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Cómo aprender inglés sin gastarse un euro

Cuando era todavía un preadolescente había por casa un disco de vinilo de los Beatles, que entre otras piezas incluía una de las canciones más salvajes del cuarteto de Liverpool: “Helter Skelter“. En la parte trasera de la carátula estaban todos los títulos, con su correspondiente traducción al castellano. Algo que ya no se hace. Debajo de “Helter Skelter” rezaba en español la siguiente traducción: “Ni crudo ni cocido”.

Muchos años después, estando en los USA, pude comprobar que la traducción verdadera de “Helter Skelter” no tiene nada que ver con la condición de los alimentos. Cuando sucede algo o se mueve algo en modo “helter skelter” es que se mueve en desbandada, en todas direcciones, desordenada y caóticamente. No he sabido nunca de dónde salió aquello del “Ni crudo ni cocido”. Acabo de ver en wikipedia que algunas ediciones en castellano de la canción también se tradujeron patateramente como “A troche y moche”.  Y me acabo de sorprender viendo que el traductor de Google no tiene traducción para “Helter Skelter“.

La wikipedia dice que un Helter Skelter es ésto

Nuestros hijos cursan la asignatura del inglés desde P3. La mayoría de familias invierten una parte no pequeña de su presupuesto mensual en academias de inglés para sus hijos, a lo largo de sus vidas escolares. Se pagan colonias que supuestamente son intensivas en el uso de inglés, o se costean viajes estivales a Inglaterra, a Irlanda o los USA para que nuestros hijos aprendan inglés. También hay una industria millonaria de cursos online de inglés, productos editoriales, libros, CDs, etc.

A pesar de todo, muchos españolitos llegan a adultos sin hablar inglés ni tener un manejo básico del idioma. Gente que ha estado estudiando inglés toda la vida, y sin embargo confiesan no dominar el idioma ni siquiera a un nivel básico de comunicación oral.

¿Cómo aprender inglés hasta llegar a un nivel adecuado de solvencia idiomática sin pagar cantidades ingentes en cursos, academias, viajes o material?

