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Mentiras, grandes mentiras y Estadística

En mi vida sólo he “cateado” una asignatura: Estadística de segundo de carrera.

Hace tiempo sentía este incidente como una mancha en mi expediente, como un tropiezo en mi trayectoria académica, un evento digno de soslayarse. En definitiva: un desastre para olvidar.

Ahora me doy cuenta de que debería haber “cateado” muchas más asignaturas, y mucho antes. Es lo que James Altucher llama “get early rejections”. Una cosa que le va muy bien a los jóvenes.

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Pero dejando de lado este defecto de nuestro sistema educativo (quiero decir el hecho de que los niños no se enfrentan al fracaso hasta bien entrada la edad adulta, y no han desarrollado las herramientas que les van a permitir luchar contra las adversidades y la frustración), el motivo de este escrito es poner de relieve lo importante de la asignatura de marras que me tocó repasar durante los calurosos días de agosto de un ya lejano verano.

La Estadística es una ciencia que debería enseñarse a nivel de Educación General Básica, o lo que ahora sería Educación Primaria. La Estadística se invoca constantemente en los medios, la utilizan los políticos, los directivos, los periodistas, los científicos y académicos, y los técnicos (ingenieros, arquitectos, médicos…). Con ella se puede mostrar la realidad de un hecho de mil maneras diferentes. El paradigma de ésto es la utilización de diferentes escalas en unos gráficos o histogramas utilizados en la Estadística Descriptiva. Todavía me entran escalofríos cuando recuerdo cómo en algún debate televisivo algunos candidatos han presentado ante cámara gráficos de líneas o de barras para enfatizar algún aspecto del que hablaban, como si ese tipo de representación gráfica dejara el asunto zanjado, sin posibilidad de réplica. Un gráfico con una línea marcadamente ascendente para mostrar lo bien que se comporta un determinado indicador, o 2 barras contiguas en la que la primera es baja, tan baja que apenas levanta unos milímetros desde la base y la siguiente se dispara hacia la parte alta de la hoja…”y todo gracias a nuestra gestión“.

Pero dejando aparte estas groseras maneras de manipular al personal, hay 4 aspectos de la Estadística que son tremendamente útiles, y que yo tengo presentes cotidianamente:

1) El principio de Pareto. Un fenómeno por el cual el 80% de las consecuencias deriva del 20% de las causas. Por tanto, conviene hacer sistemáticamente el análisis de dónde se halla ese 20% que es causa, para incidir en él y así poder influir en el 80% del resultado. De la misma manera, podremos “eliminar” cosas. Casi es más potente el saber que “eliminando el 80% del esfuerzo sólo nos cargamos el 20% del resultado“. Imagínate liberar un 80% de tu agenda afectando sólo al 20% de tus ingresos. Tenemos hueco para un montón de tiempo libre, o para empezar cosas nuevas, cosas que funcionarán con el criterio 80/20, volver a analizar las causas y las consecuencias y volver a refinar ese 20% y descartar el 80% improductivo. Así ad infinitum.

2) Una muestra representativa. Una muestra representativa lleva a resultados estadísticamente significativos. No podemos decir “ese restaurante es una castaña, estuve mirando el tripadvisor y vi unos cuantos comentarios negativos”. Lo que traducido significa que los primeros 2 ó 3 comentarios a lo mejor no eran buenos. ¿podemos fiarnos de la opinión de 3 personas cuando un restaurante puede servir miles de menús al cabo de un año? Una muestra válida (estadísticamente significativa) cuando la población de la que se infiere es suficientemente alta, debe constar, como mínimo, de 30 observaciones.

