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La rueda

Lo he vuelto a hacer. He vuelto a apretar el botón de “Enviar y recibir”. Hoy lo debo haber hecho como 20 veces. Y todavía no ha pasado toda la mañana. También he mirado a primera hora el facebook. Como un amigo ha puesto un enlace a un artículo que parecía interesante, he pinchado y lo he leído. En ese artículo se hacía mención a un escritor y a un libro que me han interesado. He entrado en Amazon para ver si podía leer alguna reseña del libro, y como se podían leer unas páginas del mismo (el ya famoso “look inside“), he estado 15 minutos mirando de qué iba. Luego he chequeado mi cuenta de Twitter. Últimamente estoy enganchado a twitter.  Por cierto, si me queréis seguir en twitter, mi usuario es @rolandolatorre.

Internet es una herramienta maravillosa. Lo tengo todo en la punta de los dedos. Creo que ahora me apetece ver a los Billy Talent en concierto, ahora mismo podría dejar de escribir estas líneas, pinchar en Youtube, poner “Billy Talent in concert” y ya está, a disfrutar. Esperad…Lo voy a hacer…Ya está. Qué buenos son los tíos! Me encanta la guitarra con sus melodías casi clásicas. Lo malo es que después de ver una magnífica interpretación de “This suffering” (os he puesto aquí el video, pero primero acabad de leer mi artículo, bribones), me he liado y he estado media hora más viendo vídeos de aficionados que se graban a sí mismos haciendo versiones caseras de cualquier canción del grupo. Algunos tienen gracia.

También utilizo internet cuando tengo la más mínima duda acerca de cualquier cosa. Hace poco alguien comentó en una conversación que un amigo suyo de Cabo Norte lo había dejado todo y se había ido a la India, a aprender las técnicas del masaje ayurvédico. ¿De Cabo Norte? Esperad un momento…Ya está, en la Wikipedia me acabo de enterar que Cabo Norte está en Noruega, que es el punto considerado más septentrional de Europa, y que es un destino casi místico para los moteros de todo el continente que hacen peregrinaciones hasta allí. En el mismo artículo de la wikipedia he visto unas fotos preciosas del lugar y una localización en un mapa. Qué bueno. Me han venido ganas de ir de vacaciones a los fiordos noruegos. Lo del “masaje ayurvédico” os dejo que lo miréis vosotros.

Otra distracción es Google Reader. Cada día sin falta compruebo si hay nuevas entradas en los blogs que sigo. Si no sabéis lo que es, ponerlo en el buscador.

Yo reconozco que todavía no soy capaz de asumir la cantidad de información y distracciones que nos brinda la red. Y la inmediatez con la que nos lo da. Es sencillamente brutal. A veces confieso que he pensado que estaría bien sufrir una larga enfermedad que me tuviera postrado en cama las 24 hrs del día, porque así podría dedicarme todo el día a picotear de esas frutas prohibidas que me brinda el navegador. Todo el día viendo videos interesantes, divertidos (me los vería todos de Faemino y Cansado), educativos, o leyendo textos sugerentes o enviando y recibiendo emails de amigos, o mirando las redes sociales, haciendo nuevos amigos. Todo el día subido en “la rueda“. Email, facebook, videos, blogs, wikipedia, google, noticias, gmail, linkedin, google plus . Abriendo ventanas. Nueva ventana. Nueva ventada. Rodando y rodando sin parar, como en un tiovivo digital. Hasta llegar al paroxismo.

Pero… ¿adonde pretendo llegar? La rueda me absorbe, me succiona como un agujero negro, y me lleva a la nada, al vacío, a otra dimensión donde no se avanza en linea recta, donde no hay objetivos.

Carretera en Cabo Norte. Precioso.