  1. No tener prisa. Lo primero que veo en las familias de mi entorno son unas prisas desmesuradas porque los niños aprendan inglés. Se nos ha transmitido el mito de que cuanto antes empiecen los niños con el inglés, menos dificultad experimentarán y más fácil les será aprenderlo. Mi opinión es que el inglés, si no se utiliza como idioma de comunicación familiar, en cuyo caso el niño lo aprendería como una lengua materna, es un segundo idioma, y como segundo idioma que se aprende, necesita primero que el chaval domine con cierta solvencia el idioma materno. Que aprendan primero su idioma, y luego ya les enseñaremos el inglés.
  2. Nunca es tarde. Antonio Banderas o Shakira son ejemplos de celebridades que hicieron un esfuerzo ya de adultos para aprender la lengua de Shakespeare, y han logrado manejarla con total solvencia. Por tanto, si hay interés y el esfuerzo necesario, no pasa nada si nuestros hijos empiezan a estudiar inglés con 10 o 12 años, o con la edad que sea. Lo normal es que en un par de años de un esfuerzo consciente se pueda adquirir un nivel sólido a partir de cero. La clave es tener la motivación y el interés que sólo sirve como motor de aprendizaje si sale de uno mismo.
    Shakira cuando sólo sabía español
  3. Empieza por el principio. La comunicación en su expresión más sencilla siempre va a ser un sujeto y un predicado. Un nombre, un verbo, adjetivos y adverbios. Poco más. A los niños deberíamos empezar enseñándoles unos pocos de cada uno de estos elementos, para que los pudieran ir combinando. Pero aprender una palabra para un niño significa repetirla muchísimas veces. Experimentar con ella. Traducirla. Al salir del cole a veces le pregunto a Paula (mi hija de 6 años) si ha tenido inglés ese día. Si me dice que sí, le pregunto “A ver…dime una palabra nueva que has aprendido hoy”. “No me acuerdo”. “Brrr, piensa”. “No sé”. Si Paula ha tenido este año 2 clases de inglés por semana, en 9 meses eso son unas 70 clases. Si cada clase la hubieran dedicado a una palabra ahora conocería al dedillo 70 palabras. Con 70 palabras bien escogidas se pueden armar muchas frases. Sólo pido eso: 1 palabra en cada clase. 60 minutos para 1 palabra. Aprenderla para toda la vida.
  4. Traduce. Busca la equivalencia en tu idioma. No siempre existe una equivalencia perfecta. Pero traducir ayuda a asentar la semántica de las palabras en nuestra mente, y a recordarlas mejor. No sé por qué, pero en las escuelas no veo que se traduzcan los términos. Simplemente se les vomita a los estudiantes, como mucho se les enseña un dibujo mal fotocopiado al lado de las palabras. Debe ser que en los manuales de Pedagogía de los idiomas a alguien se le ocurrió en algún momento que traducir es malo. Qué insensatez! Me acuerdo que siendo estudiante di alguna clase a una chica que no estaba sacando adelante el inglés en el instituto. Nunca me lo confesó, pero yo creo que simplemente le faltaba el anclaje de referencia a su lengua. Le faltaba porque en clase no se le había mostrado. Recuerdo que, en cuanto le descubrí que “I had been thinking” se podía traducir como “yo había estado pensando” y que “I have thought” se podía traducir como “yo he pensado“, y que -por tanto- el verbo “to have” en este caso es como el verbo haber en español, se le abrió el mundo. Creo que de repente lo entendió todo. Y fue gracias a que yo se lo mostré traduciéndoselo. Cosa que no acierto a ver por qué no enfatizan en clase. 
  5. Asócialo a algo que te guste. Lo que todos hemos hecho: aprender las letras de las canciones de nuestros artistas anglosajones favoritos. Memorizar las letras de las canciones de los Beatles, o de Bob Dylan son grandes maneras de profundizar en el idioma. De éste último, canciones como “The lonesome death of Hattie Carroll”, o “Hurricane” son magníficas historias, que podrían ser la base para un gran comentario de texto. De los Barenaked Ladies coge “If I had a million dollars” y tienes toda una lección sobre el condicional. Escoge el clásico de Louis Armstrong “Let’s call the whole thing off” y tienes una clase maestra sobre las diferentes pronunciaciones a las que se prestan las palabras en inglés. El aprendizaje tiene que ser atractivo, y no se me ocurre otra cosa más divertida que escuchar música a la vez que aprendes. Lo mismo se podría aplicar a poemas, adivinanzas, juegos, películas. También puedes intentar investigar qué revistas o publicaciones existen en inglés que hablen de lo que a tí te gusta (surfing, coches, informática, deportes, fotografía, lo que te atraiga)
  6. Aprovecha los recursos gratuitos de la Red.
    1. Google translator. El traductor de google. A veces es un poco primitivo, pero una cosa muy buena que tiene es el botón para escuchar “en nativo” la palabra o expresión que quieres traducir. Así puedes avanzar en tu pronunciación.
    2. Wordreference.com. No hace mucho que lo he descubierto, y es un gran diccionario inglés-español. Mucho mejor que google translator. Muy interesante para los phrasal verbs. Muchos ejemplos y también me gusta que incorpora muchas expresiones en “slang“, es decir en inglés coloquial. Además tiene foros de discusión donde la gente pregunta dudas y comenta expresiones.
    3. Collinslanguage.com. Diccionario inglés-inglés. O sea, que pones la palabra en inglés y te da la definición en inglés. P.ej. pones “helter skelter” y te da “disorder or haste”.También incorpora el botón de pronunciación, para que aprecies cómo se pronuncia una palabra.
    4. Audiolibros y podcasts en inglés. La red está repleta de recursos como libros en pdf y también transcripciones de libros en formato mp3 que te puedes bajar y escuchar desde cualquier aparato. Os doy sólo dos: El Proyecto Guttenberg, donde tienes unos 40.000 ebooks gratuitos de dominio público, muchos de ellos traspasados a formato audio, y la web Voicesinthedark, una web donde voluntarios han pasado a audio multitud de libros, que están catalogados por temática.
    5. Videos TED (Technology, Entertainment and Design). En esta web me pasaría el día entero. Son charlas y conferencias en inglés hechas por expertos sobre temas inspiradores. Están organizados por temas o también puedes hacer una búsqueda por autor o palabra clave. Lo mejor para mejorar tu nivel de inglés es la opción que tiene de mostrar subtítulos en otros idiomas. Pero lo ideal es escoger una de esas charlas (todas son buenísimas), y seleccionar los subtítulos en inglés, de tal manera que oyes la charla y la lees al mismo tiempo. Os dejo la más reciente que he visto, la da un periodista de Esquire Magazine, sobre su experiencia viviendo 1 año según los mandamientos literales de la Biblia: A year of living biblically
    6. Lyrics.com. Una extensísima colección de letras de canciones. Encontrarás todas. Incluidas las de las canciones que menciono más arriba.
    7. Youtube. Sobre esta TV moderna no cabe decir nada que ya no sepas. En inglés yo busco canciones, documentales, series de televisión, entrevistas.
  7. Dedícale tiempo. Como todo, la cosa requiere un esfuerzo continuado, aunque no muy intenso. Simplemente hay que dedicarle algo de tiempo cada día. Por mi experiencia sé que dedicar 1:30 horas a hacer ejercicio una vez a la semana no tiene ni la mitad de efecto que tiene hacer 15 minutos al día, durante 6 días a la semana. Con el inglés lo mismo. Mejor dedicarle un esfuerzo continuado que darte panzadas a estudiar y luego dejarlo durante largas temporadas.
  8. Hay cosas que hay que aprenderse de memoria. Memorizar es construir una estructura mental de la que luego poder colgar un montón de conocimientos nuevos. Habría que potenciar la memorización. En inglés hay cosas que debes aprender “by heart”:
    1. Los phrasal verbs,
    2. Los tiempos de los verbos irregulares (infinitivo, pretérito, participio pasado)
    3. Las preposiciones
    4. Spelling.

