entre semana y en el McDonalds no había el ajetreo que siempre hay si vas en fin de semana. Lo cual me dio la oportunidad de observar -mientras esperábamos que nos sirvieran- con detalle la manera de trabajar y organizarse que tienen en esa franquicia.

Estos días estoy leyendo “Work the Systems. The simple mechanics of making more and working less“, de Sam Carpenter. Podéis bajaros una copia gratuita en pdf aquí (en inglés). La premisa básica del libro es que cualquier aspecto de la vida de una empresa es un “sistema”. Un conjunto de sucesos que ocurren en orden cronológico y que se pueden documentar. Gracias a esa documentación las empresas bien gestionadas crean y mantienen unos procedimientos por escrito que guían, paso a paso, a los empleados y gerentes en sus trabajos diarios, garantizando que el resultado de cara a los clientes y de cara a los resultados es, por un lado, el más eficiente, y por otro, siempre el mismo, con un alto grado de satisfacción para todas las partes.

El McDonalds, visto con el ojo de alguien que está leyendo sobre procedimientos, es una máquina super-engrasada. Cada cosa está en su sitio, cuidadosamente estudiado, y respondiendo a una razón. Las bolsas de papel ordenadas, pequeñas, medianas y grandes, encima de los tubos dispensadores de las hamburguesas. Debajo están las cajitas de salsa barbacoa, los sobres de ketchup, los sobrecitos de azúcar y sacarina, y los palitos para remover el café. Todo perfectamente etiquetado.

Los empleados invariablemente se comportan igual, y repiten calcados sus movimientos de acuerdo a la manera en que se les ha instruido. Incluso tienen un lenguaje común que hablan en todos los McDonalds del mundo, salpicados de “por favores” y de “gracias”. Yo no vi hacerlo, pero he leído que en el manual del empleado de McDonalds es muy importante sonreirle al cliente.

Si uno pide un Sundae en McDonalds, siempre sin excepción recibirá el mismo helado. La misma cantidad de “soft ice-cream” regado con la misma cantidad exacta de sirope. La cantidad que responde a que el empleado del burguer ha apretado una sola vez el dispensador de sirope de manera profunda y continuada, tal como reza el manual.

Si uno pide un Big Mac, lo pida en Tarragona o en Moscú, siempre acabará con una hamburguesa que tiene exactamente la misma cantidad de salsa, la lechuga trozeada de la misma forma, la misma loncha de queso, y 2 pepinillos (no uno ni tres) prácticamente del mismo diámetro.

La manera en que el empleado en la caja de McDonalds te pregunta qué deseas, o el momento en que te da el cambio están perfectamente estudiados y responden a la mejor manera en que lo pueden hacer para satisfacer al cliente y maximizar las ganancias para la franquicia. Todo está establecido. Todo está pensado. El empleado no piensa, sólo ejecuta. No tiene que tomar decisiones, tiene que ceñirse al manual. Alguien ya estudió las opciones y decidió cuáles son óptimas.

Aquí van varias curiosidades sobre McDonalds y su sistema:

  •  Antes de empezar a manipular los alimentos, los empleados de MD deben lavarse las manos durante 20 segundos.
  • Además, en algunos restaurantes hay un reloj programado que emite un sonido cada hora, señal que hace que todos los empleados, de uno en uno y de manera ordenada, acudan a lavarse las manos.
  • Si una hamburguesa ha estado más de 10 minutos hecha y no se ha servido, se retira de la cola para la venta. Las patatas se conservan durante 7 minutos.
  • Cuando hacen patatas fritas, cuyo tiempo en la freidora está pautado, deben de “darles un meneo” ( shake the fries) cada 30 segundos, y al finalizar dejarlas escurrir durante 7 segundos.
  • La salsa del Big Mac se pone encima de la hamburguesa con una “pistola” dispensadora, que proporciona 5 pequeños montoncitos de salsa distribuidos en circulo dentro del área de la hamburguesa, para no dejar a la discreción del empleado la cantidad de salsa (ver el vídeo arriba).

