Tag Archives: resistencia

La renuncia consciente

El crecimiento o desarrollo personal es como una moneda con dos caras.

Una cara es la voluntad de hacer cosas, de acometer proyectos. La otra cara es la renuncia consciente, evitar las distracciones que nos desvíen de nuestros objetivos. Las dos cosas cuestan, porque ante ellas surge siempre una Resistencia.

Esta resistencia siempre surge en ámbitos donde la gratificación instantánea se debe posponer en favor de un crecimiento a largo plazo, o en favor de la salud, o de la integridad personal.

Antes de sentarme a escribir estas líneas he debido tener la voluntad de hacerlo, y además he debido renunciar a echarme en el sofá a ver la TV, o a tomarme un helado de los que sé que están en el congelador. No sé si ir a por uno ahora…Mmmm. No. No. Tengo que acabar esto.

La renuncia consciente es un ejercicio del espíritu que consiste en, teniendo la posibilidad de hacer algo, escoger conscientemente no hacerlo, y aguantar la incomodidad leve o no tan leve que nos causa en ese momento dicha decisión, sabiendo que lo hacemos en aras a un objetivo superior. Ojo, que es muy importante la subordinada “teniendo la posibilidad de hacer algo”. Esto dejaría fuera a los que no se han podido ir de viaje a Nueva York este año, porque no les llegaban los ahorros. En este caso no tenías la posibilidad de hacerlo, por tanto no has renunciado conscientemente al viaje, sino que la realidad te lo ha impuesto.

Una renuncia consciente podría ser renunciar a coger el ascensor cada vez que tengamos que subir al quinto piso, en el que vivimos. Otra renuncia consciente podría ser no beber más coca-colas, sabiendo como sabes que no es más que agua con azúcar y que es malísimo para tu organismo.

Tengo amigos que han renunciado conscientemente a cosas como tener un smartphone con whatssapp, o a hacer listas de la compra cuando van al Mercadona (para ejercitar las neuronas). Yo, desde hace un tiempo vengo renunciando conscientemente a comprarme más libros, dada la cantidad de lectura que tengo atrasada, por no hablar de los cientos de blogs interesantes que se pueden leer cada día en la Red. También hace mucho tiempo, por ejemplo, renuncié conscientemente a tener un segundo coche, aun reconociendo que, en ocasiones, nos podría haber ido bien. Otra renuncia que he practicado a temporadas es la renuncia consciente a consumir carne.

Pashu-sadhu

Él ha renunciado a todo y es un Maestro

Es como una gimnasia del espíritu. Digamos que así como tonificamos los músculos mediante el ejercicio, así la renuncia consciente nos tonifica el espíritu. Nos ayuda a expandir la conciencia y nos mantiene enfocados en lo que queremos.

Este concepto de renuncia consciente es muy potente. Automáticamente te hace dueño de tu destino, aunque sea por omisión. Si eres capaz de renunciar a un placer o a una licencia, por pequeña que sea, eres capaz de apartar las ramas del sendero de cualquier proyecto.

También creo que es fundamental transmitirlo a nuestros hijos, en una época en que tienen de todo, en la que pueden ir pasando sus días sin hacer nunca ningún sacrificio, ninguna renuncia. Yo, intento (no siempre lo consigo) renunciar conscientemente a concederles todo lo que piden.

En los últimos tiempos…¿has renunciado tú conscientemente a algo?

11 razones por las que es mejor tener cuarenta que veinte

La juventud está sobrevalorada. La mejor edad son los cuarenta. O los cincuenta. Espero que también estén bien los cincuenta. Pero los cuarenta son geniales. Yo diría que “los cuarenta son los nuevos treinta”.

Sí, es cierto que con veinte años tienes la piel suave y tersa. Y si uno repasa fotos se ve más delgado y hasta atlético. Supongo que tu yo veinteañero te podría ganar en una carrera de 100 metros descalzos por la playa contra tu yo cuarentón. Sin embargo hay un montón de cosas que son mucho mejores a los cuarenta:

