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Carta abierta a mi hija de 9 años

Querida Paula,

Ha llegado el momento en que te comente algunas cosas por escrito. Cosas que pienso que deberías leer en solitario, a la luz de tu conciencia. Ahora que eres una ávida lectora de libros de Junie B. Jones, espero que esta carta no se te haga cuesta arriba.

Ya tienes 9 años, y pronto pasarás a los dos dígitos! Parece que fue ayer cuando naciste, y todavía lo tengo todo fresco en mi mente. Me quedo a veces parado viendo tu foto con 2 ó 3 años y tu parche de pirata en la terraza de la otra casa, y luego pienso que desde entonces ha pasado  más de un lustro, y que para ti la otra casa es algo tan lejano como una vida anterior que nunca se recordará.

Has llegado a una edad en la que debes empezar a ser responsable de tus actos, como lo hemos empezado a ser todos en algún momento.

Sé que a veces puede ser duro tener esa sensación de soledad porque estás acostumbrada a que tus padres estén permanentemente a tu lado susurrándote qué debes o no debes hacer, decir, llevar, o incluso pensar.

Pero ahora ya eres mayor. Mayor, no en el sentido de poder tener un móvil o conducir o poder votar. Pero sí mayor para poder asumir ciertas responsabilidades que se esperan ya de una princesa de casi 10 años.

La buena noticia es que el peso de la responsabilidad te lo voy a transmitir con un bien muy preciado entre los hombres, que es la libertad. La libertad de tomar tus propias decisiones. Ya que de nada serviría endosarte la responsabilidad si, como hasta ahora, te tuviéramos que perseguir tu madre o yo para que hicieras lo que nosotros creemos que tienes que hacer.

Se trata de que tú elijas tu propio camino, y asumas las (pequeñas) consecuencias que ello conlleva.

Por tanto, he decidido escribirte estas líneas para comunicarte que, por mi parte, intentaré –en la medida en que me sea posible- no decirte ya qué pasos tienes que tomar en cada pequeña acción cotidiana que hoy por hoy es tu vida.

Si tienes una redacción que escribir, o si tienes que leerte 8 páginas del libro de Medi, o si tienes que hacer 3 ejercicios en tu libreta verde, o si tienes que ponerte bambas o sandalias, te tengo que decir que hacerlo o no hacerlo, o escoger entre las opciones que cada uno de estos elementos plantea es una decisión libre tuya. Yo intentaré no influir en ello. Y sólo me encontrarás cuando me pidas sinceramente mi opinión, que te daré más como un consejo que como una imposición.

Verás, mi teoría es que muchos de los problemas con los niños de tu edad hoy en día vienen derivados de que los padres nunca tomamos la decisión de apartarnos, de dar un paso atrás, y dejaros ser libres y responsables. Sospecho que ello puede ser debido a que nos asusta que nuestros hijos vayan un día con los cordones desatados al colegio, o con una camiseta que no combina con los pantalones, o a que nos asusta que llevéis un día la redacción a medio hacer (con lo de fracaso que eso tiene, ya ves), o que os llamen la atención por no haber hecho los ejercicios. Pero, Paula, te puedo asegurar que sobre todo esto he reflexionado, siquiera un poco, y creo que soportar cualquier cosa parecida a esas que acabo de citar, no tiene precio comparado con dejarte la oportunidad de desarrollarte como individuo, con tus fallos, tus fracasos, pero también con tus experiencias y tus logros; en fin, con la satisfacción de ver que estás empezando a controlar las riendas de tu vida.

Digamos que con esta carta quiero entregarte (aunque de momento sea simbólicamente) las riendas de tu vida. Y lo hago diciéndote que nos tendrás al lado a tu madre y a tu padre, siempre, sin importar si los resultados son buenos o malos, si te equivocas, o si en algún momento te sientes mal por algo que hayas hecho o que hayas dejado de hacer. En eso consiste vivir, en equivocarnos mucho cada día, y sólo muy ocasionalmente acertar en algo. Espero que de esta manera vayas desarrollando los recursos que seguro que te van a hacer falta más adelante para ser la persona que TÚ quieras ser.

Yo te podría decir que mi aspiración es que seas una persona de tal o cual manera, que te dediques a esto o lo otro y que vivas de determinada manera y te conduzcas así o asá con la gente. Pero la realidad es que eso lo tienes que decidir TÚ, y sólo TÚ.

Disfruta mucho del camino y que sepas que tu padre te quiere (os quiere) con locura.

R.

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No juzguéis, no critiquéis

Es tarde por la noche y las niñas tienen que acostarse. El juego de siempre, las 3 P’s: pijama, pipí, piños. El ritual de cada noche. Bueno…de casi cada noche. Ahora en verano, muchos días caen rendidas por la noche, y digamos que en vez de las 3 P’s sólo llegamos a 2, o incluso a 1 mísera P.

A veces también añadimos un cuento, muchas veces leído. Pero de vez en cuando gritan como locas: “¡¡¡cuento inventado!!!” y me miran con una enorme sonrisa y la esperanza de que me invente un cuento en ese mismo momento. …”y que sea divertido, papi”.

