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La maravillosa historia de Helen Keller

Hace años que no escucho ningún chiste sobre los de Lepe. Debe ser la corrección política imperante. Antes había chistes sobre los de Lepe, sobre Fernando Morán (ex-ministro de Exteriores con Felipe González), sobre “mongolitos“, chistes gruesos e injustos sobre alguien con la excusa de excretar una carcajada.

Cuando llegué a Wisconsin, USA, siendo un impúber de 14 años, los chistes allí se hacían a costa de una tal Helen Keller. Por lo que deduje, una sencilla mujer ciega. “How did Helen Keller’s parents punish her? They moved the furniture” o “How did Helen Keller burn her ear off? Answering the iron!” o “Why can’t Helen Keller drive? Because she’s a woman“. Es curioso como uno aprende chistes de Helen Keller y deja que pasen años antes de tener curiosidad sobre quién era aquella figura sobre la que se reían paletamente todos los compañeros de clase.

Hace poco he podido leer en inglés (lo podéis bajar aquí) el libro “The story of my life” de Helen Keller, y me he quedado maravillado con su autobiografía.

Helen Keller nació en Tuscumbia, Alabama en 1880, en el seno de una familia sureña acomodada, como una preciosa niña blanca destinada a vivir una existencia feliz rodeada de sirvientes, en un entorno parecido al de la película “Lo que el viento se llevó“. Pero a los 19 meses de vida sufrió una grave enfermedad poco conocida en la época, que los médicos dieron en llamar “congestión aguda del estómago y del cerebro”, pero que pudo haber sido escarlatina o meningitis. La enfermedad la dejó ciega y sorda, inmersa en un mundo de oscuridad y asilamiento para el resto de sus días. Y sin haber siquiera adquirido la capacidad del lenguaje.

Helen Keller con birrete

A pesar de sus discapacidades H.Keller se graduó en la Universidad, escribió varios libros y daba conferencias por todo el mundo.  Además fue activista política en favor del sufragio femenino, de causas pacifistas, y fue miembro del Partido Socialista de América. Murió en 1968.

El episodio en el que describe cómo aprendió (a los 7 años) que existía una palabra para cada cosa es sobrecogedor. Cuenta que todo le hizo “clic” en el cerebro cuando su maestra (Anne Sullivan), recién llegada de Washington hacía unos días, -y que iba a compartir con ella a partir de entonces prácticamente todas las horas del día-, le puso una mano bajo una fuente de agua y mientras el líquido la acariciaba, le “deletreó” con sus dedos los signos de la palabra “w-a-t-e-r” en la palma de la otra mano.

No creáis que la cosa fue inmediata. Previamente la maestra invirtió muchos días y semanas en tratar de que la niña captara que las cosas tenían nombre. En que tocara una jarra, y en transmitirle “m-u-g”, o en que cogiera una muñeca y dibujarle en la mano las letras “d-o-l-l”. Hasta que finalmente el episodio del agua, le abrió un nuevo mundo a Helen.

Más tarde cuenta cómo le costó aprender las palabras para conceptos abstractos, como por ejemplo “amor”:

I remember the morning that I first asked the meaning of the word “love”.[…] “What is love?” I asked. She [la maestra] drew me closer to her and said “It is here” pointing to my heart, whose beats I was conscious of for the first time. Her words puzzled me very much because I did not then understand anything unless I touched it.

Finalmente lo consigue cuando Miss Sulivan le logra trasladar el significado de la palabra “piensa“. Helen estaba concentrada insertando bolitas en una cuerda, como para hacer un collar. Las bolitas eran de diferente tamaño y las estaba colocando en grupos simétricos – 2 grandes, 3 pequeñas, etc.-. La niña comete muchos fallos, y su maestra se los hace notar, una y otra vez, pacientemente. De repente Helen se da cuenta de un error obvio e intenta corregir la secuencia de bolas. En ese momento Miss Sullivan le toca la frente:

Miss Sullivan touched my forehead and spelled with decided emphasis “Think”. In a flash I knew that the word was the name of the process that was going on in my head. This was my first conscious perception of an abstract idea.