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3) La ley de los grandes números. Esta ley afirma que los errores de estimación que se puedan cometer respecto a una población grande se compensan unos con otros. Un ejemplo: quiero estimar el peso medio de una población de pollos, pero sólo dispongo de una báscula romana que mide el peso aproximado, no al gramo. Si peso a una muestra de animales lo suficientemente representativa, la media que saque tenderá a converger con la media real de la población que hubiera sacado con una báscula de precisión, ya que a algunos pollos los habré pesado de más y a otros de menos, y esos errores se compensarán unos con otros. Conclusión: cuando tratamos con grandes números no hace falta prestar demasiada atención al detalle. Lo importante es el meollo.  

4) Confundir correlación con causalidad. Hace algunos años una revista científica publicó un estudio, según el cual los niños que dormían con la luz de la habitación encendida tendían a desarrollar miopía al llegar a la edad adulta. Conclusión: no dejéis que vuestros hijos duerman con la luz encendida si no queréis que tengan problemas de vista. PUES NO. Posteriormente, una Universidad quiso profundizar en esta teoría y lo que descubrió fue lo siguiente: la miopía sobre todo está directamente relacionada con tener padres miopes, y los padres miopes (no sé por qué) tienden a dejarse la luz de la habitación de sus hijos encendida por las noches. Por tanto, la luz no causaba la miopía. La miopía la causa tener padres miopes, que a su vez causa que se dejen la luz encendida.

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Como véis la Estadística es tremendamente útil, y su utilidad radica en que no nos den gato por liebre. En saber que no todo es lo que parece, y en ser consciente de que las cosas hay que pensarlas uno mismo. No deleguéis la mayor de las responsabilidades, no dejes que otro piense por tí.

 

Acabar el maratón cuando no has hecho ejercicio en tu vida

Era marzo del año 2002 cuando corrí la Maratón de Barcelona. Mi tiempo: 4 horas 18 minutos. Veo que mi nombre todavía está en el listado de la clasificación sumergido en internet. El circuito era diferente al de ahora. El recorrido de la carrera empezaba en Mataró (a los corredores nos llevaron en tren desde Sants) y discurría en una gran parte por la Nacional-II hasta llegar a Barcelona, donde había una circuito por dentro de la ciudad. La parte de carretera se hacía pesada. Recto durante muchos kilómetros, casi sin público.

En ese momento, acabar la maratón para mí fue todo un reto. Sufrí bastante a partir del kilómetro 30, pero la satisfacción de acabar fue un gran logro.

A mucha gente le gusta correr pensando en que algún día pueda participar y acabar un maratón. El mito de la gesta del soldado griego Filípides es un gran motivador. Y otros muchos piensan que correr un maratón requiere de una preparación extraordinaria, sólo al alcance de los muy aptos físicamente.

Corriendo por Barcelona

Corriendo por Barcelona

La verdad es que está al alcance de cualquiera. Mirando hacia atrás, mi preparación para aquel evento fue mínima. Durante los meses anteriores a la prueba, en que salí a correr con regularidad, nunca llegué a hacerlo cada día. Como máximo corría en días alternos. Y lo máximo que llegué a correr de una sola tirada fueron 2 horas, cuando el día de la carrera estuve más de 4 horas de principio a fin.

En la actualidad lo de correr se ha puesto muy de moda. La gente corre para estar en forma, porque es barato, porque se puede hacer en cualquier sitio, porque ayuda a pensar, porque no requiere ponerte de acuerdo con nadie, porque no compites contra nadie más que contra tí mismo, porque libera el estrés de la jornada laboral y porque en las carreras todo es buen rollo.

Wilfredo Pareto no fue ningún corredor italiano de maratones, sino un sociólogo y economista que introdujo el concepto del Principio de Pareto, según el cual el 20% de las causas explican el 80% de los resultados. Tan universal es el Principio de Pareto, que mientras me hacía la cama el otro día, me dí cuenta de que el 20% de mis movimientos conseguían que la cama estuviera hecha en un 80%. Para lograr que la cama estuviera en perfecto estado de revista me tuve que pasar 4 veces más tiempo del que había pasado hasta entonces, logrando que cada pliegue quedara perfecto y lisito. ¡Cuánto te debemos, estimado Pareto!

