Tag Archives: perjudicial

¿Qué comemos realmente?

Esta semana han inaugurado un nuevo supermercado cerca de casa. Si me asomo a la ventana y me pongo de puntillas, veo, a lo lejos, detrás de los árboles, el luminoso cartel de verde y amarillo de una famosa cadena valenciana de grandes superficies.

Cada vez que voy a hacer la compra semanal a un supermercado como el que me han colocado al lado de casa me  maravillo. Todas esas latas, cajas, bolsas, poriespanes y precintos. Todo perfectamente alineado y ordenado. Todo estudiado y colocado en el lugar óptimo para maximizar el consumo. Todo bien iluminado. Los suelos bien brillantes para dar una sensación de impoluta higiene. Las galletas más licenciadas y las chucherías a la altura adecuada para que las vean los pequeños de la casa, y los productos de compra impulsiva (e innecesaria) al lado de las cajas registradoras. Hay que aprovechar que el consumidor espera para atraer su mirada todavía una vez más.

El mero hecho de ir a comprar es como ir a la feria, el Port Aventura semanal al alcance de todos. Los niños se suben y se sientan en el carrito, hay colores vivos y caramelos y dulces por doquier. Además desplazarnos hasta estos templos modernos es facilísimo. Hay un cómodo párking justo al lado de la sala de muestras, gratuito por supuesto.

Sin embargo, el paraíso del aprovisionamiento esconde algunas trampas. ¿no nos estarán dando gato por liebre? ¿es normal que unas magdalenas duren 2 semanas esponjosas como el primer día? ¿qué nos tomamos realmente cuando comemos todos esos productos? ¿por qué el 95% de los productos tienen uno de los siguientes elementos: emulgentes, acidulantes, conservantes, colorantes, gasificantes, antioxidantes, estabilizantes? En mi supina ignorancia sólo se me ocurre que,  si a un alimento se le añade algo que no incorpora de manera natural, sólo puede ser por una de las siguientes razones:

    1. Para que tenga mejor aspecto.
    2. Para que tenga mejor sabor, o por lo menos un sabor más “popular”.
    3. Para que tenga mejor textura.
    4. Para que dure más sin corromperse.
    5. Para que me “aficione” a ese sabor, para crearme una leve “adicción”.
    6. En definitiva, para maximizar las ventas, ergo los beneficios de la industria alimentaria (una industria muy potente: representa el 7,6% del PIB en 2011 según la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas).

      En el supermercado nada es lo que parece

He dedicado un ratito a leer algunas de las etiquetas de los alimentos que tenía en la despensa de casa. La experiencia, cuando menos, es inquietante:

Mayonesa ligeresa (“todo el sabor, menos calorías”): azúcar, sal, maltodextrina, almidón modificado de maíz, espesantes (goma garrofín y goma guar), conservador (ácido sórbico), colorante (betacaroteno).

Tomate frito Orlando: azúcar y almidón modificado de maíz (8,3 g. cada 100 g.)

Pan Bimbo (“jugoso y consistente”): harina de trigo, agua, levadura, gluten de trigo, azúcar, sal, emulsionante (E-471, E-472e, E-481), corrector de acidez (E-341i), conservante (E-282,E-200). 2,1 g. de azúcar x 100 g.

Magdalenas con chocolate (“calidad artesana”): dextrosa, gasificantes E-450I, E-500II, emulgente E322, estabilizante E-420.

Galletas Príncipe: almidón de trigo, emulgente (lecitina de soja), jarabe de glucosa y fructosa, lactosa, gasificantes (bicarbonato sódico, bicárbonato amónico), aroma de vainilla, emulgente (lecitina de soja).

M&Ms (“se derriten en tu boca, no en tu mano”): lactosa, jarabe de glucosa, almidón, emulgente (lecitina de soja), colorantes E-100, E-120, E-133, E-160e, E-171, dextrina, cera carnauba, sal.

Galletas María (“las de toda la vida”): grasas vegetales (antioxidantes E-304, E-306), jarabe de glucosa y fructosa, suero de leche en polvo, gasificantes (bicarbonato sódico y amónico), agente de tratamiento de la harina (metabisulfito sódico).

Zumo de naranja Granini: Zumo de naranja a base de concentrado (55%), agua, azúcar, pulpa de naranja (5%), antioxidante: ácido L-ascórbico.

Lata de espárragos: agua, sal, azúcar y acidulante: ácido cítrico.

Lata de aceitunas rellenas de anchoa: estabilizante (alginato sódico), potenciador del sabor (glutamato monosódico), sal, acidulante (ácido cítrico).

Antes el Hombre salía a recoger raíces, a recolectar frutos,  recorría la Tierra y comía de lo que ella le daba. Así fue durante miles de años. Sólo ocasionalmente conseguía matar algún animal, y  cuando descubrió cómo ablandar esa carne utilizando el fuego, dicen los expertos que el incremento en la ingesta de proteínas hizo que su cerebro se convirtiera en un órgano cada vez más grande y sofisticado. Luego el Hombre amaestró la Naturaleza y se las ingenió para crear huertos, plantaciones y granjas.

