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8 reglas para conducirse en la sociedad actual

Hoy estoy a bordo de un bote que flota en aguas procelosas. Puedo dejarme llevar en el sentido de la corriente, ser uno más y no ser consciente de que otros manejan los hilos. O bien, puedo asir los remos de mi destino, y remar contracorriente. Cuando eres joven navegas como los demás, buscas tu puesto y bogas en la gran nave de la colectividad. Cuando tienes 40+ desconfías del grupo. Buscas tu chalupa y marcas tu propio  rumbo, huyendo de la masa. Estas son mis recetas de pacotilla para mantenerme a flote en la sociedad de hoy, y lograr que no me embista ningún transatlántico:

1) Rechaza sistemáticamente cualquier producto o servicio que se te ofrezca. Hoy en día se ofrecen cosas por doquier, a todas horas, en todos los campos. Yo creo que cada día llaman al despacho donde trabajo 2 ó 3 personas ofreciendo cosas. ¿Por qué las empresas de hoy te avasallan con sus ofertas? ¿Por qué te intentan colar con calzador cualquier curso, producto, o pretendido servicio que tengan que ofrecer? Sencillo: porque les interesa a ellos. Antes a veces me preguntaba: “esto que esta persona me ofrece…¿me interesa?” De un tiempo a esta parte ya no me pregunto nada. Simplemente me los quito de encima. Mucha Ley de Protección de Datos, pero mi nombre debe estar en miles de listados, porque cada día toda clase de comerciales me buscan para colocarme lo suyo. Mi respuesta: “Lo siento, no nos dejan atender llamadas comerciales. Es que sino, no podríamos trabajar. Gracias. Adiós”. Todo recitado de carrerilla para no dar pie a ser interrumpido. Si algún día necesito algo, ya seré yo quien les busque a ellos.

Me podéis llamar lo que queráis, que no me venderéis nada

Me podéis llamar lo que queráis, que no me venderéis nada

2) No compres lo más barato. Hay que saber que lo que tiene valor tiene un precio. Hoy en día, la presión de la demanda y el consumo no-consciente incentivan que las empresas y emprendedores ofrezcan soluciones baratas “no-matter-how“. Esto es especialmente así cuando tratamos de bienes que se suponen duraderos. Los muebles se construyen para que luzcan bien, pero se prefiere que sean baratos a que sean duraderos y robustos. Lo mismo pasa con los coches, las motos, la ropa, los electrodomésticos, los instrumentos, los relojes, los ordenadores, los aparatos de aire acondicionado, etcétera. Obviamente, eso es así porque el consumidor “mainstream” prefiere un mueble barato, que un mueble que dure 3 generaciones. Ya que el segundo obviamente costará mucho más. Lo que no vale es querer hamburguesas baratas, y luego poner el ay en el cielo cuando se demuestra que éstas tienen trazas de caballo y de vete a saber qué más.  Ante esto hay que revelarse: comprar productos de alta calidad, robustos y duraderos. Y tener claro que van a ser más caros.

3) Sé consciente de que no hay remedios milagrosos, ni fórmulas mágicas. Todo lo que pretendas conseguir requiere un compromiso de tiempo y esfuerzo. Más lo primero que lo segundo. Un día haré un inventario de los anuncios que escucho en la radio relativos a productos pseudo-farmacéuticos que consiguen maravillas: Revitalizantes, adelgazantes, antiestresantes, remedios para dejar de roncar, remedios para dormir bien, remedios para aumentar la capacidad de nuestra memoria, cremas antiarrugas de acción inmediata, lociones que paralizan la caída del cabello y activan su crecimiento,  etcétera. Industrias enteras se sostienen en estos bálsamos de Fierabrás. Todos funcionan, pero los problemas que pretenden solucionar van en aumento irremisiblemente. ¿Por qué será?

4) Dedícate tiempo a tí mismo. La mejor inversión que puedes hacer. Para mí dedicarte tiempo a tí mismo no es ir a la peluquería a que te cambien la permanente, ni comprarte un nuevo vestido. No se trata de ser tú quien recibe la acción que hace un tercero.  Se trata de hacer la acción y a la vez ser destinatario de ella. Dedicarte tiempo es convivir con tu silencio. Un ejemplo: hazte un masaje a tí mismo. Medita. Cocina tu comida. Haz ejercicio. Cuida tu jardín. Date un baño en bañera mientras escuchas música relajante. Dibuja un cuadro. Grábate cantando una canción con el Audacity.

Un baño relajante de pies antes de ir a dormir

Un baño relajante de pies antes de ir a dormir

5) No te preocupes por el dinero. Sí preocúpate por ayudar, ofrecer algo de valor a tu prójimo. Es curioso cuando a alguien le comentas que el dinero no es lo que te mueve. Aunque no sea verdad, probad a decirle a alguien cuando os proponga algo, que vosotros no os movéis por dinero, sino por otras motivaciones. Muchas veces te mirarán raro. ¿Qué clase de loco es éste? ¿No te interesa facturar más? ¿No te interesa tener más para gastar más para acumular más para fardar más?

6) Aplica a todo el sentido común, intentando emular a la Naturaleza. Ya no utilizo pasta de dientes, ahora me lavo los dientes con “Dentie” (se pronuncia Denshi), un preparado tradicional japonés hecho a base de polvo de berenjena carbonizada y sal marina. Natural. Nada de flúor. Además, el Dentie  tiene grandes propiedades curativas y de él dice Georges Ohsawa que cura cualquier dolencia de la boca. ¿Quién dijo que el flúor era bueno para los dientes? ¿Cuándo se dijo? ¿Hace unas pocas décadas? ¿Qué hacía el hombre antes de que existieran las compañías Colgate-Palmolive y Unilever? Pues me quedo con lo de antes. Otro ejemplo: la naturaleza no crea residuos. Todo se aprovecha en otros procesos. Las hojas caen de los árboles y sirven de abono para la tierra. Todo se recicla. La materia muerta vuelve a la vida porque se convierte en nitrógeno y carbono, que son los nutrientes que aprovechan nos nuevos seres. Seamos naturaleza. No generemos residuos. Difícil, lo sé. Pero con pequeños pasos se puede ir avanzando en este sentido: Ya hay gente que está volviendo a afeitarse con navaja.  ¿A qué tantas cuchillas desechables? Lo tengo que investigar y ponerme a ello. Se tarda más, lo sé. Y seguro que implica a lo mejor una mayor incomodidad (seguramente sólo al principio). Pero sería otra manera de aplicarme el número 4) de esta lista.

También es eficaz contra el mal aliento

También es eficaz contra el mal aliento

7) Sé un escéptico. Adopta la filosofía del “Non-credo”. No te creas nada que no hayas experimentado en tus carnes. Ve con especial recelo cuando hables con licenciados: abogados, médicos, economistas, psicólogos. Ponlo todo el cuarentena, investiga y hazte responsable de tus inquietudes. Para mí existe la pregunta definitiva: “esto que a mí me cuentan…¿a quién beneficia?”

8) Finalmente: Minimiza. Decrece. Toma únicamente lo necesario. Los animales lo hacen. Lo contrario es “pan (material) para hoy, pero hambre (espiritual) para mañana“.