El libro repasa los hitos más importantes en la educación de Helen Keller y es una auténtica delicia ver cómo con paciencia y cariño, su maestra va iluminando el mundo interior de la pequeña niña. Además, la lectura -ya podéis ver- es en un inglés muy sencillo y si queréis practicar el idioma es un texto muy adecuado, si tenéis un nivel intermedio.

Leyéndole los labios al Presidente Eisenhower

Como no podía ser de otra manera, voy a acabar esta entrada escribiendo las cosas que he aprendido leyendo la maravillosa autobiografía de Helen Keller:

  1. La superación, sin importar cuán difícil parezca todo a tu alrededor, es el único camino. ¿qué otra alternativa tenía Helen Keller? Podía haberse limitado a sobrevivir. Respirar. Comer. Dormir. En vez de eso, ella escoge vivir. Superarse un poco cada día. Aprender algo nuevo, y avanzar.
  2. La curiosidad por las cosas, por la naturaleza, es el motor de la educación. Helen Keller tiene una curiosidad innata por salir al jardín de su casa sureña y tocar las flores, olerlas, subir a los árboles, sentir cómo pica el sol en la piel en verano y cómo moja nuestro cuerpo la lluvia.  A partir de aquí y teniendo los rudimentos del lenguaje suficientes para comunicarse con su maestra, va avanzando en su educación. Sin un programa establecido. Siguiendo como guía su interés por las cosas y su pasión por la vida.
  3. Un rico mundo interior. Keller es un ejemplo sobre una persona que no tiene acceso al mundo exterior, sin sentido de la vista ni del oído, y sin embargo, es capaz de vivir una vida plena, crear e inspirar a otros. A pesar de que nosotros veamos y oigamos, cultivemos también ese mundo interior. Una dimensión fundamental de nuestra experiencia vital.
  4. Los demás te ayudarán si tú te dejas ayudar. Es notable cómo Keller reconoce que antes de la llegada de su maestra, era una niña irascible y caprichosa, que no tenía sentimientos de pena ni de compasión. Que se enfadaba mucho y tenía ataques de ira. Con frecuencia tiraba las cosas y las rompía. Era su frustración por no poder comunicarse. Tampoco podía pedir ayuda. Sin embargo, en cuanto alguien le tiende una mano, y empieza a pasar tiempo con ella y a mostrarle el mundo, ella florece y empieza a disfrutar de la vida.
  5. Contribuye. Parece que alguien con las limitaciones de Helen Keller hubiera tenido suficiente con llevar una vida recogida y privada. Ya sólo eso hubiera sido un éxito. Sin embargo, Helen escribe, crea, da conferencias y elige defender ciertas causas que cree justas. En definitiva, contribuye. Si alguien como H.Keller puede contribuir, nosotros estamos obligados a poner siquiera un granito de arena. Por los demás.

    El homenaje de Correos

  6. No tengamos prisa con nuestros hijos. Helen Keller es consciente de que cada objeto tiene una palabra, por primera vez a los 7 años. Esta mañana, mi hija (en noviembre hará 7 años) está haciendo los deberes aquí a mi lado mientras escribo estas líneas, y está haciendo sumas y restas de varias cifras, resolviendo problemas de aritmética sencillos, y puede leer un texto y entenderlo. Y a pesar de todo, parece que ya está en una carrera frenética del sistema educativo, y parece que si se pierde un día de clase, o una semana, se quedará rezagada respecto a sus compañeros de clase. Rezagada en una carrera, ¿adonde? ¿No sería mejor que no fuéramos tan deprisa? Nuestros niños acabarán aprendiendo igualmente. Y aprenderán aquello que les interese y les despierte su curiosidad. A ver si por ir tan deprisa nos dejamos en el tintero encontrar aquello que despierte su curiosidad y su pasión.
  7. Hablemos a nuestros hijos como lo que podrían llegar a ser. Hay una frase del libro que explica cómo se dirigía la maestra a Helen:

From the beginning of my education Miss Sullivan made it a practice to speak to me as she would speak to any hearing child; the only difference was that she spelled the sentences into my hand instead of speaking them.