      Principio de Pareto: El 20% del esfuerzo logra el 80% de resultados

  9. No olvides a Pareto. Conociendo el 20% de los elementos del idioma puedes entender un 80% del significado. Por lo que he leído el inglés podría tener unas 25.000 palabras de uso cotidiano. De las cuales sólo unas 2.000 o 3.000 son utilizadas intensivamente. Ahí tienes tu Ley de Pareto para el inglés. Tim Ferriss, experto en la metodología de aprendizaje de idiomas, sostiene que para aprender (aprehender, llegar a conocer) la estructura de un idioma (cualquier idioma), basta con recabar la traducción de una docena de frases, bien escogidas. Estas son algunas de las que él propone (obviamente él es angloparlante, y habla del aprendizaje de un idioma para los que hablan inglés como lengua materna, pero yo creo que también se podrían aplicar para el avance rápido desde no tener ni idea a tener una buena estructura mental de cómo funciona el inglés). Estas son las frases que él propone. Diríamos, pues, que sabiendo la equivalencia español-inglés de estas frases, tenemos una buenísima base para avanzar.
    • The apple is red
    • It is John’s apple
    • I give John the apple
    • We give him the apple
    • He gives it to John
    • She gives it to him
    • I must give it to him
    • I want to give it to her
  10. Finalmente: Talk, talk, talk. No tengas miedo a cagarla. Lánzate. Habla con ingleses en su idioma. Siempre me ha parecido una gran iniciativa el juntarte con un angloparlante y conversar media hora en inglés y la otra media en español. Aunque hables en español, la manera en que el inglés utilice el castellano también te está ayudando a anclar conceptos. Esta es la gran asignatura pendiente de nuestro sistema educativo a la hora de enseñar el inglés. En clase no se habla el idioma. No se conversa. No se hacen exposiciones, charlas, no se fomenta la expresión oral.  Habla, o haz que tus hijos hablen. Hablando y equivocándonos, es como se aprende, y esto no es sólo aplicable al aprendizaje de idiomas.


 

La maravillosa historia de Helen Keller

Hace años que no escucho ningún chiste sobre los de Lepe. Debe ser la corrección política imperante. Antes había chistes sobre los de Lepe, sobre Fernando Morán (ex-ministro de Exteriores con Felipe González), sobre “mongolitos“, chistes gruesos e injustos sobre alguien con la excusa de excretar una carcajada.

Cuando llegué a Wisconsin, USA, siendo un impúber de 14 años, los chistes allí se hacían a costa de una tal Helen Keller. Por lo que deduje, una sencilla mujer ciega. “How did Helen Keller’s parents punish her? They moved the furniture” o “How did Helen Keller burn her ear off? Answering the iron!” o “Why can’t Helen Keller drive? Because she’s a woman“. Es curioso como uno aprende chistes de Helen Keller y deja que pasen años antes de tener curiosidad sobre quién era aquella figura sobre la que se reían paletamente todos los compañeros de clase.

Hace poco he podido leer en inglés (lo podéis bajar aquí) el libro “The story of my life” de Helen Keller, y me he quedado maravillado con su autobiografía.

Helen Keller nació en Tuscumbia, Alabama en 1880, en el seno de una familia sureña acomodada, como una preciosa niña blanca destinada a vivir una existencia feliz rodeada de sirvientes, en un entorno parecido al de la película “Lo que el viento se llevó“. Pero a los 19 meses de vida sufrió una grave enfermedad poco conocida en la época, que los médicos dieron en llamar “congestión aguda del estómago y del cerebro”, pero que pudo haber sido escarlatina o meningitis. La enfermedad la dejó ciega y sorda, inmersa en un mundo de oscuridad y asilamiento para el resto de sus días. Y sin haber siquiera adquirido la capacidad del lenguaje.

Helen Keller con birrete

A pesar de sus discapacidades H.Keller se graduó en la Universidad, escribió varios libros y daba conferencias por todo el mundo.  Además fue activista política en favor del sufragio femenino, de causas pacifistas, y fue miembro del Partido Socialista de América. Murió en 1968.

El episodio en el que describe cómo aprendió (a los 7 años) que existía una palabra para cada cosa es sobrecogedor. Cuenta que todo le hizo “clic” en el cerebro cuando su maestra (Anne Sullivan), recién llegada de Washington hacía unos días, -y que iba a compartir con ella a partir de entonces prácticamente todas las horas del día-, le puso una mano bajo una fuente de agua y mientras el líquido la acariciaba, le “deletreó” con sus dedos los signos de la palabra “w-a-t-e-r” en la palma de la otra mano.