Otro ejemplo del principio de Pareto

Otro ejemplo del principio de Pareto

Hoy en día  hay infinidad de libros que explican cómo prepararte para correr, programas de entrenamiento, dietas y webs con recomendaciones varias. Yo, sin ser ningún experto y aplicando el Principio de Pareto  me voy a atrever a compartir contigo mis recetas para que con un 20% del esfuerzo llegues a estar preparado en un 80% para acabar el maratón aunque no hayas hecho ejercicio en la vida. Estas recomendaciones están basadas en mi propia experiencia personal, y a pesar de que a mí me funcionaron pueden ser un perfecto fracaso en cualquier otro individuo. Avisados quedáis. Pero por si a alguien le sirven de algo, aquí os las dejo:

  1. Empieza la preparación 4 meses antes del día de la carrera.
  2. Siempre antes de empezar cualquier sesión de entrenamiento dedica 5 minutos a estirar los músculos de las piernas. Estira sólo estos tres grupos de músculos: gemelos, cuádriceps e isquiotibiales. Lo mismo al acabar. Para cada ejercicio de estiramiento cuenta mentalmente a 12.

    Estirando los isquiotibiales

    Estirando los isquiotibiales

  3. El primer día sal a correr 10 minutos de reloj, al ritmo que tu cuerpo aguante (lento, muy lento). Si tu cuerpo aguanta más de 10 minutos sigue, pero caminando, y no dediques más de 30 minutos ese primer día.
  4. Descansa siempre 1 día entre cada sesión de entrenamiento.
  5. En días sucesivos añade 5 minutos de carrera a lo que hiciste el día anterior.
  6. Estas sesiones las irás alargando a razón de 5 minutos cada sesión. Si sientes que se te hace demasiado pesado, mantén la duración del entreno los días que sea necesario hasta sentir que puedes añadir 5 minutos más.
  7. Cuando estas sesiones hayan alcanzado una duración de 50 minutos no añadas más tiempo a cada sesión. Recuerda que lo importante es el tiempo, no el ritmo. Si te cuesta llegar a los 50 minutos, es que vas demasiado deprisa.
  8. Ocasionalmente, si te sientes cansado, haz un entrenamiento de sólo 30 minutos, y a la siguiente sesión vuelves a la duración en la que estabas.
  9. Cuando lleves 2 meses de entrenamientos deberás empezar a hacer tiradas largas durante el fin de semana. Aprovecha el sábado o el domingo para hacer entrenamientos de 1 hora y cuarto primero, luego de 1 hora y media, 1 hora y 3/4, y finalmente en el último mes haz un par de tiradas en fin de semana de 2 horas.
  10. La última semana, si el maratón es el domingo, descansa a partir del jueves.
  11. Si puedes, deja de tomar leche y carne durante el último mes de preparación antes de la carrera, y toma mucho arroz integral, verdura y legumbres.

Si sigues aproximadamente estos consejos pasarás de no haber hecho deporte nunca, a finalizar un maratón en 4 meses. Mentalízate, no obstante, que el día de la carrera vas a sufrir bastante, en especial a partir de la mitad del recorrido. Por ello es muy importante que ese día empieces muy conservador, muy lento. Disfruta del ambiente y del paseo. Ten en cuenta que a partir del kilómetro 30 no te llevarán tus piernas, te llevará tu cabeza.

La satisfacción de cruzar la línea de meta compensará todo el esfuerzo. Te lo aseguro.

 

Cómo aprender inglés sin gastarse un euro

Cuando era todavía un preadolescente había por casa un disco de vinilo de los Beatles, que entre otras piezas incluía una de las canciones más salvajes del cuarteto de Liverpool: “Helter Skelter“. En la parte trasera de la carátula estaban todos los títulos, con su correspondiente traducción al castellano. Algo que ya no se hace. Debajo de “Helter Skelter” rezaba en español la siguiente traducción: “Ni crudo ni cocido”.