El que me fijara en McDonalds no tiene nada que ver con la manía que a esta empresa le tienen muchas personas. Simplemente constaté que en esa empresa los procedimientos son el corazón del negocio. Pero pasa en muchos otros sitios. En todas las grandes empresas.

Si uno entra a trabajar en Port Aventura, de las primeras cosas que recibe es un Manual del Empleado. Si uno trabaja para una gran auditoría de cuentas, existen manuales muy específicos acerca de qué comprobaciones debes hacer a la hora de revisar las cuentas de una sociedad. Si uno trabaja para IKEA, apuesto a que también recibe instrucciones precisas, que están por escrito, en algún Manual de Procedimientos, acerca de cuál es la manera IKEA de hacer las cosas.

Reconozco que a veces la mejor manera de hacer las cosas para la empresa puede no ser la mejor opción para el consumidor, pero como cliente siempre puedes escoger no ir al McDonalds si no quieres esperar en una cola a que te sirvan, o no ir al Ikea, si no quieres darte un paseo entero por una nave llena de trastos cuando a tí solo te interesa comprar una estantería Expedit.

En el libro de Carpenter se afirma que 4 de cada 5 empresas pequeñas y medianas fracasan por no poner por escrito unos procedimientos claros y por no dedicar el tiempo necesario a ejecutarlos, mantenerlos, transmitirlos a los empleados, y mejorarlos continuamente. Si las empresas con éxito definen sus procedimientos, ¿podríamos extrapolar que las personas con éxito también documentan (aunque sea inconscientemente) y siguen sistemáticamente unos procedimientos?

¿Cómo escribiría Ray Kroc, el creador de las franquicias McDonalds, el Manual de nuestra vida personal? Primero dividiría nuestra existencia en “sistemas”, en acciones independientes que forman un todo (p.ejemplo: sacar a pasear al perro sería un “sistema”, hacer la compra semanal sería otro “sistema”, organizar las vacaciones, gestionar el fondo de armario, mantener el contacto con amistades, mantener el botiquín de medicamentos, etc..).

Los métodos de McDonalds han dado para muchos libros

Cada uno de estos procesos requeriría de un estudio pormenorizado sobre la mejor manera de realizarlo, en aras a obtener la máxima eficiencia, que significa destinar los mínimos recursos y obtener el mejor de los resultados. Una vez determinada la mejor manera de hacerlo, siempre lo ejecutaríamos de la misma manera, “de acuerdo con el manual”.

Me voy a atrever con un procedimiento: hacer la compra semanal. Si os atrevéis con otros similares me los podéis dejar en los comentarios.

Procedimiento: Aprovisionamiento semanal de comida para casa.

Pasos:

  1. Preparar una planificación de comidas y cenas para la semana entrante.
  2. Para cada día establecer los productos que nos harán falta.
  3. Con esa lista revisar la despensa, para detectar qué productos no hará falta comprar, por disponer ya de ellos, y cuáles se necesitan.
  4. Revisar productos de consumo intenso que se puedan necesitar: agua, leche, aceite, legumbres, patatas, azúcar, sal. Añadir a la lista de la compra los que convenga.
  5. Escribir la lista de los productos que se van a comprar en un papel. Alternativamente lo podemos llevar en una app del smartphone.
  6. Ordenar dicha lista de productos en el orden en que nos los vamos a encontrar en nuestro recorrido habitual por los pasillo del Mercad…ups…se me acaba de escapar el súper dónde hago la compra semanal.
  7. Acudir a la compra semanal habiendo comido adecuadamente, es decir, sin que tengamos el estómago vacío.
  8. A la hora de depositar los productos en nuestro carrito de la compra ceñirnos escrupulosamente a la lista previamente elaborada.
  9. Únicamente hacer una excepción al final del recorrido, una vez hayamos llenado el carro con todos los productos de la lista. En ese momento, si nos apetece, podemos comprar algún “capricho” no incluido en la lista. Sólo uno por cada viaje al Mercad…ups…otra vez se me ha escapado. Eso supondrá un pequeño incentivo para hacer bien el trabajo, llegar al final del proceso de manera satisfactoria y darnos un pequeño “premio” porque “lo valemos”. Es un mecanismo psicológico similar al de las dietas en las que se te permite tomarte un postre lleno de mantequilla de vez en cuando para que no te desmoralices.

