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Minimalismo vital

Cuando nacemos, venimos de serie con un chip implantado en el cerebro que nos empuja a poseer, a acumular. Basta vivir el crecimiento y desarrollo de un bebé, para ver que una de las primeras palabras que invariablemente aprende todo retoño es “mío“.

Empezamos con los juguetes, a los cuales puede ser que no prestemos la mínima atención, hasta que llega otro niño y quiere jugar con ellos. Entonces el sacrosanto chip de la propiedad actúa: “mío“. Y si hace falta nos ponemos a jugar con aquel juguete que teníamos abandonado en nuestro cuarto.

Luego vienen los apuntes, libros, estuches, colores, ropa. “Mío, mío, mío“. “No te puedo dejar este libro, mi madre se enfadaría”. “No te dejo la goma, que me la ensucias”. “Este color no, que es nuevo”. “¿Los apuntes? Ni hablar, con lo que me ha costado tomarlos”.

Y finalmente llega el piso, el coche, los esquís, la bicicleta de montaña, el equipo de buceo, más libros, ordenadores, el ipad, el móvil última generación, zapatos, patines, caravanas, barcos.

Cuando tienes cuarenta (reflexiones a las que está dedicado este blog, por si alguien pregunta de qué hablo en él) a algunos se nos ha estropeado el chip. Supongo que de tanto usarlo. Ya no procesa bien. De hecho procesa al revés. Ahora lo que yo quiero es desprenderme de cosas. Resulta que el chip que venía de serie es un defecto de fabricación. Mi conclusión es que poseer más cosas, nos hace más infelices. Hay que “desposeer” las cosas. Desprenderse de ellas. Darse al minimalismo, abandonar el consumo en la medida que podamos, recuperar las esencias, prescindir de lo accesorio. No digo que nos convirtamos en anacoretas, sí digo que analicemos con plena conciencia, si tiene justificación adquirir algo, cualquier nuevo cacharro, visto el uso que le vayamos a dar. Una vez entramos en esta dinámica, uno vive en paz, desacumulando, y es como si uno -y ahora me pongo transcendental- le dijera a la muerte, “ven acércate, no me das miedo, tú me lo quitarás todo, pero yo es que no necesito nada”. Es difícil de explicar.

Veamos algunas ideas sobre cómo abrazar el minimalismo vital:

  1. Si se puede, siempre mejor alquilar que comprar. Por los aeropuertos del mundo se ve gente cargando equipos de buceo que se desplazan en avión de aquí a Sharm el Sheik. Las excursiones a la montaña siempre llevan aparejadas el acarreo de esquís que deben subirse y bajarse de los autobuses. ¿por qué? ¿No es mejor viajar ligero y una vez allí alquilar el material?. Lo mismo se podría argumentar aunque no se requiera un desplazamiento tan largo. Creo que el que viaja sin equipaje es un privilegiado.

    ¿Comprarlo o alquilarlo?

  2. No sólo es lo que cuesta. Es lo que cuesta poseerlo. El hecho de poseer algo tiene un coste. Hay que guardarlo, almacenarlo, custodiarlo. La cosa ocupa un espacio. Casi nadie se plantea la posibilidad de no tener coche, con todo lo que cuesta  poseerlo (gasolina, seguro, párking, reparaciones, revisiones, itv, aceite)  en vez de ir cómodamente en taxi, o en tren a todas partes. Algún día os haré los números, pero veréis que incluso económicamente tener coche es una decisión equivocada.
  3. Ante todo libertad de movimientos. Si al despertar por la mañana saco la nariz por la ventana y veo que el cielo está cubierto de nubes, yo opto por NO coger NUNCA el paraguas. Dos resultados no óptimos son posibles a resultas de la decisión de coger o no el paragüas: lo coges y no llueve, o no lo coges y llueve. En cualquiera de las dos decisiones, prefiero prescindir de llevar el paragüas. ¿Y si me mojo? Pues me mojo. O me espero en un café a que escampe.
  4. En la mente también ocupan espacio. En inglés hay una expresión que dice  “cluttered desk, cluttered mind.”  Viene a significar que para trabajar a gusto hay que tener la mesa limpia de papeles. Todo ordenado, y guardado en su correspondiente ubicación. De esa manera tu mente se centrará única y exclusivamente en el trabajo que sea que tienes que llevar a cabo. De la misma manera si poseemos muchos bienes nos ocupan RAM en el cerebro. Nos reclaman atención. Pensamos en ellas. Sufrimos por ellas. Nos preocupamos.
  5. Vivir sin miedos. Qué gran ventaja no estar pensando si me roban esto o aquello. “No lo dejes en el coche a la vista”, se dicen unos a otros. Siempre me ha sorprendido. “Meto en la maleta unos pantalones largos y unos zapatos de invierno por si hace frío”. Qué gran ventaja la del viajero que escoge no llevar unos pantalones extras ni unos zapatos por si hace frío. Lo más seguro es que no haga frío, pero si lo hace, siempre puedes seguir la “metodología BIT“. Buy-It-There. Te puedes comprar allí una prenda de emergencia. Os dejo un video de 2 minutos sobre cómo viajar alrededor del mundo durante 6 semanas sin cargar equipaje.
  6. Yo quiero siempre lo último. No tener nada me asegura que cuando vaya a alquilar algo, prácticamente siempre me darán lo último. Las empresas de alquiler renuevan sus stocks mucho más asiduamente de lo que lo puede hacer cualquiera de nosotros. Es la manera de evitar la “obsolescencia programada”. Los hoteles, por ejemplo, que no dejan de ser una manera de “alquilar” tu vivienda renuevan -de media- su decoración y mobiliario cada 10 años.
  7. Te conviertes en mejor persona. Te centras en dar, no en recibir. Pero por interés propio. No porque pertenezcas a una ONG o quede bien delante de tus amigos. Yo regalé mi vespa TX200 negra. Sí, tenía un porrón de años. Pero iba perfecta. De hecho, me consta que todavía tira y da un buen servicio a su nuevo propietario. También puedes vender cosas en eBay. Yo no he probado. No tengo tiempo. Pero tengo entendido que sin mucho esfuerzo puedes sacar unas perras si te desprendes de cosas que le puedan servir a alguien.
  8. Y por último…la sostenibilidad. Aunque siendo sinceros, ese será un problema que tendrán que afrontar otros. Yo soy egoísta, y sólo abrazo el minimalismo por razones estrictamente personales.

Si crees que serás más feliz abrazando el minimalismo existencial (te lo garantizo), ya sabes: despréndete de algo mañana mismo.