Para evitar caer en las redes de “la rueda” se me ocurre lo siguiente:

  1. No abras el email nada más sentarte delante del ordenador.
  2. No enciendas el ordenador nada más sentarte en la silla.
  3. Antes de nada escribe en un papel las 4 cosas que deseas acabar (iba a poner hacer, pero he puesto acabar) ese día o esa mañana. No pongas más de 4 cosas, pero termínalas !
  4. No busques cada vez que se te venga algo a la cabeza. Anótalo en un papel y olvídate. Ya lo buscarás cuando toque. Si tu mente calenturienta te hace recordar durante la mañana que te gustaría saber dónde está el Cabo Norte, no lo hagas en ese momento. Escribe la palabra “Cabo Norte” (o lo que se te haya ven¡do a la mente en ese momento) en un post-it o en un trozo de papel, o mejor en una libretita pequeña, y métetelo en el bolsillo.
  5. Sólo consulta el email 2 veces al día. Esto es duro. Muy duro. Es como dejar de fumar. Al principio es durísimo. Luego vas viendo los frutos y te conviertes en un buen usuario del email.
  6. No abras un ordenador a partir de las 7 de la tarde. Además tanta pantalla no es bueno para conciliar el sueño.
  7. Ten objetivos. Toda búsqueda que no ayude a acercarnos a nuestros objetivos hay que rechazarla.
  8. Bórrate del facebook. Pregúntate qué te aporta. Yo no me he borrado, pero trato de entrar lo menos posible.
  9. Nunca, nunca, abras el facebook (si has decidido no borrarte) o cualquier distracción, pensando “venga, sólo 3 minutos, veo las novedades y cierro“. Eso nunca sucede. Hay que tenerlo claro.
  10. Bórrate del twitter. O si todavía no estás, ya ni te registres.
  11. Concédete diariamente una pequeña ventana de tiempo para hacer una mini-rueda. Un premio por haber estado enfocado durante todo el día. Mejor hacerlo antes de ir a comer o antes de la cena, o previo a  algun compromiso que nos vaya a obligar a levantarnos y apagar el ordenador, así, al cabo de un rato, lo tendremos que dejar sí o sí.
  12. Vuelve al papel. Escribe tus ideas en una libreta de bolsillo. Deja de utilizar aplicaciones para esto del tipo Evernote o Wunderlist, son herramientas magníficas, pero favorecen la exposición a “la rueda”.
  13. Evita -siempre que sea posible- leer cosas en la pantalla. Lee libros en formato papel.
  14. Da paseos durante el día. Eso te mantendrá alejado del ordenador y te asegurará unos minutos de exposición a la luz solar. Que nos dé la luz del sol es primordial para obtener vitamina D, lo cual garantiza un estado de ánimo más calmado y un cerebro más alerta.
  15. Si estás pensando en hacerlo, NO te compres un ipad. El ipad favorece todavía más que la “rueda” te envuelva con sus tentáculos.
  16. Lo mismo con un smartphone.
  17. No hagas “multitasking“. Aunque todo esté preparado para hacernos creer que la manera moderna de hacer las cosas es saltando de una otra constantemente, no lo hagas. No abras otra ventana. Te dices a tí mismo “mientras se carga esto, voy a ir mirando el email”, “así voy aprovechando”, “mientras se imprime ese informe miro un momento en google dónde ir el fin de semana”.  Ese es el camino más rápido a tirar la mañana por la borda. Lo sé por experiencia.
  18. …Y último: no pinchéis en los videos que os pongan en cualquier blog, como el que os he puesto más arriba de los Billy Talent, porque son una pérdida de tiempo…Resistíos. Autodisciplina. Ahora bien…os aviso… son buenísimos!

Ya lo dijo Platón:

El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.

Mcdonalizar la vida

El otro día me llevé a Paula (6 años) al McDonalds local. Los dos solos. Sin un motivo especial, simplemente por salir de la rutina. La fui a buscar al cole y fuimos a comer juntos bajo la lluvia. Era un día entre semana y en el McDonalds no había el ajetreo que siempre hay si vas en fin de semana. Lo cual me dio la oportunidad de observar -mientras esperábamos que nos sirvieran- con detalle la manera de trabajar y organizarse que tienen en esa franquicia.