¿Se me ha olvidado algo? Seguramente. Decídmelo en los comentarios.

Aunque pensándolo bien pronto la compra semanal no se hará yendo al súper, sino como el Corea del Sur, mientras nos desplazamos en el transporte público. Atención al siguiente video:
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Tiempos líquidos

Esta semana mis niñas cada día han dado un rato por saco con la siguiente cantinela

“cuando yo era pequeñito, me lavaban el culito… ahora que soy mayorcito, me lo lavo yo solito”

Imaginaos alguien con voz de pito cantando esta letanía hasta la saciedad… para volverse loco.  Es curiosa la asociación que a veces hacen nuestras neuronas. Empecé a pensar qué pasaba cuando YO era pequeñito, y cómo -desde entonces- ha cambiado el cuento:

  1. Las empresas: cuando yo era pequeño había empresas sólidas, que tenían beneficios recurrentes en el tiempo, o gozaban de contratos de suministro de servicios o productos duraderos, siempre sirviendo a los mismos clientes.  Se anunciaban en la primera cadena, y tenían sus fábricas en el país. Hoy, sabemos de la noticia de que una aerolínea con 3.000 trabajadores en nómina, SPANAIR cesa en sus actividades. Hoy las empresas tienen que esforzarse cada día, la competencia es feroz, y si no vendes desapareces. Un ejemplo paradigmático: KODAK, una empresa fundada en 1892, que llegó a tener el 95% de un mercado (cámaras y película fotográfica), que en 1975 tenía 150.000 empleados, y que posee todavía multitud de patentes con valor, está en suspensión de pagos, y probablemente desaparecerá. Otros ejemplos: OLIVETTI, TELEFUNKEN, NETSCAPE, ENRON, TEXACO, WORLDCOM, GRUNDIG, UNITED AIRLINES. En España…la tónica Finley, o los vaqueros Lois o Wrangler.

    La tónica de antes

  2. Los políticos: Cuando yo era pequeño los políticos eran siempre los mismos, y la Administración era un gran elefante que no se movía, pero que daba cobijo a un colectivo estable de gente. Los políticos hoy cambian cada cuatro años, o menos, y la Administración, de tan gorda que se ha hecho, está en la UVI, aquejada de una cardiopatía grave, la están operando a corazón abierto y va a tener que someterse a una dieta severísima que le está imponiendo una doctora alemana que manda mucho.
  3. Los empleos: Cuando yo era pequeño mis padres, o los padres de mis amigos, nunca cambiaban de empleo. Ahora, en un mundo en que las empresas ya no son estables, y la Administración está como está, hay que mentalizarse que los empleos ya no pueden ser indefinidos (ojo, puedes tener un contrato denominado “indefinido”, pero sólo un ingenuo creerá que esa palabra refleje la realidad). Según el Department of Labor, de EEUU, un trabajador americano cambia de empleo una media de 5 veces durante su vida laboral. Vamos a suponer que trabajan 40 años, eso significa que al menos hay un cambio cada 10 años. Mucho me parece, incluso, para los tiempos que corren.