Muchos años después, estando en los USA, pude comprobar que la traducción verdadera de “Helter Skelter” no tiene nada que ver con la condición de los alimentos. Cuando sucede algo o se mueve algo en modo “helter skelter” es que se mueve en desbandada, en todas direcciones, desordenada y caóticamente. No he sabido nunca de dónde salió aquello del “Ni crudo ni cocido”. Acabo de ver en wikipedia que algunas ediciones en castellano de la canción también se tradujeron patateramente como “A troche y moche”.  Y me acabo de sorprender viendo que el traductor de Google no tiene traducción para “Helter Skelter“.

La wikipedia dice que un Helter Skelter es ésto

Nuestros hijos cursan la asignatura del inglés desde P3. La mayoría de familias invierten una parte no pequeña de su presupuesto mensual en academias de inglés para sus hijos, a lo largo de sus vidas escolares. Se pagan colonias que supuestamente son intensivas en el uso de inglés, o se costean viajes estivales a Inglaterra, a Irlanda o los USA para que nuestros hijos aprendan inglés. También hay una industria millonaria de cursos online de inglés, productos editoriales, libros, CDs, etc.

A pesar de todo, muchos españolitos llegan a adultos sin hablar inglés ni tener un manejo básico del idioma. Gente que ha estado estudiando inglés toda la vida, y sin embargo confiesan no dominar el idioma ni siquiera a un nivel básico de comunicación oral.

¿Cómo aprender inglés hasta llegar a un nivel adecuado de solvencia idiomática sin pagar cantidades ingentes en cursos, academias, viajes o material?