  1. La primera que me viene a la mente es que (si tienes hijos) has experimentado el más puro amor que se puede albergar. El amor por los hijos. Un amor sin contrapartidas ni intereses.
  2. Las hormonas están bajo control.  Ya no haces tonterías para gustarle a las chicas. Tu sentido del ridículo te lo impide. Ya no caminas por la calle pensando cada vez que te cruzas con una chica guapa: “Esa chica es guapísima. ¡Cómo me gustaría salir con ella!”.
  3. La ambición está bajo control. Cuando tienes veinte eres ambicioso. Crees que te comerás el mundo. Siempre elucubrando sobre el futuro. Igual fue un estigma de mi generación. Siempre pensando si tendría un buen trabajo. Si ganaría suficiente. Preocupado por estar a la altura de las expectativas. Con cuarenta abrazo la teoría del ahora. Lo que importa es el ahora. Hay un libro que he visto recomendado en varias fuentes: “The power of now”, de Eckhart Tolle. Un superventas en los USA. Lo tengo en mi lista de lecturas pendientes. Habla de la importancia de no mirar al pasado, ni preocuparnos demasiado por el futuro. ¿De qué sirve lamentarse de lo que ocurrió o no ocurrió? ¿Por qué preocuparte de lo que vendrá? Aprovechando el hoy y siendo consciente de cada minuto le sacamos más jugo a la vida.
  4. Ya no necesitas la aprobación de nadie. La principal aprobación que buscas es la tuya. Si todavía buscas la aprobación de tus padres, de tus jefes, de tus amigos, entonces es que todavía no tienes cuarenta. Por lo menos, no mentalmente.
  5. Ya no haces cosas que no te gusta hacer. Por ejemplo salir a la discoteca sólo porque todos tus amigos van. No hace falta trasnochar y deambular toda la noche por la calle hasta ver amanecer aunque te estés aburriendo soberanamente, sólo porque se lo contarás a todos al día siguiente, o porque creas que si lo haces serás un tío.
  6. Con cuarenta ya no aguantas conversaciones banales ni gente que no te interesa. Yo ahora tengo una excusa genial: cuando una conversación de adultos me aburre me separo discretamente y con la excusa de controlar a las niñas me retiro a jugar con ellas. Es una buena excusa, y me sirve para no aguantar palizas.
  7. Es verdad que tienes menos potencia y explosividad, pero ganas en resistencia y en poder mental. Como tu cuerpo no aguanta lo mismo, y eres más consciente de lo que le cuesta digerir y procesar la comida y el movimiento, empiezas a cuidarte conscientemente. Esa dedicación al cuidado del cuerpo (no hablo de machacarte en el gimnasio cuatro horas al día o someterte a cirugía estética,  hablo de salir a andar o correr con cierta asiduidad y quizás hacer una tabla sencilla de ejercicios de estiramiento y flexibilidad, pilates o yoga) te mantiene alerta y en comunión con la mente. Ya lo decían los romanos “mens sana in corpore sano”.

    Ella ya tiene más de 40

  8. Puede ser que con cuarenta todavía no sepas exactamente qué es lo que quieres en la vida, igual que a los veinte. A mí todavía me pasa en muchos aspectos. Pero por lo menos tienes bastante más claro, qué es lo que no quieres bajo ningún concepto.
  9. En mi caso, los cuarenta están coincidiendo con una época minimalista. Cada vez deseo menos cosas. Menos posesiones. Menos preocupaciones. Menos expectativas. Es curioso. Estoy leyendo la biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson. Ese tocho que habréis visto en las librerías con la cara de Jobs en primer plano. El primer slogan publicitario de Apple, allá a inicios de los 80 era “la sencillez es la máxima sofisticación”. También me he enterado por el libro que la máxima “menos es más” era un predicamento de la escuela Bauhaus de diseño, representada por Walter Gropius y Ludwig Mies van der Rohe. Parece ser que Jobs era un admirador de dicha corriente, que defendía un diseño sencillo y funcional, con líneas y formas muy nítidas pero con gran expresividad. Cosas para cuarentones, vaya.
  10. Tienes una experiencia y un bagaje que para sí quisiera un veinteañero. Has experimentado decepciones, fracasos, dolor, y ocasionalmente algún pequeño éxito. Te ha dado tiempo a darte cuenta de que la vida es esencialmente un manto de frustraciones salpicado por puntuales momentos de gozo. Ya asumes que la mayoría de cosas salen mal, o simplemente no salen. Es el precio que hay que pagar para que ocasionalmente algo se convierta en una satisfacción.
  11. Con cuarenta te das cuenta de lo poco que importa el dinero. Cuando tienes veinte todo lo mides en dinero. Quieres ser millonario. Tener un buen coche. Una casa grande con piscina. Poder ir de vacaciones a remotos lugares. Comprarte la ropa que se te antoje. Cambiar de vestuario a menudo. Tener de todo lo mejor. ¿sabéis cuál es ahora mi mayor deseo? No tener deseos.

    Mi mayor deseo, no desear nada.