Nuestros abuelos todavía comían directamente de esos huertos y esas granjas. Pero nosotros y nuestros hijos ya no tenemos acceso directo a ellos. La división del trabajo ha hecho que hayamos montado una infraestructura colosal para alimentarnos sin dedicarnos a recolectar, cazar o pescar. Pero por el camino algo se ha perdido. Un precio ha debido de pagarse. Las empresas alimentarias empezaron a ser reguladas para garantizar la salud pública en la distribución de los alimentos, pero el negocio es tan gigantesco que la Teoría de los Incentivos me dice que a lo mejor la salud pública no es la primera consideración que se tiene en cuenta. Hace poco conocí un dato que me hizo reafirmarme en esta sospecha: ¿sabíais que la OMS (Organización Mundial de la Salud) se financia en un 80% con aportaciones de multinacionales agroalimentarias, y sólo en un 20% con la aportación de gobiernos? ¿A qué intereses responderá primero esta organización que nos iba a vacunar a todos contra la temible pandemia de la Gripe A?

El precio que pagamos hoy por acudir cómodamente al súper y abastecernos sin más, es el de una alimentación adulterada de todos esos productos artificiales añadidos en lo que consumimos a diario. ¿Y cuál es el rey de todos esos productos añadidos que llevan hoy en día los alimentos? El azúcar refinado. En las comunidades urbanitas en las que vivimos prácticamente todos los alimentos están adulterados con azúcar refinado, el moderno veneno que poco a poco se acumula en nuestros organismos, y que cada vez más científicos relacionan con los crecientes problemas de salud de nuestras sociedades.

El azúcar refinado está relacionado con caries dentales, obesidad, diabetes, cardiopatías, y cáncer, y se encuentra presente en muchísimos alimentos de los que pueblan las estanterías de los súpers. Incluso está presente en alimentos en los que no se lo menciona en la etiqueta. Por ejemplo, multitud de bebidas y sodas que no son agua o vino, incorporan azúcar. Son famosos los vídeos sobre la cantidad de azúcar que te tomas al beber una Coca-cola. Espera que busco, mmmm, …aquí están los dos primeros que me he encontrado:


El azúcar refinado es un alimento barato de producir, y por su sabor agradable y dulce (cien veces más dulce que cualquier cosa que encontremos en la naturaleza) el ser humano tiende a consumirlo exageradamente. El problema es que la gente no elige consumirlo, sino que la Industria nos lo está sirviendo con cada producto con que nos alimentamos.

Y es que ése es el valor más importante del azúcar: su sabor nos encanta. El hombre con su inteligencia ha sido capaz de recrear alimentos artificiales a partir de los naturales, alterarlos, cambiarlos, mezclarlos, y ha conseguido que cualquier cosa se nos haga agradable al paladar. ¿Cómo? Añadiéndole azúcar. Las bebidas son ya la mayoría azucaradas (refrescos, colas, nesteas, tés, zumos de frutas, bebidas energéticas, tónicas, etc), toda la bollería industrial y no industrial, los pasteles, los helados, las galletas que les damos a nuestros hijos, los yogures (hasta las no azucarados llevan azúcar), las salsas, las conservas, etcétera.

A los animales de laboratorio les suministran medicamentos, que no se tomarían de ninguna otra manera, enmascarados en azúcar. Cuando les dan azúcar les encanta. Les pirra. Una vez lo prueban vuelven a ello, de hecho hablan muchos científicos de la adicción que ocasiona el azúcar porque gusta y porque nos sube la glucemia rápidamente en sangre dándonos el combustible necesario para el cerebro. Es una droga, como la morfina. Cuando sus efectos cesan vuelves a querer otra dosis.

Mucha gente dice aquello de “yo, hasta que no me tomo el café de la mañana es que no soy persona, no funciono…”. Yo también pensaba que era adicto al café de después de comer. Pero he descubierto que realmente soy un adicto al sobrecito de azúcar que le echo al café de después de comer, y que cuando la gente dice que necesita el café de la mañana, realmente lo que buscan es el chute de azúcar que lleva asociado. Tal es el poder del azúcar.

Se ha demostrado científicamente que el  consumo diario de azúcares en nuestra dieta y de aditivos alimentarios ha derivado en una mayor incidencia de cánceres de todo tipo y de colon en concreto. Estas patologías no se dan en sociedades donde no se consume azúcar refinado.

Yo he decidido cortar ese círculo vicioso. O mejor diría, disminuirlo. No soy ningún dechado de virtud. Sólo soy humano. Así que ya no me echo el sobrecito entero en el café. Sólo la mitad. Si puedes, recorta tú también el azúcar que entra en tu organismo. Tu salud te lo agradecerá.

Sólo la mitad…por algo se empieza