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Cómo vivir varias vidas

Cuando cambié de casa en 2010 no puedo negar que sentí cierta inquietud.

Hoy, más de cinco años después el balance no puede ser más que positivo.

Cambiar de casa es como empezar una nueva vida: nuevos vecinos, nuevas rutinas, nuevos escenarios, nuevas rutas.

Ahora soy un gran defensor del cambio regular. Cada cinco años debemos darle un repaso a nuestras vidas. El cambio hace que el tiempo pase más despacio. Te hace más consciente de lo que tienes, de lo que tuviste, de lo que quieres tener, y de lo que quieres evitar.

Demasiado tiempo en el mismo sitio, en el mismo barrio, en el mismo trabajo, las mismas rutinas hacen que te acartones y poco a poco te marchites.

Cada cinco años hay que cambiar:

  • De casa
  • De proyecto laboral (no necesariamente de trabajo, pero sí de horizontes y proyectos).
  • De aficiones
  • De objetivos
  • De coche
  • De relaciones (cultivar nuevas amistades, quizás cambiar de pareja)
  • Experimentar nuevos aprendizajes.

Cada cinco años hay que darle la vuelta a tu vida como si fuera un calcetín.

Apuntarse a clases de algo nuevo, adquirir una nueva habilidad. Volver a la escuela. Aprender un nuevo idioma. Cambiar de ciudad. Cambiar de país. ¡Cambiar de religión! Explorar.

A los cinco años hay que cambiar de Android a Apple, y cinco años más tarde cambiar de vuelta a Android. O al revés. O renunciar a tener móvil. O desconectar el whattsapp durante cinco años.

Pasados cinco años, y esto es inevitable, cambiarás de hijos. Porque tus hijos después de un lustro son personas diferentes -uno espera que más maduras y razonables- aunque no siempre es así. Estáte preparado.

Si cada cierto tiempo haces un esfuerzo por cambiar conscientemente aprenderás más cosas sobre tí mismo.

Lo importante es que te dés permiso para cambiar, y equivocarte en el proceso. El cambio no es algo a lo que debas temer, pues a la vuelta de la esquina del próximo cambio el camino te parecerá más iluminado. Y si no fuera así, si acaso la intensidad de la luz fuera menor, no debes dudar en doblar entonces la siguiente esquina que encuentres en tu ruta y seguir cambiando. Así hasta encontrar una versión mejor de tí mismo.

Al cabo de los años encontrarás que has ido ascendiendo los peldaños de una escalera que te habrá acercado cada vez más al autoconocimiento.

No tengas miedo. Cambia. Así vivirás más vidas que un gato.

Tiempo de cambiar

Tiempo de cambiar

Saber decir NO

El mundo entero quiere que le contestes un gran SÍ. Y si puede ser, con una sonrisa, y un ligero reclinar la cabeza. Con sumisión.

Tus colegas en el trabajo sueñan con que les digas SÍ. Te puedo ayudar. Dame tu trabajo, yo me encargo. No te preocupes.

Tus padres quieren que les digas SÍ a ir a comer cada domingo a su casa.

Tus hijos quieren que les digas SÍ cada vez que quieren un compañero de juegos a quien ganar sistemáticamente.

Tu mujer quiere que le digas SÍ a pasar por el súper de camino a casa desde el trabajo y coger aquello que falta en casa.

Tu jefe quiere que le digas SÍ a perder el tiempo con alguna chorrada inútil.

Pero saber decir NO es una habilidad crucial. Es la más grande habilidad que puedes aprender una vez has dejado el colegio.

En el colegio todo fueron SÍES. No te quedaba otra: los deberes, los exámenes, los trabajos, sentarte en tu sitio, el menú del comedor, las actividades y los compañeros.

SÍ, bwana. SÍ, bwana.

Pero después de todos estos años, es el momento del NO. Decir NO te hará libre.

Diles NO a los que reclaman tu tiempo, y te dicen cómo gastarlo.

Diles NO a los que quieren que actúes de la manera en que ellos actuarían.

Diles NO a aquellos que quieren que opines lo que ellos opinan.

Diles NO a los que te quieren vender algo que no necesitas, y que te van a hacer su esclavo.