    Adiós al trabajo para toda la vida

  4. Los lugares: Cuando yo era pequeño todos vivíamos siempre en el mismo sitio, y veraneábamos en el mismo lugar, cada agosto el mismo viaje. Íbamos siempre al mismo colegio y teníamos los mismos amigos. Hoy la vivienda cambia, hay gente que no puede pagar la hipoteca y les echan, si me contratan en otra ciudad vendo mi casa y me largo, si los precios de los inmuebles caen, igual decido que me sale mejor económicamente vender el piso y vivir de alquiler. Las vacaciones las hacemos cada año en un lugar diferente, si es que hacemos vacaciones. O si es que elegimos un lugar. Hacer un crucero  ¿es ir a algún lugar? Los niños tampoco juegan en la calle, y no pueden decir “en mi barrio…”.
  5. La gastronomía:  Cuando yo era pequeño mi familia nosalía a comer a ningún restaurante, salvo que fuera físicamente imposible comer en casa. Hoy hemos comido en un chino, mañana tomaremos una MacHamburguesa, al otro una escudella catalana, una fondue suiza, un kebab o quizás un shawarma, otro día iremos de tapas, o tomaremos unas fajitas. Antes la comida era siempre primero, segundo y postre. En casa mis niñas no tienen un concepto claro del sacrosanto orden primero, segundo y postre.

    Shawarma, cualquier día de estos

  6. El consumo: Cuando yo era pequeño mi padre fumaba siempre la misma marca de cigarrillos, y tomaba vino de mesa, siempre de la misma marca. El periódico que se leía en casa era siempre el mismo. El Renault 12, yo creo que lo tuvimos 15 años, y todos éramos clientes de los mismos monopolios telefónicos, eléctricos y gasísticos. Hoy no nos casamos con nadie. Los productos quedan obsoletos en 3 o 4 años (la vida media, p.ej. de un ordenador, o de un teléfono, o de un vehículo). Cada 18 meses cambiamos de operadora (cuando acaba la permanencia, así nos dan un terminal más guay). Yo no leo el periódico. Navego por las webs de las agencias de noticias o picoteo en las páginas de varios medios de comunicación, de todos los colores. Hay veces que escucho la BBC o la CNN (la americana), y me gustaría saber chino para saber qué dicen los noticiarios de aquel país.
  7. La cultura: Cuando yo era pequeño todos veíamos la misma televisión. Hablábamos en el patio de la película de miedo que habían emitida el día antes, y comentábamos el episodio de Raíces en que intentan imponerle un nombre occidental a Kunta Kinte. La voz de los documentales era siempre la misma, y las caras de los telediarios no cambiaban en lustros. Nuestros padres escuchaban a un puñado de cantantes que eran los mismos en todos los hogares. Y los adolescentes intercambiábamos discos de vinilo a la vez que escuchábamos al amigo enterao que nos explicaba que era de un grupo nuevo de Dublín que tenía un batería de 17 años. Hoy, hay multitud de músicas, de corrientes, de tendencias, de canales. Hoy puedes ir una melodía en algún lugar, te gusta, sacas el móvil, hay una aplicación que te dice quién es el artista. Vas a itunes, la compras o la bajas de algún sitio, o la escuchas gratis en tu cuenta gratuita de Spotify. Sigues sin saber nada del grupo que la interpreta. Eso da igual. La consumes así y punto.

    Este disco me lo dejó un amigo del instituto

  8. Las referencias: Cuando yo era pequeño no se veía gente diferente. Todos éramos de aquí. En quinto de EGB un niño volvió de haber vivido un tiempo en Venezuela, y fue la atracción durante meses. Hoy, lo extraño es ser de aquí. Mis hijas seguramente se casarán con alguien con apellido raro, o con la piel no estrictamente caucásica, y viviremos felices. Cuando yo era pequeño la familia era un padre, una madre y unos hijos. Hoy la familia veo que la explican en la escuela con mucho tacto: un padre (o varios, o ninguno), una madre (esa supongo que solo puede ser una, o ninguna), unos hijos, y unas hijas, así separando, no vaya a ser que a alguien le ofendamos sin querer. Otra referencia: la Ley. Antes solo había un BOE, y la cosa no cambiaba mucho de año en año. Hoy está el BOE, el DOGC, el BOPT, circulares, órdenes, edictos…Hace poco vi un gráfico de la inflación de texto normativo en nuestra sociedad, medido en páginas publicadas de normativa. Ahora no lo encuentro. Pero el aumento de reglas era brutal, nos íbamos al cielo. Descorazonador.