La maestra no le escatimó a la niña sordo-ciega ninguna explicación, ninguna enseñanza, ninguna experiencia que le hubiera dado a cualquier otro niño con sus capacidades íntegras. Le habló de conceptos abstractos, hasta que los entendió. Fueron a la ópera. E hicieron cosas con normalidad. Eso hizo que Helen Keller llegara a ser quien fue. Apliquemos la misma regla a nuestros hijos. No les escatimemos ninguna experiencia, por mucho que pensemos que no la aprovecharán, o que algo no se les da bien. Mostrémosles todas las vertientes de la realidad, y hablémosles como las personas maduras que llegarán a ser, pues ese es -sencillamente- nuestro papel.

Con JFK

 

 

El mejor deportista de la Historia

Para los de mi generación hay varios nombres míticos en el ámbito de los deportes. Sin duda, uno de los que más me ha impresionado nunca fue Michael Jordan. Todos recordamos partidazos de Michael marcando más de 60 puntos en las finales de la NBA, los saltos que daba o la facilidad con que atacaba la canasta contraria. Simplemente se trataba de alguien que estaba dotado con unos atributos impresionantes para la práctica del deporte.

Yo tuve la oportunidad de verle en 1985, el año que estuve estudiando en Wisconsin, en el único partido que he visto en directo de la NBA: los Milwaukee Bucks (un equipo segundón entonces, cuya máxima estrella era Sidney Moncrief -seguro que ni os suena-) contra los Chicago Bulls.

MJ jovencito

Me acuerdo que unos meses antes mi “madre americana” me dijo que iríamos a Milwaukee un día (yo vivía en un pueblecito a varias horas de coche) a ver un partido de la NBA, me enseñó el calendario de la temporada y me dijo: escoge qué partido quieres ir a ver. Dudé unos segundos, pensad que estamos al inicio de la carrera de Michael Jordan en la NBA (creo que era su segundo año), y entonces estaban en pleno apogeo los duelos Magic Johnson vs. Larry Bird, pero luego pensé que me encantaría ver a Jordan, así que le dije que me gustaría ver el partido contra los Chicago Bulls. Las entradas se tenían que comprar con meses de antelación. Lamentablemente para cuando llegó la fecha del partido, resulta que Jordan estaba lesionado y recuperándose de una lesión en el pie que le tuvo una temporada alejado de las canchas, así que -mi gozo en un pozo- fuimos a ver el partido, pero nunca vi jugar en directo a Michael Jordan. Ese año los Bulls fueron eliminados en la primera ronda de los playoffs por aquellos míticos Boston Celtics de Larry Bird.

En la biografía de este monstruo del baloncesto sin embargo existen algunas curiosidades que no están en la mente de los aficionados, pero de las que podemos aprender lecciones impagables:

  1. Poca gente sabe que Michael Jordan fue nombrado para el mejor quinteto DEFENSIVO de la NBA en 9 ocasiones, y que fue líder de robos de balón durante 3 años, y una vez premio al MEJOR DEFENSOR de la temporada, en la temporada 87-88. Aquí tenemos a un jugador superdotado para el ataque, que no contento con eso, se esforzó como el que más en una faceta del juego en la que no tenía un don “natural”.
  2. También es curioso que Michael Jordan fuera descartado del equipo de baloncesto de su High School, cuando iba a segundo curso, aparentemente porque no era lo suficientemente alto. En ese momento medía 1,80 mts. Al verano siguiente pegó un estirón de 10 centímetros, pero lo que realmente le hizo mejorar, fue que a raíz de aquella experiencia se entrenó rigurosamente en su afán por formar parte del equipo al año siguiente. Otra lección: el aparente fracaso de no conseguir entrar en el equipo no le supuso ningún obstáculo para entrenarse con más ahínco.
  3. Se sabe que sus condiciones físicas eran extraordinarias para la práctica del baloncesto, pero Michael Jordan destacó también en otros deportes: el fútbol americano y el béisbol, al cual también se dedicó profesionalmente.