La primera vez que les conté un “cuento inventado” fue un completo desastre. De ahí que ahora remarquen “y que sea divertido”. Así que ya he aprendido la lección, y tengo un “buffer” de cuentos en la cabeza. El otro día hice como que me “inventaba” el cuento del elefante y los 3 sabios. Apagamos la luz del dormitorio, y empecé. El cuento,  dice, más o menos, así:

“Érase que se eran tres hombres muy sabios, que vivían en tres puntos distantes, y que tenían una peculiaridad física: eran ciegos de nacimiento. Los tres buscaban el “Sagrado Elefante Blanco”.

Un día, tras años de intensa búsqueda, finalmente hubo suerte, y los tres oyeron de la presencia inminente del Sagrado Elefante Blanco, y fueron a su encuentro.

Mientras el Elefante estaba plácidamente tumbado, uno de los sabios se agarró fuertemente a la trompa, cayendo de inmediato en un éxtasis profundo. Otro de los sabios, con los brazos completamente abiertos, se abrazó con muchísima fuerza a una de las patas del paquidermo, y el tercero se aferró amorosamente a una de sus grandes orejas.

Para ellos, la experiencia fue sublime. Después de aquello, cada uno de ellos volvió a su aldea, profundamente trastornado. Cada uno de ellos relató y compartió sus experiencias con sus vecinos.

Algo extraño empezó a ocurrir: un día se encontraron para hablar sobre la Verdad.

El que experimentó la trompa comenzó a decir:
– La Verdad (refiriéndose al Sagrado Elefante Blanco) es larga, rugosa y flexible.

El otro sabio, el que experimentó con la pata del elefante, manifestó:
– La Verdad es dura, mediana, como un grueso tronco de árbol.

El tercer sabio, que experimentó con la oreja del paquidermo, dijo:
– La Verdad es amplia, fina, y se mueve con el viento.

Los tres, aunque sabios y buenas personas, no se entendían, no se comprendían y decidieron marcharse cada uno por su lado. Los tres se dedicaron a predicar su Verdad, y crearon 3 grandes religiones que se expandieron muy rápidamente.

Los tres sabios habían tocado la Divinidad, aunque no en su totalidad. No pudieron percibir su amplitud, al experimentar una parte, no el Todo.”

Llegados a este punto yo creo que las niñas ya estaban dormidas, así que seguramente que esta parte la susurré únicamente para mí:

“Los hombres nunca lo sabemos todo. Siempre habrá algo que se nos escapa. Niñas… no juzguéis. No critiquéis. Tened en cuenta que ni siquiera los grandes sabios conocen toda la Verdad.”

Y allí me quedé, pensando en la oscuridad del cuarto, cómo una vez más, tener hijos te ayuda a entender mejor el mundo.

Siempre se nos escapará algo

Siempre se nos escapará algo

 

Hija, me da igual si suspendes

Me da igual la nota. Me da igual la asignatura. Todo eso ya no importa. La gente no lo quiere ver, pero el sistema educativo ha entrado en crisis. Todo ha cambiado. En el S.XXI seguimos teniendo una Educación del S.XX.

4ºA (Curso 06-07)

Ciudadanos en proceso de cambio

Es divertido ver los debates sobre la nota de corte para obtener becas, o sobre la Selectividad, o sobre el Informe Pisa. Todo eso ya no sirve, señores. Entérense. Tener un título universitario es papel mojado. ¿Sacar una matrícula? ¿De qué sirve? Para engordar igualmente las listas del paro. El mundo cambia, lo queramos o no, y éste es un momento de transformación profunda de la sociedad. El mercado de trabajo ya ha cambiado, y la Educación, concebida como el sistema que nutre de trabajadores a la sociedad, debe de cambiar.

Todo empezó con la Revolución Industrial. La gente no tenía de nada, y había que llenar las fábricas de trabajadores, pagarles un salario, y que se gastaran ese salario en comprar los bienes que salían de esas fábricas que los empleaban. Se necesitaban muchos trabajadores, y algunos directivos, y se aplicó la división del trabajo a la Educación.

Alguien pensó: “meteremos a los niños en la escuela, por aquí, con 6 años, todos estudiarán lo mismo, divididos en grupos por año de nacimiento, no por capacidades, ni por intereses, simplemente por edad, y los iremos pasando de año en año al aula de al lado, hasta que salgan con 16 años por el otro extremo, moldeados a imagen y semejanza del sistema, pertrechados todos con los mismos conocimientos generales que les garantizarán poder acceder a un puesto de trabajo en el sistema de producción industrial”.

Últimamente la cadena de montaje ya se extiende desde parvulitos hasta los másters, cubriendo los 30 primeros años de vida de los individuos. De esa manera bajamos las estadísticas del paro juvenil. Pero llega el final del proceso “educativo” y los jóvenes de hoy se encuentran sin herramientas que les ayuden a integrarse en la sociedad, que les ayuden a ser útiles.