Diles NO a los “listos” que saben más que nadie, que predican su gran habilidad para aprovecharse de cualquier situación, colarse, infiltrarse, dar con las grietas del sistema y dar con los atajos que nos dejan a los demás con cara de tontos.

Junta las manos alrededor de la boca y suelta un gran NO.

Diles NO a los demás, para darte a tí mismo el SÍ más grande y definitivo de tu vida. El SÍ a decidir tú.

¡Verás qué sensación de libertad!

Nooooooooo!!!!

Nooooooooo!!!!

Carta abierta a mi hija de 9 años

Querida Paula,

Ha llegado el momento en que te comente algunas cosas por escrito. Cosas que pienso que deberías leer en solitario, a la luz de tu conciencia. Ahora que eres una ávida lectora de libros de Junie B. Jones, espero que esta carta no se te haga cuesta arriba.

Ya tienes 9 años, y pronto pasarás a los dos dígitos! Parece que fue ayer cuando naciste, y todavía lo tengo todo fresco en mi mente. Me quedo a veces parado viendo tu foto con 2 ó 3 años y tu parche de pirata en la terraza de la otra casa, y luego pienso que desde entonces ha pasado  más de un lustro, y que para ti la otra casa es algo tan lejano como una vida anterior que nunca se recordará.

Has llegado a una edad en la que debes empezar a ser responsable de tus actos, como lo hemos empezado a ser todos en algún momento.

Sé que a veces puede ser duro tener esa sensación de soledad porque estás acostumbrada a que tus padres estén permanentemente a tu lado susurrándote qué debes o no debes hacer, decir, llevar, o incluso pensar.

Pero ahora ya eres mayor. Mayor, no en el sentido de poder tener un móvil o conducir o poder votar. Pero sí mayor para poder asumir ciertas responsabilidades que se esperan ya de una princesa de casi 10 años.

La buena noticia es que el peso de la responsabilidad te lo voy a transmitir con un bien muy preciado entre los hombres, que es la libertad. La libertad de tomar tus propias decisiones. Ya que de nada serviría endosarte la responsabilidad si, como hasta ahora, te tuviéramos que perseguir tu madre o yo para que hicieras lo que nosotros creemos que tienes que hacer.

Se trata de que tú elijas tu propio camino, y asumas las (pequeñas) consecuencias que ello conlleva.

Por tanto, he decidido escribirte estas líneas para comunicarte que, por mi parte, intentaré –en la medida en que me sea posible- no decirte ya qué pasos tienes que tomar en cada pequeña acción cotidiana que hoy por hoy es tu vida.

Si tienes una redacción que escribir, o si tienes que leerte 8 páginas del libro de Medi, o si tienes que hacer 3 ejercicios en tu libreta verde, o si tienes que ponerte bambas o sandalias, te tengo que decir que hacerlo o no hacerlo, o escoger entre las opciones que cada uno de estos elementos plantea es una decisión libre tuya. Yo intentaré no influir en ello. Y sólo me encontrarás cuando me pidas sinceramente mi opinión, que te daré más como un consejo que como una imposición.

Verás, mi teoría es que muchos de los problemas con los niños de tu edad hoy en día vienen derivados de que los padres nunca tomamos la decisión de apartarnos, de dar un paso atrás, y dejaros ser libres y responsables. Sospecho que ello puede ser debido a que nos asusta que nuestros hijos vayan un día con los cordones desatados al colegio, o con una camiseta que no combina con los pantalones, o a que nos asusta que llevéis un día la redacción a medio hacer (con lo de fracaso que eso tiene, ya ves), o que os llamen la atención por no haber hecho los ejercicios. Pero, Paula, te puedo asegurar que sobre todo esto he reflexionado, siquiera un poco, y creo que soportar cualquier cosa parecida a esas que acabo de citar, no tiene precio comparado con dejarte la oportunidad de desarrollarte como individuo, con tus fallos, tus fracasos, pero también con tus experiencias y tus logros; en fin, con la satisfacción de ver que estás empezando a controlar las riendas de tu vida.