  1. No tener prisa. Lo primero que veo en las familias de mi entorno son unas prisas desmesuradas porque los niños aprendan inglés. Se nos ha transmitido el mito de que cuanto antes empiecen los niños con el inglés, menos dificultad experimentarán y más fácil les será aprenderlo. Mi opinión es que el inglés, si no se utiliza como idioma de comunicación familiar, en cuyo caso el niño lo aprendería como una lengua materna, es un segundo idioma, y como segundo idioma que se aprende, necesita primero que el chaval domine con cierta solvencia el idioma materno. Que aprendan primero su idioma, y luego ya les enseñaremos el inglés.
  2. Nunca es tarde. Antonio Banderas o Shakira son ejemplos de celebridades que hicieron un esfuerzo ya de adultos para aprender la lengua de Shakespeare, y han logrado manejarla con total solvencia. Por tanto, si hay interés y el esfuerzo necesario, no pasa nada si nuestros hijos empiezan a estudiar inglés con 10 o 12 años, o con la edad que sea. Lo normal es que en un par de años de un esfuerzo consciente se pueda adquirir un nivel sólido a partir de cero. La clave es tener la motivación y el interés que sólo sirve como motor de aprendizaje si sale de uno mismo.
    Shakira cuando sólo sabía español
  3. Empieza por el principio. La comunicación en su expresión más sencilla siempre va a ser un sujeto y un predicado. Un nombre, un verbo, adjetivos y adverbios. Poco más. A los niños deberíamos empezar enseñándoles unos pocos de cada uno de estos elementos, para que los pudieran ir combinando. Pero aprender una palabra para un niño significa repetirla muchísimas veces. Experimentar con ella. Traducirla. Al salir del cole a veces le pregunto a Paula (mi hija de 6 años) si ha tenido inglés ese día. Si me dice que sí, le pregunto “A ver…dime una palabra nueva que has aprendido hoy”. “No me acuerdo”. “Brrr, piensa”. “No sé”. Si Paula ha tenido este año 2 clases de inglés por semana, en 9 meses eso son unas 70 clases. Si cada clase la hubieran dedicado a una palabra ahora conocería al dedillo 70 palabras. Con 70 palabras bien escogidas se pueden armar muchas frases. Sólo pido eso: 1 palabra en cada clase. 60 minutos para 1 palabra. Aprenderla para toda la vida.
  4. Traduce. Busca la equivalencia en tu idioma. No siempre existe una equivalencia perfecta. Pero traducir ayuda a asentar la semántica de las palabras en nuestra mente, y a recordarlas mejor. No sé por qué, pero en las escuelas no veo que se traduzcan los términos. Simplemente se les vomita a los estudiantes, como mucho se les enseña un dibujo mal fotocopiado al lado de las palabras. Debe ser que en los manuales de Pedagogía de los idiomas a alguien se le ocurrió en algún momento que traducir es malo. Qué insensatez! Me acuerdo que siendo estudiante di alguna clase a una chica que no estaba sacando adelante el inglés en el instituto. Nunca me lo confesó, pero yo creo que simplemente le faltaba el anclaje de referencia a su lengua. Le faltaba porque en clase no se le había mostrado. Recuerdo que, en cuanto le descubrí que “I had been thinking” se podía traducir como “yo había estado pensando” y que “I have thought” se podía traducir como “yo he pensado“, y que -por tanto- el verbo “to have” en este caso es como el verbo haber en español, se le abrió el mundo. Creo que de repente lo entendió todo. Y fue gracias a que yo se lo mostré traduciéndoselo. Cosa que no acierto a ver por qué no enfatizan en clase. 
  5. Asócialo a algo que te guste. Lo que todos hemos hecho: aprender las letras de las canciones de nuestros artistas anglosajones favoritos. Memorizar las letras de las canciones de los Beatles, o de Bob Dylan son grandes maneras de profundizar en el idioma. De éste último, canciones como “The lonesome death of Hattie Carroll”, o “Hurricane” son magníficas historias, que podrían ser la base para un gran comentario de texto. De los Barenaked Ladies coge “If I had a million dollars” y tienes toda una lección sobre el condicional. Escoge el clásico de Louis Armstrong “Let’s call the whole thing off” y tienes una clase maestra sobre las diferentes pronunciaciones a las que se prestan las palabras en inglés. El aprendizaje tiene que ser atractivo, y no se me ocurre otra cosa más divertida que escuchar música a la vez que aprendes. Lo mismo se podría aplicar a poemas, adivinanzas, juegos, películas. También puedes intentar investigar qué revistas o publicaciones existen en inglés que hablen de lo que a tí te gusta (surfing, coches, informática, deportes, fotografía, lo que te atraiga)
  6. Aprovecha los recursos gratuitos de la Red.
    1. Google translator. El traductor de google. A veces es un poco primitivo, pero una cosa muy buena que tiene es el botón para escuchar “en nativo” la palabra o expresión que quieres traducir. Así puedes avanzar en tu pronunciación.
    2. Wordreference.com. No hace mucho que lo he descubierto, y es un gran diccionario inglés-español. Mucho mejor que google translator. Muy interesante para los phrasal verbs. Muchos ejemplos y también me gusta que incorpora muchas expresiones en “slang“, es decir en inglés coloquial. Además tiene foros de discusión donde la gente pregunta dudas y comenta expresiones.
    3. Collinslanguage.com. Diccionario inglés-inglés. O sea, que pones la palabra en inglés y te da la definición en inglés. P.ej. pones “helter skelter” y te da “disorder or haste”.También incorpora el botón de pronunciación, para que aprecies cómo se pronuncia una palabra.
    4. Audiolibros y podcasts en inglés. La red está repleta de recursos como libros en pdf y también transcripciones de libros en formato mp3 que te puedes bajar y escuchar desde cualquier aparato. Os doy sólo dos: El Proyecto Guttenberg, donde tienes unos 40.000 ebooks gratuitos de dominio público, muchos de ellos traspasados a formato audio, y la web Voicesinthedark, una web donde voluntarios han pasado a audio multitud de libros, que están catalogados por temática.
    5. Videos TED (Technology, Entertainment and Design). En esta web me pasaría el día entero. Son charlas y conferencias en inglés hechas por expertos sobre temas inspiradores. Están organizados por temas o también puedes hacer una búsqueda por autor o palabra clave. Lo mejor para mejorar tu nivel de inglés es la opción que tiene de mostrar subtítulos en otros idiomas. Pero lo ideal es escoger una de esas charlas (todas son buenísimas), y seleccionar los subtítulos en inglés, de tal manera que oyes la charla y la lees al mismo tiempo. Os dejo la más reciente que he visto, la da un periodista de Esquire Magazine, sobre su experiencia viviendo 1 año según los mandamientos literales de la Biblia: A year of living biblically
    6. Lyrics.com. Una extensísima colección de letras de canciones. Encontrarás todas. Incluidas las de las canciones que menciono más arriba.
    7. Youtube. Sobre esta TV moderna no cabe decir nada que ya no sepas. En inglés yo busco canciones, documentales, series de televisión, entrevistas.
  7. Dedícale tiempo. Como todo, la cosa requiere un esfuerzo continuado, aunque no muy intenso. Simplemente hay que dedicarle algo de tiempo cada día. Por mi experiencia sé que dedicar 1:30 horas a hacer ejercicio una vez a la semana no tiene ni la mitad de efecto que tiene hacer 15 minutos al día, durante 6 días a la semana. Con el inglés lo mismo. Mejor dedicarle un esfuerzo continuado que darte panzadas a estudiar y luego dejarlo durante largas temporadas.
  8. Hay cosas que hay que aprenderse de memoria. Memorizar es construir una estructura mental de la que luego poder colgar un montón de conocimientos nuevos. Habría que potenciar la memorización. En inglés hay cosas que debes aprender “by heart”:
    1. Los phrasal verbs,
    2. Los tiempos de los verbos irregulares (infinitivo, pretérito, participio pasado)
    3. Las preposiciones
    4. Spelling.