No creáis que la cosa fue inmediata. Previamente la maestra invirtió muchos días y semanas en tratar de que la niña captara que las cosas tenían nombre. En que tocara una jarra, y en transmitirle “m-u-g”, o en que cogiera una muñeca y dibujarle en la mano las letras “d-o-l-l”. Hasta que finalmente el episodio del agua, le abrió un nuevo mundo a Helen.

Más tarde cuenta cómo le costó aprender las palabras para conceptos abstractos, como por ejemplo “amor”:

I remember the morning that I first asked the meaning of the word “love”.[…] “What is love?” I asked. She [la maestra] drew me closer to her and said “It is here” pointing to my heart, whose beats I was conscious of for the first time. Her words puzzled me very much because I did not then understand anything unless I touched it.

Finalmente lo consigue cuando Miss Sulivan le logra trasladar el significado de la palabra “piensa“. Helen estaba concentrada insertando bolitas en una cuerda, como para hacer un collar. Las bolitas eran de diferente tamaño y las estaba colocando en grupos simétricos – 2 grandes, 3 pequeñas, etc.-. La niña comete muchos fallos, y su maestra se los hace notar, una y otra vez, pacientemente. De repente Helen se da cuenta de un error obvio e intenta corregir la secuencia de bolas. En ese momento Miss Sullivan le toca la frente:

Miss Sullivan touched my forehead and spelled with decided emphasis “Think”. In a flash I knew that the word was the name of the process that was going on in my head. This was my first conscious perception of an abstract idea.

El libro repasa los hitos más importantes en la educación de Helen Keller y es una auténtica delicia ver cómo con paciencia y cariño, su maestra va iluminando el mundo interior de la pequeña niña. Además, la lectura -ya podéis ver- es en un inglés muy sencillo y si queréis practicar el idioma es un texto muy adecuado, si tenéis un nivel intermedio.

Leyéndole los labios al Presidente Eisenhower

Como no podía ser de otra manera, voy a acabar esta entrada escribiendo las cosas que he aprendido leyendo la maravillosa autobiografía de Helen Keller:

  1. La superación, sin importar cuán difícil parezca todo a tu alrededor, es el único camino. ¿qué otra alternativa tenía Helen Keller? Podía haberse limitado a sobrevivir. Respirar. Comer. Dormir. En vez de eso, ella escoge vivir. Superarse un poco cada día. Aprender algo nuevo, y avanzar.
  2. La curiosidad por las cosas, por la naturaleza, es el motor de la educación. Helen Keller tiene una curiosidad innata por salir al jardín de su casa sureña y tocar las flores, olerlas, subir a los árboles, sentir cómo pica el sol en la piel en verano y cómo moja nuestro cuerpo la lluvia.  A partir de aquí y teniendo los rudimentos del lenguaje suficientes para comunicarse con su maestra, va avanzando en su educación. Sin un programa establecido. Siguiendo como guía su interés por las cosas y su pasión por la vida.
  3. Un rico mundo interior. Keller es un ejemplo sobre una persona que no tiene acceso al mundo exterior, sin sentido de la vista ni del oído, y sin embargo, es capaz de vivir una vida plena, crear e inspirar a otros. A pesar de que nosotros veamos y oigamos, cultivemos también ese mundo interior. Una dimensión fundamental de nuestra experiencia vital.
  4. Los demás te ayudarán si tú te dejas ayudar. Es notable cómo Keller reconoce que antes de la llegada de su maestra, era una niña irascible y caprichosa, que no tenía sentimientos de pena ni de compasión. Que se enfadaba mucho y tenía ataques de ira. Con frecuencia tiraba las cosas y las rompía. Era su frustración por no poder comunicarse. Tampoco podía pedir ayuda. Sin embargo, en cuanto alguien le tiende una mano, y empieza a pasar tiempo con ella y a mostrarle el mundo, ella florece y empieza a disfrutar de la vida.
  5. Contribuye. Parece que alguien con las limitaciones de Helen Keller hubiera tenido suficiente con llevar una vida recogida y privada. Ya sólo eso hubiera sido un éxito. Sin embargo, Helen escribe, crea, da conferencias y elige defender ciertas causas que cree justas. En definitiva, contribuye. Si alguien como H.Keller puede contribuir, nosotros estamos obligados a poner siquiera un granito de arena. Por los demás.

