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Dos cosas que he aprendido sobre alimentación

La gente del campo es sabia. Recientemente he asistido a la charla de un hombre sabio. Un payés que hablaba sobre alimentación. Me ha hecho reflexionar sobre algunas cosas. Al final de cualquier charla aspiro a haber aprendido por lo menos una cosa nueva, que se quede conmigo para siempre. No es fácil. En esta ocasión aprendí no una, sino dos cosas, que por su crucial importancia (por lo menos a mí me lo parece) comparto con los que paséis por aquí:

1) Antiguamente cuando un agricultor plantaba una semilla, al final del proceso de crecimiento y cosecha, el agricultor aprovechaba las mismas semillas del cereal o el fruto que acababa de cosechar, y con esas semillas volvía a empezar el ciclo de siembra. O si por ejemplo, no plantaba ese fruto o cereal inmediatamente, podía conservar esas semillas para uso futuro. Las semillas nuevamente plantadas volvían a dar el mismo rendimiento, la misma cosecha, en un ciclo que el Hombre repetía constantemente para alimentarse.

Ahora no. El sistema ha cambiado. El 95% de las veces, en el mundo de la agricultura industrial que ahora practica el Hombre, las semillas han sido tratadas en laboratorios, alterando sus propiedades genéticamente. Es verdad que esos tratamientos han conseguido que una vez plantada esa semilla produzca un rendimiento mucho mayor para el agricultor. La cantidad de producto conseguido en la cosecha es mayor. Las mermas son menores. Las plantaciones son más resistentes a los pesticidas y a los herbicidas que les echan para evitar las plagas, o consiguen tamaños más grandes u homogéneos, o mejor aspecto de la cosecha. Pero, ¿a qué coste? Si un agricultor guarda semillas obtenidas de estos frutos o cereales que han sido tratados y las planta, resulta que la producción en el siguiente ciclo se disminuye drásticamente, del orden del 50% y en el tercer ciclo esas semillas prácticamente no producen nada.

Es brutal. Los agricultores intensivos de hoy en día dependen de la Industria para que les provea de las semillas que usan en sus campos. Están obligados a comprarlas cada año, sin posibilidad de ser autosuficientes. Están cautivos de las multinacionales de la Industria Agroalimentaria. Así es como se han generalizado los productos transgénicos, procedentes de semillas alteradas genéticamente. Leo en wikipedia que la primera planta transgénica se obtuvo en 1983. Ese año yo tenía 12 años.

Un tomate cuadrado se podría apilar mejor en las fruterías

 

Wikipedia dixit: “En 1994 se aprueba la comercialización del primer alimento modificado genéticamente, los tomates Flavr Savr, creados por Calgene, una empresa de biotecnología. A estos se les introdujo un gen antisentido con respecto al gen normal de la poligalacturonasa, enzima que induce a la maduración del tomate, de manera que éste aguantaría más tiempo maduro y tendría una mayor resistencia. Pero pocos años después, en 1996, este producto tuvo que ser retirado del mercado de productos frescos al presentar consecuencias imprevistas como una piel blanda, un sabor extraño y cambios en su composición.”

No quiero investigar mucho sobre el tema, porque realmente da miedo. Pero parece ser que ahora ya estamos en la era de desarrollar animales transgénicos. El primero en ser aprobado para el consumo humano en Estados Unidos ha sido el salmón AquaBounty (2010), que es capaz de crecer en la mitad de tiempo y durante el invierno gracias al gen de la hormona de crecimiento de otra especie de salmón y al gen “anticongelante” de otra especie de pez. ¿Lo estarán haciendo ya con pollos, cerdos, pavos? En cualquier caso los atiborran de antibióticos y fármacos. Objetivo: el mismo. Mayores rendimientos, menos tiempo de producción, menos bajas, y los ganaderos obligados a comprar los medicamentos y piensos para el engorde a la Industria.

Hace un tiempo yo mismo hubiera dicho…¿y qué? ¿no es todo esto una mejora? ¿no podemos producir más alimentos y con una calidad mejor? ¿no permite eso alimentar a más gente? ¿no es acaso un progreso aplicar los avances en biotecnología, producto de la inteligencia humana, a la agricultura o a la ganadería para mejorar la vida de todos?

Pero ya tengo cuarenta, y mi humilde experiencia simplemente me hace tener una ligerísima intuición (ni siquiera es una certeza), de que no podemos andar jugando con las leyes naturales. Eso se paga.

Un pimiento del Barça…se vendería como las rosquillas

2) La segunda cosa que aprendí en la charla es la razón por la cual la mayoría de los alimentos que se ofrecen en los supermercados son refinados. El azúcar blanco, las harinas, el arroz blanco, el pan blanco, pueblan las estanterías del Mercadona. Pero son versiones cada vez más lejanas del producto original que nos ofrece la Naturaleza.

¿Cuál es la diferencia entre estas versiones procesadas y los alimentos naturales o también llamados integrales? Pues que los alimentos naturales integrales vienen acompañados por toda una serie de minerales, oligoelementos, vitaminas, fibras y otras sustancias que ayudan al cuerpo a metabolizarlos. El azúcar, el arroz y las harinas blancas refinadas son antinaturales porque han perdido parte o la totalidad de esos coadyuvantes y nutrientes. Luego la Industria añade químicamente parte de esos elementos perdidos haciéndonos creer que es lo mismo. O añaden “Omega-3”, “isoflavonas”, “inmunocaseitas” todo de laboratorio de la Srta Pepis.

Pero…si refinar un producto es procesarlo más, y por tanto añadirle trabajo y en consecuencia aumentar su coste…¿por qué se han impuesto estos productos en el mercado? La respuesta es -como casi siempre- trivial: resulta que los alimentos procesados, tienen una mayor capacidad de almacenaje, duran más tiempo en las estanterías de los productores, y por ende, a la postre son más rentables.

De lo que no nos damos cuenta es de que, en los círculos comerciales ordinarios ya prácticamente todo es refinado. Todo carece de los minerales y vitaminas que ayudan en la absorción correcta de los alimentos. Falta fibra, con lo que la flora intestinal se ve perjudicada y no se hacen bien las digestiones. Se ingieren cantidades brutales de aditivos, conservantes, colorantes, potenciadores de sabor, estabilizantes, y química varia. Eso tres veces al día. Día tras día. Semana tras semana. Año a año. Si nos paramos a pensarlo todo lo que nos echamos a la boca va a acabar, de una forma u otra, en nuestra corriente sanguínea,  que es el alimento de las células de nuestro organismo. ¿no tendrá que ver todo esto siquiera un poquito con el número creciente de enfermedades incurables de la sociedad moderna?

Todo lo que comemos acaba aquí