Estos días estoy leyendo “Work the Systems. The simple mechanics of making more and working less“, de Sam Carpenter. Podéis bajaros una copia gratuita en pdf aquí (en inglés). La premisa básica del libro es que cualquier aspecto de la vida de una empresa es un “sistema”. Un conjunto de sucesos que ocurren en orden cronológico y que se pueden documentar. Gracias a esa documentación las empresas bien gestionadas crean y mantienen unos procedimientos por escrito que guían, paso a paso, a los empleados y gerentes en sus trabajos diarios, garantizando que el resultado de cara a los clientes y de cara a los resultados es, por un lado, el más eficiente, y por otro, siempre el mismo, con un alto grado de satisfacción para todas las partes.

El McDonalds, visto con el ojo de alguien que está leyendo sobre procedimientos, es una máquina super-engrasada. Cada cosa está en su sitio, cuidadosamente estudiado, y respondiendo a una razón. Las bolsas de papel ordenadas, pequeñas, medianas y grandes, encima de los tubos dispensadores de las hamburguesas. Debajo están las cajitas de salsa barbacoa, los sobres de ketchup, los sobrecitos de azúcar y sacarina, y los palitos para remover el café. Todo perfectamente etiquetado.

Los empleados invariablemente se comportan igual, y repiten calcados sus movimientos de acuerdo a la manera en que se les ha instruido. Incluso tienen un lenguaje común que hablan en todos los McDonalds del mundo, salpicados de “por favores” y de “gracias”. Yo no vi hacerlo, pero he leído que en el manual del empleado de McDonalds es muy importante sonreirle al cliente.

Si uno pide un Sundae en McDonalds, siempre sin excepción recibirá el mismo helado. La misma cantidad de “soft ice-cream” regado con la misma cantidad exacta de sirope. La cantidad que responde a que el empleado del burguer ha apretado una sola vez el dispensador de sirope de manera profunda y continuada, tal como reza el manual.

Si uno pide un Big Mac, lo pida en Tarragona o en Moscú, siempre acabará con una hamburguesa que tiene exactamente la misma cantidad de salsa, la lechuga trozeada de la misma forma, la misma loncha de queso, y 2 pepinillos (no uno ni tres) prácticamente del mismo diámetro.

La manera en que el empleado en la caja de McDonalds te pregunta qué deseas, o el momento en que te da el cambio están perfectamente estudiados y responden a la mejor manera en que lo pueden hacer para satisfacer al cliente y maximizar las ganancias para la franquicia. Todo está establecido. Todo está pensado. El empleado no piensa, sólo ejecuta. No tiene que tomar decisiones, tiene que ceñirse al manual. Alguien ya estudió las opciones y decidió cuáles son óptimas.

Aquí van varias curiosidades sobre McDonalds y su sistema:

  •  Antes de empezar a manipular los alimentos, los empleados de MD deben lavarse las manos durante 20 segundos.
  • Además, en algunos restaurantes hay un reloj programado que emite un sonido cada hora, señal que hace que todos los empleados, de uno en uno y de manera ordenada, acudan a lavarse las manos.
  • Si una hamburguesa ha estado más de 10 minutos hecha y no se ha servido, se retira de la cola para la venta. Las patatas se conservan durante 7 minutos.
  • Cuando hacen patatas fritas, cuyo tiempo en la freidora está pautado, deben de “darles un meneo” ( shake the fries) cada 30 segundos, y al finalizar dejarlas escurrir durante 7 segundos.
  • La salsa del Big Mac se pone encima de la hamburguesa con una “pistola” dispensadora, que proporciona 5 pequeños montoncitos de salsa distribuidos en circulo dentro del área de la hamburguesa, para no dejar a la discreción del empleado la cantidad de salsa (ver el vídeo arriba).

El que me fijara en McDonalds no tiene nada que ver con la manía que a esta empresa le tienen muchas personas. Simplemente constaté que en esa empresa los procedimientos son el corazón del negocio. Pero pasa en muchos otros sitios. En todas las grandes empresas.

Si uno entra a trabajar en Port Aventura, de las primeras cosas que recibe es un Manual del Empleado. Si uno trabaja para una gran auditoría de cuentas, existen manuales muy específicos acerca de qué comprobaciones debes hacer a la hora de revisar las cuentas de una sociedad. Si uno trabaja para IKEA, apuesto a que también recibe instrucciones precisas, que están por escrito, en algún Manual de Procedimientos, acerca de cuál es la manera IKEA de hacer las cosas.