    El homenaje de Correos

  6. No tengamos prisa con nuestros hijos. Helen Keller es consciente de que cada objeto tiene una palabra, por primera vez a los 7 años. Esta mañana, mi hija (en noviembre hará 7 años) está haciendo los deberes aquí a mi lado mientras escribo estas líneas, y está haciendo sumas y restas de varias cifras, resolviendo problemas de aritmética sencillos, y puede leer un texto y entenderlo. Y a pesar de todo, parece que ya está en una carrera frenética del sistema educativo, y parece que si se pierde un día de clase, o una semana, se quedará rezagada respecto a sus compañeros de clase. Rezagada en una carrera, ¿adonde? ¿No sería mejor que no fuéramos tan deprisa? Nuestros niños acabarán aprendiendo igualmente. Y aprenderán aquello que les interese y les despierte su curiosidad. A ver si por ir tan deprisa nos dejamos en el tintero encontrar aquello que despierte su curiosidad y su pasión.
  7. Hablemos a nuestros hijos como lo que podrían llegar a ser. Hay una frase del libro que explica cómo se dirigía la maestra a Helen:

From the beginning of my education Miss Sullivan made it a practice to speak to me as she would speak to any hearing child; the only difference was that she spelled the sentences into my hand instead of speaking them.

La maestra no le escatimó a la niña sordo-ciega ninguna explicación, ninguna enseñanza, ninguna experiencia que le hubiera dado a cualquier otro niño con sus capacidades íntegras. Le habló de conceptos abstractos, hasta que los entendió. Fueron a la ópera. E hicieron cosas con normalidad. Eso hizo que Helen Keller llegara a ser quien fue. Apliquemos la misma regla a nuestros hijos. No les escatimemos ninguna experiencia, por mucho que pensemos que no la aprovecharán, o que algo no se les da bien. Mostrémosles todas las vertientes de la realidad, y hablémosles como las personas maduras que llegarán a ser, pues ese es -sencillamente- nuestro papel.

Con JFK

 

 

15 cosas que podemos enseñar HOY a nuestros hijos

Seguro que todos recordamos alguna cosa, por pequeña que sea, que nos enseñó nuestro padre o nuestra madre, cuando éramos pequeños, y que nos ha servido siempre y bien en la vida. O quizás no recordamos nada en concreto, pero sabemos que su ejemplo nos ha servido de referencia al hacernos adultos, y nos sorprendemos a nosotros mismos pensando o actuando de manera igual a como lo hacían nuestros padres.

Ahora que soy padre pienso en ello mucho más que cuando únicamente era hijo. Es por eso que voy a compartir aquí cosas que creo que podemos intentar transmitir a nuestros hijos, por las cuales nos recuerden cuando a su vez ellos sean padres:

  1. Poner las cosas en perspectiva. Cuando uno es pequeño no tiene referencias sobre las cosas. Mucha información es totalmente inútil y caerá en el olvido, además de no interesar, si no la ponemos en referencia a algo conocido. Como padres podemos aportar ese punto de vista a nuestros hijos. ¿Cuánto medía un Tiraunosaurus Rex? Según la wikipedia podía alcanzar 12 metros de cabeza a cola y 4 metros de altura desde el suelo a las caderas. Pero un niño no sabe cuánto son 12 metros. Ese dato quedará mucho mejor anclado en su mente si le decimos que el T.Rex medía como 3 pisos de alto, y que de punta a punta cabrían solo 2 Tyranosaurus en la longitud de una piscina olímpica.

    Un Tyrannosaurus Rex

    ¿Qué distancia hay de aquí al Sol? Mirando la Wikipedia veo que el Sol está a 150 millones de kilómetros. ¿Qué significa eso? Que la luz tarda en llegarnos 8 minutos y 20 segundos desde que la emite el Sol hasta que la recibimos en la Tierra. Y…¿A qué velocidad viaja la luz? Sí, todos sabemos de memoria que la luz  en el vacío viaja a 300.000 kilómetros por segundo, pero ¿qué significa eso? Pues la luz es tan rápida que si viajara alrededor de la Tierra a la altura del Ecuador, recorrería en 1 solo segundo 7,5 veces su perímetro (perímetro de la Tierra=40.000 km).

    Muchas empresas consultoras y, hace poco he leído en algún sitio que también lo hace Google, en las entrevistas a candidatos para sus diferentes vacantes, realizan preguntas del tipo: ¿cuántas pelotas de golf caben en un autobús? ¿cuántos afinadores de pianos hay en el mundo? ¿cuántas rosas se venden en España al año? ¿cuántas veces al día se solapan las dos agujas del reloj?…y la clásica ¿por qué las tapas de las alcantarillas son redondas? Para cuando nuestros hijos lleguen a sus entrevistas de trabajo, seguramente les meterán un cable por la nuca y sacarán su expediente académico y nivel de inteligencia del chip que les habrán implantado en el cerebro, o seguramente ya no existan las entrevistas de trabajo, pero creo que enseñarles a poner las cosas en perspectiva será una capacidad que podrán utilizar siempre en su favor.