    Michael contra Michael

  4. Durante su primer año en el equipo de la Universidad de North Carolina ya destacó anotando más de 13 puntos por partido, pero sin embargo estuvo a la sombra del mítico jugador que lo fue después de los Angeles Lakers, James Worthy (el de las gafas).
  5. En el Draft de 1984 hubo dos equipos de la NBA que eligieron a dos jugadores antes que a Michael Jordan. En concreto los Houston Rockets escogieron fichar a Hakeem Olajuwon, y los Portland Trail Blazers prefirieron hacerse con los servicios de Sam Bowie. En tercer lugar, los Chicago Bulls seleccionaron a Jordan. Por tanto, Jordan no fue el número uno siempre, se lo ganó a base de talento, sí, pero también de un esfuerzo ímprobo en aras a mejorar siempre.
  6. En 1986, jugando ya en la NBA, regresó a la Universidad para graduarse definitivamente. Michael Jordan estudió Geografía en la Universidad de North Carolina.
  7. En octubre de 1993 Michael Jordan anuncia que se retira del baloncesto, alegando que ya no disfruta del juego como antes (como Pep Guardiola). En julio de ese mismo año, antes de anunciar su decisión, su padre es asesinado en un área de descanso de una carretera en Lumberton, Carolina del Norte, por dos chavales que serían condenados a cadena perpetua.
  8. Jordan entonces sorprende a propios y extraños anunciando que se quiere dedicar al béisbol profesional. Jugó una veintena de partidos con los Chicago White Sox, un equipo de las ligas mayores de USA (primera división), pero posteriormente es degradado al equipo filial de los White Sox, los Birmingham Barons, de las ligas menores (segunda división). Su carrera de jugador de béisbol no fue muy espectacular, y pronto decide dejarlo y volver a la NBA. Estuvo retirado una temporada y media.

    Con los Barons, de Birmingham, Alabama

  9. Al volver al baloncesto por segunda vez, después de estar apartado de las canchas, y ver a su equipo, los Bulls de Chicago, hacer unas temporadas mediocres, Jordan empezó a entrenarse de manera casi obsesiva, para acabar teniendo en las siguientes temporadas estadísticas todavía más espectaculares que antes de su primera retirada. En concreto las temporadas 95-96 y 96-97 fueron impresionantes y los Bulls quedaron campeones los dos años otra vez, después de 3 temporadas sin mojar.
  10. En 2000 Jordan, ya retirado definitivamente, empieza una nueva carrera como directivo de la franquicia Washington Wizards.
  11. En septiembre de 2001 anuncia su segunda vuelta a la NBA, con el equipo de los Washington Wizards, afirmando que donaría su sueldo a las víctimas del atentado del 11-S.
  12. Su última temporada la jugó con 40 años. No se perdió ni un partido por lesión y promedió unos buenísimos 20 puntos por partido. En total se retiró 3 veces del baloncesto.
  13. Jordan es aficionado a las motocicletas y se le ha podido ver en muchos circuitos de los Grandes Premios del Mundial de Motociclismo.
  14. Su competitividad era visible por la cantidad de “tacos” (trash talk) que profería durante los partidos, que casi igualaba su fanática ética del trabajo y del esfuerzo.

    Trash talking

En definitiva Michael Jordan me marcó y todavía (para mí) no ha habido un jugador de su potencia y determinación. Me hubiera gustado verlo en directo. Me quedo con el recuerdo de aquel partido de la NBA que presencié, desde casi la última fila del estadio, en el que debió estar el mejor deportista de la Historia.

La importancia de dominar la técnica

Recuerdo que cuando llegué a Loyal, Wisconsin ya llevaban 3 o 4 días de colegio. Ese fin de semana se celebraba el “Corn Festival”, que señalaba el final del verano, y sólo estábamos a veintipico de agosto. Yo tenía 14 años.

El primer día recuerdo que me metieron en el coche familiar y me llevaron a ver el pueblo y la escuela. Recuerdo ver al equipo de football entrenando, todos con sus protecciones y con ropa de entrenamiento, pantalones y camisetas blancos, todos iguales, corriendo por el campo de hierba con los cascos color granate resplandecientes bajo el sol, en los que se podía leer “GREYHOUNDS”. También me dejaron caer por la casa de Maxine Rising, una chica de 3º que escribía en la gaceta del instituto y que me hizo unas cuantas preguntas, que después se publicaron en forma de entrevista. No recuerdo con qué grado de precisión contesté, ni se me entendí bien o mal con ella. Sólo sé que era el primer o segundo día después de haber llegado a los USA.