Digamos que con esta carta quiero entregarte (aunque de momento sea simbólicamente) las riendas de tu vida. Y lo hago diciéndote que nos tendrás al lado a tu madre y a tu padre, siempre, sin importar si los resultados son buenos o malos, si te equivocas, o si en algún momento te sientes mal por algo que hayas hecho o que hayas dejado de hacer. En eso consiste vivir, en equivocarnos mucho cada día, y sólo muy ocasionalmente acertar en algo. Espero que de esta manera vayas desarrollando los recursos que seguro que te van a hacer falta más adelante para ser la persona que TÚ quieras ser.

Yo te podría decir que mi aspiración es que seas una persona de tal o cual manera, que te dediques a esto o lo otro y que vivas de determinada manera y te conduzcas así o asá con la gente. Pero la realidad es que eso lo tienes que decidir TÚ, y sólo TÚ.

Disfruta mucho del camino y que sepas que tu padre te quiere (os quiere) con locura.

R.

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Nelson Mandela – lecciones de una biografía espectacular

Nelson Mandela se muere. Igual a estas horas ya está muerto. Hay medios que dicen que  está vegetativo, y acabo de leer que incluso la CBS descubrió que a raíz de la última crisis que le ha llevado al hospital Mandela estuvo 40 minutos en parada respiratoria mientras la ambulancia que le trasportaba al hospital sufría una avería en la carretera, cosa que ha supuesto un escándalo en Sudáfrica.

En cualquier caso Mandela es una persona de 94 años, que pasó 27 años en la cárcel en condiciones paupérrimas, de las que derivaron dolencias pulmonares que ha arrastrado toda la vida, y por tanto está claro que su hora está cerca, si no ha llegado ya.

Mandela enfermo

Revisando su biografía no puedo dejar de destilar los rasgos que dibujan la personalidad de un gran hombre, que ha dejado una huella indeleble en la historia de la Humanidad y de los derechos humanos:

1) Nunca es tarde. Mandela nace en 1918, y es encarcelado en primera instancia junto a otros activistas de 1956 a 1961. Más tarde vuelve a prisión en 1964, hasta que es liberado en 1990. Yo tenía 19 años cuando liberan a Mandela, y por tanto ya tengo conciencia de haberlo vivido a través de las noticias. En esta segunda etapa de cárcel pasa 18 años terribles en la ya famosa prisión de Robben Island. Cuando es liberado en 1990, por el presidente sudafricano De Klerk, Mandela tiene 72 años. A pesar de ser ya un septuagenario, inicia el mayor logro de su vida, y es capaz de negociar con las autoridades de su país un proceso de democratización. Se presenta en 1994 a las primeras elecciones de su país con sufragio universal, gana e inicia un proceso de reconciliación nacional.

2) Corazón. Una vez elegido Presidente de su país mantuvo como vicepresidente a Willem De Klerk, su antecesor, dirigente blanco que todavía ejerció su poder en el régimen anterior de “apartheid”. Mandela tuvo claro que no podía gobernar su país con revanchismo, y que debía ser una fuerza integradora que buscara la reconciliación del país. Desde la Presidencia trató  también de atraer hacia la participación democrática al partido de los zulús, de ideología más radical. Después de 27 años en la cárcel se tiene que tener un grandísimo corazón para buscar la reconciliación con los que han sido tus carceleros. Bill Clinton dice que le preguntó a Mandela si al ser puesto en libertad no le invadía un sentimiento de odio, Mandela le respondió:

“Claro que sí, les odiaba porque me tuvieron en la cárcel durante tanto tiempo. Abusaron de mí. No ví crecer a mis hijos. Perdí mi matrimonio y los mejores años de mi vida. Estaba furioso. Y también asustado, porque hacía tanto tiempo que no era libre. Pero a medida que me acercaba al coche que me llevaría de allí, me di cuenta que cuando atravesara esa puerta, si todavía les odiaba, todavía me tendrían. Yo quería ser libre. Libre de verdad. Así que dejé ir ese sentimiento.”