  2. No hay que confundir el nombre con la esencia. O dicho de otra manera, conocer algo no significa aprender de memoria los nombres o las fórmulas o las definiciones o lo que nos hace aprobar un examen. Conocer algo significa entenderlo profundamente, poder verlo desde distintos puntos de vista, proponer nuevas preguntas sobre eso, y saberlo explicar y transmitir a alguien que no tenga idea del tema. Esto significa algo que nuestros padres no practicaron demasiado con nosotros: quitarle importancia a las notas. Las notas no son un reflejo directo de lo que un alumno sabe. Las notas son un reflejo directo de la capacidad de aprobar exámenes, es decir, manejar nombres, fórmulas y definiciones. Pero no tienen nada que ver con entender en profundidad los conceptos. Lo confieso: Yo mismo me reconozco como una víctima de este problema. Centrado en aprobar, o sacar buenas notas; cuando debí centrarme mucho más en aprender, en conocer. Espero no caer en lo mismo con mis hijas.
  3. Integridad. Devolver el cambio si nos lo han dado mal nos llevará muchísimo más lejos que ser un “listillo” que se queda con un euro que no le corresponde. Ceder la plaza a otro coche cuando hay pocas plazas en el párking nos hará perder unos minutos, puede ser, pero si nos comportamos sistemáticamente así, viviremos menos conflictos internos, menos enfados, menos disgustos, más paz y felicidad. Cada día cultivaremos la paciencia, la coherencia y la integridad. Y la manera de transmitirlo a nuestros hijos es mediante el ejemplo.

    Cuando nadie mira

  4. El valor de las cosas. Darle importancia a aquello que la tiene, y restárselo a aquello que no la tiene. Por ejemplo, para un niño debería ser importante no despilfarrar. Aunque seamos millonarios. Los recursos son limitados y lo que hoy sobra, mañana nos puede faltar. En esta línea creo que es un buen ejercicio hacer partícipes a los hijos de la marcha de la economía doméstica, en especial cuando hay que apretarse el cinturón. Y decirles claramente qué es aquello imprescindible y aquello de lo que se prescindirá, aunque sólo sea temporalmente.
  5. Cuestionar el porqué de las cosas. ¿Por qué unos hombres se inclinan ante otros por llevar uniforme?. ¿Por qué unos hombres dictan lo que deben hacer otros hombres?. ¿Para qué existen las cárceles?. ¿Por qué hay que hacer los deberes?. ¿Por qué vuela un avión?. ¿Por qué flota un barco? La verdad es que esta parte no es difícil, ya que a veces los niños nos abruman con sus por qués. Sobre las respuestas ver el siguiente punto.
  6. Humildad. Muchas cosas no las sé. O sé que son complicadas y se lo digo a mis hijos. Y les digo: “cuando seas mayor y lo entiendas, espero que me lo expliques”. Nadie sabe nada si no lo sabe explicar. A veces he oído la frase: “es un gran experto, aunque no es buen profesor, no sabe explicar lo que sabe”. Siempre me ha parecido curioso que alguien que entiende o sabe de algo no lo sepa transmitir. Si el pensamiento individual no son más que las explicaciones mentales que nos damos a nosotros mismos, ¿cómo es posible que alguien pretendidamente experto no sepa transmitirlas a los demás?
  7. Idiomas. Pero no cómo se dice “gorrión” en inglés, o “soltero” en francés. Sino cómo el lenguaje condiciona la manera de pensar. ¿O es al revés? En japonés apenas se pronuncia la palabra “no“. En inuit hay 40 términos para denominar la nieve. ¿Por qué en unos idiomas hay forma cortés (usted) y en otros no?. ¿Qué significa que un idioma tenga persona en las formas verbales o que no lo tenga?. ¿Qué diferencia hay entre idiomas que tienen el dativo e idiomas que no lo tienen? La estructura de los idiomas nos explican cómo es la gente que los habla.
  8. Relativizar la tecnología. La tecnología no es más que una herramienta. Es siempre relativa. Siempre cambia. Cuando yo era pequeño era el Spectrum. Hoy es el Ipad. Mañana será otra cosa. ¿Qué sentido tiene dedicar una clase de informática para niños a ver qué es y cómo se maneja el ratón? Si dentro de nada moveremos el cursor del ordenador con los movimientos del ojo. Lo importante son los conceptos permanentes, universales. Los valores, la imaginación, las ideas, y cómo generarlas. Cómo solucionar problemas que tiene la gente.
  9. La técnica McDonald’s. Seguro que conocéis la técnica: Sonreir mientras escuchas y decir siempre “por favor” y “gracias”. Sencillo, ¿no? Pues sólo con esta simple técnica te ganarás la simpatía de tus interlocutores y podrás conquistar el mundo. Eso le digo a mis niñas. Espero que me vayan haciendo caso.
  10. No necesitas nada. Si no necesitas nada, ya eres millonario. A partir de aquí: dedícate a vivir. A nuestros hijos hay que enseñarles que no necesitan nada. Si un día viniera un fuego arrasador y quemara nuestra casa, o sucediera un terremoto. Si un día nos faltara lo material, no pasaría nada porque nos tendríamos los unos a los otros. Eso es lo importante, lo demás es accesorio.
  11. Es imposible gustarle a todo el mundo. Así que no te preocupes demasiado de lo que piensan los demás. No worries. Los mejores negociadores son personas a las que les da igual si cierran un trato o no. Si les parece bien lo cierran, pero sino, no se angustian, pasan a otra cosa. Y resulta que ése es el gran secreto. Esa “despreocupación” hace que acaben cerrando los temas más beneficiosos para ellos y evitando las operaciones menos convenientes.
  12. Si primero das, luego recibirás. Si mañana compartes tu bocadillo del patio con alguien que se lo ha dejado en casa, ¿quién sabe qué magnífico regalo te hará al día siguiente?