Loyal High School era un instituto pequeño con 300 estudiantes

Cuando me inscribieron en las diferentes asignaturas me dieron a elegir un par de ellas, que eran opcionales, escogí “typing” (mecanografía), pero resultó ser una clase muy popular y no había sitio para alguien llegado una vez iniciado el curso. El primer semestre acabé haciendo “drafting”, una especie de dibujo técnico.

Al empezar el segundo semestre no me acuerdo bien qué pasó (estoy hablando del año 85), pero la cuestión es que tampoco tuve plaza asignada en la asignatura de “typing”. Para entonces ya había pasado medio curso y yo ya formaba parte del equipo de baloncesto de la escuela, pero no el equipo al que me hubiera correspondido por edad, sino el “varsity”, el equipo formado por los “juniors” y “seniors” (los de 3º y COU). El que salía en el periódico local.

Formar parte del equipo me ayudó mucho. Todo el mundo me conocía, y gracias a ello hicieron un “arreglo” para que pudiera inscribirme en “typing”.

Resultó que la profesora de esa asignatura era Mrs. Susa, la mujer del entrenador, que también era profesor del centro, y daba clase de Historia a los seniors. Ese semestre tuve que levantarme cada día a las 6 de la mañana, para poder estar en el colegio a las 7 donde me esperaba Mrs. Susa, para darme unas lecciones particulares de mecanografía. Bueno, igual no era cada día, igual eran 2 o 3 veces a la semana. Ya no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que el paseo desde casa al colegio era oscuro, y parece que todavía oigo mis pisadas en la nieve, pensando que todos los demás todavía dormían calentitos en sus casas.

Puerta principal, yo entraba por una lateral

Recuerdo que los ejercicios eran aburridos, repitiendo siempre unos mismos patrones, aporreando una máquina de escribir electrónica (todavía los procesadores de texto no habían conquistado el mundo de las máquinas de escribir) con el meñique, anular, mediano, índice, etc. Empezaba con la línea de arriba: Q-W-E-R-T-espacio, y seguía con la de en medio: A-S-D-F-G-espacio. Luego la mano izquierda, y volver a empezar.

Al final del semestre recuerdo vagamente que algunos ejercicios ya consistían en copiar parágrafos enteros, a la vez que se medía cuánto se tardaba en mecanografiarlos y se tenían en cuenta los errores cometidos.

Después de aquello estuve mucho tiempo escribiendo como lo hacía antes de ir a clases de mecanografía. Con dos dedos. Fijando la mirada en el teclado y elevándola constantemente a la pantalla del ordenador para comprobar si la escritura contenía fallos. La razón era sencilla. Iba más deprisa.

Pasados un par de años, puede ser que fuera en 3º de BUP o en COU, puede que fuera a raíz de tener que escribir algún trabajo largo, decidí que si había hecho mecanografía debía de practicarla e intentar superar la velocidad que entonces alcanzaba con dos dedos.

En efecto, intenté ponerme a ello, con disciplina y tiempo, un poco cada día. Al principio iba mucho más lento, pero poco a poco fui soltándome y escribiendo un poco más rápido cada vez que me ponía delante del teclado. Finalmente puedo decir que la inversión que en su día hice para recibir aquellas frías clases matinales de “typing”, más la determinación posterior de practicar lo aprendido, dio como fruto una de las habilidades que probablemente me han ahorrado más tiempo en los últimos 20 años.

Cada vez que veo a alguien escribiendo con dos dedos, por muy diestros que parezcan, pienso que harían bien en invertir un cierto tiempo en aprender la técnica de mecanografiar con los 10 dedos. El ahorro de tiempo es mucho.

Supongo que lo mismo es aplicable a multitud de habilidades. En línea con esto hace poco tropecé con una cita que se atribuye a Abraham Lincoln, sobre la preparación y la planificación a la hora de emprender cualquier tarea:

“Si me dieran ocho horas para talar un árbol, sin duda usaría seis para afilar el hacha”. Abraham Lincoln.

Old Abe Lincoln