Años terribles de cárcel

Años terribles de cárcel

3) Fluir. Mandela fue condenado a cadena perpetua en 1964. El régimen penitenciario en Robben Island era durísimo, los presos políticos tenían menos privilegios que los comunes, y solo se le permitía recibir una carta y una visita cada 6 meses. Imaginad. Una condena hasta que te mueras. Sin embargo él no renunció a sus principios, no se arredró, y sobrevivió durante un periodo que muchos encontrarían tan oscuro como para abandonarlo todo. Me imagino que el secreto (como en la historia de muchos secuestrados de larga duración) es tener una gran fe, una gran disciplina personal, un gran equilibrio mental y emocional. Vivir el presente, olvidar el pasado, no pensar en el futuro. Fluir.

4) Creer.  Ahora cualquier ciudadano del mundo conoce el nombre de Nelson Mandela, pero cuando durante su juventud decidió militar en la causa contra la segregación racial, cuando se inscribió en su partido (el Congreso Nacional Africano), o incluso cuando fue privado de libertad y llevado a Robben Island a Mandela no le conocía nadie. Era uno más de los que abrazaron la causa. Él creyó en un país libre de segregación cuando era muy difícil creer en que las cosas podían cambiar. Primero creyó, luego imaginó cómo sería ese país, y cuando le tocó, tomó las decisiones adecuadas. En uno de los juicios que tuvo que soportar realizó este famoso alegato:

“He luchado contra la dominación blanca, he luchado contra la dominación negra. He venerado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la cual todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal al cual espero consagrar mi vida y lograr. Pero si fuere preciso, es un ideal por el cual estoy dispuesto a morir.”

5) Primero los principios. En 1984 el gobierno sudafricano, presionado por la comunidad internacional, ante la creciente magnitud del mito de Mandela, que se estaba convirtiendo en un símbolo de la lucha racial en todo el globo, le ofreció la libertad a Mandela, a cambio de que renunciara a la violencia y aceptara ciertas condiciones políticas sobre la situación de su país. Mandela rechazó siempre estos ofrecimientos, y su respuesta siempre fue:

“Los prisioneros no pueden asumir contratos. Sólo pueden negociar los hombres libres.”

6)  No violencia. Yo no lo sabía, pero Mandela llegó a ser considerado un terrorista nada menos que por la ONU, y ha estado hasta hace pocos años en las listas de presuntos terroristas elaboradas por el gobierno USA. Cuando a principios de los años 60 el gobierno de Sudáfrica ilegalizó su partido, el ANC, y calificó a sus dirigentes de terroristas, así lo asumieron algunas organizaciones internacionales. Mandela creyó desde un principio en la vía no-violenta inspirado en la figura de Gandhi. Los instrumentos en los que creyó para liberar a su gente, una vez vio claro que no servía la simple exigencia de justicia y democracia, fue la desobediencia civil, las huelgas y la no-cooperación. Una vez, habiendo sido acusado y juzgado por su participación en una de estas campañas, el tribunal no pudo más que reconocer que Mandela y sus compañeros sostenidamente aconsejaban a sus seguidores optar por acciones pacíficas y evitar todo acto de violencia.

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7) El destino. ¿Cuántos Mandelas habrá habido de los que no tenemos noticia? Él pudo no haber pasado a la Historia. Estando en la cárcel se convirtió en un símbolo, y luego ha estado a la altura de las circunstancias, a la altura del mito. Pero ¿cuántos luchadores anónimos ha habido en el mundo abrazando causas justas, que no han sobrevivido, o que simplemente no fueron elegidos como símbolos de una causa? Muchísimos. Mandela es un héroe, pero el destino pudo haber querido que el héroe fuera otro, con los mismos principios que él, con similares virtudes y con similares defectos. El obispo Desmond Tutu, al que le fue concedido el Premio Nobel de la Paz en 1984 (a Mandela se lo dieron en 1993) dijo en una entrevista: “El Nobel de la Paz me lo dieron porque tengo el nombre fácil, Tutu, y la nariz grande. En realidad el destinatario del premio no era yo, sino los cambios que se producían en Sudáfrica en aquel momento“.

Estos días rendimos homenaje a Nelson Mandela por una vida dedicada a luchar contra la opresión y la injusticia, pero también deberíamos pensar, siquiera un momento, en esos miles de Mandelas anónimos que creyeron, que tuvieron un gran corazón, que abrazaron causas y luchas justas en pro de sus semejantes, pero que no sobrevivieron.

Un hombre bueno

Adiós Madiba, hasta siempre !