      Principio de Pareto: El 20% del esfuerzo logra el 80% de resultados

  9. No olvides a Pareto. Conociendo el 20% de los elementos del idioma puedes entender un 80% del significado. Por lo que he leído el inglés podría tener unas 25.000 palabras de uso cotidiano. De las cuales sólo unas 2.000 o 3.000 son utilizadas intensivamente. Ahí tienes tu Ley de Pareto para el inglés. Tim Ferriss, experto en la metodología de aprendizaje de idiomas, sostiene que para aprender (aprehender, llegar a conocer) la estructura de un idioma (cualquier idioma), basta con recabar la traducción de una docena de frases, bien escogidas. Estas son algunas de las que él propone (obviamente él es angloparlante, y habla del aprendizaje de un idioma para los que hablan inglés como lengua materna, pero yo creo que también se podrían aplicar para el avance rápido desde no tener ni idea a tener una buena estructura mental de cómo funciona el inglés). Estas son las frases que él propone. Diríamos, pues, que sabiendo la equivalencia español-inglés de estas frases, tenemos una buenísima base para avanzar.
    • The apple is red
    • It is John’s apple
    • I give John the apple
    • We give him the apple
    • He gives it to John
    • She gives it to him
    • I must give it to him
    • I want to give it to her
  10. Finalmente: Talk, talk, talk. No tengas miedo a cagarla. Lánzate. Habla con ingleses en su idioma. Siempre me ha parecido una gran iniciativa el juntarte con un angloparlante y conversar media hora en inglés y la otra media en español. Aunque hables en español, la manera en que el inglés utilice el castellano también te está ayudando a anclar conceptos. Esta es la gran asignatura pendiente de nuestro sistema educativo a la hora de enseñar el inglés. En clase no se habla el idioma. No se conversa. No se hacen exposiciones, charlas, no se fomenta la expresión oral.  Habla, o haz que tus hijos hablen. Hablando y equivocándonos, es como se aprende, y esto no es sólo aplicable al aprendizaje de idiomas.