Reconozco que a veces la mejor manera de hacer las cosas para la empresa puede no ser la mejor opción para el consumidor, pero como cliente siempre puedes escoger no ir al McDonalds si no quieres esperar en una cola a que te sirvan, o no ir al Ikea, si no quieres darte un paseo entero por una nave llena de trastos cuando a tí solo te interesa comprar una estantería Expedit.

En el libro de Carpenter se afirma que 4 de cada 5 empresas pequeñas y medianas fracasan por no poner por escrito unos procedimientos claros y por no dedicar el tiempo necesario a ejecutarlos, mantenerlos, transmitirlos a los empleados, y mejorarlos continuamente. Si las empresas con éxito definen sus procedimientos, ¿podríamos extrapolar que las personas con éxito también documentan (aunque sea inconscientemente) y siguen sistemáticamente unos procedimientos?

¿Cómo escribiría Ray Kroc, el creador de las franquicias McDonalds, el Manual de nuestra vida personal? Primero dividiría nuestra existencia en “sistemas”, en acciones independientes que forman un todo (p.ejemplo: sacar a pasear al perro sería un “sistema”, hacer la compra semanal sería otro “sistema”, organizar las vacaciones, gestionar el fondo de armario, mantener el contacto con amistades, mantener el botiquín de medicamentos, etc..).

Los métodos de McDonalds han dado para muchos libros

Cada uno de estos procesos requeriría de un estudio pormenorizado sobre la mejor manera de realizarlo, en aras a obtener la máxima eficiencia, que significa destinar los mínimos recursos y obtener el mejor de los resultados. Una vez determinada la mejor manera de hacerlo, siempre lo ejecutaríamos de la misma manera, “de acuerdo con el manual”.

Me voy a atrever con un procedimiento: hacer la compra semanal. Si os atrevéis con otros similares me los podéis dejar en los comentarios.

Procedimiento: Aprovisionamiento semanal de comida para casa.

Pasos:

  1. Preparar una planificación de comidas y cenas para la semana entrante.
  2. Para cada día establecer los productos que nos harán falta.
  3. Con esa lista revisar la despensa, para detectar qué productos no hará falta comprar, por disponer ya de ellos, y cuáles se necesitan.
  4. Revisar productos de consumo intenso que se puedan necesitar: agua, leche, aceite, legumbres, patatas, azúcar, sal. Añadir a la lista de la compra los que convenga.
  5. Escribir la lista de los productos que se van a comprar en un papel. Alternativamente lo podemos llevar en una app del smartphone.
  6. Ordenar dicha lista de productos en el orden en que nos los vamos a encontrar en nuestro recorrido habitual por los pasillo del Mercad…ups…se me acaba de escapar el súper dónde hago la compra semanal.
  7. Acudir a la compra semanal habiendo comido adecuadamente, es decir, sin que tengamos el estómago vacío.
  8. A la hora de depositar los productos en nuestro carrito de la compra ceñirnos escrupulosamente a la lista previamente elaborada.
  9. Únicamente hacer una excepción al final del recorrido, una vez hayamos llenado el carro con todos los productos de la lista. En ese momento, si nos apetece, podemos comprar algún “capricho” no incluido en la lista. Sólo uno por cada viaje al Mercad…ups…otra vez se me ha escapado. Eso supondrá un pequeño incentivo para hacer bien el trabajo, llegar al final del proceso de manera satisfactoria y darnos un pequeño “premio” porque “lo valemos”. Es un mecanismo psicológico similar al de las dietas en las que se te permite tomarte un postre lleno de mantequilla de vez en cuando para que no te desmoralices.

¿Se me ha olvidado algo? Seguramente. Decídmelo en los comentarios.

