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La universidad de Steve Jobs

Steve Jobs ha muerto. Su biografía es digna de lo que sería una obra contemporánea de Charles Dickens. Fue fruto de un embarazo no deseado y, al nacer fue dado en adopción por sus padres. Su familia adoptiva parece ser que no dijo toda la verdad en la solicitud de adopción. Muchos años después su padre biológico, un sirio musulmán nacionalizado estadounidense, se arrepintió de aquello y quiso conocerle.

Jobs sólo asistió un semestre a la Universidad, dejándolo después e iniciando una carrera profesional llena de éxitos, que inició siendo programador de juegos de marcianitos para Atari, y siguió más tarde fundando Apple en un garaje, marchándose de mala manera de Apple, fundando Next y casi arruinándose con la productora Pixar y volviendo finalmente a la empresa de la manzana para conquistar el mundo con el ipod, el iphone y el ipad. Lo logrado por Jobs es increíble y pone de manifiesto que quizás no son tan necesarios los estudios universitarios.

Steve Jobs y la manzana

Hace poco el padre de un adolescente me preguntó qué opinaba sobre las distintas opciones que se le presentaban a su hijo en referencia a los estudios universitarios que estaba a punto de empezar.

Pensando bien qué decirle he llegado al convencimiento de que hoy en día, lo mejor para un adolescente de 18 años es NO ir a la Universidad.

Ojo, yo he ido a la Universidad, por tanto, nadie podrá intuir en mi actitud animadversión hacia dicha institución por no haber formado parte del sistema. Precisamente por haber pasado por el tubo, creo que tengo la legitimidad para opinar, simplemente opinar, del tema.

Al final, le dije a este atribulado padre que si yo fuera él, le prepararía a su hijo el siguiente itinerario formativo, desde los 18 a los 23 años, que son los años en que típicamente uno asiste a la Universidad:

1)      En primer lugar, pasaría un año viviendo y trabajando en un país anglosajón. Trabajando con autóctonos, en algún trabajo de poca cualificación, p.ej. una lavandería, una pizzería, haciendo camas en un hotel, de recepcionista, de camarero, o cualquier empleo parecido. En la medida de lo posible dicho trabajo implicaría interrelacionarse con otros y hablar en inglés, hablar mucho, y escuchar y aprender. Con esto el chaval desarrollaría en primer lugar la competencia del inglés, y en segundo lugar la habilidad de interrelación con los demás, por no hablar de la capacidad de empatizar con todo tipo de personas de los extractos sociales más diversos. Además se adquiere experiencia de cómo funcionan por dentro las empresas.

2)      En segundo lugar, invertiría un año en leer libros, visitar museos, ver películas, y escribir. Establecería un sistema con el seguimiento de un tutor, en el que cada semana habría que leer 3 o 4 libros, ver un par de películas y visitar un museo. Nada más. Ojo, no como en vacaciones sino con un estricto horario dedicado a todas estas tareas.  Las lecturas se comentarían con el tutor, así como las demás actividades. Y muy importante: habría intenso trabajo de escritura y también de oratoria. A lo largo de este año habría que hacer 1 exposición en público al mes. Y el total de libros mínimo que se habrían leído al cabo del “curso” serían como mínimo de 100. Todos a elegir por el estudiante, con una distribución que se aproximase a lo siguiente: 25% clásicos de la literatura universal, 25% libros técnicos (sobre matemáticas, estadística, ciencia, psicología, electricidad, lo que uno quiera), 25% biografías, y 25% ensayos de cualquier tipo. El estudiante también leería un par de periódicos cada mañana, escribiría cartas al director, comentaría noticias, escribiría comentarios y columnas (aunque luego no se publicaran). Con esto damos rienda suelta a las pasiones del estudiante (que elige qué campo del saber quiere cultivar) y le disciplinamos en el aprendizaje autodidacta, que le acompañará ya para toda la vida.

3)      Dedicaría un tercer año a iniciar y gestionar hasta su total puesta en marcha algún tipo de proyecto desde cero. El “estudiante” podría elegir entre montar una empresa, montar una entidad sin ánimo de lucro, iniciar un proyecto de formación, o lo que se le ocurriese. El requisito aquí más importante, es que tendría que ser algo que previamente no existiera, habría que crearlo. No vale apuntarse a algo. Habría que imaginarlo, planificarlo, crearlo, montarlo, y gestionarlo hasta dejarlo en pleno funcionamiento. Si a la primera no funcionara, se intentaría otra vez. Al final del año lo ideal sería que ese proyecto tuviera continuidad, aunque el “estudiante” lo abandonara para seguir el itinerario que aquí marco.  Aquí trabajamos la planificación, la determinación de objetivos, la elección de los medios para obtener dichos objetivos, la gestión del posible fracaso, o del inesperado éxito.

4)      El último año lo dedicaría a hacer de “aprendiz” o “asistente” de un”maestro”. El tema sería el siguiente: Se escoge un profesional reputado en algún campo, ya sea del saber o de los oficios. No sé, un buen cocinero, un buen mecánico, un director general de una empresa, un director de un colegio, un programador, un diseñador, cualquier profesión por la que el estudiante sienta pasión, y se le propone trabajar gratis para él durante un año, a cambio de estar constantemente a su lado, ver cómo se conduce, qué habilidades utiliza, de qué capacidades y experiencia hecha mano, y extraer en primera persona, mediante la observación y también ejecutando, las habilidades de un buen profesional. Ojo, no hablo de un puesto de trabajo normal. Hablo de ser la mano derecha de un profesional, que debería invertir tiempo de calidad con el “estudiante”, teniendo charlas periódicas acerca de la actividad y reflexiones sobre su desarrollo. Además de lo obvio, el aprendiz tejería en un año una red de contactos sustentada sobre la de su maestro después de años de ejercicio.

El itinerario que propongo creo que responde mejor que la educación reglada del sistema universitario a lo que hoy le garantiza a uno su futuro laboral. No hablo de un puesto de trabajo entendido a la manera clásica, sino aquello que hizo que a gente como Steve Jobs nunca le faltara el trabajo.