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Política y twitter: Los partidos políticos no tienen imaginación

Ayer hice un experimento de redes sociales. Aprovechando que acabamos de iniciar la campaña electoral, escribí un tuit a 4 partidos políticos preguntándoles 3 buenas razones para votarles el próximo día 20 de noviembre. No sé muy bien qué esperaba de ese mensaje abierto, pero lo envié. Era un simple experimento.

A los pocos minutos ya me había contestado @UpyD y el equipo de Rubalcaba (@conRubalcaba). Curiosamente parece que se hubieran copiado los unos a los otros.

 

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Los dos partidos no sólo me daban 3 razones, sino 12. El enlace que me envió UpyD fue a la página www.cadavotovale.es, que es un resumen de su programa electoral, aliñado con videos de su candidata. Las 12 razones de Rubalcaba simplemente remitían a una foto en el muro de Facebook del PSOE (aquí está el enlace). Los cuatro primeros puntos empiezan con las esperanzadoras expresiones “Promoveremos un gran acuerdo por el empleo…”, “Estableceremos un nuevo impuesto…”, “Crearemos una Oficina…”,”Aprobaremos una ley…”.

No mucho después entró la contestación del PP. Me sorprendió ver que viniera de una Concejal de Educación y Cultura del madrileño Ayuntamiento de Galapagar (cuna del diestro José Tomás, por cierto). ¿Le habría reenviado mi tuit Mariano? La respuesta, si bien no redirigía a ningún enlace, tampoco era un dechado de imaginación.

Contestaron 3 de 4, un espectacular 75%

Han pasado unas 12 horas desde que publiqué mi tuit y todavía espero la contestación de Gaspar Llamazares (o su equipo). Puede que todavía estén trabajando en ello, o a lo mejor simplemente se les pasó. Sería la pera que como contestación me enviaran una foto de la alienígena con 3 pechos que aparece en la película “Desafío Total”, con Arnold Schwarzenegger y Sharon Stone, y me dijeran “aquí van nuestras 3 buenas razones”. Je, je.

 

Película de 1990. Ya han pasado 20 tacos.

En fin, me da la impresión que con este rato dedicado a la Elecciones Generales ya cumplo con creces respecto a la media que le dedicará el españolito medio a la reflexión del voto. Creo que no voy a invertir mucho más tiempo, ni en programas, ni en mítings, ni en verlos por la tele (bueno, excepto quizás el debate televisivo del próximo lunes, 7 de noviembre, más que nada para poder comentarlo después con conocimiento de causa). En mi particular campaña electoral, en la línea del GRAN interés que despiertan los políticos en la ciudadanía, yo tomaría 2 medidas radicales:

1)      Prohibición por parte de los partidos de cualquier gasto en publicidad electoral. Fuera banderolas, carteles, paneles, globitos, pins, anuncios televisivos, falcas radiofónicas, incluso fuera los canales audiovisuales que ahora tienen los partidos. Al fin y al cabo ya les conocemos, salen a diario en los medios, y nos ahorraríamos un gasto superfluo que no deja de proceder de los PGE (o sea de todos). Si alguien quiere enterarse de lo que tiene que proponer un partido, que haga como yo, un simple tuit, o que visite las páginas web de los partidos.

2)      Fuera cualquier tipo de encuesta pagada con dinero público respecto a la intención de voto en las elecciones. Sólo sirven para llenar espacio en los medios de comunicación. Que se lo paguen ellos. La encuesta definitiva es una: las mismas elecciones.

Y sin tener que ver con la campaña electoral, otra propuesta, en el ámbito electoral:

3)      El voto en blanco que sea como si se votara a un partido sin diputados. Que contara también en la Ley d’Hondt y que se le asignaran escaños VACÍOS. Si la clase política logra desanimar tanto a la ciudadanía que la mitad del hemiciclo son escaños vacíos, entonces la Ley debería obligar a repetir las elecciones. Recordemos que en España el voto en blanco favorece a los partidos mayoritarios. Según wikipedia “el voto en blanco se suma al número total de votos del escrutinio, a partir del cual se calcularán los porcentajes de representación. Así, un elevado voto en blanco significa elevar considerablemente el número de votos necesarios para llegar al 3% del total (mínimo para obtener representación parlamentaria), lo que dificulta la representación de los partidos muy minoritarios.