Ya veis para lo que da una cancioncilla inocente “cuando yo era pequeñito”. Un amigo lo dice muy bien. Cuando éramos pequeños la sociedad era sólida, hoy los tiempos son líquidos. ¿Será el futuro una época gaseosa?

Tiempos líquidos

El agujero de los bancos y las cajas de ahorro

No paramos de oir que el sistema financiero español está muy mal. Que las cajas de ahorro están quebradas. Últimamente empiezo a oir y leer la palabra “corralito” con cierta frecuencia, y recomendaciones sobre cómo retirar los ahorros a algún banco fuera de la zona euro.

Entender con cierta perspectiva la magnitud del problema no es tarea sencilla si lo único que uno hace es informarse por la prensa. Yo todavía estoy tratando de enterarme, pero me ha ayudado bastante la lectura de un libro recién publicado que se llama “Nada es gratis” (gracias, Javi), escrito por un grupo de economistas vinculados a la Fundación FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada). En él se describe con datos la crisis actual, y en particular la situación del sistema financiero, además de hacer propuestas sobre cómo salir adelante. El libro deriva de un blog con el mismo nombre, iniciado hace ya bastantes meses por los mismos economistas, y que también es muy interesante. Aquí tenéis un enlace.

There ain't no such thing as a free lunch

He intentado resumir la parte en la que toca el problema de los bancos, por si os es útil de cara a ordenar ideas para cuando leáis algo relativo a la crisis financiera que estamos sufriendo. Aún así, disculpad la extensión de esta entrada, que al final me ha quedado un poco larga. Espero que al menos quede clara.

Empezamos…Aunque previamente, una advertencia:  La crisis financiera española no tiene nada que ver con la crisis subprime originada en Estados Unidos, cuyo paradigma fue la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008. Son problemas distintos. Los bancos españoles no tenían practicamente exposición a esos instrumentos, y prueba de ello es que soportaron muy bien las turbulencias derivadas de dicha crisis.

Ahora sí, empezamos:

El origen

1) Todo empieza en el año 2000, cuando España adopta el euro como divisa común con una zona que incluye países tan diferentes como Alemania, Italia y Grecia. Estos días se cumple el décimo aniversario de la puesta en circulación de la moneda (2002). Sintomático que no haya grandes fastos de celebración.

2) A partir de entonces los tipos de interés en España son inusualmente bajos (de hecho empiezan a bajar a inicios de los 90, durante el esfuerzo por cumplir con los criterios de Maastricht) y el rating de las emisiones de España son de primer nivel. El hecho de estar en la zona euro y no tener riesgo divisa hace que los inversores internacionales equiparen las inversiones en España con, por ejemplo, las inversiones en Francia, en Alemania o en Holanda.

3) Los bancos y cajas españoles tienen menor dificultad en obtener dinero prestado de acreedores internacionales. Los famosos y malvados “mercados”. Esos que ahora no quieren dejarnos dinero, sí lo hicieron a espuertas durante este periodo.

4) Además se da un incremento poblacional derivado de que la generación del baby boom (nacidos en los 70) está en edad de comprar piso, teniendo hijos, y simultáneamente hay una fuerte corriente inmigratoria provocada por la buena marcha de la economía, provocada en parte por la burbuja misma. Además se incrementa también el número de divorcios. Estos factores demográficos hacen que la demanda de vivienda inicie un progresivo incremento.