Aunque pensándolo bien pronto la compra semanal no se hará yendo al súper, sino como el Corea del Sur, mientras nos desplazamos en el transporte público. Atención al siguiente video:
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Si queréis hacerles un favor a vuestros hijos no les regaléis nada

Sé que el título de esta entrada va a causar controversia. Es para provocar. Lo que en realidad quiero decir es que, si les queréis hacer un favor a vuestros hijos no les regaléis nada a vuestros hijos QUE NO HAYAN PEDIDO.

Los niños de hoy en día tienen la gran suerte de haber nacido en una época en la cual:

1) El nivel adquisitivo de sus padres es de los más altos de la Historia.

2) La generación de los que ahora son niños es muy escasa en efectivos. Por cada niño hay muchos adultos: padres, y también abuelos, tíos, primos mayores, dispuestos a desenfundar sin pudor cualquier regalo que tenga un coste económico que esté a la altura del lugar destacado que ocupan en el entramado familiar.

3) El consumo, en general, es alentado y considerado un valor positivo. Cuanto más se consume más estatus se tiene en la sociedad. Las luces de Navidad se cuelgan de las grandes avenidas de las ciudades casi dos meses antes de que lleguen las fiestas, y las tardes de los sábados de invierno no se saben ocupar si no es yendo a comprar a algunos grandes almacenes, que es una cosa muy divertida.

4) La industria juguetera sabe cómo apelar a los más sensibles resortes psicológicos de los niños, y sobre todo de los padres y mayores en general, que tienen un papel clave en la compra de los juguetes: ser los que ponen la tarjeta de crédito, y decidir qué regalo se le hace a los pequeños.

Todo esto hace que debajo de los árboles de Navidad de nuestros hogares aparezcan el día de Navidad regalos a tutiplén. No es extraño que un niño reciba ese día 10 regalos. Que tenga que abrir 10 paquetes muy bien envueltos, con papeles que son, en sí mismos, un regalo. Nada más abiertos los 10 regalos el niño preguntará con una sonrisa: “¿…y cuánto falta para los Reyes? Es que también traen regalos”.

Regalos a tutiplén

Esos regalos, lo tengo comprobado, no se valoran. Serán utilizados mínimamente en el momento de desenvolverse, y en la mayoría de casos serán colocados después en alguna estantería elevada donde pasarán al ostracismo infantil, relegados al duro castigo del olvido, sólo merecedores de cierta atención cuando venga otro niño invitado a casa que muestre interés por jugar con ese juguete.

Desde el punto de vista estrictamente educativo no les estamos haciendo ningún gran favor a los niños sometiéndoles a esa orgía de regalos que muchas veces no tiene ningún sentido. Los regalos no están pensados y mucho menos consensuados entre los miembros “regaladores” de la familia.

Y es que entre todos estamos evitando un elemento clave de los regalos: la ilusión por que nos los regalen.

Para que un regalo venga con su dosis correspondiente de ilusión, debe haberse deseado con anterioridad, debe haberse pedido a los padres y familiares, y debe de haber pasado un tiempo de espera durante el cual el niño NO tiene el regalo, pero lo desea fervientemente, e imagina el placer que obtendrá cuando se lo regalen.

Un gran regalo, aquel regalo que no olvidamos, es aquel que de pequeños le pedíamos a nuestros padres con la boca pequeña, porque era altamente improbable que nos lo regalaran (para algunos fue tan improbable que nunca lo recibieron), y por el cual había que luchar, cumpliendo algún objetivo: “niño, si apruebas las mates miraremos lo del regalo”, “bueno…si este verano haces tal o cual cosa para Navidad igual los Reyes te lo traen”.

Por favor, intentemos no quitarles a nuestros hijos ese derecho. El derecho de tener ilusión por algo. No matemos esa ilusión comprando el regalo nada más intuir que al niño o a la niña “les podría” hacer ilusión ese regalo. Esperemos. Los niños pedirán lo que quieren, y nos lo harán saber. Nuestro papel es canalizar ese deseo y esperar pacientemente. Esperar a que lo pidan 2 y 3 veces. Sólo después de que expresen su deseo más de una vez, y después de una espera razonable nos aseguraremos que reciban su regalo con la ilusión que corresponde.

