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Las reglas de la Nueva Economía

El precio de cualquier cosa se mide atendiendo a dos factores: el valor que añade a nuestras vidas (su utilidad), y su escasez o abundancia (su oferta). Así, existe un bien que es absolutamente necesario para vivir (utilidad máxima) pero que es tan abundante (oferta prácticamente ilimitada) que hace que su precio sea muy muy bajo: El agua. De la misma manera, por ejemplo, las piedras preciosas son bienes que añaden un valor relativamente bajo a nuestras vidas (ornamentación), pero que tienen una oferta reducidísima. Eso hace que su precio cotice por las nubes. Piénsese en otros bienes que están en un amplio abanico: el silicio, el coltán (esencial en las baterías de móviles), el petróleo, el hierro, la leche, las patatas, los Ferrari, etc…

Coltan, de lo que está hecha la batería de tu móvil

Coltán, de lo que está hecha la batería de tu móvil

En la Nueva Economía existe un bien cuyo valor se ha depreciado enormemente: los títulos. Y sin embargo, me asombra que su precio no deja de subir. Es la burbuja de la Educación. Antes fueron la burbuja del crédito y la burbuja inmobiliaria. El boom de los másters, de los grados, de los títulos, todavía sigue hoy. Mi predicción es que pronto explotará, igual que explotaron las anteriores. BUM.

Los títulos universitarios eran, antes de la era digital, un sello que garantizaba que alguien “era del club”. Los que tenían que contratar a gente “eran del club”. Y querían asegurarse de contratar a gente como ellos. “Del club”. Querían asegurarse que cumplían unos requisitos mínimos, y que habían sido cortados por el mismo patrón que ellos. A los universitarios se les hacían entrevistas al acabar la carrera. Entraban en la oficina de una gran empresa. Y seguían el camino marcado. Un camino jalonado de ascensos, promociones, cambios de departamento, ligeros mamoneos, un poco de adulación, algún pequeño fracaso, algún notable progreso, y muchas horas conspirando en la máquina del café. Ascendían. Cada vez cobrando un poco más. Y al final se les regalaba un Rolex, antes de retirarlos de la circulación y a-parca-rlos.

En estas grandes estructuras corporativas los empleados menos productivos podían sobrevivir si dominaban el eterno arte del politiqueo entre jefes, departamentos, proyectos y divisiones. Sólo hacía falta conocer el noble arte de colgarse alguna medalla de vez en cuando, y evitar ser relacionado con resultados flagrantemente insatisfactorios o equivocaciones irreversibles.

Todo eso ha cambiado. La Nueva Economía no necesita de títulos. En parte porque la oferta de gente que tiene títulos, másteres, grados, es tanta que ya esos trozos de papel no garantizan que quien lo tenga sea de ningún club. Si toda la población es del club, ser del club ya no tiene ninguna gracia. ¿Qué demuestra tener un MBA? Nada. Absolutely nothing. Bueno sí. Que tus padres han tenido la capacidad económica suficiente para pagarlo.

Titulo universitario

Da igual quién sea Ministro de Educación. Ya no se necesitarán de éstos.

La Nueva Economía es una sociedad en que la clase media ha sido sustituida por robots. El trabajo de los operarios, de los oficinistas, de los controladores, de los auditores, de los que están en las lineas de producción los hacen máquinas. Ayer leía que Google está experimentando (al parecer con bastante éxito) con vehículos sin conductor. Ya está. Todos los conductores de autobús, de taxis, de camiones y camionetas, todos al paro. No está tan lejos de producirse.

Y es normal. Cojamos un ejemplo aleatorio, un país cualquiera, el nuestro. Resulta que de 23 millones de personas que pueden y quieren trabajar (población activa), 5,5 millones no encuentran trabajo. Pero…la producción agregada del país (el PIB) no deja de crecer. ¿Qué significa eso? Seamos sinceros, no necesitamos a esos 5,5 millones de trabajadores. Ya tenemos de todo, y cada vez más. Y cada vez, si me apuras, más barato. Si una empresa tiene planes de expandir su producción, sus ventas…¿contratará a gente? Nop. Demasiado caro. Demasiado problemático. La gente es difícil de gestionar. Se quejan. Tienen aspiraciones. Tienen emociones. Hoy llegan y se han peleado con la mujer, o con el marido. Mañana están desmotivados. Pasado están leyendo su perfil de Facebook en la oficina. No es buen negocio. Si una empresa quiere expandirse, lo primero que hará es automatizarse. Lógico. Más barato. Más sostenible. Algunos dicen que es porque la regulación hace que los empleados les salgan muy caros a las empresas, que el diferencial entre lo que paga la empresa y lo que recibe el trabajador (cotizaciones a la Seguridad Social e Impuestos Directos) es demasiado elevado, que habría que reducir las cotizaciones sociales, o bien bonificar a las empresas que contraten a nuevos empleados. Yo digo que no.  Primero, que los políticos no van a dejar que eso suceda. Con el panorama que tenemos ¿quién se va a arriesgar a que le acusen de desmantelar “el Estado del bienestar”? Pero es que además, aunque bajaran las cotizaciones sociales y los impuestos, nunca, y lo subrayo, nunca absorberemos a 5,5 millones de parados. No si pensamos en términos del S.XX.

En el S.XXI ya rigen las reglas de la Nueva Economía. Si queremos que toda la gente se autorealice en un trabajo, tendremos que aceptar este nuevo paradigma. Las nuevas reglas son las siguientes, someramente expuestas:

  • Los empleados ya no son valorados por sus títulos. Un título ya no es un factor diferenciador de ningún empleado.
  • El trabajo duro y repetitivo lo hacen las máquinas.
  • Los trabajadores valorados son los que aportan CREATIVIDAD o conectividad con otros trabajadores que aportan CREATIVIDAD.
  • Las jornadas no tienen que ser de 8 horas diarias. Pueden ser de 6, de 5, o de 1 hora.
  • La semana laboral ya no tiene que desarrollarse de lunes a viernes.
  • El lugar de trabajo ya no tiene que ser una oficina.
  • El idioma universal de las empresas es el inglés. El latín de la Nueva Economía.
  • Los trabajadores deben desarrollar nuevas habilidades: saber comunicar, saber organizarse, saber añadir valor, saber liderar a otros empleados, saber autoformarse.
  • No hay jubilación. No tenemos dinero para mantener a jubilados.
  • Los trabajadores y las organizaciones vuelven a abrazar valores esenciales, como la honestidad, la autenticidad, la rectitud, la dignidad y la frugalidad.

Ojo. La Nueva Economía no son las Redes Sociales, ni LinkedIn, ni Twitter o Facebook. Dentro de 10 años veremos si alguien se acuerda de estas 3 empresas, o han sido sustituidas por otras mejores, o simplemente diferentes. Por lo que a mí respecta las redes sociales son otro “boom” que añade más ruido y publicidad a un mundo ya lleno de publicidad y ruido. La Nueva Economía es un lugar que da miedo, pero en el que se abren multitud de oportunidades. Es un sitio que requerirá que cada trabajador se esfuerce más. Y va a ser un esfuerzo allí donde más cuesta el esfuerzo, donde más cuesta sudar la gota gorda: vamos a tener que hacer todos un esfuerzo mental.

El Poder de la Nueva Economía reside aquí

El Poder de la Nueva Economía reside aquí