Tipos y parque de viviendas

Bajan los tipos, sube el parque de viviendas

5) Por tanto, los bancos y cajas, teniendo fácil acceso a la financiación internacional empiezan a incrementar su activo, concediendo préstamos a las familias (hipotecas) y sobre todo a las empresas (hipotecas promotor). Alguien me comentó el otro día que Antonio Serra Ramoneda (Presidente de Caixa Catalunya durante el periodo 1984-2005) menciona en su recién publicado libro “Los errores de las cajas“, que el error que las cajas cometieron no fue la alegria a la hora de conceder hipotecas, sino el haberse introducido de manera tan agresiva en el negocio de la financiación a los promotores, e incluso haber montado sociedades compartidas con ellos.

6) A todo esto no ayudó en absoluto el que las cajas de ahorro fueran gestionadas por no profesionales, ni tampoco ayudó el levantamiento de las restricciones normativas para que las cajas se expandieran geográficamente fuera de sus ámbitos originales hacia todo el territorio nacional.

7) Los precios de las viviendas experimentaron un incremento de precios del 175% en la década que va desde 1998 a 2008,  eso significa que, en términos reales, es decir, una vez descontado el efecto de la inflación, los precios de las casas se duplicaron en 10 años.

8) La financiación a las familias para la adquisición de vivienda ascendió de 100.000 millones de euros al principio de la década a 600.000 millones al final de ésta. El préstamo a promotores y constructores importó, en su máximo apogeo, unos 420.000 millones. Por tanto, la suma de la deuda privada por estos dos conceptos era en 2007 mayor que el PIB anual de España (un billón de euros, o sea 1.000.000 de millones, aproximadamente)

9) El ritmo al que los bancos y las cajas prestaban dinero no podía ser igualado por el ritmo al que la población ahorraba y se captaban nuevos depósitos, así que la banca acudió a los mercados internacionales y emitió deuda para captar recursos, que en algún momento futuro habría que devolver.

El pinchazo de la burbuja

1) En 2008 (coincidiendo en el tiempo con la crisis subprime, pero sin tener nada que ver) se produce un súbito parón en el número de operaciones de compraventa de pisos y casas en España. Muchos promotores tienen dificultades para vender los pisos que sólo hacía un año les quitaban de las manos. Es curioso ver cómo los datos muestran que las ventas sufren un acusado descenso, pero los precios -en un primer momento- apenas sufren una mínima bajada.

2) Al no poder vender los pisos, muchos de estos promotores (por otra parte recién incorporados al sector y sin experiencia) no pueden devolver los préstamos bancarios que les habían concedido para financiar las promociones.

3) En una primera fase los bancos, antes que reconocer la pérdida derivada de un préstamo concedido que no se iba a devolver, optaban por la refinanciación de los préstamos, o quizás la “dación en pago”, es decir, cancelar el préstamo-promotor a cambio de adjudicarse los inmuebles que el promotor no había sido capaz de vender. Como los precios todavía bajaban lentamente la estrategia era aguantar esperando un repunte de precios.

4) En una segunda fase directamente el promotor quebraba y el banco no tuvo más remedio que ejecutar sus garantías y quedarse con los inmuebles.

5) Eso hizo que en el activo de los bancos muchos préstamos vivos se sustituyeran por inmuebles ejecutados. Puesto que las cajas habían apostado mucho más fuerte por el tema inmobiliario que los bancos (debido a sus ansias expansivas) éstas son las que acaban acumulando una mayor parte del parque de pisos  y promociones ejecutadas en sus balances.

6) Pero el problema grave para las entidades españolas llega en 2010, cuando el acceso a los mercados financieros internacionales prácticamente se seca, y simultáneamente empieza un lento goteo de huida de depósitos minoristas al extranjero. Desde fuera empiezan a oler que algo está podrido dentro del sistema financiero español y que no se está diciendo toda la verdad.