La cosa iba bien, y funcionó durante décadas, mientras las sociedades iban progresando y a medida que la gente compraba lavadoras, neveras, coches, televisores, muebles y apartamentos en la playa. Pero la era industrial ha llegado a su cénit. Ya tenemos de todo. El consumo, antes elevaba el nivel de bienestar de  la gente. Hoy, el  consumo es fuente de insatisfacción, depresiones, invasión -por parte de las corporaciones- de la intimidad de las personas, y endeudamiento desenfrenado. En suma, el consumo, hoy, crea malestar.

Si fuéramos historiadores y tuviéramos que poner un año a la finalización de esa era industrial, quizás diríamos que todo acabó en 2008. La nueva era ya no es industrial, es otra cosa. No sé si decir que es la Era Post-industrial, si es la Era de la Información, la de las Nuevas Tecnologías, o la de las Redes Sociales. Sólo sé que el sistema educativo ya no funciona. El mundo ya no necesita más trabajadores de cadena de montaje, ni más empleados de cubículo moviendo papeles de un lado a otro. Todo eso ya lo hacen las máquinas, o los chinos, que tarde o temprano serán sustituidos por senegaleses, que luego serán sustituidos por máquinas.

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Mientras los chinos trabajan yo puedo irme a la playa

Ahora las capacidades que se necesitan son muy otras. Se necesitan cosas que hasta ahora no se han enseñado en las escuelas ni en las universidades, ni mucho menos en los MBAs. Se necesita creatividad, flexibilidad, iniciativa, asertividad, fe, dotes de motivación, capacidad de detección de problemas y capacidad de dar soluciones a esos problemas. Se necesita optimismo y perseverancia. También se necesitan grandes dosis de espíritu crítico, y la conciencia de que el mundo se ha vuelto un poco más incómodo. Un poco más duro. Un sitio en el que para sobrevivir hay que salir cada día a cazar. Cazar para poder comer.

Hija, me da igual si suspendes. Yo lo que quiero es que aprendas.

Aprender o que nos enseñen

No es lo mismo que te enseñen que aprender. El objetivo de cualquier padre NO debe ser enseñar. Debería ser que nuestros hijos aprendan.

Aprender es el proceso mediante el cual uno mismo se interesa activamente por algo, cuestiona, averigua, prueba, y finalmente capta el sentido de algo o la manera de solventar un problema.

Enseñar es el proceso mediante el cual alguien que pretende saber, transmite su conocimiento a alquien que pasivamente recibe dicho conocimiento y lo incorpora a su acervo intelectual.

Aprender es una acción proactiva. Ser enseñado es una acción reactiva. El que aprende dirige su formación hacia aquello que le fascina. El que es enseñado transita un camino que otro ha trazado previamente para él.olvidar-aprender-L-1

Con cada nueva cosa que un individuo aprende, mejora su técnica de aprendizaje. Refina sus métodos y desarrolla recursos que le van a ayudar en sus próximos aprendizajes.

El que es enseñado no necesita ningún componente de apasionamiento, simplemente recibe la visión de un tercero y la acepta como buena. Solo las mentes agudas y privilegiadas son capaces de criticar aquel punto de vista desde el que se le está enseñando.

Hoy en día, veo a los padres demasiado centrados en los deberes de sus hijos. Los hay incluso que después de una dura jornada de trabajo asumen que “tienen que hacer deberes” junto a sus hijos. Estos padres (y madres, entiéndaseme) le dan mucha importancia a que sus hijos completen sin falta los deberes, en que cumplan con su obligación. En que ya desde la escuela sus hijos transiten por el camino que la escuela les ha marcado.

Me parece una buena práctica relativizar los deberes. Hay que hacerlos. Bien. Pero un niño debe ser expuesto a retos intelectuales más allá de sus tareas escolares. O si me apuras, y el tiempo es escaso, EN LUGAR de sus tareas escolares.

Acompañando a nuestros niños en un paseo por la playa podemos preguntarnos: ¿por qué el agua del mar es salada? ¿por qué se producen las olas? ¿qué son las mareas? ¿por qué flota un barco?

En Japón, en todas las escuelas cuyo objetivo es conducir al hombre a la realización suprema y a su unidad con el Infinito (por ejemplo, en el Judo, o en el Aikido) hace falta pasar por 3 etapas: se las llama SYU -HA -RI.

SYU = Es la obediencia estricta. Se escucha al maestro, se le imita, se depende de él y su enseñanza. Se practica lo que él dice y se hace con plena obediencia.

HA = Se olvida, se aleja uno del maestro, se le cuestiona, se le critica negativamente. Pero aquello que se aprendió deja su huella y aquello que se ha entendido de la verdad se queda con uno ya para siempre. No todo ha sido en vano.

RI = Es la libertad, la independencia del maestro. Se han cometido errores por el camino, pero esos errores han despertado el juicio, lo han clarificado, han ayudado a asimilar lo esencial de la lección. Ya no hay crítica, hay comprensión y gratitud infinita hacia el maestro.

Cuando un alumno ha pasado por las tres etapas, se ha convertido en un ser libre e independiente. Ayudemos en este proceso a nuestros hijos, y dejémosles que aprendan por sí mismos.ShuHaRi