No regaléis aquello que os hace ilusión a vosotros

Convertirse en millonario

Voy a imaginarme ahora una cosa sobre la que todos habréis fantaseado en un momento u otro. No, no es una noche loca con Pamela Anderson. Me refiero a qué haría si me tocara la Lotería. Creo que ahora el gordo de la Lotería de Navidad son 300.000 euros. Espera, este año serán 400.000 euros. Lo pone aquí.

Con eso no hay ni para retirarse, así que voy a ir a lo grande, sí señor, la casa por la ventana, y me voy a imagirnar que, por una suerte extraña, me toca el euromillón. Obviemos ahora que, aunque comprara el billete, la probabilidad de que me tocara sería más baja que la posibilidad que me partiera un rayo. Las cifras son las siguientes:

  • Probabilidad de que me parta un rayo caminando por la calle: 1 entre 3.000.000
  • Probabilidad de que me toque la Primitiva: 1 entre 14.000.000
  • Probabilidad de que me toque el Euromillón: 1 de 76.275.360

Es más fácil que te caiga uno en la cabeza que ganar el Euromillón

Si me tocaran 10 millones de euros en la Lotería haría lo siguiente con el dinero (listado sin un orden particular de preferencia):

1.- Saldar deudas.

2.- Viajar.

3.- Comprar una gran casa con piscina.

4.- Cambiar de coche.

5.- Comprar una moto nueva.

6.- Hacer regalos.

7.- Comprar un Mac.

8.- Comprar una barquita.

9.- Invertir.

10.- Ahorrar.

11.- Montar una empresa (sin agobios).

¿Qué? No soy ningún sibarita, eh? Fijaos que, quitando algunos “caprichos” que el dinero permite adquirir (hay cuatro puntos que empiezan por la palabra “comprar”), el dinero es, ante todo, la posibilidad de hacer lo que queramos con nuestro tiempo. En definitiva ser rico es comprar tiempo. Ser capaz de ocupar tus horas en aquello que deseas. Ya no hay la necesidad de vender nuestro tiempo a equis euros la hora.

Podemos pasar directamente a la casilla del vivir, sin pasar por la casilla del trabajar.

En esa nueva vida, la vida de un millonario, hay tiempo cada dia para:

1.- Mantenerse en forma. El cuerpo nos tiene que durar unos cuantos años más, y tenemos que sentirnos bien, y ser capaces de hacer cosas: subir una montaña, nadar en el mar, jugar a padel. Con 30 minutos diarios de ejercicio moderado basta.

2.- Leer y ser creativos. Yo tengo un listado de libros por leer en el que siempre voy retrasado, si fuera rico seguro que me pondría al día. A lo mejor pintaría libros, o probaría a componer una canción y colgarla en youtube, como hacen los adolescentes.

3.- Disfrutar de pequeños placeres, como caminar en invierno por la playa desierta a las 12 de la mañana, o salir de excursión en un día laborable, o ir a esquiar cuando queramos, o a bucear , o salir en bici, o ir a hacer rafting con amigos.

4.- Aprender cosas nuevas. Apuntarse a un curso de cocina para novatos, clases de japonés, clases de guitarra, aprender a programar, ikebana, apuntarte al club de fotografía de tu ciudad, ese curso de paleontologia que siempre quisiste hacer, o lo que quieras.

5.- Pasar buenos ratos con amigos, o en familia. O a lo mejor conociendo gente nueva, si nos apetece. O llamando a amigos con los que hace años que no hablamos.

6.- Ayudar a los demás. Apuntarse a una ONG. Ser voluntario. Aportar valor a la sociedad ayudando en aquello en lo que uno sea bueno. Imagínate que tuvieras todo el día para ayudar a amigos que tienen problemas, ¿no lo harías?. Los ricos también necesitan sentirse útiles.

Sinceramente, no se me ocurren muchas más cosas que me gustaría hacer con mi tiempo si tuviera todo el dinero del mundo. ¿Se os ocurre algo? Dejádmelo en los comentarios. A lo mejor resulta que no hace falta que me toque la lotería para llevar una vida de millonario.

Un millonario