Pisos vendidos por los bancos y cajas en 2010

El tamaño de la deuda

Recordemos que, en un banco o caja, el activo (lo que tiene la entidad más lo que le deben) son los préstamos concedidos a empresas y familias, y el pasivo (lo que debe) son los depósitos de los impositores y la deuda que haya contraido la caja con otras entidades, de aquí y de fuera. El activo debe ser mayor al pasivo si no queremos estar en quiebra (deber más de lo que tenemos). La diferencia es el capital operativo o fondos propios de la entidad.

Por normativa los fondos propios de un banco o caja deben ser como mínimo del 8% sobre la totalidad del activo (pronto será el 9% según normativa de EBA, la Autoridad Bancaria Europea). Digamos que ese es el margen de solvencia de una entidad. Estas magnitudes se concretan en el balancede la entidad, que para el conjunto de cajas y bancos españoles, de manera muy agregada sería (pinchad sobre la imagen para ampliarla):

Balance del sistema bancario español

La imagen de arriba la tomo directamente del libro anteriormente mencionado “Nada es gratis“, y se resume diciendo que el activo de los bancos es de 3,2 billones, siendo una parte de ese activo, los préstamos a empresas y familias por importe de 1,8 billones. En el pasivo tenemos los depósitos de 2,27 billones y el capital y reservas de las entidades, 283.000 millones.

 ¿De cuánto es el agujero?

Al final de todo este proceso España se encuentra con uno de los niveles más altos de deuda privada en el mundo desarrollado. Tal como acabamos de ver se cifra en unas 3 veces el PIB, o sea los 3 billones de euros de activo, de los que se dice que aproximadamente el 40% son préstamos a la construcción y promoción inmobiliaria.

Eso equivaldría a unos 1,2 billones de préstamos en situación de riesgo. Seguramente la mayor parte ya no son préstamos vivos, sino inmuebles en manos de los bancos y cajas.

Vamos a suponer que el precio real de dichos inmuebles ha sufrido en estos años desde el pico de la burbuja (2007) una depreciación del 30% (y creo que soy optimista). Puesto que se sospecha que los valores de los balances todavía no reflejan el valor real de los inmuebles, estamos hablando de que el activo del sistema bancario en realidad vale   360.000 millones menos de lo que dicen los libros. Pero…si el capital más reservas de todo el sistema eran SÓLO 283.000 millones…Tenemos un agujero, como mínimo, de 77.000 millones en el sistema bancario español.

Repito, los balances no están reflejando una correcta valoración de los inmuebles en manos de bancos y cajas, y aunque no se diga abiertamente en los medios,  los activos del sistema, razonablemente valorados, son inferiores a los depósitos de nuestro dinerito en las entidades, más lo que estas entidades deben a “los mercados”.

Los bancos españoles, los más infracapitalizados (Grecia no cuenta)

De momento un balón de oxígeno

Hace pocas semanas (diciembre 2011) ha habido una noticia significativa, que de momento, oculta toda esta problemática y hace que durante al menos un tiempo no nos explote en las narices. Estoy hablando de la gran inyección de liquidez insuflada por el BCE a todo el sistema bancario europeo (la mayor en su historia de 13 años de vida), por importe de casi medio billón de euros (489.000 millones), mediante préstamos baratos al 1% a los bancos, con un vencimiento a 3 años. La intención es que los bancos tomen prestado este dinero y lo utilicen para refinanciar su pasivo y para comprar deuda soberana, y también para salvar las situaciones de quiebra asimismo de las Administraciones Públicas (ver aquí noticia sobre cómo el Banc de Sabadell le da un préstamo a la Generalitat para que pueda pagar la extra de Navidad).

El efecto es que continuamos con el problema de unas cajas y algún banco que están en la UVI, intubados y con muerte cerebral declarada, muertos vivientes  que tienen los días contados. Esperemos que cuando mueran no se nos lleven a alguno por delante.