    Compártelo, hijo

  13. Aprende una cosa nueva cada día. Cuando puedo le pregunto a mi hija mayor si ha tenido inglés. “Sí” contesta lacónicamente. “Bien. Dime una palabra nueva que hayas aprendido”.  No es capaz de decir ninguna. Supuestamente ha estado 60 minutos aprendiendo inglés. Pero no sabe decir una sola palabra nueva. Entonces yo le digo una. Por ejemplo, ayer le enseñé “the best”, el mejor. Y le dije: “I am the best”. Soy el mejor. Pero luego añadí: “best”, como una best-ia. “Soy como una bestia!”. Espero que la asociación de ideas sedimente en su pequeño cerebelo. Hoy le preguntaré otra vez: “Paula…¿cómo se dice “soy el mejor“?” Espero que se acuerde. Aunque si no se acuerda, da igual. Se lo repetiré otra vez y se lo volveré a preguntar mañana. La repetición: esa gran olvidada de nuestra educación.
  14. Reconoce sus méritos a los demás, aunque no los tengan. Es importantísimo hablar bien de los demás en presencia de los niños. Yo intento sólo hablar bien de la gente. No sé si siempre lo logro. Seguramente no, porque soy humano, no soy ningún superhéroe. Pero soy un firme creyente en que si hablas bien de la gente, si nunca hablas mal de nadie, ese reconocimiento te volverá como un boomerang. El otro día escuché la historia de un empleado que llegó a la conclusión de que el puesto de trabajo en el que estaba no le interesaba. Quería dejarlo y decidió dar la noticia en su empresa al cabo de 60 días. A partir del momento en que decidió que dejaría su trabajo, y le quitó todo punto de valor a mantenerlo, decidió empezar a reconocer públicamente a todos sus compañeros sus colaboraciones, por pequeñas que fuesen, poniendo a todos por las nubes. ¿Sabéis que pasó? Que poco antes de dar la noticia, le propusieron un ascenso !!
  15. Escucha, piensa, luego habla. Esto es algo que los niños de hoy llevan un poco mal. Se practica poco. Veo muchos niños que son, ante todo, bla, bla, bla. Verborrea. Verborrea y griterío ¿Qué tal si estamos un rato con nuestros hijos en casa en silencio? Cada uno a lo suyo. Juntos. Pero en silencio. Estamos pensando, o leyendo, o dibujando. Por supuesto, la tele apagada. Creo que es un gran valor que inculcarles. Y podemos empezar HOY.

    Silence, please

La universidad de Steve Jobs

Steve Jobs ha muerto. Su biografía es digna de lo que sería una obra contemporánea de Charles Dickens. Fue fruto de un embarazo no deseado y, al nacer fue dado en adopción por sus padres. Su familia adoptiva parece ser que no dijo toda la verdad en la solicitud de adopción. Muchos años después su padre biológico, un sirio musulmán nacionalizado estadounidense, se arrepintió de aquello y quiso conocerle.

Jobs sólo asistió un semestre a la Universidad, dejándolo después e iniciando una carrera profesional llena de éxitos, que inició siendo programador de juegos de marcianitos para Atari, y siguió más tarde fundando Apple en un garaje, marchándose de mala manera de Apple, fundando Next y casi arruinándose con la productora Pixar y volviendo finalmente a la empresa de la manzana para conquistar el mundo con el ipod, el iphone y el ipad. Lo logrado por Jobs es increíble y pone de manifiesto que quizás no son tan necesarios los estudios universitarios.

Steve Jobs y la manzana

Hace poco el padre de un adolescente me preguntó qué opinaba sobre las distintas opciones que se le presentaban a su hijo en referencia a los estudios universitarios que estaba a punto de empezar.

Pensando bien qué decirle he llegado al convencimiento de que hoy en día, lo mejor para un adolescente de 18 años es NO ir a la Universidad.

Ojo, yo he ido a la Universidad, por tanto, nadie podrá intuir en mi actitud animadversión hacia dicha institución por no haber formado parte del sistema. Precisamente por haber pasado por el tubo, creo que tengo la legitimidad para opinar, simplemente opinar, del tema.

Al final, le dije a este atribulado padre que si yo fuera él, le prepararía a su hijo el siguiente itinerario formativo, desde los 18 a los 23 años, que son los años en que típicamente uno asiste a la Universidad:

1)      En primer lugar, pasaría un año viviendo y trabajando en un país anglosajón. Trabajando con autóctonos, en algún trabajo de poca cualificación, p.ej. una lavandería, una pizzería, haciendo camas en un hotel, de recepcionista, de camarero, o cualquier empleo parecido. En la medida de lo posible dicho trabajo implicaría interrelacionarse con otros y hablar en inglés, hablar mucho, y escuchar y aprender. Con esto el chaval desarrollaría en primer lugar la competencia del inglés, y en segundo lugar la habilidad de interrelación con los demás, por no hablar de la capacidad de empatizar con todo tipo de personas de los extractos sociales más diversos. Además se adquiere experiencia de cómo funcionan por dentro las empresas.

2)      En segundo lugar, invertiría un año en leer libros, visitar museos, ver películas, y escribir. Establecería un sistema con el seguimiento de un tutor, en el que cada semana habría que leer 3 o 4 libros, ver un par de películas y visitar un museo. Nada más. Ojo, no como en vacaciones sino con un estricto horario dedicado a todas estas tareas.  Las lecturas se comentarían con el tutor, así como las demás actividades. Y muy importante: habría intenso trabajo de escritura y también de oratoria. A lo largo de este año habría que hacer 1 exposición en público al mes. Y el total de libros mínimo que se habrían leído al cabo del “curso” serían como mínimo de 100. Todos a elegir por el estudiante, con una distribución que se aproximase a lo siguiente: 25% clásicos de la literatura universal, 25% libros técnicos (sobre matemáticas, estadística, ciencia, psicología, electricidad, lo que uno quiera), 25% biografías, y 25% ensayos de cualquier tipo. El estudiante también leería un par de periódicos cada mañana, escribiría cartas al director, comentaría noticias, escribiría comentarios y columnas (aunque luego no se publicaran). Con esto damos rienda suelta a las pasiones del estudiante (que elige qué campo del saber quiere cultivar) y le disciplinamos en el aprendizaje autodidacta, que le acompañará ya para toda la vida.

3)      Dedicaría un tercer año a iniciar y gestionar hasta su total puesta en marcha algún tipo de proyecto desde cero. El “estudiante” podría elegir entre montar una empresa, montar una entidad sin ánimo de lucro, iniciar un proyecto de formación, o lo que se le ocurriese. El requisito aquí más importante, es que tendría que ser algo que previamente no existiera, habría que crearlo. No vale apuntarse a algo. Habría que imaginarlo, planificarlo, crearlo, montarlo, y gestionarlo hasta dejarlo en pleno funcionamiento. Si a la primera no funcionara, se intentaría otra vez. Al final del año lo ideal sería que ese proyecto tuviera continuidad, aunque el “estudiante” lo abandonara para seguir el itinerario que aquí marco.  Aquí trabajamos la planificación, la determinación de objetivos, la elección de los medios para obtener dichos objetivos, la gestión del posible fracaso, o del inesperado éxito.

4)      El último año lo dedicaría a hacer de “aprendiz” o “asistente” de un”maestro”. El tema sería el siguiente: Se escoge un profesional reputado en algún campo, ya sea del saber o de los oficios. No sé, un buen cocinero, un buen mecánico, un director general de una empresa, un director de un colegio, un programador, un diseñador, cualquier profesión por la que el estudiante sienta pasión, y se le propone trabajar gratis para él durante un año, a cambio de estar constantemente a su lado, ver cómo se conduce, qué habilidades utiliza, de qué capacidades y experiencia hecha mano, y extraer en primera persona, mediante la observación y también ejecutando, las habilidades de un buen profesional. Ojo, no hablo de un puesto de trabajo normal. Hablo de ser la mano derecha de un profesional, que debería invertir tiempo de calidad con el “estudiante”, teniendo charlas periódicas acerca de la actividad y reflexiones sobre su desarrollo. Además de lo obvio, el aprendiz tejería en un año una red de contactos sustentada sobre la de su maestro después de años de ejercicio.

El itinerario que propongo creo que responde mejor que la educación reglada del sistema universitario a lo que hoy le garantiza a uno su futuro laboral. No hablo de un puesto de trabajo entendido a la manera clásica, sino aquello que hizo que a gente como Steve Jobs nunca le faltara el trabajo.